Día mundial contra el trabajo infantil

En Argentina hay más de 700.000 niños forzados a trabajar

En los últimos días se avivó el debate alrededor del trabajo infantil después de que se hiciera pública la cifra actual: 760.000 niños y niñas de entre 5 y 15 años trabajan actualmente, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La crisis arrecia y el 52 por ciento de los niños son pobres.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Pablo Pérez


Los indicadores sociales no paran de mostrar cifras alarmantes: El incremento de la pobreza, de la desocupación, de la informalidad laboral. Todos los indicadores parecen no encontrar techo mientras el gobierno nacional permite la fuga de divisas y la fiesta económica de las grandes patronales y terratenientes que fueron perdonados de impuestos para que llegue la “lluvia de inversiones”.

A la par del crecimiento de la pobreza, empeoró indiscutiblemente la situación de la niñez. La mitad de los niños en Argentina son pobres y muchos no alcanzan las tres comidas básicas diarias. Y ahora salió a la luz una nueva cifra. Según el INDEC aproximadamente 764 mil niñas y niños de entre 5 y 15 años trabajan en alguna tarea económica, sea en el hogar o fuera de él. Para la Universidad Católica Argentina (UCA) la cifra escala al doble: 1.417.517 niños/as, es decir, el 15,5% de la población de entre 5 y 15 años.

Esta cifra descabellada encontró su momento de crecimiento entre 2018 y 2019, después de que Mauricio Macri contrajera el famoso préstamo con el FMI condenando al país a su agenda económica para traer prosperidad (para los empresarios y la timba financiera, claro).

Los lugares donde más se desenvuelve el trabajo infantil es donde mayor es la informalidad laboral. Un tercio de niños sometidos a la explotación laboral lo hacen en el agro. Sin controles, los capataces y patrones hacen trabajar a familias enteras sin importar su edad ni condición física. Como el pago de la cosecha es por cantidad cosechada, van todos para poder sumar algún kilo más que signifique unos pesos más en el bolsillo familiar. No olvidemos que el agro es uno de los sectores más beneficiados por el gobierno a través de la apertura de las exportaciones sin impuestos y la quita de retenciones, sin contar que sus transacciones que son en dólares por lo que se vieron altamente beneficiados por la devaluación histórica que sufrió el peso. Un ejemplo claro de que la teoría del derrame es sólo un sueño que contrasta con la realidad en la que, para abaratar costos, hacen trabajar a niños que deberían estar jugando o en la escuela.

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Otro de los lugares donde más se utiliza el trabajo infantil es puertas adentro en el hogar. De nuevo, la informalidad marca la tónica de las cosas a la par con el machismo. Acá es en su mayoría las niñas las que llevan adelante el trabajo doméstico: cuidado de familiares, limpieza, cocina, etc., para que los padres puedan salir y trabajar largas jornadas en condiciones precarias por poco dinero.

Las consecuencias de esta dramática realidad son variadas. Un niño o niña que trabaja es un infante que no va a la escuela o llega cansado y se hace muy fácil que abandone. Una niña que dedica todo su tiempo a estar en su casa trabajando es una niña que no sociabiliza con otros niños, que no juega y no desarrolla su aprendizaje y sociabilización. En definitiva, son niños que tienen negados sus derechos al ocio y a la educación con la carga que significa para su crecimiento y desarrollo.

Según el código penal argentino, el trabajo de menores de 16 años se considera ilegal y está penado como delito. Pero si tomamos que en un año creció más de 3 puntos porcentuales (de 12% en 2018 a 15,5% en 2019) podremos dar cuenta de que al gobierno no le preocupa esta realidad producida por el empuje de la niñez a la pobreza y de la precarización cada vez mayor de los trabajadores ocupados y desocupados.

Mientras que Lagarde invita a Macri (o a cualquiera que asuma en diciembre) a aplicar la reforma laboral para abaratar los costos obreros a los patrones y a continuar su paquete empobrecedor y hambreador, no es sorpresa el crecimiento de estos indicadores. Para enfrentar el trabajo infantil hay que atacar la precariedad laboral. Pero esta medida solo puede ser llevada adelante sin la tutela del FMI y haciendo que paguen los que nunca pagaron y siempre se la llevaron en pala: los empresarios y terratenientes.

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