Estados Unidos: Crece Elizabeth Warren en las primarias presidenciales demócratas

Ale Kur
Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.


El 15 de octubre se realizó el cuarto debate entre los precandidatos del Partido Demócrata a la presidencia de EEUU. Quien resulte ganador entre ellos en las primarias del año que viene deberá enfrentar a Donald Trump por el control de la Casa Blanca.

La novedad en este nuevo debate es que la figura que ocupó el centro de la escena fue la de Elizabeth Warren, senadora nacional de 70 años. Según las últimas encuestas, empezaría a pelear cabeza a cabeza (e inclusive supuestamente a llevar cierta ventaja) contra Joseph Biden, ex-vicepresidente de Obama y principal candidato del “establishment” partidario.

¿Qué es lo que expresa Warren? Se trata de una especie de versión “rebajada” de la candidatura de Bernie Sanders. Al igual que el anterior, comparte los trazos gruesos de su plan de salud conocido como “Medicare For All”, diseñado para proveer desde el Estado un plan de cobertura de salud gratuita y universal a toda la población. También coincide con Sanders en la retórica contra el 1% más rico de la población, y en la necesidad de establecer impuestos que produzcan algún tipo de redistribución del ingreso. Sostiene también posiciones genéricamente progresistas en cuestiones sindicales, de género, ambientales, con respecto a las deudas estudiantiles, etc. 

Pero a diferencia de Sanders, Warren no comparte la prédica socialista del senador, y se reconoce como abierta defensora del sistema capitalista existente y, por lo tanto, se compromete a garantizar sus ganancias a los grandes magnates de la banca, la industria, los servicios y el sector energético. De allí que en todos los puntos programáticos Warren adopte una posición más moderada que Sanders, una retórica más conciliadora y una mayor disposición a negociar con la clase dominante y a seguir rebajando aún más su programa.

De esta forma, Warren se ubica como una especie de “intermedio” entre las posiciones del establishment demócrata (neoliberal, imperialista y continuista de todas las políticas existentes) y las del ala “izquierda” (en términos relativos) que encarna Sanders. Esto le permite, por un lado, capitalizar el amplio descontento popular contra todo lo existente, el profundo rechazo a la desigualdad social y a los ataques contra los trabajadores y sectores oprimidos. Pero al mismo tiempo, también le permite mostrarse como una cara “realista”, más pragmática que Sanders, que no “espantaría” a los supuestos votantes moderados, y que por lo tanto sería capaz de ganarle a Trump en las elecciones generales.

Así y todo, para el establishment partidario Warren sigue estando hoy demasiado “a la izquierda” en sus propuestas: la línea oficial de los principales dirigentes demócratas sigue siendo una estricta adhesión al neoliberalismo. Para ellos, de lo que se trata es de remover a Trump de la Casa Blanca para contener sus excesos racistas, misóginos y abiertamente ecocidas (como la negación del cambio climático), así como sus provocaciones a otros líderes internacionales y nacionales y su política errática e imprevisible en todos los terrenos. Pero en su lugar, colocar a otro presidente que mantenga el mismo modelo económico-social o que, inclusive, avance en una mayor liberalización del comercio exterior, desmontando los aumentos arancelarios que impuso Trump y retomando la negociación de tratados de libre comercio con otros países. Por esta razón, la candidatura de Warren recibió críticas por derecha de todos los precandidatos neoliberales del partido; es decir, todos excepto Bernie Sanders.

El ascenso de Warren, por lo tanto, tiene un carácter muy contradictorio. Por un lado, expresa un relativo giro progresista de la base demócrata en relación a la línea del establishment neoliberal partidario. Pero por otro lado, también actúa como un posible bloqueo a la candidatura de Sanders, disputando la influencia sobre los sectores más progresistas de la base demócrata. Actúa como una reafirmación del posibilismo capitalista, limando los aspectos progresivos de la “revolución política” de Sanders que, con todos sus límites, había puesto sobre la palestra el horizonte de una sociedad muy diferente.

En todo caso, el crecimiento de Warren reafirma que en Estados Unidos hace falta poner en pie un partido independiente del bipartidismo demócrata-republicano, un partido de trabajadores y socialista, que recoja los avances que existieron en la conciencia de amplios sectores en los últimos años,  protegiéndolos de la cooptación y la neutralización por parte de los grandes aparatos del capital. Sólo un partido de estas características puede ser una herramienta realmente progresiva para estimular las luchas populares y ofrecerles una alternativa política independiente, que ponga en el centro los intereses de todos los explotados y oprimidos.

Por Ale Kur, SoB n° 534

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