ESI | 30 adolescentes embarazadas en una escuela de Jujuy

Por Tofi Mazú

En Alto Comedero, a unos diez kilómetros de San Salvador de Jujuy, hay una escuela con menos de doscientos estudiantes. Allí, treinta adolescentes están embarazadas, teniendo entre 12 y 19 años. Para colmo de males, la mayoría de estos embarazos son producto de violaciones intrafamiliares. Esta terrible situación se presenta como un punto cúlmine de la barbarie en la que se encuentran las jóvenes; más aún en los feudos del norte del país, donde la Iglesia Católica tiene un poder indiscutido.

El reclamo por la aplicación efectiva y la reforma de la ESI no deja de crecer. Es por ello que estos casos empiezan a conocerse. No son nuevos: son visibles, gracias al accionar y el desarrollo de un movimiento de mujeres que tiene en primera fila a las nuevas generaciones. El 80% de las y los estudiantes jujeños evaluados en el Operativo Aprender ya habían reclamado tener educación sexual. Para este gobierno reaccionario, y los gobernadores que votaron cómplicemente el presupuesto de miseria, esta cuestión no tiene relevancia. Sin embargo, no pueden tapar el sol con las manos y se cuela una y otra vez en la palestra política nacional.

Sin Educación Sexual Integral, cientos de adolescentes seguirán abandonando la escuela para cuidar de las criaturas. Sin Educación Sexual Integral, las niñas seguirán sumidas en el miedo, callando las violaciones y naturalizando los abusos que sufren en el seno familiar. Sin Educación Sexual Integral y sin aborto legal, miles de jóvenes se verán forzadas a criar hijos producto de ataques sexuales… la lista sigue, porque la cantidad de barbaridades que las niñas –sobre todo las más pobres- sufren en esta sociedad capitalista y patriarcal es eterna.

El caso de Alto Comedero debería servirnos para redoblar la apuesta y no retroceder ni un milímetro en el terreno conquistado. Los embarazos adolescentes son una de las problemáticas más urgentes que padece la juventud. Por lo tanto, el movimiento de mujeres, aliado al movimiento estudiantil y a las y los docentes que intentan aplicar la ESI en sus escuelas, tiene por delante la tarea de seguir movilizado para conquistar este derecho básico, para arrancarle al Estado guarderías para que las niñas no deban abandonar la escuela, por garantizar los abortos no punibles en todos los puntos del país y par que las chicas tengan un espacio seguro en el que denunciar las violaciones que sufren.

Esta violencia ya no se aguanta más. Esta pelea se inscribe como uno de los tantos frentes de batalla abiertos, para que Macri no logre aplicar un presupuesto que avasalla los derechos más elementales de las mujeres y la juventud.

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