Un síntoma de la crisis del capital

“Extinction Rebellion”, el movimiento que hoy paraliza Londres

Este 15 de abril comenzaron en Londres una serie de protestas protagonizadas por el movimiento social “Extinction Rebellion”, que contra el desastre de las (no) políticas medioambientales llevadas a cabo por los gobiernos capitalistas del mundo, decidieron salir a las calles paralizando el centro del viejo imperio, y en apenas unos días, ya cuenta con más de 400 activistas detenidos, dentro de los miles que ya son.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Ayelén Obladi

“Nuestro gobierno es cómplice… promueve irresponsablemente el consumismo desenfrenado y el fundamentalismo del libre mercado, y permite que aumenten las emisiones de gases de efecto invernadero… El “contrato social” se ha roto y, por lo tanto, no solo es nuestro derecho, sino nuestro deber moral… rebelarnos para defender la vida misma.” (Carta de científicos del mundo y un llamamiento a la acción)

 

Este 15 de abril comenzaron en Londres una serie de protestas protagonizadas por el movimiento social “Extinction Rebellion”, que contra el desastre de las (no) políticas medioambientales llevadas a cabo por los gobiernos capitalistas del mundo, decidieron salir a las calles paralizando el centro del viejo imperio, y en apenas unos días, ya cuenta con más de 400 activistas detenidos, dentro de los miles que ya son. Se encuentran en estos momentos bloqueando calles de Londres, tienen pensado irrumpir el transporte, se ganan discursos de los políticos contra ellos y prometen no parar su rebelión, “hasta ganar”. (Ver “Qué es Extinction Rebellion, el movimiento contra el cambio climático que paraliza Londres, y qué reclama; Redacción BBC Mundo, 18 abril 2019)

 

Pero, ¿cómo surge y qué es Extinction Rebellion?

Extinction Rebellion es un grupo de activistas que intentan construir un movimiento social internacional con el objetivo de “rebelarse” contra la extinción a la que nos están llevando el capitalismo y los gobiernos del mundo con sus políticas medioambientales. Nace en Inglaterra en octubre de 2018 tras una carta consensuada y firmada por cientos de científicos que denuncian el desastre medio-ambiental e instan a la acción contra los gobiernos que contribuyen a dicho desastre. Extinction Rebellion ya tuvo sus primeras acciones un mes después de su conformación, en noviembre de 2018, con un “programa” internacionalista y ya da que hablar a políticos, portales y personas en todo el mundo.

 

Parte de una historia

Los movimientos socio-ambientalistas o ecologistas no nacieron ayer y los objetivos que se plantean movimientos como Extinction Rebellion, no son ninguna novedad. Ya en los años ‘60 aparece el activismo antinuclear y hasta mediados de los ‘70 se produce la primer ola ecologista, impulsada en gran parte por la ambientalista norteamericana Rachel Carson, con su libro “Primavera Silenciosa” (1962), donde narra los devastadores efectos de los pesticidas (DDT), que desata una lucha por su prohibición; aparece también el ecologismo político, con la creación de múltiples asociaciones (Amigos de la Tierra), ONGs (Greenpeace) y partidos verdes principalmente en EE.UU y Europa. Al avanzar los años ‘70 y el neoliberalismo, avanza también el arrasamiento de la ecología y al mismo tiempo un segundo momento de creación de organismos “para su prevención” que implican una institucionalización del movimiento.  Y finalmente, un punto alto de activismo se verá con la histórica “Batalla de Seattle” donde más de 40.000 personas se manifestaron contra la OMC desarrollando con mayor amplitud la irrupción del “movimiento antiglobalización”. (Recomendamos ver la película “Battle in Seattle”, dirigida por Stuart Townsend estrenada en 2008.)

 

Un mundo socio-ambiental en crisis

Tras la “crisis del petróleo” en 1973 y la amenaza de las rebeliones populares en el “tercer mundo”, el capitalismo giró y se dispuso a adquirir otra forma bajo su lógica neoliberal que aplastó los rebeldes años ‘60, imponiéndose a sangre y fuego en América Latina y el mundo. Pero es precisamente esta forma, la que hoy está en crisis. La crisis estructural del capitalismo actual, que se desató en 2008 y que hizo tambalear al mundo sin poder hoy ser saldada hasta el final, puso nuevamente de manifiesto que este mundo, este capitalismo depredador, ya no tiene nada para ofrecernos y lo que es peor, que los gobiernos capitalistas de norte a sur y de este a oeste, nos están conduciendo a un callejón sin salida que amenaza no sólo con la proliferación de la desigualdad, el hambre, la explotación y la miseria, sino con una catástrofe climática que amenaza con ser irreversible.

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Miles y miles de jóvenes de todo el mundo (¡sobre todo en “el primer mundo”!) componen una enorme franja de parados, muchos no obtuvieron ni siquiera su primer empleo y están sobre-calificados, formados en un sistema educativo para el cual “ya no hay mercado”. Millones de otros, componen la clase obrera cuantitativamente más grande de la historia, una nueva clase obrera que en las fábricas de alta tecnología ni por asomo ven “los beneficios de la tecnificación y robotización”, sino que es sobre-explotada y condenada a salarios de miseria en un mundo signado por la guerra comercial entre China y EE.UU. Masas de inmigrantes huyen de guerras y desastres económicos y ecológicos en sus países de origen causados por las desastrosas políticas de sus gobiernos, los organismos internacionales como el FMI y el imperialismo, enfrentando el racismos y xenofobia que re-emerge en Europa. Millares de mujeres enfrentan las condiciones degradantes a las cuales las reduce este sistema capitalista-patriarcal que ante la crisis arrastra a cientas de mujeres a la desocupación, los salarios aún más bajos, las tareas de cuidado de las que se deslinda el Estado y la explotación sexual que el sistema ofrece como única salida a mujeres y trans. Todo esto sucede mientras el planeta es destruido con el imperio de la deforestación, el plástico, los gases y petróleo mientras emergen en el mundo gobiernos reaccionarios que no sólo son machistas, racistas y anti-obreros, sino que también están alineados al negacionismo ecológico, como Trump en EE.UU y Bolsonaro en Brasil.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, los estudios científicos sobre el deterioro medio ambiental y el estado de emergencia respecto a este tema, se volvieron irrefutables. Los anuncios son aterradores y ya se pueden visualizar sus consecuencias en el calentamiento global y el pronunciado estrechamiento de glaciares y polos.

Pero no sólo se hizo evidente el estado de emergencia medio-ambiental y social en el que nos encontramos, sino también, la hipocresía de los gobiernos del mundo que “se pintan de verde”, pero que después de todo, son los mismo que llevan adelante y sostienen este sistema de libre competencia depredadora y arrasadora que con la lógica del lucro y la ganancia irracional incesante, están llevando al planeta al colapso. Si la Cumbre del Clima en Copenhague en 2009, había tenido un final vergonzoso, donde no se llegaron a acuerdos para enfrentar este peligro, la “Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático” de 2015, mostraría la farsa de la supuesta burguesía ecologista.(Leer,http://izquierdaweb.com/conferencia-sobre-el-cambio-climatico-hasta-ahora-un-fracaso-que-pone-en-peligro-a-la-humanidad/)

Como dice el gran intelectual marxista Michael Lowy, “la gran contribución de la ecología fue —y sigue siéndolo— concientizarnos de los peligros que amenazan al planeta, que son consecuencia del modo actual de producción y consumo.” En ese sentido, Lowy explica que “nos enfrentamos a una crisis de la civilización que exige cambios radicales.” y que por lo tanto, “no se trata de oponer los «malos» capitalistas ecocidas a los «buenos» capitalistas verdes” sino en visualizar qué “es el propio sistema, fundado en la competencia despiadada, las exigencias de rentabilidad, la carrera por el beneficio rápido, lo que destruye el equilibrio natural.” (Michel Lowy; “Ecosocialismo, la alternativa radical a la catástrofe ecológica del capitalismo”; Madrid, Edit. Siglo XXI, año 2012, Pp. 32-33)

 

De las ruinas emerge la vida, el movimiento

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Ya no estamos viviendo los tiempos de las películas y la literatura depresiva y apocalíptica de los años ‘80 y ‘90, sin más. Existe la potencialidad de un germen incipiente que empieza a advertir que “el callejón sin salida” no es una condena, un devenir infranqueable en que la acción no haga la diferencia. El callejón sin salida, es al que nos conduce la estrategia de los gobiernos capitalistas, pero no la de los oprimidos y explotados organizados y en las calles.

El movimiento de mujeres y diversidades actual, es ejemplo de ello. Una contratendencia que se levanta, se organiza y masifica por sus derechos, y los paros del 8M y la marea verde por el aborto legal son ejemplo en el mundo. Los chalecos amarillos en Francia y la simpatía que gestan en el mundo sus métodos de acción directa, callejera y democrática asamblearia contra el ajuste de Macron, son otro síntoma. La simpatía que comienza a tener la idea del “socialismo” en EE.UU encarnada por ahora en la figura del reformista Bernie Sanders, es también otro síntoma y finalmente el ejemplo del movimiento social Extinction Rebellion, en el viejo país imperialista y potencia mundial como Gran Bretaña, es otra muestra de ello. Ya no hay “lío” sólo en el “tercer mundo siempre conflictivo”, hoy la crisis, el hartazgo a lo mismo de siempre, a la falta de perspectivas y la incipiente construcción de una salida con lucha en las calles se empieza a vivir en el corazón del capitalismo.

Extinction Rebellion es parte de eso. No sólo es el signo de una juventud con disposición a organizarse y luchar “para cambiar el mundo” (cosa no menor), sino que se planta de una manera “internacional”, en coordinación con activistas de otros países (ej. Brasil, Colombia, etc), propone un movimiento que comprende que el problema no es “el consumo individual” sino que sale de esa encrucijada neoliberal de construir enemigos individuales dentro del campo de los explotados y oprimidos y acusa directamente al poder central de los gobiernos burgueses, sus políticas y su sistema basado en el lucro y la ganancia.

Por supuesto que este movimiento tiene límites y que siempre hay que exponerlos para superarlos, como la carencia de estrategia y de una organización que pueda cuestionar hasta al sistema, con centralidad de los trabajadores en unidad con otros movimientos, no para negar el poder, sino para tomarlo en sus propias manos. Pero el hecho de que resurjan estos grupos, que corten las calles, que cuestionen al sistema y que comprendan que otro mundo es posible, es síntoma de un mundo en crisis.

Todo esto nos muestra una cosa, que no somos unos pocos izquierdistas los que entendemos que este sistema no tiene nada que ofrecernos. Cada vez más jóvenes, mujeres y trabajadores lo comprenden y fenómenos como Extinction Rebellion, son una muestra de ello. El capitalismo no va más, y como decía Rosa Luxemburgo: ¡socialismo o barbarie!

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