muro racista de Trump

El sube y baja que desnuda la brutalidad de los muros fronterizos

El pasado 28 de julio el arquitecto Ronald Rael y su colega Virginia San Fratello colocaron una instalación en el muro fronterizo entre Estados Unidos y México compuesta por tres balancines (sube y baja) de color rosado fosforescente. Aunque solo estuvieron durante media hora el simbolismo y las imágenes de los niños, en ambos lados de la frontera, divirtiéndose le dieron la vuelta al mundo.

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Johan Madriz


El montaje, ubicado en la sección de Sunland Park, Nuevo México-Anapra, Ciudad Juárez, se apoyó directamente en los listones de acero de la estructura del muro para sostenerse. Según Rael este expresa la idea de que “el muro se convirtió literalmente en un punto de apoyo para las relaciones entre niños y adultos de EE.UU. y México, que se vieron conectados de forma significativa al reconocer que las acciones que tienen lugar en un lado tienen una consecuencia directa en el otro”.

Los arquitectos vienen madurando la idea del “Teeter Totter Wall” desde hace diez años y se une a una serie de acciones performativas y artísticas que quieren poner en evidencia la irracionalidad e inhumanidad del significado de los muros fronterizos. Por ejemplo, también, se puede recordar la obra del 2017 del artista francés JR “el fotógrafo clandestino” que colocó en la valla una fotografía monumental de un niño de la zona, Kikito, con la intensión de denunciar el carácter infame de la estructura.

Estas acciones muestran el compromiso social y político de sectores de artistas para expresar la brutalidad de la política racista y xenófoba de los gobiernos estadounidenses acentuada por las diatribas de Trump (hay que recordar que los gobiernos de Bush y Obama construyeron cientos de kilómetros de estructuras fronterizas).

La sección donde fue instalado es un punto rojo de la represión del gobierno estadounidense contra los migrantes. En abril una milicia de derecha detuvo aquí a varios indocumentados y un mes después se realizó una recolecta de donaciones para instalar la primera sección de vallas en tierras privadas.

Los centros de detención de Trump ya han sido catalogados como campos de concentración

Justo en estos momentos, en medio de la carrera presidencial estadounidense, Trump está explotando los prejuicios de sectores conservadores para endilgarle todos los problemas locales (falta de seguro médico, salarios mínimos miserables, empleos parciales, desindustrialización, etc.) a los migrantes, cuando estos son el resultado de la aplicación de las políticas capitalistas en su expresión superior.

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Durante julio Trump anunció una cacería de migrantes que buscaba deportar a más de dos mil personas, aunque esto no se concretó totalmente (producto de la resistencia de más de 500 ciudades santuario y la solidaridad de grandes sectores de la población con los migrantes) si representó un gran golpe anímico.

Sin embargo, su contrapeso son acciones solidarias maravillosas. En Nashville un grupo de vecinos formó una cadena humana para rodear y proteger el auto donde estaban un hombre y su hijo de 12 años que estaban siendo acosados por agentes de la ICE (agencia de migración) con el propósito de detenerlos. Ese cinturón humano permaneció durante horas, brindándoles alimentos y agua, hasta que los agentes se dieron por vencidos y se retiraron. Asimismo, en diferentes ciudades se han organizado manifestaciones y vigilias exigiendo el cierre de los centros de detención al grito de «¡libérenlos ahora!», «cierren los campos de concentración», «no somos nazis».

Esta política que criminaliza la migración, lamentablemente, ha sido adoptada por diferentes países latinoamericanos que han cedido a los chantajes comerciales de Trump. El primer caso es el de México, donde el gobierno de Manuel Lopez Obrador suscribió un acuerdo para convertirse en “tercer país seguro”, erigiéndose en la mano vengadora que evita que los migrantes, especialmente centroamericanos, toquen suelo gringo.

Así, incluso se puso a la Guardia Nacional a disposición de los mandatos de Trump para vigilar, militarizadamente, las fronteras sur y norte de México con el objetivo de rechazar a la mayor cantidad de personas. Tras 45 días de vigencia del acuerdo la cifra de intentos de cruce se redujo en un 36%. Por otro lado, el gobierno títere de Guatemala siguió esta senda recientemente al firmar un entendimiento similar, lo cual es la intención del gobierno estadounidense para con todos los países centroamericanos.

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Los migrantes que logran cruzar a Estados Unidos se topan con agentes fronterizos sumamente violentos y que tienen el apoyo personal de su presidente. Son arrestados y trasladados a centros de detención que han sido calificados de campos de concentración. Son lugares improvisados, sucios, donde se abarrotan las personas en celdas minúsculas y se separan las familias.

Ante esto Trump responde que «si los inmigrantes ilegales están descontentos con las condiciones de centros de detención rápidamente construidos o adaptados, dígales simplemente que no vengan. ¡Y todos los problemas solucionados!»[i]. Un informe de la Inspección General del Departamento de Seguridad Nacional afirma que al 10 de junio en la zona de Rio Grande en Texas tenían detenidas ocho mil personas de las cuales 3.400 tenían más de 72 horas detenidas, superando el límite legal para el procesamiento de las solicitudes de asilo. Para ese mismo mes las deportaciones aumentaron un 33% llegando a 21,912.

La política racista y xenófoba de Trump es evidente y hay condenarla, pero eso no es suficiente. La migración es tanto un derecho como un escape ante condiciones de vida que atentan con la propia existencia en los países de origen. Estas realidades tienen su raíz en la barbarie capitalista, que sin importarle nada más que las ganancias, genera exclusión, violencia, desempleo y pobreza. Mientras el sistema económico y social continúe perpetuando la explotación de unos sobre otros estos movimientos masivos de personas seguirán existiendo. Por eso la única salida para la clase trabajadora y los sectores oprimidos es tirar abajo el capitalismo y con él las fronteras

[i]Extraído de https://elpais.com/internacional/2019/07/03/estados_unidos/1562185828_083584.html

 

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