Una tercera candidatura de Poutou se pone en marcha luego de la conferencia nacional electoral del NPA.

La conferencia nacional del NPA reunida los días 26 y 27 de junio en París validó a Philippe Poutou como su candidato para una tercera campaña presidencial consecutiva. En efecto, de entre los 152 delegados, alrededor del 45% de estos aprobó la elección de Poutou, frente a una mayoría de abstenciones y de algunos votos en contra. El NPA contará entonces con un candidato propio en las presidenciales 2022 (siempre y cuando se supere el requisito proscriptivo de juntar las 500 firmas de alcaldes necesarias). La conferencia demuestra, al mismo tiempo, una discusión estratégica que se encuentra abierta al interior de la organización.

Una tercera campaña presidencial de Philippe Poutou

La conferencia nacional electoral del NPA validó la presencia de Philippe Poutou como candidato para las elecciones presidenciales del 2022. Un candidato que es nacionalmente conocido por sus intervenciones en el debate presidencial del 2017, denunciando fuertemente a los políticos de la derecha Marine Le Pen y a François Fillon, frente a un público de masas. Un candidato obrero que peleó durante años contra el cierre de la fábrica Ford Blanquefort y que incluso fue despedido por la empresa automotriz durante el gobierno de Macron. Un candidato que supo encarnar en ocasiones anteriores la voz de una alternativa anticapitalista frente a los políticos del sistema.

Por estas razones, una candidatura del NPA encabezada por Poutou puede representar sus  potencialidades. Sobre todo teniendo en cuenta que el contexto de una abstención récord en las elecciones regionales, llegando al pico del 65% (¡87% entre los jóvenes de 18 y 24 años!) abre una brecha importante de construcción de una alternativa anticapitalista y revolucionaria. El rechazo al sistema de los políticos tradicionales se vislumbra en las abstenciones masivas y en unos resultados que fueron una cachetada contra Macron y su política capitalista. Al mismo tiempo, la Agrupación Nacional de Le Pen también retrocedió en las urnas, cediendo lugar a la derecha tradicional de Los Republicanos, que se anota también en la carrera electoral.

Tras años de luchas sociales intensas se fue amasando un descontento generalizado contra el gobierno de Macron. Un descontento que se expresó en las calles con los chalecos amarillos, las huelgas ferroviarias, pasando por la lucha contra la reforma jubilatoria o los movimientos anti-racista, feminista y ecologista y todas las movilizaciones desarrolladas como respuesta a la gestión capitalista de la pandemia. Una bronca social que debe continuar expresándose en la lucha en las calles y que debe al mismo tiempo encontrar la vía para transformar todas las revindicaciones de la clase trabajadora en una expresión anticapitalista de los de abajo.

Sin embargo, más allá de los aspectos positivos del candidato que justamente mencionamos, lo cierto es que la candidatura de Poutou lejos estuvo en la conferencia nacional de suscitar un acuerdo masivo entusiasmante al interior de la organización. Esto se debe no tanto al perfil del candidato sino a la orientación política defendida por la plataforma que lo propuso. En este sentido, consideramos que la elección de Poutou se inscribe en una lógica conservadora de la actual mayoría del partido que buscó legitimarse como dirección del aparato del partido, desarrollando una política que buscó conscientemente marginalizar al resto de las corrientes de la izquierda del NPA.

La ruptura anticipada de CCR en la previa de la conferencia

Uno de los hechos que marcó evidentemente la conferencia fue la ruptura anticipada de CCR, que lanzó su salida pública de la organización tan solo unos días antes de que comenzaran las primeras asambleas locales. Por este motivo, su plataforma número 6 quedó “auto-eliminada” luego de que sus militantes de alejaran oficialmente de las filas del partido.[1] Más allá de los métodos de calumnias y ataques por doquier contra todo el mundo, la ruptura constituyó un renunciamiento a dar la pelea interna por conquistar la dirección del NPA y facilitó las cosas para que el ala “derecha” de la organización terminara finalmente imponiéndose (aunque por escaso margen) en la conferencia.

Esto es un error político de gravedad, porque si los militantes que CCR reivindica tener hubieran participado en la conferencia, la pelea podría haberse dado en otros términos. Númericamente la posibilidad existía para que la conferencia fuera ampliamente ganada por el ala “izquierda” del partido hacia posiciones de clarificación política y de independencia de clase. Sin embargo, CCR prefirió renunciar al debate de la conferencia (escándalos y mentiras mediante), rompiendo con el partido de forma anticipada.

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En realidad este hecho confirma una política sectaria llevada a cabo anteriormente desde hace meses en donde CCR quiso imponer su candidato a toda costa, en una lógica autoconstructiva sin importarles desarrollar ningún tipo de diálogo con nadie. Peor aún, esta tendencia demostró una imposibilidad de trabajar en conjunto con otras corrientes que se paga caro, en una lógica de avanzar ellos solos destruyendo todo a su paso. Y todo en favor de una campaña de autoproclamación delirante que poco aporta en la coyuntura actual. Porque ridículo es pensar que la única candidatura independiente posible vendrá de la mano de CCR, sobre todo cuando sabemos que son ellos quienes han impulsado las alianzas con los “reformistas” y cuando vemos, en las últimas semanas, a sus “delegados combativos” a los abrazos y comiendo asados con los diputados nacionales de la Francia Insumisa en sus actos de campaña.

Una discusión estratégica abierta al interior del NPA

Para la conferencia nacional fueron seis[2] las plataformas que se presentaron, siendo la plataforma 2 (44%) y la plataforma 5 (37%) las principales alternativas votadas por las asambleas locales de la organización. Fue mayormente alrededor de estas dos plataformas que se polarizaron las discusiones entre los delegados de la conferencia.

La plataforma 2 estaba representada por la histórica dirección mandelista del NPA, que tenía como objetivo imponer a Philippe Poutou como candidato, junto a los portavoces Olivier Besancenot y Pauline Salingue. Se trata de la dirección histórica surgida de la LCR, que cuenta también con algunos cuadros más jóvenes. El problema de estas figuras públicas reside en el hecho de haberse identificado con las alianzas legislativas regionales con La Francia Insumisa, cuestión central del debate en el seno del NPA. En efecto, tanto Poutou como Salingue apoyaron listas de alianza con el partido de Mélenchon[3], al tiempo que esta formación hacía listas lisa y llanamente burguesas en otras regiones con Los Verdes y el Partido Socialista. Volveremos sobre esto más adelante.

Por su parte, la plataforma 5 fue impulsada por la Fracción L’Etincelle (La Chispa) y por Anticapitalismo y Revolución, al tiempo que fue apoyada por los compañeros del ARC. Desde Socialismo o Barbarie apoyamos esta plataforma[4] entendiendo que se trata de la única que garantiza completamente la independencia de clase del partido y que comparte la necesidad de un partido militante revolucionario. Además, se trata de las corrientes que rechazaron las listas “reformistas” en las elecciones legislativas y que llamaron a votar correctamente en cambio a Lutte Ouvrière[5]. Esta plataforma propuso una moción, ampliamente validada en las asambleas locales, para abrir la posibilidad a la emergencia de nuevas figuras públicas a través de una comisión de candidaturas para ser votadas en la conferencia.

Si algo había en común entre la plataforma 2 y la 5 era la necesidad de que el NPA tuviera un candidato propio (agreguemos independiente) de cara a las próximas elecciones presidenciales francesas. Una línea que coincidía con el 90% de los 1200 militantes del partido que se expresaron enérgicamente en las asambleas locales a favor de que la Conferencia Nacional tome una determinación en este sentido para impulsar la campaña del NPA.

Por esas razones, era totalmente legítimo que las dos plataformas mayoritarias llegaran a un acuerdo programático mínimo a pesar de sus diferencias y pudieran designar un candidato y un equipo de campaña paritario. Sin embargo, la dirección de la plataforma 2 decidió darle la espalda a los cientos de militantes que querían una campaña unitaria del NPA, bloqueó la designación de portavoces de la minoría hasta septiembre y suscribió, por el contrario, un acuerdo de aparato con la plataforma 4 (10%)[6], los únicos que se mostraron en contra de que el NPA tuviera una voz independiente propia en la contienda electoral. Un arreglo conservador con el ala más derechista, no militante, derrotista y envejecida del partido.[7] Un acuerdo que logró imponerse en los hechos, aunque con una mayoría endeble, y que buscó legitimar (o barrer bajo la alfombra) la deriva institucionalista de la alianza con LFI llevada a cabo por la plataforma 2, representada por sus figuras públicas en las elecciones regionales y que produce amplios rechazos en el partido.

La campaña del NPA debe ponerse al servicio de la construcción de un partido militante

Entendemos que la oposición de las dos orientaciones que polarizaron la conferencia del partido no responden tanto a una discusión de candidatos sino a un verdadero desacuerdo político sobre las tareas de los revoluciones en el período que no ha encontrado ni clarificación ni resolución hasta el momento. Porque por algo la mayoría mandelista impuso guardar la fórmula “terminar con la 5° República” o peor aun “Mélenchon y la LFI no son nuestros adversarios” en la declaración política de la conferencia. La plataforma 5 explicó en cambio que la FI es un partido político que tiene como objetivo gobernar las instituciones del Estado burgués y que por lo tanto sí son nuestros adversarios. Los militantes de la 2 terminaron defendiendo la explicación de que la FI es un “partido del movimiento obrero” y que como aun no han llegado al poder, todavía no se los puede considerar enemigos de clase… En fin, puros artilugios discursivos para justificar un proyecto todavía latente de “superación” del NPA hacia un nuevo reagrupamiento electoral a la “izquierda de la izquierda” del sistema.

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En definitiva, el acuerdo del llamado reagrupamiento del “3 y 4 de octubre” (esto es la unidad de las plataformas 2 y 4) pasando por encima de la plataforma 5 pone en riesgo la propia existencia de una campaña independiente. Porque no se puede hacer caso omiso de las corrientes de la izquierda de la organización, cuando lo que se necesita es poner en marcha una ardua campaña militante para ir a la búsqueda de las 500 firmas de los alcaldes. Y porque la campaña electoral es una posibilidad que tenemos los revolucionarios para hacer oír nuestras ideas frente a una tribuna masiva, utilizándola al servicio de la construcción militante para la intervención en la lucha de clases. La campaña del NPA debe servir a este objetivo, alejándose por completo de cualquier partido institucional en momentos de rechazo generalizado de las instituciones.

La plataforma 5 ha permitido iniciar una dinámica de reagrupamiento de las corrientes de la izquierda del partido. Aunque también es cierto que no logró imponer su orientación en la conferencia, ni proponer hasta el final la presentación de una candidatura alternativa a la de la dirección que sintetizara claramente el desacuerdo político que atraviesa al partido. Sin embargo, la batalla por la independencia política del NPA se encuentra plenamente abierta. Desde Socialismo o Barbarie consideramos que la plataforma 5 debe continuar con el proceso comenzado, llamando próximamente a una reunión de sus militantes, para decidir los pasos a seguir en el terreno electoral, en la intervención en la lucha de clases y en la pelea abierta por la construcción de una dirección alternativa para el NPA.

 

[1]              La inminencia de esta salida, junto a una respuesta a los ataques del PTS contra nuestra militancia, la habíamos anticipado en nuestro artículo El método de la calumnia como política internacional.

[2]              Las plataformas obtuvieron los resultados siguientes: P1: DR (5%), P2: SU con candidato (44%), P3: Tendencia Claire (3%), P4: SU sin candidato (10%), P5:  L’Etincelle, A&R, ARC, SoB (37%), P6: CCR (0%).

[3]              Se trata de las listas “On est là” y “Occitanie Populaire” encabezadas por la Francia Insumisa, junto a los militantes del  NPA de la plataforma 2. Poutou y Salingue son las caras visibles de esta política “reformista” que rechazamos. Nuestra posición al respecto de estas alianzas, así como del frente “Bordeaux en Luttes”, puede consultarse en: http://izquierdaweb.com/algunas-apreciaciones-sobre-el-acuerdo-electoral-npa-francia-insumisa/

[4]              La tribuna de la plataforma 5 se encuentra disponible en: http://izquierdaweb.com/francia-por-una-candidatura-obrera-anticapitalista-y-revolucionaria/

[5]              LO obtuvo alrededor de 300.000 votos en las elecciones regionales, una suma nada despreciable para la izquierda revolucionaria en un contexto de abstención masiva. Bajo iniciativa de la P5, el NPA se pronunció a favor de votar a las listas de Lutte Ouvrière.

[6]              En la asamblea de la región parisina en la que participamos, varios dirigentes de la P2 votaron en contra de la P4 y a favor de la moción de la P5. Si bien se trata quizás de un reflejo “local” es sintomático de las contradicciones internas que atraviesan al mandelismo.

[7]              La plataforma 4, representada por Christine Poupin, es la responsable de las amenazas de “implosión” del NPA. Han firmado el llamado “Rejoignons-nous” proyectando abiertamente la construcción de otra organización con un programa mucho más diluido que el del NPA. Para las presidenciales han propuesto que el partido no tenga candidato, en un claro guiño a hacerle el juego a la campaña de Mélenchon. Hemos votado enérgicamente en contra de esta plataforma.

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