Miguel Ángel Pichett y Elisa Carrió

Están buscando la llave para liberar a los genocidas

Que la sigan buscando, pero no la van a encontrar. Porque el castigo a los genocidas y sus socios civiles y eclesiásticos no es “cosa de setentistas” ni de “viejos”. Es una lucha que empezó con las Madres en las puertas de la Casa Rosada en el 77 y que atravesó la memoria y la conciencia de las generaciones que le sucedieron a través de las décadas.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Ana Vázquez


Por eso está presente y no la pueden enterrar. Macri hizo sus intentos, hay que reconocerlo, aunque no es el primero ni será el último en la lista de presidentes de esta democracia de los ricos, en tratar de hacerlo. Bajo mil maneras. La diferencia de este actual presidente es que, creyéndose seguro tras la montaña de votos que había recibido, respaldado por la crema de empresarios que avalaron la dictadura militar (como su propia familia), después de haber vencido al PJ en las urnas, se largó con un discurso (y una accionar) descaradamente progenocidas. “No fueron 30.000”, el 2 x 1 a los condenados, domiciliarias a los más repudiados. Todas les salieron mal.

Elisa Carrió en un programa televisivo de TN, se pronunció a favor de una ley que revea “los juicios injustos” contra militares del Proceso (Perfil, 7/7/19). Según ella, entre los condenados, hay personal de las FFAA que cumplieron órdenes y no lo podían dejar de hacer. Le siguió en la misma sintonía el 3 de julio, en una disertación en el Ciclo Elecciones organizado por Intercámaras, el precandidato Miguel Ángel Pichetto,cuando expresó que los condenados militares ancianos tendrían que tener prisión domiciliaria. Entre otros argumentos justificatorios de su posición, utilizó el que “todavía la mirada de los setenta nos atrapa” (Id).

Todas razones de falsedad total. En primer lugar, los pobres viejitos de los que ellos hablan son criminales y torturadores de jóvenes luchadores de la universidad, de las fábricas, de las escuelas. Estuvieron a cargo de centros clandestinos de detención donde violaron mujeres, secuestraron niños de madres que los tuvieronen esas terribles condiciones. En segundo lugar, todos los juzgados tuvieron un grado de responsabilidad, algunos mayor que otros,no hay ningún inocente. Los “colimbas” (los jóvenes que hacían el servicio militar obligatorio), como el conscripto desaparecido Alberto Ledo, fueron también víctimas de las atrocidades de sus superiores.

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Nuestra preocupación es la opuesta a la de la sra.Carrió y su acólito Pichetto. Ellos no reclaman su libertad por un problema humanitario. Lo hacen porque, en los hechos, defienden a los genocidas. Porque estuvieron y están de acuerdo con el plan de exterminio que hubo de esa vanguardia y de quienes la apoyaban. Si no fuera así, ¿por qué no reclaman la libertad de todos los detenidos mayores, por qué sólo la de los condenados por crímenes de lesa humanidad? Si son tan humanitarios, ¿por qué no reclaman mejoras en las deplorables condiciones en la que se encuentran los presos pobres que pueblan las cárceles?

Sus respectivos pronunciamientos son profundamente políticos y son un intento de horadar la conciencia y enterrar la memoria de millones. Quieren largar a los genocidas que están en las cárceles para que no queden rastros de que acá hubo una pelea enorme y que se lograron conquistas impresionantes, únicas en Latinoamérica y el mundo (553 condenados al año 2015, según datos aportados por Horacio Verbitsky), de castigo y juicio a los responsables y ejecutores materiales del genocidio.

El drama del genocidio no terminado de zanjar es que, a pesar de tanta lucha y sacrificios, muchos altos responsables de los mandos militares murieron en libertad, otros escaparon, quedan centenares de hijos de desaparecidos aún sin encontrar.

El “entripado” que tenemos, tantos viejos como jóvenes, es lo que queda pendiente. Pero vamos avanzar sobre lo conquistado.

Con ese capital a cuestas, vamos a seguir avanzando en la búsqueda de los nietos, en el castigo a los asesinos de ayer y de hoy. Las llaves de las celdas de los genocidas pasaron a las manos de las nuevas generaciones y sus cómplices (por acción u omisión) no nos las van a poder arrebatar.

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¡Son 30.000!

¡Repudiamos la liberación del prefecto acusado de asesinar a Rafael Nahuel!

¡Juicio y castigo a los culpables de los asesinatos de ayer y de hoy!

¡Justicia por Santiago Maldonado y Rafael Nahuel!

 

 

 

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