En el mundo se está procesando un debate desencadenado por los efectos del virus: priorizar la salud o la economía. A pesar del carácter burgués común a todos los gobiernos, algunos se posicionan desde un ángulo más “humanitario” que, siguiendo las recomendaciones de la OMS, hacen énfasis en la salud. Otros, directamente neofascistas y genocidas, actúan guiados únicamente por la lógica del mercado y atacan las medidas de confinamiento social por los efectos recesivos en la economía.

Los “extremos” burgueses van desde los gobiernos que aplican cuarentena y han avanzado en medidas de estatización de la salud o rentas universales (Irlanda, Portugal) a los casos que se oponen al aislamiento social (Bolsonaro) y que además aplican estados de excepción (Chile y Hungría).

En este degradé hay muchas combinaciones: están los casos de Trump, que retrocedió en chancletas del negacionismo y ahora se ubica en una lógica de hechos consumados: se estima que los muertos en EEUU podrían llegar a estar entre 100 mil y 250 mil; los gobiernos como el de Macron en Francia o Boris Johnson en Gran Bretaña, gobiernos neoliberales que, forzados por la situación han tenido que tomar medidas que, junto con la cuarentena, van en el sentido de tratar de atender el colapso de los sistemas de salud mediante una reorganización de determinados sectores de la producción; y los casos de Irlanda o Portugal que, junto con la cuarentena, han tomado medidas más o menos universales (es decir, para el conjunto de la población) como la estatización del sistema de salud, o rentas generalizadas para mejorar los ingresos.

Desde ya que salud y economía son dos esferas de la sociedad que no pueden ser tratadas por separado aunque, sin embargo, el abordaje que parte de la salud es más progresivo que el que parte de la economía (en realidad, de los negocios y ganancias capitalistas), que caracteriza a los gobiernos más reaccionarios.

En cualquier caso, sino se toman medidas de fondo, anticapitalistas, los desequilibrios van a aparecer porque la cuarentena para que funcione hasta el final, necesita ser mantenida más allá de lo que la burguesía mundial y sus negocios está dispuesta a aceptar.

 

El ajuste continúa

La cuarentena en la Argentina, medida que como hemos dicho es correcta a pesar de su carácter rudimentario y medieval, viene siendo aplicada –hasta el momento- con “éxito” en lo que respecta al acatamiento y también respecto de la incidencia en ralentizar la cantidad de casos.

Como tal, su objetivo se limita a evitar el colapso del sistema de salud, deteriorado por la falta crónica de presupuesto al que ha estado sometido por todos los gobiernos hasta el presente inclusive. A priori, no evitaría que el contagio llegue finalmente a grandes porciones de la población, pero sí el “efecto embudo” sobre el sistema de salud.

El umbral de esta crisis está directamente relacionado con la cantidad de camas de terapia intensiva operativas (es decir, con respiradores y otros elementos), así como con la cantidad de trabajadores y trabajadoras de la salud y los insumos necesarios para que no se enfermen mientras enfrentan la pandemia en los hospitales (¡atención que en Italia el principal foco de contagio terminaron siendo los hospitales desbordados!).

Es aquí donde empieza a desvanecerse el relato “progresista y humanitario” de Fernández: por la falta de insumos básicos para hacerle frente al Covid-19, en los hospitales aumenta el malestar entre los trabajadores de la salud.

Junto con esto, todas las medidas económicas tomadas por el gobierno dan cuenta de un evidente programa social-liberal; es decir, un gobierno que mantiene todos los elementos de ajuste y que no ha hecho el más mínimo giro en materia económica y social, pese al comienzo de la pandemia. La continuidad del “ajuste pase lo que pase” parece ser el lema de Fernández.

¿Cómo se puede explicar sino el pago de interés de deuda ocurrida días atrás por 250 millones de dólares? Basta decir, simplemente, que ese monto equivale a 10 mil respiradores artificiales, un número que permitiría duplicar los escasos 8.890 respiradores que existen en Argentina. Así y todo, y pese a la debilidad económica y la falta de recursos, el gobierno prepara una nueva oferta que presentará a los bonistas en los próximos días…

Por otra parte, la dispersión de anuncios de medidas logra cierto efecto de mareo, en el cual el gobierno aparece como “haciendo un montón de cosas”, pero hacia abajo llega poco y nada. Basta con mirar cada medida por separado para dar cuenta de que todas vienen con alguna trampa, dando lugar, detrás de títulos amigables, a la continuidad de la lógica del ajuste.

Veamos los ejemplos más recientes. El famoso anuncio de “congelamiento de alquileres” hasta finales de septiembre, no es ningún congelamiento. Efectivamente, el decreto habla de que no correrán los aumentos que estuvieran pactados entre marzo y finales de septiembre. Pero a continuación aclara que estos incrementos no pagados se acumulan en forma de deuda que el inquilino tendrá que pagar a partir de octubre en pocas cuotas al propietario.

Respecto del decreto de la prohibición de despidos con el que Fernández tuvo que salir a dar respuesta ante los 1.450 despidos de Techint, el decreto corre por 60 días, un plazo exiguo debido a la caída que se espera en la economía. Pero la trampa de esta medida está en que habilita la reducción de salarios mediante el acuerdo entre los empresarios y la burocracia sindical. No pasaron 24 horas y General Motors anunció la suspensión de todo su personal con pago del 70% del salario.

Ni qué hablar de que empresas como la Revista Pronto que echaron a todo su personal, incluidos a los trabajadores de la imprenta de su propiedad y cerraron la empresa horas antes de que apareciera el DNU, a sabiendas que el mismo no sería retroactivo.

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Por último, el anuncio de una suma de 30 mil pesos para los trabajadores de la salud se transformó, finalmente, en 20 mil pesos en cuotas mensuales de 5.000. Así es el abismo entre el relato del programa del gobierno y la realidad: ¡quienes están al frente de la batalla valen sólo 5.000 miserables pesos más durante 4 meses!

¿Y la dureza de Fernández con los que especulan con los precios? Más relato. Han aumentado todos los precios entre un 10%, 20% o 30% en lácteos, carne, artículos de limpieza (¡verduras el 100%!), pero el gobierno les ha aclarado a los empresarios que “no controlará más que la lista acordada”… Una muestra más de un gobierno que mantiene su orientación social-liberal a pesar de la pandemia que causa estragos en el mundo.

 

Los empresarios al ataque

Entre la cuarentena, medida de salud necesaria, y el efecto que ésta genera al ser abordada con medidas de ajuste que no frenan el deterioro, se prepara inevitablemente un choque de tendencias contrapuestas de magnitud. Tengamos en cuenta que en Argentina el Covid-19 todavía no ha generado muertes masivas, ni se registran miles de infectados diarios.

El gobierno nacional se curó en salud anticipándose a dictar la cuarentena tratando de evitar un desborde del sistema de salud. Pero la miseria del empresariado que no quiere dejar de ganar un peso, ha empezado a hacer sentir su presión.

La burguesía, haciéndose eco del reaccionario grito internacional de “que la salud no sea más cara que la enfermedad”…, empieza a presionar para que el costo del paráte corra por cuenta ajena. Tengamos en cuenta que el gobierno impulsa la cuarentena con grandes concesiones económicas a las empresas a quienes les garantizó hacerse cargo de parte de los sueldos, baja de impuestos y aportes patronales, créditos públicos a tazas bajísimas, etcétera (concesiones todas a costa del erario público que pagarán mayoritariamente los trabajadores en materia inflacionaria, de los ajustes fiscales que vengan, etcétera).

Fernández les espetó “miserables” a los que despiden, una admonición moral sin consecuencias prácticas. Relato. Sin embargo, el empresariado salió en masa a responderle, poniendo como siempre a las “pobrecitas” PyMEs de mascarón de proa, dando curso al “cacerolazo contra los políticos” y otras formas de presión, mientras los dirigentes sindicales no toman ningún curso de acción.

Aquí es donde se cruzan dos tensiones contradictorias. Porque salud y economía no pueden ser manejadas con criterios absolutamente contrapuestos de manera indeterminada. Inevitablemente el confinamiento social abona a la crisis de la economía: o se va para el lado de afectar los intereses capitalistas o se comenzará a recortar la cuarentena aun si médicamente esto no es lo que corresponda hacer.

Si gran parte de la producción y el comercio están frenados, si se siguen pagando los vencimientos de la deuda y los gastos se multiplican debido a la pandemia, esto impone que alguien tenga que hacerse cargo de este costo. Este hecho se ve multiplicado por las condiciones de vida paupérrimas de enormes sectores de la población que viven al día y que hoy no tienen ningún ingreso, o cobran miserias de planes sociales.

En Argentina se espera que el pico de infectados se dé a mediados de mayo y que la curva ascendente de casos comience a mediados de abril. La cuarentena, según infectólogos de consulta de la OMS como Neil Ferguson, debe prolongarse de manera tal de evitar los colapsos sanitarios o hasta el descubrimiento de una vacuna, cuestión que podría prolongarse durante 12 a 18 meses, a la vez que rechaza la intermitencia del confinamiento con un argumento simple: si la gente vuelve a salir se contagia.

Así está planteado el panorama para el gobierno: la cuarentena aumenta la crisis económica, la burguesía presiona para garantizar sus negocios sin importarle la salud de la población y el gobierno ajusta con la complicidad de los traidores sindicales; mientras tanto los trabajadores aparecen como sin voz propia en medio de las crecientes dificultades económicas y la enfermedad.

Para colmo, si el gobierno adelanta el fin de la cuarentena para congraciarse con los empresarios y somete a los trabajadores al contagio al volver a producir en condiciones pésimas de higiene y salud, los enfermos aumentarán y se correrá el peligro ante el desastre del sistema de salud pública del país, que el contagio se multiplique a ritmo vertiginoso.

Por eso es que, en el límite de las cosas, una mirada que priorice la salud (Fernández ha dicho que “prioriza la salud sobre la economía”), debería afectar los intereses de la patronal. Esta es la lógica que viene desde el mundo con gobiernos burgueses que, presionados por la situación, se han visto obligados a tomar “medidas progresivas” afectando algunos intereses.

En el caso de Irlanda, la estatización del sistema de salud para ponerla al servicio del conjunto de la población; la reconversión industrial de sectores de la economía para producir elementos faltantes para los hospitales, desde respiradores artificiales, como son los casos de Ford y General Motors (EEUU) o Peugeot (Francia), o para la producción de barbijos, batas y ropa médica, como el caso de Ralph Lauren y otras marcas de primer nivel internacional.

Desde ya que no desconocemos que algunas de estas medidas han sido tomadas por gobiernos de derecha, como el caso de Trump o Macron pero en todo caso, su lógica, es que han sido anunciadas bajo la presión de las circunstancias. Son medidas que deberían ser tomadas como índices del mundo para ser copiadas en la Argentina. Pero el gobierno de Fernández no ha tomado una sola medida que vaya en este sentido. E incluso el planteo de reconversión de la industria para producir respiradores artificiales, fue rechazado de plano por las terminales automotrices.

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Mientras tanto, los dos elementos de la crisis, salud y economía, se retroalimentan en un contexto social de índices de pobreza del 35% (según datos que probablemente ya sean viejos) y con una burguesía decidida a meter leña al fuego recortando salarios y condiciones de vida.

Hasta el momento la línea oficial es la de contener la pobreza y los posibles estallidos en los barrios populares con asignaciones y bolsones de comida que difícilmente sean suficientes para contener la presión que se está generando. Actúan más que nunca como aprendices de brujo: haciendo malabares entre una esfera y la otra, sin tener en cuenta que en Argentina la esfera “relaciones de fuerza” sigue teniendo el peso específico de una clase obrera que no carga con grandes derrotas en los últimos 20 años.

 

Impulsar la solidaridad desde abajo

En la medida que la crisis avanza empiezan a extenderse los casos de solidaridad que estrechan los lazos por abajo y permiten la organización independiente. Estas semanas hemos avanzado en impulsar esta solidaridad peleando por que los organismos de masas, sean centros de estudiantes, seccionales, sindicatos, etc, se pongan al servicio de las necesidades de los trabajadores y sectores vulnerables. Ya habíamos dicho días atrás que las necesidades de los trabajadores, las mujeres y la juventud no pueden quedar en cuarentena y que es un crimen que la izquierda le regale toda la iniciativa al gobierno, el Estado, la Iglesia y todas las organizaciones que le son afines.

Por eso nos parece gravísimo que organizaciones sindicales como el SUTEBA Tigre o el SUTNA, dirigidas por fuerzas de izquierda, se declaren prescindentes en esta situación y se crucen de brazos a esperar que pase la cuarentena, mientras miles de compañeros y compañeras sufren la miseria que les impone el gobierno. Por el contrario, lejos de la pasividad, los SUTEBAs celestes se dedican a lavarle la cara al gobierno repartiendo los bolsones de comida totalmente insuficientes…

Es por esto que, junto con el mayor impulso de la solidaridad y buscando poner a los organismos independientes al servicio de estas tareas, es necesario ir construyendo un programa que tenga como finalidad darle una salida anticapitalista a la crisis planteada partiendo de las necesidades reales de los trabajadores.

  1. Urgente aumento del presupuesto de salud. Duplicación del salario para todos sus trabajadores. Abastecimiento de indumentaria, barbijos y alcohol en gel. Cuidemos a los que nos cuidan. Por comisiones de trabajadores y trabajadoras de la salud en hospitales y clínicas para exigir los recursos necesarios. Tests masivos para evitar la propagación en la población y descentralización de los estudios.
  2. Sistema universal de salud, para que todo paciente pueda ser atendido de manera indistinta en cualquier centro de salud, sea público o privado. Reconversión de la industria para la producción de insumos médicos y todo lo necesario para enfrentar la pandemia. Nacionalización sin pago de los laboratorios que lucran con la salud del pueblo.
  3. Por la provisión de medicamentos gratuitos a quienes los necesitan. Fuera la burocracia sindical de las obras sociales y el control democrático por parte de comités de trabajadores electos por la base.
  4. Suspensión por 15 días de la producción y desinfección de todos los lugares de trabajo, con licenciamiento con goce de sueldo al 100%. Comisiones de seguridad e higiene organizadas por sus trabajadores en las ramas esenciales para garantizar el cuidado.
  5. Prohibición de despidos. Pase a planta permanente de todos los contratados, precarizados y monotributistas. Aumento de salarios del 50% para todos los trabajadores. Aplicación de la cláusula gatillo indexada mensualmente. Salario Universal para los desocupados, acorde al valor de la canasta básica.
  6. Plan de obras públicas para impulsar la economía, con todas las medidas de higiene necesarias para cuidar a los trabajadores de la construcción y demás sectores de abastecimiento. Plan de viviendas populares, saneamiento y cloacas para evitar el hacinamiento. Construcción de nuevos hospitales de alta complejidad.
  7. Urbanización urgente de villas y asentamientos. Conversión de los hoteles en albergues para las personas en situación de calle.
  8. Retrotraer los precios de todos los productos de consumo masivo al 1º de febrero de 2020 y congelamiento de los mismos. Abastecimiento de todos los productos de primera necesidad. Expropiación de toda fábrica o comercio que especule con los precios. Aumento inmediato de las jubilaciones e indexación mensual según la inflación. Anulación del aumento del 51% del monotributo.
  9. Duplicación de las frecuencias de los transportes en horas pico para evitar el hacinamiento cuando se liberen sectores productivos de la cuarentena; incorporación de personal y puesta en circulación bajo control de sus trabajadores. Gratuidad del transporte público.
  10. Impulsar la organización por abajo donde se retome el trabajo o sea servicio esencial. Exigir a los dirigentes sindicales que dejen de hacerse los distraídos y exijan nacionalmente que ningún lugar de trabajo se mantenga en actividad o retome tareas sin condiciones estrictas de higiene y salubridad.
  11. No a la militarización. Alertamos contra una dinámica creciente de virtual Estado de sitio. No a la legitimación de las Fuerzas Armadas genocidas con la excusa de la pandemia. Convocatoria a las organizaciones sociales, políticas, sindicales y estudiantiles para colaborar solidariamente en todas las tareas que haga falta, con plenas garantías de higiene y seguridad.
  12. Por el incondicional derecho a la protesta social y el impulso de todas las acciones solidarias entre los trabajadores y trabajadoras. Plenos derechos de organización para la clase trabajadora, las mujeres y la juventud.
  13. No al pago de la deuda externa. Que la crisis la paguen los capitalistas. Impuestos progresivos a las grandes riquezas, empresarios, bancos y especuladores. Expropiación y puesta en funcionamiento de toda fábrica que cierre o despida bajo control de sus trabajadores.
  14. Nacionalización de la banca y monopolio del comercio exterior y de las divisas bajo administración y/o control de los trabajadores. Por un plan económico de los trabajadores.

 

 

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