Francia | El movimiento de los “chalecos amarillos” irrumpe en la escena política

Movillizaciones de masas contra el aumento de los combustibles ponen en jaque al gobierno de Macron.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Socialismo o Barbarie Francia

La movilización del sábado pasado fue contundente. Según el ministerio del interior hubo más de 2.000 bloqueos de rutas que reunieron alrededor 280.000 personas en todo el territorio francés, aunque la cifra podría ser bastante mayor. Se trata del movimiento de los “chalecos amarillos”, el inédito fenómeno que está en el centro de la escena política gala.

Ante el anuncio de Macron de aumentar los impuestos a los combustibles, una convocatoria surgida espontáneamente en las redes sociales comenzó a viralizarse bajo la consigna de bloquear el país el 17 de noviembre. Y aunque el gobierno quiso disfrazar la medida bajo un tinte ecologicista, lo cierto es que el aumento del precio de las naftas provocó una bronca generalizada que hizo que multitudes de automovilistas decidieran tomar el chaleco amarillo de uso obligatorio en los vehículos de Francia, como el símbolo de un movimiento en contra del gobierno.

Más allá de que la extrema derecha haya fogoneado la convocatoria y de que Marine Le Pen haya intentado erigirse en la cabeza de la manifestación, en realidad, el balance sobre quién tiene la dirección del movimiento continúa abierto. Por su parte, Mélenchon también había llamado a la movilización apoyando la legitimidad del reclamo, más allá de los “fachos” que se pudieran manifestar. Con esa misma excusa, la CGT de Philippe Martinez tomó la decisión contraria y se borró olímpicamente de la movilización, para no marchar al lado del “Frente Nacional”.

La principal característica de la convocatoria es precisamente la ausencia de toda referencia sindical y política tradicional. Se trata de un movimiento “apolítico”, “ciudadano”, “apartidario”, con gran presencia de las clases medias que se organizan por fuera de los marcos sindicales. El chaleco amarillo es en alguna medida un significante vacío al que cada uno le otorga el significado que quiere, pero con un punto en común: la bronca contra Macron por el aumento de los combustibles. Otro elemento importante a señalar es que se trata de movilizaciones con mayor peso en las zonas rurales que en los grandes centros urbanos, en los que la gente utiliza mayormente el transporte público para ir a trabajar.

Desde Socialismo o Barbarie, declaramos nuestro apoyo “crítico” al movimiento de los chalecos amarillos, entendiendo que se trata de un reclamo progresivo que manifiesta una bronca justa, un hartazgo de la población ante una política de deterioro de las condiciones de vida. Por ese motivo, es necesario que las direcciones sindicales se pongan a la cabeza de la lucha y organicen un plan de lucha a la altura de las circunstancias. La CGT no puede hacer la vista gorda y hacer como si nada estuviera pasando. Desde la movilización del 9 de octubre no han convocado a ninguna otra medida de lucha y se han dedicado a dialogar con el gobierno y ahora cuando surge este movimiento Martinez ha decidido darle abiertamente la espalda.

Es necesario organizar una respuesta de conjunto al plan de ataque global del gobierno, que ponga en el centro las reivindicaciones de los trabajadores, proponiendo una orientación política y de clase al movimiento, que bloquee la economía y que evite toda recuperación por parte de la extrema derecha. Por eso, nos sumaremos a las próximas medidas de lucha que ya anuncian una próxima movilización para el sábado 24 de noviembre. Nos pronunciamos en contra del aumento de los combustibles, por un sistema de impuestos en el que paguen más los que más tienen, por la aumentación general de los salarios indexada al aumento del costo de vida. ¡Por una gran huelga general para derrotar las políticas de ajuste del gobierno de Macron!

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