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Por Marcelo Buitrago

“El año pasado hablábamos de arreglar el techo mientras brillaba el sol. Este año, se trata más de prepararse para un clima inclemente” CEO asistente

 

Del 25 al 25 de enero se realizó en Davos, Suiza, la reunión anual  del Foro Económico Mundial, evento que podemos calificar como el centro de debates de los líderes políticos, magnates y CEOs defensores de la globalización neoliberal.

Hace dos años el presidente chino Xi Jinping fue el encargado del discurso de apertura proponiendo impulsar el comercio y la inversión a nivel mundial, en oposición al reciente electo Donald Trump y sus amenazas de imponer tarifas para proteger (según él)  a los trabajadores estadounidenses.

El año pasado el centro de la escena lo ocupó  Trump, para decirles a los principales CEOs del mundo y los líderes políticos mundiales, que “América Primero” seguiría,  junto a la guerra comercial con China.

Este año faltaron figuras políticas: ni Xi, ni Trump ni Macrón ni May: todos demasiado ocupados en sus propios problemas: la presencia del japonés Abe y de la casi jubilada Merkel no alcanzaron a compensar esas ausencias.

Según el diario inglés The Guardian, “Davos tiene tres configuraciones” hay años como 2009 que domina el pánico; otros como en 2007 es presa del mas desbordante optimismo, y otros intermedios como este, “donde hubo preocupación por la debilidad de la economía global, pero no tanto. Si una recesión está a la vista, Davos todavía no se ha dado cuenta.”

Es que el FMI acababa de publicar su ultimo pronóstico sobre la economía mundial, “Debilitamiento  de la expansión mundial en medio de riesgos crecientes” reduciendo por segunda vez el crecimiento del PBI global al 3,5% para 2019 y 3,6% para 2020, las tasas más bajas desde 2016 “la expansión global se está debilitando a un ritmo algo más rápido de lo esperado” y la esperanza de volver a las tasas de crecimiento anteriores a la Gran Recesión  vuelven a marchitarse: el FMI proyecta para 2019 un crecimiento del 2% para las “economías avanzadas”  y un 4,5% para los ”emergentes” (China 6,2% India 7,5%) pero esto ya es cada vez más insuficiente para arrastrar a la economía mundial.

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La propaganda de Davos nos dice que “la globalización está viva” y que “un orden internacional efectivo y resilente que comprende estados nacionales fuertes sigue siendo esencial” Hay dificultades, sí, pero según Merkel  “la arquitectura internacional y sus instituciones: el Banco Mundial, el Fondo Monetario, la OCDE han contribuido a que el mundo sea un mejor lugar” resaltando la reducción de la pobreza (olvidando el impacto del ascenso de China en las misma). Sin embargo, según el Instituto McKinsey, ferviente defensor de la globalización,  “la tensión entre las economías más grandes del mundo estaba en la mente de todos los presentes: el entorno externo ahora es mucho más que un mero ruido de fondo” y que “sus clientes están cautelosos, tornándose sombríos”.

Es que a casi 10 años de la salida de la Gran Recesión, el bajo crecimiento, la baja del comercio global en comparación a las décadas anteriores, la baja inversión y el bajo crecimiento de los ingresos reales son una realidad incontrastable: la crisis no ha podido  ser superada aún; si le sumamos que “en Europa continua la incertidumbre por el Brexit y los costosos efectos de contagio entre el riesgo soberano y el financiero en Italia siguen siendo una amenaza. En EEUU el cierre prolongado del gobierno federal plantea riesgos s la baja y en China el crecimiento podría desacelerarse más rápido de lo previsto si persisten las tensiones comerciales”1 el espacio para el optimismo  es bastante reducido.

Los otros  debates giraron alrededor del calentamiento global y  el aumento de la  en desigualdad, dos temas para la tribuna. Es que se algo ha caracterizado el orden neoliberal ha sido la dispar distribución de los ingresos y la riqueza. Según Oxfam, solo 26 personas poseen tanta riqueza  como el 50% más pobre del mundo (3.800 millones de personas)2. Que ahora en Davos se lo vea con “preocupación”, se debe a solo a una cuestión de marketing: los modestos pedidos de un impuesto a la riqueza del 1% que hacen Oxfam y Thomas Piketty ni siquiera estaban en la agenda. Sobre el calentamiento global, todos los medios coinciden en señalar los 1.500 vuelos en jets privados para llegar a la reunión, como la medida del compromiso nulo de los ejecutivos con avanzar algún milímetro contra el mismo.

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También hubo un panel sobre Venezuela, donde “el Congreso declaró al Presidente Nicolás Maduro ilegítimo“ discutiendo “¿Cómo pueden los actores nacionales, regionales y mundiales ayudar a resolver la crisis económica y social de Venezuela?” o sea, las distintas vías para echar a Maduro: convenciendo al Ejercito, o con una intervención militar yanqui.  Lo que confirma, por si alguna corriente de izquierda le hiciera falta, que la situación de Venezuela debe analizarse desde el plano internacional y partiendo de rechazar la intervención del imperialismo. La crítica impiadosa a Maduro debe partir del repudio al  golpe en curso, no de igualar a Maduro con los golpistas con una política Ni/Ni como hizo el PTS y su grupo en Venezuela durante casi dos semanas

 

1 Blog FMI “Debilitamiento de la expansión mundial”

2 Michael Roberts. “Davos, clima y desigualdad”

 

 

 

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