La revolución a flor de piel

Esclavitud, segregacionismo y racismo

Una situación de explotación multiplica la opresión; una situación de subordinación por el color de piel multiplica la opresión por la ubicación de clase.

Roberto Saenz
Dirigente y teórico de la corriente internacional Socialismo o Barbarie.


Este texto es un fragmento de un trabajo más largo: “La revolución a flor de piel”. Se puede leer el aquí.

 

La opresión según el color  de piel es una cuestión muy importante, estructural, tiene que ver con entender un poco cómo es la cuestión. En los países imperialistas hay una cosa que rompe con el sentido común: los sectores oprimidos, eventualmente, son más oprimidos y más explotados -en términos relativos, es decir, en relación al resto de las clases- que en los países dependientes.

No es exactamente así, pero para que se me entienda que en los países imperialistas las relaciones de opresión y explotación son pesadas, son terribles, muy profundas salvo, claro está, en las capas que desde Lenin se identifican como “aristocracia obrera”, que son los sectores mejor pagos tributarios de la explotación imperialista que, de todos modos, hoy habría que ver en qué quedaron[1].

Estados Unidos es la principal potencia imperialista de los últimos 100 años(ahora hay que ver qué pasa con China, etc., no voy a entrar en eso). La burguesía yanqui es poderosísima. O sea:es un país imperialista,colonialista hacia afuera de Estados Unidos y hacia adentro también. La situación de “sometimiento colonial”, aunque lo ponga entre comillas, es más compleja que la mera situación de asalariado-explotado. Al asalariado-explotado el capitalista le estruja su trabajo, se lo afana, es explotado; pero si vive en un país donde no hay una dictadura totalitaria, saliendo de la fábrica formalmente tiene derechos. Un compañero o compañera de color, que está en su propio país, donde nació, Estados Unidos, como si estuviera en una colonia, además de ser súper-explotado económicamente como trabajador, sale del trabajo y por su color de piel, en los hechos reales,no tiene ningún derecho, está doble o triplemente oprimido (es una suerte de “extranjero” en su propio país). Ustedes se imaginan que en una“situación colonial” hay explotación;pero también hay “sometimiento nacional”: “Si los Estados sudistas de EEUU de posguerra no se rigen en sentido estricto por una política de apartheid como la que sufrieron Gandhi y después Mandela en Sudáfrica, la segregación racial impuesta por las leyes Jim Crow reduce a los negros estadounidenses a la condición de pueblo colonizado” (“¿Es posible la no violencia? Gandhi, Luther King, Mandela”, Sylvie Laurent, Viento Sur[2]).

Dicho de manera un poco extrapolada, es como si la población de color en los Estados Unidos, aunque al mismo tiempo hoy en día se identifique más con el país-una cosa contradictoria, compleja, profunda-, aunque esté más o menos integrada y/o “asimilada”,vive en una situación “colonial”-para decirlo de alguna manera-.

El sentimiento de injusticia por sufrir esta “colonización” se hizo “carne viva”, por ejemplo, en las guerras mundiales y en la guerra de Vietnam, donde los jóvenes soldados de color fueron enviados a combatir por su país, Estados Unidos, pero además de la discriminación vivida en las propias filas militares, tuvieron la contradicción de entregar su vida por un país que a lo sumo los reconocía -¡y los reconoce!-como “ciudadanos” de segunda o tercera categoría.

La asimilación a los EEUU de la población afroamericana remite a cuánta “nostalgia” tienen en relación a su continente de origen, África, cuánto reflejo tienen todavía hoy de un sentimiento de autodeterminación como “nación” dentro de Estados Unidos, o, simplemente, cuánto se sienten “asimilados” a un país que identifican como propio y, así y todo, los discrimina estructuralmente.

Un arco de posibilidades que va, en definitiva, desde los derechos de autodeterminación como población negra hasta el reconocimiento de derechos políticos sustantivos:desde el fin de la opresión nacional al fin del racismo estructural[3]: “El punto de vista de los camaradas norteamericanos no me parece totalmente convincente [los trotskistas norteamericanos a comienzos de los años 30 reducían las consignas contra la opresión a la gente de color a la “igualdad política” formal sin reconocer los derechos de autodeterminación] (…) Nosotros, por supuesto, no obligamos a los negros a convertirse en una nación; si ellos lo son, entonces eso es una cuestión de su conciencia, esto es, de lo que desean y por lo que luchan. Nosotros decimos: si los negros quieren eso, entonces nosotros debemos combatir en contra del imperialismo hasta la última gota de sangre, para que ellos ganen ese derecho, donde sea y como sea que quieran tomar un pedazo de tierra para ellos (…) hoy los trabajadores blancos son los opresores con relación a los negros, son canallas, que persiguen a los negros y amarillos, los miran con desprecio y los linchan (…) Un criterio abstracto no es decisivo en este asunto, mucho más decisiva es la conciencia histórica, sus sentimientos y sus impulsos (…) Los negros pueden ser educados desde el punto de vista de una clase solamente cuando el trabajador blanco esté educado” (León Trotsky, “León Trotsky y la opresión de los negros en Estados Unidos”).

Una situación de explotación multiplicada por la opresión; una situación de subordinación multiplicada por la opresión, el color de piel y la ubicación de clase. Hay una nota interesante de Monthly Reviewque señala que una de las discusiones más superfluas en los Estados Unidos es si la condición de clase o de color de piel es la determinante cuando, en realidad, no hacen más que combinarse: el color de piel ubica a la población negra en el último escalón social(y, además, hace pasibles a la gente de color de un tratamiento bestial).

En un sentido similar, y subrayando que no debe servir como atajo para perder de vista la centralidad del criterio de clase, podemos decir con Kevin Anderson: “Marx desarrolló una teoría dialéctica del cambio social que no era unilineal ni exclusivamente clasista. Al igual que su teoría del desarrollo social fue evolucionando hacia una dirección más multilineal, su teoría de la revolución, con el correr de los tiempos, empezó a centrarse cada vez más en la interrelación de la clase con la etnicidad, la raza y el nacionalismo. Marx no era un filósofo de la diferencia en el sentido posmoderno del término, en la medida que la crítica de una sola entidad englobante, el capital, era central en toda su empresa intelectual. Pero centralidad no quiere decir univocidad o exclusividad. La teoría de la madurez de Marx, gira en torno al concepto de totalidad, que no sólo ofrece un lugar considerable a la singularidad y a la diferencia, sino que puede también hacer que estas particularidades –la raza, la etnicidad y la nacionalidad- sean determinantes para la totalidad” (“Los escritos de Marx sobre la guerra civil, 150 años después”).

Hay toda una historia. Es como que al problema de clase se le suman elementos de “estratificación”. Se suman los dos, sobre todo entre la población de color, aunque también le ocurre a la población latina, y aunque no sea exactamente igual, claro está, también han sufrido –y sufren- “cachetazos”, masacres y/o linchamientos los trabajadores blancos, claro está[4].

Digamos esto respecto de la esclavitud: hubo una conquista histórica que fue abolirla formalmente después de la guerra civil norteamericana, a su final en 1865. Después estuvo la fase, que no tengo tiempo de desarrollarla, que se llamó las leyes de“segregación raciales” JimCrow, que fueron leyes establecidas sobre todo en el Sur de Estados Unidos, pero también en el Norte que, con una hipocresía característica y cínica, afirmaban que los blancos y los negros estaban “unidos en la diferencia”: los hombres blancos podían ir sentados en los autobuses y las mujeres de color tenían que ir al fondo, y si había un hombre blanco parado, tenían que pararse y dejarles el lugar. Es decir, existía discriminación en el transporte público, así como en los colegios, universidades, hospitales, baños públicos, etcétera… Es decir: servicios de primera para los blancos y de segunda o tercera para los negros, amén de estar divididos en dos (un sistema de segregación en todos lados, hasta los bares, por el color de piel).

Mirá también:  American factory: la “cultura del trabajo” y la explotación

Y después que se derrotan las leyes de segregación racial con lashistóricas luchas de los derechos civiles de los años 60, continúa este elemento de racismo estructural, que es funcional a la clase dominante, que es una discriminación endémica por el color de piel, una discriminación social y política e ideológica por el color de piel, que divide a la clase obrera.

Pero, además, hay otro problema aún más profundo: haber sido esclavo y venir de una condición de esclavitud, en tu amor propio, en tu autoestima, en tu autodeterminación, en tu subjetividad, es muy duro;no es fácil sobreponerte. Tengan en cuenta que los esclavos no tenían derecho a nada, ningún punto de referencia para forjar su subjetividad, de ahí que hayan habido pocas rebeliones de esclavos en la historia: no tenían derecho a formar familia, a tener pareja, a considerar sus hijos como tales, eran descartables, las jornadas laborales interminables, estaban dispuestos para ser usados y desechadosy no eran dueños de su propia vida, ni de nada, de ningún mueble, de ningún bien, de ninguna casa; nada alrededor de lo cual estructurar la personalidad[5].

Un caso clásico antes de la Guerra de Secesión (1861-1865), comentado oportunamente por Marx, es la de Dred Scott, un esclavo que apeló a la Corte Suprema por su libertad ante la muerte de su dueño en un territorio libre de esclavitud y ésta se la negó: “Se sentó como principio que el esclavo no era un ciudadano con derecho a justicia, sino era una forma de propiedad como la de cualquier animal cuyo dueño puede llevarla consigo o transportarla a cualquier punto del país, debiendo el gobierno proteger su uso y disfrute como el de toda propiedad (…)” (Karl Marx, “La cuestión americana en Inglaterra”, New York DailyTribune, 11 de octubre de 1861, escrito en Londres el 18 de septiembre de 1861[6]).

Sobre todo si esas relaciones de desigualdad perviven, es sobreponerte a otra determinación más (un doble o triple esfuerzo que se suma a tu condición de explotado): “(…) la preocupación de Marx no era sólo explicar esta falsa conciencia [el autor se refiere a la falsa conciencia de los sectores pobres blancos racistas del Sur]. Era también la de examinar la posibilidad de una nueva forma de subjetividad revolucionaria que podía surgir de las profundidades del sistema social del Sur, algo que durante cientos de años las clases dominantes se empeñaban en impedir sin descanso: la posible alianza entre pobres blancos y esclavos negros. La misma guerra podía revertir las antiguas relaciones sociales del Sur, permitiendo aparecer tales contradicciones sociales” (Kevin Anderson, “Los escritos de Marx sobre la guerra civil, 150 años después)[7].

Esta hipótesis finalmente, no se dio, porque pasada una década de radicalización posteriormente a la guerra civil, las burguesías del Norte y del Sur se unieron para dar un abrupto giro hacia la derecha en los Estados Unidos habilitando, por ejemplo, que el Sur vuelva a ser asolado por bandas fascista blancas y que los sectores dominantes ex Confederados siguieran explotando los sentimientos de resentimiento social redirigiéndolos contra la población negra ex esclava. El KuKluxKlan surge de esta forja social contrarrevolucionaria: “Alarmados ante la vista de negros libres, antiguos oficiales y soldados de la Confederación formaron milicias y patrullas destinadas a defender a las familias blancas de morbosas amenazas imaginarias, a negar la tierra o la caza a los libertos y a asegurar que siguieran disponibles para el trabajo. En Washington, el nuevo presidente compartía o toleraba esta reacción blanca del Sur, dictando miles de perdones para los oficiales confederados” (Robin Blackburn, “El Estado de la Unión. Marx y la inacabada Revolución americana”[8]).

La otra historia de Estados Unidos, de Howard Zinn, un clásico de “historia desde abajo”, reflejaba una persona, un compañero o compañera de color, que decía que se sentía “infectado”, se sentía como una persona infectada, “como que estoy infectado y no puedo sentarme con un blanco”… Imagínense que el problema de la opresión nacional por el color de piel, multiplica el grado de subordinación(o sea, hay que sobreponerte a más elementos adversos que en un país sin opresión nacional).

Entonces, en Estados Unidos,esto ha servido, sirve, para dividir a la clase obrera. En Estados Unidos tenemos tres “componentes nacionales” en la población: los trabajadores blancos, los trabajadores negros y los trabajadores latinos; esos tres componentes de la clase trabajadora la burguesía los ha maniobrado históricamente para dividir.

¿Cómo divide? El blanco es explotado, y hay sectores de trabajadores blancos con conciencia de clase, claro. Pero también hay un sector más atrasado de los explotados, por ejemplo los que votan a Trump. Luego tenemos la población negra, el racismo estructural. Y,finalmente,la población latina,que es una persona “inestable”, que no tiene derechos formales de ciudadanía, que vive ilegalmente,escondida en gran medida(solamente una parte tiene derecho a la ciudadanía y la otra parte está “en oscuro” por así decirlo, trata de no darse a conocer de ninguna manera).

Yo conozco bastante Centroamérica. Cuando una persona de Honduras, por ejemplo, va a los Estados Unidos a buscar trabajo, está ilegal en los “Estados” (como se refieren sus habitantes comúnmente a los Estados Unidos) durante años, y por lo tanto, no puede volver a su país, ver a sus hijos, verlos crecer, etcétera.Porque si salen no pueden volver a entrar(porque en Estados Unidos viven como ilegales).

Y todo esto por no hablar de los sufrimientos por los que pasó la población asiática, los campos de concentración para la población japonesa-estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, otro tanto de enormes discriminaciones e injusticias.

Esto es algo que no conocemos en nuestros países latinoamericanos. Conocemos otras cosas. Conocemos en Bolivia, por ejemplo, la cuestión de la población originaria. Conocemos otra forma de opresión. Pero esta forma de opresión particular en los países imperialistas tiene su especificidad que es, por ejemplo,una clase obrera blanca educada en el resentimiento racial. Y, simultáneamente, la clase trabajadora negra educada en la esclavitud, en la sumisión, mientras que la clase trabajadora latina está, en general, en“oscuro”, está ilegal, y entonces tiene un frenazo terrible –aunque años atrás hubo una huelga general latina un 1ro de Mayo-.

La cuestión es que esto hace a una estructura de clases determinada. Es la combinación del problema nacional y el problema de clase. Por eso la estructura de clases es más compleja y más rica. Como lo es también el problema de la mujer, que también combina elementos de opresión de la mujer con elementos de la doble o triple opresión en la mujer trabajadora. Si uno lo aprecia,la cosa es pesada porque es Estados Unidos. Son “capas geológicas” de súper explotación y opresión nacional; son relaciones sociales profundas que están inscriptas en la vida, en el cuerpo de la gente. Por supuesto que, al mismo tiempo, genera luchas tremendas, genera luchas históricas.

Mirá también:  "La manera más efectiva de frenar el terror policial es la acción en los lugares de producción"

Un ejemplo que quiero agarrar acá es de Howard Zinn: una redada sobre la población negra en el año 62, en el Sur del país, en pleno auge de los derechos civiles en Estados Unidos. Eran tan masivas esas movilizaciones que empezaban a irlos chicos y chicas negras muy chiquitos. Entonces, estaba el sargento anotando el nombre a cien personas que habían detenido y de repente se le para un nenito de 8 años y el tipo le pregunta: ¿Y vos cómo te llamas? Y el nenito le responde: Libertad. O sea, está buenísimo: el nenito de 8 años le dice en la caraal sargento yo me llamo Libertad.

Es hermoso y muestra también lo profundo que es la cosa. Libertad, una palabra importante que a veces en el marxismo perdemos de vista, es decir,el par igualdad-libertad (El marxismo de Marx y Engels); la dialéctica entre ambos conceptos. Este nene le dice en la cara al sargento blanco: yo me llamo Libertad[9].

Entonces, este problema, es difícil transmitirlo,este problema de las relaciones de explotación y opresión en un país imperialista, sobre todo en un país imperialista como Estados Unidos, con semejante tradición institucional, semejante estabilidad, son pesadas. Son relaciones estructurales pesadas: el régimen político es “pesado”, tiene mucha estabilidad, son difíciles de sacudir, requieren luchas históricas como la que estamos viviendo, como las que se han vivido siempre.

Es como un manual de decir: sí, las conquistas se obtienen con la lucha, porque si no, ni en figurillas una conquista. Es un manual de eso Estados Unidos. En realidad, hay una tradición inmensa de la lucha de clases en Estados Unidos, del movimiento de mujeres, de la clase obrera,de la juventud, del movimiento negro, incluso de corrientes socialistas con peso masivo a comienzos del siglo XX (ver el caso de Eugene V. Debs, líder socialista varias veces candidato a la presidencia).

En las últimas décadas esto se perdió –o quedó oculto, más bien- porque hubo 40 años de retroceso. Pero esto nos lleva de vuelta a la misma idea: si la rebelión que se está viviendo actualmente significa un renacimiento de la lucha de clases anticapitalista y eventualmente socialista en los Estados Unidos, será histórico, porque es –será- profundísimo. Pero hay que ver,primero,hasta dónde llega: “Después de todo, el día internacional de la clase obrera, el Primero de Mayo [más allá que, paradójicamente, este día no se festeja hoy en los Estados Unidos], recuerda a los mártires de Haymarket de mayo de 1886. Así que, igual que el capitalista estadounidense, con su sombrero de copa y su cigarro, tipificaba a la clase de los patronos, el obrero estadounidense, con su camisa y sus vaqueros o sus monos, se convirtió en la imagen del proletariado” (Blackburn, ídem).


 

Notas

 

[1]Da la impresión que luego de la fase neoliberal queda muy poco, realmente, de algo que se pueda llamar “aristocracia obrera” en el sentido tradicional del término: sectores de trabajadores muy privilegiados y cuyos privilegios, en parte, sean tributarios de la explotación imperialista.

[2]La autora agrega: “(…) desde comienzos del siglo XX, W.E.B. Dubois, teórico de la situación de los negros en EEUU, trataba de inscribir su emancipación en el marco más amplio de la liberación de los pueblos de color frente a los imperialismos europeos” (ídem).

[3]En una reciente entrevista realizada por la CNN a Spike Lee, nos llamó la atención cómo éste se refería a la “madre patria África” cuando denunciaba el racismo subsistente en los Estados Unidos.

[4]Atentos que el problema del color de piel no significa que los afroamericanos sean una “raza” ni nada por el estilo. La biología moderna, progresiva, dialéctica, no reconoce la existencia de razas entre los seres humanos, sino solamente matices en los rasgos externos de su fisonomía, por así decirlo, pero ninguna diferencia genética comprobable (ver No está en los genes, una obra clásica de la biología dialéctica de los años 80).

[5]Habitualmente uno se imagina la esclavitud como una forma bestial de explotación del trabajo pero no se llega a pensar qué significa realmente serlo; la reducción a cero de la personalidad, de la subjetividad, la transformación de la persona del esclavo realmente en un cosa, el no tener nada de los cual “agarrarse” para forjar el lugar de uno en el mundo, para establecer los parámetros de la propia personalidad.

[6]Para esta charla no llegamos a hacerlo, pero es recomendable la lectura de los escritos de Marx y Engels sobre la Guerra de Secesión, además de estudiarla como tal; guerra que fue una “verdadera revolución burguesa” más allá que inconclusa: garantizó la unidad nacional de los Estados Unidos y el prevalecimiento de las formas modernas del trabajo asalariado, pero no emancipó a la población negra, que hasta el día de hoy sigue siendo una población sometida bajo las condiciones de un racismo estructural arraigado profundamente en la estructura social e institucional del país.

[7] En nota erudita que agrega Anderson, sin embargo, destaca que una de las pocas diferencias políticas persistentes entre Marx y Engels es que este último, al enfocar estrechamente la inutilidad militar de los mandos de la Unión, opinaba que iban camino a la derrota en la Guerra de Secesión, mientras que Marx, correctamente, confiaba en que las relaciones sociales del Norte, más avanzadas, terminarían prevaleciendo en la guerra civil, y así fue.

Por lo demás, amén de señalar que el movimiento de la I Internacional recibió gran desarrollo en los Estados Unidos a posteriori de la Guerra de Secesión, otra nota erudita, en este caso de Robin Blackburn, es la que señala que Engels se cargó de energía luego de sus visitas a Nueva York y Boston en 1888.

[8]En el mismo sentido respecto de la ola contrarrevolucionaria que vino posteriormente al agotamiento y/o fracaso del período de la Reconstrucción, al giro pendular a la derecha para limitar los efectos de la derrota de los esclavistas en la Guerra de Secesión, por frenar el ascenso de la clase obrera que este triunfo desencadenó, tenemos lo siguiente: “La doble derrota de la Reconstrucción [período de concesiones que duró una década posteriormente a la finalización de la Guerra de Secesión] había aplastado los derechos de los negros en el Sur y restringido los derechos laborales en el Norte. El modelo JimCrow en el sur y el recurso generalizado a los hombres de Pinkerton [bandas privadas parapoliciales de rompe huelgas] y demás matones en el Norte fueron victorias de la violencia privatizada y de una concepción mínima del Estado” (Blackburn, ídem).

[9] La obra de Zinn es muy recomendable para entender la historia de los Estados Unidos desde sus explotados y oprimidos; otra mirada distinta a la que destilan la mayoría de las películas de Hollywood, aunque últimamente no todas.

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