Por Tofi Mazú

A horas de la partida de cientos de de delegaciones de todo el país hacia Trelew, para llevar adelante el XXXIII Encuentro Nacional de Mujeres, es oportuno desarrollar una de las reivindicaciones que más se harán sentir en estas jornadas de lucha. Se trata del presupuesto 2019 y su repercusión en los programas, ya insuficientes, destinados a atender cuestiones de primer orden, como lo es la violencia hacia las mujeres.

Hace algunos días se conocieron los números que el macrismo propone para areas como el Instituto Nacional de la Mujer, unas cifras escandalosas incapaces de resolver ninguno de los problemas reales que sufrimos día a día las jóvenes y trabajadoras. Para el INAM, en términos nominales, hubo un aumento del 11%; pero con la inflación del casi 40% que promete el gobierno para el año que viene, en verdad lo que obtendremos es un recorte del 18%. Lo mismo ocurre con el Plan Nacional de Acción contra las Violencias, que sufrirá una reducción del 55%; o la línea 137 del Poder Judicial, donde el recorte será del 24%. La lista de tijeretazos sigue.

Es que el plan de “déficit 0” que proponen Macri y el FMI tiene a las mujeres como unas de las principales damnificadas, aún cuando hemos puesto en agenda la urgencia de nuestras demandas. Ya durante el 2018 el preuspuesto para combatir la violencia de género era el equivalente a 17 pesos por mujer. Una vergüenza absoluta, en un país donde hay un femicidio cada 16 horas. El macrismo es enemigo del conjunto de las y los explotados y oprimidos. Es un gobierno declarado de los empresarios, amigo de la Iglesia, y que le está entregando el país con moño al Fondo Monetario Internacional. Y claramente las mujeres, doblemente oprimidas en este sistema capitalista y patriarcal, estamos destinadas a ser una de las principales variables del ajuste, según el proyecto de Macri.

Incluso sectores que critican lo miserable del presupuesto que quieren imponernos a las mujeres han salido a reivindicar que ha aumentaría la partida presupuestaria para la aplicación de la ESI. La misma pasaría de 21 millones de pesos a 100 millones. Podríamos decir que es una victoria del movimiento de mujeres, que no ha dejado de reclamar por este elemental derecho desde la negativa del Senado respecto al aborto legal. Pero también es una trampa. Cambiemos lo presenta como una contracara del ajuste propuesto para las otras areas, buscando contener a la marea verde, para que el 24 no se le apersona frente a las puertas del Congreso junto a los trabajadores, que ya están pidiendo el paro general para que todos y todas nos manifestemos contra el plan de hambre de Macri y el FMI.

Ese aumento es un fantasma, porque estamos hablando de una ley que no se aplica, no solo por la falta de inyección monetaria. No se aplica porque el artículo cinco de dicha reglamentación estipula que la implementación de la misma está sujeta a la voluntad de autoridades educativas, gobernadores, intendentes, curas, etcétera. Es decir, con que haya un reaccionario con poder en cada provincia, no hay ESI que valga de Ushuaia a La Quiaca. Fue el mismo macrismo quien trabó en el Senado el proyecto que ya se había aprobado sobre tablas en Diputados allá por el mes de junio. Esa reforma contenía, entre otras cosas, la eliminación de este artículo clerical. Para colmo de males, no existe capacitación real a los docentes en esta materia. Lo necesario sería abrir toda una nueva rama de la enseñanza inicial, primaria y media, donde puedan formarse docentes capacitadas y capacitados específicamente en impartir educación sexual, con programas elaborados por el movimiento de mujeres.  Es decir, para que haya educación sexual laica, cinetífica y feminista –que es la demanda del movimiento de mujeres-, habría que multiplicar el presupuesto por diez; y así poder poner en pie incluso nuevas instituciones financiadas por el Estado y dirigidas por el movimiento, que garanticen una nueva ESI.

Las mujeres no solo sufrimos estos recortes. Sufrimos, más aún en tiempos de ajuste, la brecha salarial que nos separa de nuestros hermanos varones, las recorridas buscando precios inencontrables. Sufrimos en carne propia la violencia y la explotación sexual y vemos cómo el Estado nos abandona a esas miserias, porque no conseguimos trabajo. Muchas están atadas a la casa de sus abusadores y golpeadores sin poder escapar, nuevamente, por falta de empleo. Sufrimos tener que dejar los estudios para cuidar de niños que no buscamos tener, o para trabajar más. La crisis económica y social profundiza toda la barbarie que este sistema descarga sobre nosotras. Es por eso que es inadmisible el 10% general que propone Macri como “aumento” para las políticas que deberían encargarse de resolver varias de nuestras demandas más sentidas.

Las mujeres ya hemos demostrado que estamos organizadas. Que no le tenemos miedo a la lucha, al frío, a la lluvia y a la yuta. Por eso debemos estar el 24 en defensa de nuestros derechos, con nuestros pañuelos verdes frente al Congreso una vez más. Esta vez, hermanadas con la juventud que defiende la educación, con los trabajadores que pelean para no quedarse sin laburo. Las mujeres hemos ganado mucho en materia de organización y lucha. Podemos aportar, dinamizar y llevar toda nuestra fuerza para derrotar al gobierno reaccionario y ajustador.

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