Izquierda Web2
Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


3.1 Estado y propiedad en la Grecia clásica[1]

Rompiendo con el esquema evolutivo clásico,la Grecia arcaica de 1.400 a 1.100 ACfue un modo de producción asiático, un despotismo orientalcon sus palacios y ciudades centralizadas del cual se conservó muy poco registro arqueológico.

Luego vinieron 400 años de interludio llamados “años oscuros” (1.100 al 700 AC)para arribar ala Grecia clásica (700 al 400 AC).El período “oscuro” fue más una rupturaque una continuidad con la esplendorosa civilización micénica que tuvoaspectos comunes con Persia y el Oriente.

El “mundo homérico” dela Ilíada y la Odisea, que tanto peso tuvo en las representaciones mentales de la historia griega,verdadera biblia de la antigüedad según Krader, se caracteriza por esta contradicción: representa más el “mundo oriental” que la Grecia clásica.

Hecha esta salvedad, podemos pasar someramente a algunos de los rasgos de la época clásica (apresurémonos a señalar que somos neófitos en la materia). Engels ubica los inicios de los griegos en los umbrales de la civilización: el matrimonio por grupos comienza a borrarse; el derecho materno cede su puesto al paterno; la riqueza privada, en proceso de surgimiento, ha abierto la primera brecha en la constitución gentilicia, igualitaria.

En el Ática había cuatro tribus, cada una de tres fratrias, que constaban a su vez de treinta gens cada una[2]. Engels señala que posteriormente ocurrió una determinación consciente de los grupos pero que la historia griega parece conservar el conocimiento de ello solamente desde la época heroica.

En cualquier caso, es brillante la manera en que da cuenta del surgimiento de la propiedad privada y el Estado: “(…) en la constitución griega de la época heroica vemos aún llena de vigor la antigua organización de la gens, pero también observamos el comienzo de su decadencia; el derecho paterno con herencia de la fortuna por los hijos, lo cual facilita la acumulación de las riquezas en la familia y hace de esta un poder contrario a la gens, la repercusión de las diferencias de fortuna sobre la constitución social mediante la formulación de los gérmenes de una nobleza hereditaria y de una monarquía; la esclavitud, que al principio sólo comprendió a los prisioneros de guerra, pero que desbrozó el camino de la esclavitud de los propios miembros de la tribu y hasta de la gens; la degeneración de la antigua guerra de una tribu contra otras en correrías sistemáticas por tierra y por mar para apoderarse de ganados, esclavos y tesoros, lo que llegó a ser una industria más. En resumen, la fortuna es apreciada y considerada como el sumo bien, y se abusa de la antigua organización de la gens para justificar el robo de las riquezas por medio de la violencia. No faltaba más que una cosa; la institución que no sólo asegurase las nuevas riquezas de los individuos contra las tradiciones comunistas de la constitución gentil, que no sólo consagrase la propiedad privada antes tan poco estimada e hiciese de esta santificación el fin más elevado de la comunidad humana, sino que, además, imprimiera el sello del reconocimiento general de la sociedad a las nuevas formas de adquirir la propiedad, que se desarrollaban una tras otra, y por tanto a la acumulación, cada vez más acelerada, de las riquezas; en una palabra, faltaba una institución que no solo perpetuase la naciente división de la sociedad en clases, sino también el derecho de la clase poseedora de explotar a la no poseedora y el dominio de la primera sobre la segunda. Y esa institución nació. Se inventó el Estado” (Engels; 2006; 93/4).

En la Grecia clásica tenemos ya, entonces,las clases sociales definidas, lo mismo que el Estado –hecho y derecho–como máquina de opresión de una clase por la otra. También tenemos la primera forma histórica de la propiedad privada, así como una economía basada en el intercambio mercantil: “En ninguna parte podemos seguir mejor que en la antigua Atenas, por lo menos en la primera fase de la evolución, de qué modo se desarrolló el Estado, en parte transformando los órganos de la constitución gentil, en parte desplazándolos mediante la intrusión de nuevos órganos y, por último, reemplazándolos por auténticos organismos de administración del Estado (…)” (Engels; 2006; 95)[3].

Engels identifica la constitución de una administración central por encima de las tribus y las gens, la división del pueblo en clases privilegiadas y no privilegiadas y la concesión a la nobleza del derecho exclusivo a ejercer cargos públicos; el sistema monetario en desarrollo penetra como “un ácido corrosivo” en la vida tradicional de las antiguas comunidades agrícolas, basadas en la economía natural. Se creó así un nuevo derecho consuetudinario para garantía del acreedor contra el deudor y para consagrar la explotación del pequeño agricultor por el poseedor de dinero.

Un derecho de propiedad que era tan brutal que cuando el deudor no lograba afrontar sus obligaciones “tenía que vender a sus hijos como esclavos en el extranjero para satisfacer por completo al acreedor”: “La venta de los hijos por el padre: ¡este fue el primer fruto del derecho paterno y de la monogamia! Y si el vampiro no quedaba satisfecho aún, podía vender como esclavo a su mismo deudor. Tal fue la hermosa aurora de la civilización en el pueblo ateniense” denuncia Engels (2006; 97).

Y respecto de Roma, Engels resume lo siguiente: “Así fue destruido en Roma (…) el antiguo orden social, fundado en los vínculos de sangre. Su lugar lo ocupó una nueva constitución, una auténtica constitución de Estado, basada en la división territorial y en las diferencias de fortuna (…) En el marco de esta nueva constitución  (…) se mueve toda la historia de la República romana, con sus luchas entre patricios y plebeyos por el acceso a los empleos públicos y por el reparto de las tierras del Estado y con la disolución completa de la nobleza patricia en la nueva clase de los grandes propietarios territoriales y de los hombres adinerados, que absorbieron poco a poco toda la propiedad rústica de los campesinos arruinados por el servicio militar, cultivaron por medio de esclavos los inmensos latifundios así formados, despoblaron Italia y, con ello, abrieron las puertas no sólo al imperio, sino también a sus sucesores, los bárbaros germanos” (2006; 113).

Al mismo tiempo, cometeríamos un grave error si miráramos la historia griega con los ojos de la actualidad. La sociedad antigua tenía su propio modo de funcionamiento. Un modo de funcionamientodonde la esfera de la política estaba hipostasiada: “Marx comenta (…): ‘Habría debido decir que política tiene aquí el sentido de Aristóteles = de la ciudad; y que animal político = ciudadano de una ciudad’. Aristóteles define al hombre como un animal político por naturaleza (physei), creatura de la polis. Así comentó Marx en la Introducción a la crítica de la economía política, Grundrisse, la definición aristotélica: ‘El hombre es literalmente un zoom politikom; no sólo un animal social, sino un animal que sólo se puede aislar en sociedad”. En El capital volvió sobre el tema: ‘El ser humano es por naturaleza un animal, si no político, como dice Aristóteles, sí en todo caso social” (Krader; 1988; 27).

Lo educativo acá, en todo caso, es que la política requiere centralización, concentración de los asuntos, generalización, de ahí que aparezca como una temática de la ciudad.

La valoración de Aristóteles parece remitir a una sociedad donde la política está hipostasiada, porque, en última instancia, todos los derechos se deducen de ser miembros de la polis, de la ciudad, que a la vez es ser miembro del Estado. Los que no son ciudadanos, los que no son miembros de la polis y el Estado, tienen una categoría subordinada sean extranjeros o esclavos.

De ahí que Aristóteles hablara del hombre como zoom politikon pero, en realidad, su condición más esencial, por así decirlo, no deriva de la ciudadanía ni del Estado, formas subordinadas en definitiva, sino de algo más estructural de que el hombre es un ser social; en todo caso, como dice Marx, un animal que solo puede aislarse en sociedad(algo que nuevamente nos remite al punto anterior)[4].

“La antítesis de la propiedad comunal en la sociedad primitiva es la disolución de la gens primitiva y su propiedad, el desarrollo de clases sociales antagónicas, la acumulación de propiedad mediante inventos y descubrimientos aplicados por el trabajo social, la apropiación de esa propiedad por individuos privados con la subsiguiente separación entre los ámbitos privados y públicos, así como entre ambos y el todo social, la desigual distribución de la propiedad en la sociedad a medida que se realizaba esta apropiación. La separación de los ámbitos privados con respecto a los ámbitos públicos y la desigual distribución de la propiedad en manos privadas va acompañada de una distribución desigual del poder público” (Krader; 1988; 27/8).

La apreciación de la economía como una esfera separada fue un desarrollo que recién llegó a su culminación con la emergencia del capitalismo,como señalaPolanyi y retoma Vidal-Naquet, entre otros: “Estudiando el lugar que ocupa la economía en las sociedades humanas, Polanyi separaba con toda claridad la sociedad moderna de las demás. En esta, la economía se ha despejado y emancipado (‘disembedded’), convirtiéndose en una esfera autónoma. Se la puede estudiar aisladamente a partir de conceptos formulados para su exclusiva competencia: la economía es un dominio que obedece a sus propias leyes. En las demás sociedades, por el contrario, y singularmente en las ‘primitivas’ y arcaicas, la economía se halla siempre más o menos integrada (‘embedded’) en la sociedad, y en todas sus instituciones, no es un campo separado, sentido y organizado como tal por dicha sociedad. No se puede estudiar, pues, aisladamente, no tiene una existencia independiente, y su funcionamiento estará constantemente influido por factores sociales no económicos, que le serán extraños” (Austin y Vidal-Naquet; 1986; 22).

Parte de esto es el hecho conocido, pero no por ello menos significativo,de que la dinámica de clases de la historia griega y romana fuera exclusivamenteuna pelea entre los ciudadanos–propietarios y no propietarios–, y no entre ciudadanos y esclavos.

Los esclavos no llegaron a constituirse en una clase verdadera;no cumplieron ningún rol independiente.Estaban cruzados por dramáticas fragmentaciones internas que jamásfueron superadas. Tengamos en cuenta, entre otras cosas, que muchos de ellos eran de origen extranjero, sin lazos y ni siquiera una lengua en común[5].

La política estaba hipostasiada al punto que, para ser propietario,primero había que ser ciudadano: “En Atenas (…) los caldereros, los alfareros y los comerciantes eran ciudadanos –cuando lo eran– no tanto por su oficio como por ser hijo de un ciudadano y de una hija de ciudadanos que estaban inscritos y reconocidos en sus fratrias y en su demos. Weber hacía hincapié sobre el rol que tuvo la guerra en la historia de Grecia: la democracia griega, club político de los ciudadanos, redistribuía entre sus miembros los productos de la guerra, del tributo, de las tierras, etcétera” (Austin y Naquet; 1986; 20/1).

Es decir: la propiedad estaba sobre-determinada por la política.Entre otras consecuencias, una no menor erala despreciable apreciación que se tenía del trabajo humano, una actividad considerada deshonrosa: “En los últimos peldaños de la escala [social] se encuentran las demás formas de actividad económica [sacando la agricultura], el comercio y todas las actividades llamadas ‘banáusicas’ y que implican trabajo manual, como la artesanía. Todas ellas serán consideradas indignas del hombre de bien(…) el rango social de un hombre tendría una influencia decisiva sobre la ocupación que fuera a ejercer (…)” (Austin y Naquet; 1986; 26).

Engels señala lo mismo: “La esclavitud ya no producía lo que costaba, y por eso acabó por desaparecer. Pero al morir dejó detrás de sí su aguijón venenoso bajo la forma de proscripción del trabajo productivopara los hombres libres. Tal es el callejón sin salida en el cual se encontraba el mundo romano: la esclavitud era económicamente imposible, y el trabajo de los hombres libres estaba moralmente proscripto. La primera no podía ya y el segundo no podía aun ser la forma básica de la producción. La única salida posible era una revolución radical” (Engels; 2006; 130).

“Revolución” que, más que una revolución como tal, fue el derrumbe del Imperio Romano y el paso al orden de los bárbaros, un orden más benigno: “(…) durante esos cuatrocientos años [Engels se refiere al proceso que media entre la caída del Imperio Romano de occidente y la emergencia del feudalismo, período dominado por el colonato, R.S.] se habían hecho progresos. Si al expirar estos cuatro siglos encontramos casi las mismas clases principales que al principio, el hecho es que los hombres que formaban estas clases habían cambiado. La antigua esclavitud había desaparecido, y habían desaparecido también los libres depauperados que menospreciaban el trabajo por estimarlo una ocupación propia de esclavos. Entre el colono romano y el nuevo siervo había vivido el libre campesino franco. El ‘recuerdo inútil y la lucha vana’ del romanismo agonizante estaban muertos y enterrados. Las clases sociales del siglo IX no se habían formado con la decadencia de una civilización agonizante, sino entre los dolores de parto de una civilización nueva” (Engels; 2006; 134).

Engels subraya que esto se debió a que los pueblos germanos conquistadores y liberadores del Imperio Romano conservaron–en gran parte–su antigua organización gentil, suavizando la autoridad del hombre en la familia y dándole a la mujer un lugar más elevado que la del mundo clásico: “(…) salvaron una parte del régimen genuino de la gens, trasplantándola al Estado feudal bajo la forma de marcas, dando así a la oprimida clase de los campesinos, hasta bajo la más cruel servidumbre de la Edad Media, una cohesión local y una fuerza de resistencia que no tuvieron a su disposición los esclavos de la antigüedad y no tiene el proletariado moderno; ¿a qué se debe sino a su barbarie, a su sistema exclusivamente bárbaro de colonización por la gens?” (Engels; 2006; 135).

Agreguemos de paso que los capítulos de El origen de la familia que tratan del surgimiento del Estado en Grecia y Roma y del mundo germánico (capítulos 4 al 8) operan como una suerte de análisis de la emergencia del esclavismo. Posteriormente, con la caída del Imperio Romano y la emergencia de la Edad Media (mediada por el régimen semidemocrático del colonato donde los campesinos vivieron libres por algunos siglos) surge el régimen de servidumbre donde a pesar de ello se conservan lazos de solidaridad de la antigua gens; formas de comunidad campesina que sirvieron de punto de apoyo para sus continuos levantamientos contra los señores; una forma de asociación con la que los esclavos de la antigüedad jamás pudieron soñar.

Muchas de estas comunidades campesinas llegaron a los albores del siglo veinte. Por ejemplo, el caso de la comunidad rural rusa que estudiara Marx, o los restos de la marca germana que sobrevivían aquí y allá en la Alemania del siglo XIX; lazos comunitarios vistos con potencialidades emancipadoras[6].

Volviendo a nuestro argumento, la determinación en última instancia de la economía(la “condición existencial” de la producción y la reproducción material para todo lo demás) se hacía valer de una manera más mediada y sutil de lo que se piensa en las versiones vulgares del marxismo: “(…) hay que señalar que los griegos no conocieron el concepto unificado de trabajo como gran función humana que ocupa toda una serie de aspectos y de manifestaciones diferentes. Donde nosotros reconocemos una única y gran función productiva de valores sociales a través de múltiples formas de la actividad humana, a saber, el trabajo, los griegos veían tan solo una pluralidad de ocupaciones diversas (…) el trabajo no alcanzó nunca entre los griegos un valor positivo intrínseco (Austin y Naquet; 1986; 29).

Las relaciones entre economía y política, entre economía y sociedad, eran muy distintas a las del capitalismo, a las que tenemos naturalizadas por nuestra práctica social cotidiana. Relaciones que deben ser apreciadas de manera concreta para no hacer proyecciones indebidas.

Pasemos ahora a las formas de propiedad. En las Formaciones económicas precapitalistas Marx realiza un sumario (pero brillante)análisis de las formas de propiedad anteriores al capitalismo (atención que se trataba de un mero apunte, no de algo para publicar).

Este “ayuda-memoria” delos años 1855/9 es sin embargo más minucioso que el que presenta Engels veinte años después, lo que no quita que en El origen de la familiaexistan anotaciones valiosas en materia de propiedad.

El ángulo en ambos textos es diverso. En Marx el eje del análisis pasa por la separación del trabajador respecto de los medios de producción; en Engelsel ángulo es la vinculación entre herencia y propiedad privada.Es decir: el foco está puesto en el derecho y no en la economía[7].

El relato histórico sobre la evolución de la propiedad, desde la propiedad colectiva en la comunidad primitiva pasando por las formas de propiedad de la sociedad de clases y retornando a una forma colectiva de la propiedad(que ya sería, en realidad, una no-propiedad) en la sociedad comunista futura, es de gran valor entre otras cosaspara contextualizar el tipo de imposiciones que se hicieron valer por la degeneración de las revoluciones anticapitalistas y/o socialistas del siglo pasado.

Comenzando por Marx, el elemento básico de su análisis pasa por la separación entre el productor directo y las condiciones de su producción; un hecho consumado en el capitalismo con la propiedad privada de los medios de producción por parte del burgués (y cuyos antecedentes ya se encuentran en la antigüedad).

Una separación que, por lo demás,se mantendría en las sociedades no capitalistas burocratizadas (el monopolio de la burocracia sobre los medios de producción estatizados): “Tratando de la génesis de la producción capitalista he dicho ‘que su secreto es’ que hay en el fondo ‘la separación radical entre el productor y los medios de producción’ (…) y que ‘la base de toda evolución es la expropiación de los cultivadores’ ” (Formas que preceden la producción capitalista), una afirmación anotada y reiterada varias veces en sus apuntes sobre la comuna rural rusa.

Marx comienza por las formas colectivas de la comunidad primitiva y termina por la propiedad privada capitalista. Anota Godelier: “(…) Marx describe siete formas diferentes de apropiación de la tierra, es decir de la relación dominante de producción entre los hombres en las sociedades preindustriales. Estas formas se suceden hasta el modo de producción capitalista, en el cual la separación del trabajador y de las condiciones objetivas de producción es radical. El texto de Marx se presenta, pues, como un bosquejo de la evolución de la propiedad en el seno de la humanidad y en especial de Europa, y se integra al análisis de las formas de acumulación primitivas” (Godelier; 1969; 18).

Mirá también:  Planificación y transición ecológica y social

Lo que nos interesa acá, en todo caso, es el proceso “evolutivo” que va desde la no propiedad (o propiedad colectiva) a la forma más absoluta de la propiedad que es la propiedad privada capitalista (separación completa entre economía y política), y que desde allí debe “volver”vía la estatización de los medios de produccióny su gestión verdaderamente democrática, a una forma socializada de la producción, colectiva, cooperativa, comunista, lo que en definitiva es la forma final de toda propiedad (de los medios de producción).

Apreciado desde otro ángulo, la gestión colectiva de los medios de producción estatizadosno puede ser, no es, una forma meramente cooperativa de la propiedad(que en definitiva es otra tanta forma de “propiedad privada”, como señalara Marx, aunque en este caso de un colectivo de trabajadores[8]), sino una forma de propiedad mediada por el poder político, forma que, por lo demás, no es otra cosa que unejercicio del poder radicalmente democrático,la clase obrera organizada como clase dominante: “Una de las aportaciones de Marx –y una de sus originalidades para la época– es, por el contrario, su muy aguda percepción de las diferencias entre las sociedades precapitalistas y el capitalismo, en particular en lo concerniente a las formas del poder social (…) la principal de esas diferencias reside en la disociación, bajo el capitalismo,de las formas de propiedad respecto de las relaciones de soberanía,mientras que la imbricación de ambas es característica de las sociedades precapitalistas” (Artous; 2016; 39).

Imbricación que, por lo demás, debe caracterizar también a la dictadura proletaria. La separación de la soberanía política de la clase obrera respecto dela propiedad estatizada (soberanía no = propiedad estatizada) hace que el Estado obrero involucione burocráticamente hasta negarse como Estado proletario.

La propiedad común, colectiva de los medios de producción modernos, la propiedad propiamente comunista, es la forma final de toda propiedad que se niega a sí misma. Porque como señalara agudamenteNaville, y hemos reiterado muchas veces, es necesario afirmar la propiedad sólo cuando se la ejerce contra alguien: cuando la propiedad es de todos y no hace falta afirmarla contra nadie,se disuelve como tal propiedad[9].

Nuestra mirada de las Formas que preceden la producción capitalista ydel estudio engelsianodel pasaje de la gens al Estado y a la propiedad privada como herramientas de explotación, nos interesa sobre todo en la medida que echa luz sobre la experiencia del siglo pasado.Una experiencia que demostró que entre la estatización de la propiedad (de los medios de producción) y la socialización de la producción, existe un largo y dificultoso trecho.

La propiedad estatizada ha demostrado que puede ser fuente de nuevas imposiciones, en la medida en que el poder del Estado no esté en manos de la clase obrera: “Marx se dedicó a ese estudio [el autor se refiere a sus apuntessobre Morgan y otros estudiososde la prehistoria], muy costoso en términos de energía [por la avanzada edad de Marx cuando los encaró] (…). Su objetivo era reconstruir (…) la secuencia probable con la cual, en el curso del tiempo, se habían sucedido los diferentes modos de producción. Esa secuencia le servía también para establecer fundamentos históricos más sólidos para la posible transformación comunista de la sociedad” (Musto; 2018; 32).

Pasemos ahora de Marx a Engels para seguir el razonamiento del surgimiento de la propiedad privada. Ya hemos visto cómo el derecho materno es derogado por el paterno y cómo esto lleva al establecimiento de la familia monogámica.

Lo primero que salta a la vista es la aguda apreciación contenida en la Crítica al programa de Gotha, que caracteriza al derecho burgués como “un derecho igual para personas desiguales”: “(…) de acuerdo con el principio que lo rige [Marx se refiere aquí al derecho que rige la transición socialista, R.S.], el derecho igual todavía es el derecho burgués (…) este derecho igual está aún comprimido por los límites burgueses. El derecho del productor es proporcional a la cantidad de trabajo que suministra; la igualdad consiste en que la medida se hace con una escala igual: el trabajo. Pero un individuo es física e intelectualmente superior a otro y, en consecuencia, rinde más trabajo en igual tiempo o puede trabajar durante más tiempo, luego para servir de medida, el trabajo debe ser determinado con arreglo a su duración o su intensidad, pues de otra manera cesaría de ser escala de medida. Este derecho igual es un derecho desigual para trabajo desigual. No reconoce diferencias de clase, porque todo miembro de la sociedad es un trabajador como los demás, pero admite tácitamente como privilegio natural la desigualdad de aptitudes individuales y por consiguiente la desigualdad de la capacidad productiva. Así, pues, por su contenido, como todos los derechos, es un derecho de la desigualdad. Por su naturaleza el derecho consiste solo en la aplicación de una misma escala de medida. Pero los individuos desiguales (y no serían individuos diferentes sino fueran desiguales) sólo son mensurables con la misma escala de medida (…) Para evitar todas estas dificultades, el derecho tendría que ser, no igual, sino desigual” (Marx; 1972; 31/2)[10].

Una similar apreciación acerca del derecho es la que expresaEngels cuando correlaciona –de manera brillante–la situación de la mujer en el matrimonio con el trabajador asalariado. Señala que la igualdad jurídica (jurídico-formal) del contrato matrimonial,esconde una situación de desigualdad real entre marido y esposa: “En cuanto a lo que pasa fuera de las bambalinas jurídicas, en la vida real, y cómo se expresa ese consentimiento, no es ello cosa que pueda inquietar a la ley ni al legista (…) En el antiguo hogar comunista, que comprendía numerosas parejas conyugales con sus hijos, la dirección del hogar, confiada a las mujeres, era también una industria socialmente tan necesaria como el cuidado de proporcionar los víveres, cuidado que se confió a los hombres. Las cosas cambiaron con la familia patriarcal y aún más con la familia individual monogámica. El gobierno del hogar perdió su caráctersocial. La sociedad ya no tuvo nada que ver con ello. El gobierno del hogar se transformó en servicio privado; la mujer se convirtió en la criada principal (…) La familia individual moderna se funda en la esclavitud doméstica franca o más o menos disimulada de la mujer, y la sociedad moderna es una masa cuyas moléculas son las familias individuales (…) El hombre es en la familia el burgués; la mujer representa en ella al proletariado” (Engels; 2006; 64)[11].

Antes de continuar pedimos perdón por otra digresión respecto de la transición socialista. La afirmación de que la vida real se desarrolla tras las bambalinas jurídicas es útil metodológicamentecomo para entender que detrás de una propiedad estatizada en manos de la burocracia (por ejemplo, en los países no capitalistas de posguerra), sin control social alguno, se pueden imponerrelaciones de desigualdad: “Según la doctrina oficial, vivimos en un país socialista. Esta tesis reposa sobre la identificación de la propiedad estatal de los medios de producción con la propiedad social. El acto de nacionalización debería (aurait) transferir la industria, los transportes y los bancos a la sociedad en pleno propietaria y las relaciones apoyadas sobre la propiedad social serían por definición socialistas. Este razonamiento parece marxista. En realidad, introduce en la teoría marxista un elemento que le es completamente (foncièrement) extraño, a saber, la concepción formalista y jurídica de la propiedad. La noción de propiedad estatal puede disimular contenidos diferentes respecto del carácter de clase del Estado” (Kuron y Modzelewski, Carta abierta al POUP).

Y estas no son meras palabras sino la experiencia viva de algunos de los principales luchadores antiburocráticos de la Polonia de posguerra independientemente de su evolución ulterior[12].

Volviendo a nuestro desarrollo y respecto del problema general de la propiedad yde la herencia en relación a la opresión de la mujer, es interesante esta sentencia: “(…) la revolución social inminente, transformando por lo menos la inmensa mayoría de las riquezas duraderas hereditarias –los medios de producción– en propiedad social, reducirá al mínimun todas esas preocupaciones de trasmisión hereditarias (…) En cuanto los medios de producción pasen a ser propiedad común, la familia individual dejará de ser la unidad económica de la sociedad. La economía doméstica se convertirá en un asunto social; el cuidado y la educación de los hijos, también” (Engels; 2006; 65)[13].

El relato de Engels coloca a la herencia y la propiedad privada como subproducto de un proceso de diferenciación donde lo que originalmente era una propiedad común de la tribu, de la gens, va transformándose cada vez más en la propiedad privada de una parte de ella.

En este proceso, el pasaje al patriarcado, al derecho paterno, es fundamental porque tiene que ver con la herencia, colocando sobre una base clara para ella. En la familia patriarcal el derecho de herencia se transmite por la rama paterna. Y esa herencia tiene que ver con la propiedad que ha venido a parar al cabeza de familia.

Para asegurar esta potestad surge el derecho paterno y la trasmisión hereditaria refuerza de manera complementaria el proceso: excedente, apropiación privada, propiedad privada, familia, derecho patriarcal, Estado y herencia se refuerzan mutuamente en la emergencia de la propiedad privada.

Si en Marx apreciamos el proceso de constitución de la propiedad privada de los medios de producción como subproducto de la radical separación del productor de sus medios de producción, en Engels podemos decir que apreciamos el proceso complementario del surgimiento de la propiedad privada como subproducto de la familia monogámica.

 

3.2 La emergencia histórica del Estado (o una institución “condenada” a desaparecer)

La aparición del Estado remite también a un proceso de diferenciación concomitante con la aparición del excedente y la propiedad privada. En la gens existía una autoridad ganada libremente y generalmente en manos de alguno de sus integrantes de mayor edad. Se valorizaba la experiencia y las asambleas de tribu eran una suerte de institución colectiva pre-política.

La “democracia consensual” como forma institucional pre-política correspondía a una asamblea donde se trataban mayormente los litigios y conflictos entre miembros de la tribu (colectivo de gens) en la medida que, por el carácter colectivo de esta sociedad, una ofensa de un miembro de una gens a otra era muchas veces considerada como una ofensa de toda la gens (algo que ya hemos señalado).

Así las cosas, mucho de lo que se trataba en dichas asambleas tendía a resolverse por consenso; por una voluntad que se manifestaba más por una serie de gestos colectivos que por voto individual, que no existía.

Sin embargo, una combinación de elementos, entre ellos la aparición del excedente, la apropiación privada del mismo, el pasaje del derecho materno al paterno, la tendencia a la creación de aristocracias que tienen a monopolizar el ejercicio del poder político o pre-político, la cristalización de una serie de tareas colectivas como instituciones separadas del colectivo y monopolizadas por dicha “aristocracia”, la tendencia a heredar no solo los bienes sino también ciertos cargos de jerarquía, etcétera, es lo que va decantando en la emergencia de la forma estatal.

Resumiendo: hay dos vías complementarias de surgimiento del Estado. Una vía es la aparición del excedente y la propiedad privada que va produciendo una diferenciación socialen el seno de las comunidades. La otra –complementaria e imbricada con la primera– es la que tiene que ver con el monopolio de la autoridad: aquellas personas que se encuentran al frente de la tribu, de alguna manera, por “herencia”, vanlegando ese lugar de autoridad de padres a hijos, generándose una forma “aristocrática”, cerrada de autoridad, que excluía y oprimía al resto de la población.

La confluencia de estos dos procesos que van produciendo diferenciaciones económicas y políticas en el seno deuna comunidad antes indiferenciada, y que a la vez van generando un excedente económico que posibilita que una parte de la sociedad pueda especializarse en tareas no productivas, es lo que lentamente va dando lugar al Estado.

Las definiciones teóricas están bastante claras lo mismo que el proceso en general. Lo que es materia de investigación antropológica más concreta son precisamente estas vías en tanto que desarrollos histórico-concretos, amén de las líneas evolutivasdiferenciadas, porque, como sabemos, antes o en paralelo al Estado esclavista se tuvo el despotismo oriental,también con manifestaciones más o menos universales en todo el orbe (del imperio incaico pasando por Egipto, la civilización creto-micénica, Persia, la India y China).

Pero lo que nos interesa aquí no son tanto estas formaciones estatales ya definidas, sinoel proceso histórico de diferenciación que llevó de las formaciones sociales no estatales a las estatales: “En el Anti-Dhüring, Engels sugería la existencia de dos vías para el desarrollo de las relaciones de servidumbre y la aparición del Estado.Una, la del cambio gradual de los poderes de funciones de ciertos individuos en poderes de explotación. Es la vía que lleva al despotismo oriental. Dura tanto como las antiguas comunidades, es decir, milenios”.

“Pero al lado de este proceso de formación de clases, tiene lugar otro. En los países donde la antigua propiedad común del suelo se había ya desintegrado, o al menos donde el cultivo en común había cedido el paso al cultivo separado de parcelas de tierra a cargo de las familias respectivas, la producción se había desarrollado hasta el punto en que la fuerza de trabajo de un hombre podía producir más de lo necesario para su subsistencia. La fuerza de trabajo adquiere un valor. Se inventó la esclavitud” (Godelier; 1975; 110).

Godelier aclara enseguida que si Engels desarrolló en El origen de la familiasolamente la segunda vía, la del Estado esclavista, esto no tiene que ver con que hubiera perdido de vista el despotismo oriental sino solamente con que esta vía había sido históricamente la más directa hacia la “civilización”.

Continuando con las digresiones respecto de la transición socialista, como “nota al pie” respecto de la burocratización del Estado obrero y parafraseando a Christian Rakovsky cuando señala las diferenciaciones políticas que dan lugar a las sociales (emergencia de la burocracia que se aprovecha del monopolio del poder), Godelier puntualiza agudamente: “(…) en 1890, en una carta a C. Schmidt [27 de octubre de 1890], Engels retoma la idea de que el Estado aparece cuando aquellos que estaban al servicio de su comunidadtransformaban su poder de función en poder de explotación” (Godelier, 1975; 110)[14].

Godelier cita las tres formas en que condensa Engels la transición al Estado: “Atenas presenta la forma más pura, más clásica. Aquí el Estado, que toma la preponderancia, nace directamente de los antagonismos de clase que se desarrollan en el interior mismo de la sociedad gentilicia. En Roma, la sociedad gentilicia pasa a ser una sociedad cerrada, en medio de una plebe numerosa que queda fuera de ella, privada de derechos pero abrumada de deberes; la victoria de la plebe da al traste con la antigua organización gentilicia; erige sobre sus ruinas el Estado, en el que la aristocracia gentilicia y la plebe pronto desaparecerán totalmente. Por último, en los germanos (vencedores) del Imperio Romano, el Estado nace directamente de la conquista de vastos territorios extranjeros, que la organización gentilicia no ofrece modo alguno de dominar” (Engels citado por Godelier; 1975; 108).

La clásica definición engelsiana del Estado es la que aparece en el último capítulo de El origen de la familia: “(…) el Estado no es de ningún modo un poder impuesto desde afuera de la sociedad; tampoco es ‘la realidad de la idea moral’, ni ‘la imagen y la realidad de la razón’, como afirma Hegel. Es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar. Pero a fin de que esos antagonismos, esas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del ‘orden’. Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado” (Engels; 2006; 146).

En todo caso, lo que podríamos agregarle a esta definición de Engels es lo que la misma supone: que el Estado es un producto histórico; un fenómeno que aparece en determinado momento del desarrollo histórico y que, por lo tanto, como fenómeno histórico, como un fenómeno de que depende de los antagonismos presentes en la sociedad, de cesar estos antagonismos el Estado también cesa.

Junto con esto, hay otro aspecto en que el Estado esuna formación histórica: en el sentido de que no existe un “Estado” como tal sino Estados,variadas formas históricas de Estado donde, por lo demás, las relaciones entre economía y política, entre Estado, derecho y sociedad, sus interrelaciones mutuas,varían según las circunstancias[15].

Y eso es así aun cuando, en definitiva, el Estado se derive–se sostenga materialmente, más bien–de ciertas relaciones de apropiación de la naturaleza, de cierta relación metabólica con la naturaleza;lo que supone tanto fuerzas productivas determinadas como relaciones de producción determinadas.

Sin embargo, esto no quiere decir que el Estado sea siempre una “relación dependiente”, pasiva, que sólo “refleja” la estructura social. Como ya hemos dicho, no solamente que el Estado reactúa muchas veces sobre los elementos estructurales para producir una totalidad nueva (capitalismo de Estado, Estado burocrático, despotismo oriental, etcétera) sino que, por lo demás, las propias formas de Estado surgen de una historia concreta: las relaciones entre economía, Estado, derecho y política tienen características histórico-concretas que son propias en cada caso(relaciones que en las sociedades pre-capitalistasse encuentran “fusionadas” lo mismo que en la transición socialista).

De cualquier manera, lo que aquí nos interesa es sobre todo dar cuenta del proceso histórico que dio lugar al surgimiento del Estado; cómo Engels identifica su emergencia histórica en los diversos casos. Señala que a diferencia de la antigua organización gentilicia basada en los lazos consanguíneos, el Estado se caracteriza por la agrupación de súbditos según divisiones territoriales: “El territorio no se había movido, pero los hombres sí”, en el sentido de que los desarrollos históricos rompieron las formaciones de gens y mezclaron a las personas: “(…) en anteriores capítulos hemos visto cuán porfiadas y largas luchas fueron menester antes de que en Atenas y en Roma pudiera sustituir a la antigua organización gentilicia (Engels; 2006; 146/7).

Mirá también:  Una vez más sobre la alternativa “Socialismo o Barbarie”

El segundo rasgo característico del Estado es la institución de una “fuerza pública” que ya no es el pueblo armado. Fuerza pública que se hace menester porque con la división de la sociedad en clases sociales ya no es posible –por razones obvias– una organización armada espontanea de la población. Por ejemplo, el ejército popular de la “democracia ateniense” era una fuerza pública aristocrática contra los esclavos, e incluso, para mantener a raya a los propios ciudadanos (ricos y pobres), se hizo necesario también una policía.

Engels identifica una tercera característica general: los impuestos, necesarios para sostener esa fuerza pública. Dueños de la fuerza pública y del derecho de recaudar los impuestos, los funcionarios, antes órganos de la sociedad, aparecen ahora situados por encima de esta. El respeto que se tributaba libre y voluntariamente a los órganos de la constitución gentilicia, ya no les basta: vehículos de un poder que se ha hecho extraño a la sociedad, necesitan hacerse respetar por medio de las leyes de excepción (Engels)[16].

Engels hace una serie de desarrollos para finalmente afirmar que el Estado no ha existido eternamente, que, como sabemos, durante las nueve décimas partes de la historia la humanidad se las arregló sin Estado alguno,y que con la desaparición de las clases sociales desaparecerá inevitablemente el Estado: “La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre de productores iguales, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder, al museo de antigüedades, junto a la rueca y el hacha de bronce” (2006; 149).

Una cita hermosa a la cual podríamos agregarle que la tarea de la desaparición del Estado y de la asociación libre de los productores iguales se ha revelado más compleja de lo que Marx y Engels suponían.

Porque la tarea de la transición socialista requiere, como condición, la elevación verdadera de la clase obrera a clase dominante. Requiere que la dictadura proletaria sea, efectivamente y como quería Marx,la clase obrera organizada como clase dominante o, como quería Lenin, no tanto un Estado en el sentido pleno del término, sino un semi-Estado proletario.

En ausencia –oimposible “vacío social”– de esto (Moshe Lewin), lo que aparece es una burocracia que en casos determinados como la ex URSS dio lugar, no a la desaparición del Estado, sino a lo contrario:la emergencia del súper-Estado de la burocracia; lejos de disolverse el Estado en la dictadura proletaria, la dictadura proletaria dio lugar al Estado burocrático (Naville).

Una cita clásica de Engels a este respecto la encontramos en la carta que le enviara a AugustBebel el 18/28 de marzo de 1875: “La Comuna [de París] no era ya un Estado en el sentido propio de la palabra. Me gustaría sugerir que la palabra ‘Estado’ fuera por todas partes reemplazada por ‘Gemeinwesen’, esta bella palabra antigua alemana que corresponde al vocablo francés ‘común” [comunidad, R.S.] (Godelier; 1975; 108)[17].

Una pista clásica de la crítica al estatismo (al “socialismo de Estado”) como falso “socialismo”, la encontramos en una crítica brillante de Engels en el Anti-Dhüring: “(…) desde que Bismarck se dedicó también a estatizar, se ha producido un cierto falso socialismo –que ya en algunos casos ha degenerado en servicio al Estado existente–para el cual toda estatización, incluso la bismarckiana, es sin más socialista. La verdad es que si la estatización del tabaco fuera socialista, Napoleón y Metternich deberían contarse entre los fundadores del socialismo. Cuando el Estado belga construyó sus propios ferrocarriles por motivos políticos y financieros muy vulgares, o cuando Bismarck estatizó sin necesidad económica alguna las líneas férreas principales de Prusia, simplemente para tenerlas mejor preparadas para la guerra y poder aprovecharlas mejor militarmente, así como para educar a los funcionarios de los ferrocarriles como borregos electorales del gobierno y para procurarse, ante todo, una fuente de ingresos nueva e independiente de las decisiones del parlamento, en ninguno de esos casos se dieron directa o indirectamente pasos socialistas. De serlo estos, también serían instituciones socialistas la Real Compañía de Navegación, las Reales Manufacturas de Porcelana y hasta los sastres de compañía del ejército” (Engels; Antídoto-Gallo Rojo; 313)[18].

Engels le da importancia al trabajo de Morgan sobre la gens señalando que ahí se tenía el ejemplo de una sociedad que no conocía aún el Estado; era la demostración fáctica de que la sociedad podía pasársela sin él: “¡Admirable constitución esta de la gens, con toda su ingenua sencillez! Sin soldados, gendarmes ni policía, sin nobleza, sin reyes, gobernadores, prefectos o jueces, sin cárceles ni procesos, todo marcha con regularidad [sobre la base de las costumbres, podríamos decir con Lenin, R.S.]. Todas las querellas y todos los conflictos los zanja la colectividad a quien conciernen la gens o la tribu, o las diversas gens entre sí; sólo como último recurso, rara vez empleado, aparece la venganza, de la cual no es más que una forma civilizada nuestra pena de muerte, con todas las ventajas y todos los inconvenientes de la civilización” (Engels; 2006; 84).

Hacia el final de El origen de la familia, en el brillante capítulo de “Barbarie y civilización”, Engels retoma sobre el surgimiento del Estado: “En todos los estadios anteriores de la sociedad, la producción era esencialmente colectiva y el consumo se efectuaba también bajo un régimen de reparto directo de los productos, en el seno de pequeñas o grandes colectividades comunistas.Esa producción colectiva se realizaba dentro de los más estrechos límites, pero llevaba aparejado el dominio de los productores sobre el proceso de producción y sobre su producto. Y mientras la producción se efectuó sobre esta base, no pudo sobreponerse a los productores, ni hacer surgir frente a ellos el espectro de poderes extraños, cual sucede regular e inevitablemente en la civilización” (Engels; 2006; 149).

De ahí que la emergencia del Estado sea producto, en una de sus dos vías, de la aparición del excedente a partir del desarrollo de la producción social: la conquista de un desarrollo más elevado de las fuerzas productivas.

Con el régimen de la sociedad de clases “la civilización ha realizado cosas de las que distaba muchísimo de ser capaz la sociedad gentilicia. Pero las ha llevado a cabo poniendo en movimiento los impulsos y pasiones más viles de los hombres y a costa de sus mejores disposiciones. La codicia vulgar ha sido la fuerza motriz de la civilización desde sus primeros días hasta hoy; su único objetivo determinante es la riqueza, otra vez la riqueza y siempre la riqueza, pero no la de la sociedad, sino la de tal o cual miserable individuo” (Engels; 2006; 151).

“Siendo la base de la civilización la explotación de una clase por otra, su desarrollo se opera en una constante contradicción. Cada progreso de la producción es al mismo tiempo un retroceso en la situación de la clase oprimida, es decir, de la inmensa mayoría (…) se introduce una hipocresía convencional que no conocían las primitivas formas de sociedad ni aun en los primeros grados de civilización (Engels; 2006; 152).

Engels insiste en que la grandeza del régimen de la gens, pero también su limitación (se aprecia que no hay un gramo de romanticismo en sus definiciones), es que en ella no tienen cabida ni la dominación ni la servidumbre, pero tampoco existe un elevado grado de desarrollo de las fuerzas productivas.

En cuanto estas comienzan a desarrollarse, aparecen las relaciones de desigualdad. No porque estas fueran intrínsecas sino porque, en ese limitado grado de desarrollo, debían derivar en desigualdades(para el estadio de la “abundancia” debía esperarse aun a todo un desarrollo histórico[19]).

Limitación y servidumbre, lamentablemente, dado el bajo grado de desarrollo de las fuerzas productivas, fueron otras tantas condiciones para el desarrollo mismo: “Un trabajo tan variado ya no podía ser cumplido por un solo individuo y se produjo la segunda gran división del trabajo; los oficios se separaron de la agricultura. El constante crecimiento de la producción, y con ella la productividad del trabajo, aumentó el valor de la fuerza de trabajo del hombre; la esclavitud, aun en Estado naciente y esporádico en el anterior estadio, se convirtió en un elemento esencial del sistema social (…) Al escindirse la producción en dos ramas principales –la agricultura y los oficios manuales–, nació la producción directa para el cambio, la producción mercantil, y con ella el comercio (…)” (2006; 141).

En definitiva, una sociedad humana que surge del esfuerzo cooperativo, que no conoce ni la explotación social ni la dominación política pero que para desarrollar fuerzas productivas termina dando lugar a una y otra, tiene una tendencia, que más bien es una posibilidad fundada en razones materiales, a “cerrar el círculo”: superar el estadio prehistórico en el cual aún nos encontramos –prehistoria en el sentido marxista de subsistencia de relaciones de desigualdad– y abrir la verdadera historia que comienza con la abolición de la explotación de una persona por otra, de una clase por otra, abolición que de aquí en más deberá cuidar también las justas relaciones metabólicas con la naturaleza, so pena de que la fórmula histórica de socialismo o barbarie, fórmula que tanta demostración científica encontró en los avatares de último siglo, se transforme hoy en una expresión corregida y aumentada de socialismo o barbarie social y ecológica capitalista.

 

 

[1] Siguiendo a Marx,Krader subraya con el advenimiento de la antigüedad el pasaje de una societas –organización social basada en relaciones personales– a una civitas–caracterizada por relaciones “políticas” y económicas impersonales–. Sin embargo, posteriormente precisa que según Marx “las relaciones de propiedad y dominio en las sociedades primitivas no son ni personales ni impersonales sinocolectivas” (Krader; 1988; 19), lo cual es interesante en relación a lo dicho en el punto anterior en referencia a que las “instituciones políticas” de las comunidades primitivas no están desdobladas ni por encima de la colectividad.

[2]Señalemos cómo la palabra “genealogía” se remonta a la idea de gens: al linaje, la historia familiar de la cual cada uno proviene: “Consta en el ‘Derecho Consuetudinario Alamanno’ que el pueblo se estableció en los territorios conquistados al sur del Danubio por la gens (‘genealogiae’); la palabra genealogía se emplea exactamente en el mismo sentido.más tarde las expresiones ‘Marca’ o ‘comunidad rural’ (Engels; 2006; 118).

[3]Para la sociedad griega, Morgan situó la transición de la organización gentilicia a la civil (política, estatal) en el período comprendido entre la primera olimpiada (776 a.C.) y las leyes de Clístenes (508 a.C). Clístenes estableció el principio de isonomía o “igualdad de todos los ciudadanos de Atenas ante la ley”, menospreciando los criterios basados en la herencia o la riqueza (un criterio más democrático).

[4]La reflexión de Krader nos reenvía a una idea desarrollada más arriba: sólo en la sociedad se da la transición dialéctica de la sociabilidad a la individualidad (ídem; 27).

[5] Esto nos recuerda –salvando las distancias, claro está– a Primo Levy, que en los campos de concentración del nazismo identificaba una fragmentación similar entre los detenidos: “una Babel de lenguajes” disímiles donde era imposible comunicarse.

[6]Transiciones de la Antigüedad al feudalismo, de Perry Anderson, quizás sea en cierto modo un homenaje a El origen de la familia, al menos respecto a los capítulos a los cuales aquí nos estamos refiriendo.

[7] Esto ocurrea pesar de que, como subraya Krader, en El origen de la familia ningún capítulo se dedica específicamente a la propiedad.

[8] Eso es lo que son, finalmente, las cooperativas bajo el régimen capitalista, que dejan abolido uno de los términos de la relación de explotación, el capitalista individual, pero conservan la propiedad privada del colectivo de trabajadores y su inserción en el mercado, lo que los obliga a la auto-explotación. De ahí que la política revolucionaria para las fábricas que cierran deba pasar más por la estatización bajo administración obrera que por la cooperativización, recurso este al que se debe apelar sólo si no hay otra alternativa.

En cualquier caso, esto último es una digresión pero nos sirve para entender que no se trata de abolir solamente al patrón o capitalista individual, sino la explotación del trabajo como tal (incluso las formas que conducen a la auto-explotación como planteara clásicamente Pierre Naville en su genial trabajo Le nouveauLeviathan).

[9] Hemos desarrollado este argumento más o menos extensamente en “A cien años de la Revolución Rusa”.

[10]Subrayemos que el ser característica de todo derecho una norma igual para personas desiguales, consagrando en definitiva algún tipo de desigualdad, lleva a EvguenyPashukanis (eminente jurista soviético) a caracterizar todo derecho como burgués y plantear, correctamente, que en la transición socialista debe operarse un paulatino proceso hacia la desaparición de todo derecho. Se le ha criticado a Pashukanis que no reconociera la existencia de un “derecho comunista”. Pero esto es un contrasentido en la medida que, tal como el Estado, el derecho, al ser una medida de la desigualdad, debe tender a desaparecer: no puede haber una cosa tal como un “derecho comunista” (Marcelo Buitrago).

La base teórica del razonamiento de Pashukanis (criticado incorrectamente) es el intercambio de valores, la base de valor de la economía burguesa, característica que debe tender a superarse con el desarrollo de las fuerzas productivas en la transición socialista pero que todavía subsiste en esa transición.

Para alcanzar la igualdad debe romperse el intercambio igual de valores iguales; debe imponerse la norma de “a cada cual según sus necesidades, de cada cual según sus capacidades” (Marx).

[11]Es significativo que Engels hable aquí de la mujer en general y no solamente de la mujer proletaria. La que ha quedado oprimida, encerrada en la familia, es a priori la mujer en general. Y esto sin menoscabo de que la mujer burguesa tenga todo tipo de paliativos, a comenzar por el personal de servidumbre en su propio hogar y que participe, simultáneamente, sin duda alguna y como parte de su clase, en la explotación de los trabajadores. Aun así, de lo que se está hablando es del género femenino en cuanto tal y no solamente de una u otra categoría de mujer.

[12] Con el correr de las décadas Modzelewski y Kuron evolucionaron a posiciones de defensa de la democracia liberal.

[13] Aunque la opresión de la mujer sólo lateralmente aparece en este ensayo, dejemos anotado que Engels vincula la familia monogámica y la prostitución. Engels se larga en pocos párrafos a hacer una historia del matrimonio y del amor libremente consentido sumamente avanzada para la época, subrayando que en las condiciones de supresión del capitalismo, las nuevas generaciones harán lo que les plazca al respecto.

[14]Por otra parte, es agudo un señalamiento respecto de la autoridad en la comunidad primitiva. Autoridad que, salvando todas las distancias, podríamos asimilar (obvio que con los cuidados del caso) a los criterios de la dictadura proletaria identificados por Lenin: “Esta organización, según Morgan, era la de una ‘democracia militar’. En tanto que militar, implicaba formas excepcionales de autoridad, reservadas a los jefes de guerra; en tanto que democracia, excluía la presencia de clases antagonistas y de un Estado” (Godelier; 1975; 106).

[15] Ver a este respecto “Marxismo, Estado y bonapartismo”, www.izquierdaweb.com.

[16] Lo de las leyes de excepción políticas es una temática actualísima en medio del giro a la derecha que se vive internacionalmente al momento de la redacción de este texto y de tendencia al socavamiento de las formas tradicionales de la democracia burguesa. Muestran cómo la teoría política se funda en una experiencia acumulada en relación al Estado que va más allá del régimen capitalista y hunde raíces en todas las sociedades de clase.Claro que, dicho esto, hay que subrayar también que en ningún caso se trata de perder las especificidades que entraña la política bajo el capitalismo(Artous).

[17]El concepto de Estado obrero no es quizás el más apropiado para describir la dictadura proletaria (aunque se ha impuesto como convención y no pretendemos cuestionarlo en ese sentido). Esto en la medida que esta dictadura es y ya no es un Estadoen el sentido propio del término. Es un Estado en la medida que es una dictadura proletaria sobre los restos burgueses y en relación al capitalismo mundial. No es del todo un Estado (aunque lo sigue siendo) en la medida que se debe tender a que no solamente la vanguardia lo posea de manera efectiva, sino que las masas cada vez más amplias se involucren en la gestión de los asuntos. Porque la transición socialista solo puede ser una obra cada vez más colectiva, y porque ese involucramiento es lo que impide que los que están encargados de administrar los asuntos colectivos de la sociedad, los que detentan de manera efectiva cotidiana el poder, no se separen de la sociedad, no se burocraticen.

[18] Está claro que en este caso se trata de estatizaciones en el marco del capitalismo. Sin embargo, el método que sugiere Engels acá, en el sentido de que la estatización aparece completamente escindida del poder del proletariado, da pistas metodológicas para aquellas revoluciones –o procesos sin revolución– donde el capitalismo fue expropiado en ausencia de la clase obrera: circunstancia que “en ninguno de esos casos, directa o indirectamente, dieron pasos realmente socialistas” al no quedar la propiedad en manos de la clase obrera.

[19] Ponemos “abundancia” entre comillas por razones evidentes: la crisis ecológica del planeta pone blanco sobre negro que los recursos naturales son finitos. Una finitud que no puede ser entendida bajo patrones absolutos de tipo malthusiano –la naturaleza siempre estará cada vez más mediada por la acción humana para lo malo y para lo bueno también– pero sí limitaciones relativas que cada vez se hacen más evidentes, aun si el propio multiplicador de las fuerzas productivas bajo un régimen social emancipado incluye la promesa de extender de manera inconmensurable los límites de la humanidad.

Dicho esto, siempre tendrá vigencia la máxima de Engels en Dialéctica de la naturaleza: todo el progreso humano se funda en entender cada vez más profundamente cómo funcionan, cómo operan las leyes de la naturaleza, y no en abolirlas o desconocerlas. Las justas relaciones humanas con la naturaleza, su aprovechamiento no expoliador, es una exigencia que se nos hace cada vez más presente, que abarcala conciencia de cada vez más amplios sectores de la sociedad.

Y así debe ser. El metabolismo humano natural, la naturaleza humanizada y la humanidad naturalizada, exige que en el comunismo se supere la brecha metabólica entre humanidad y naturaleza (Foster), lo que sólo se lograra mediante justas relaciones reproductivas entre ambos términos.

Print Friendly, PDF & Email

Colaborá con la izquierda


Nuestra actividad se mantiene con el aporte solidario de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Suscribite para que podamos seguirte brindando la mejor información y análisis.

Me quiero suscribir




Recomendadas

Rebelión Antirracista en EEUU

Guerra, política y partido a la luz de la rebelión en EEUU

“La historia no funciona de manera tal que en primer lugar se imponen los cimientos, luego crecen las fuerzas productivas, las relaciones de fuerzas necesarias entre las clases se desarrollan, el proletariado se vuelve revolucionario, y luego todo esto se guarda en la hielera y se preserva mientras procede la preparación de un Partido Comunista, de manera que pueda alistarse mientras las ‘condiciones’ esperan y esperan; y luego, cuando esté listo, pueda arremangarse y comenzar a luchar. No, así no funciona la historia. Para la revolución se req...

Trabajadores

Las Rojas

Últimas noticias

Izquierda Web

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre