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Ale Kur


El estancamiento del Brexit

El Reino Unido, país que detenta la quinta economía más grande del mundo, se encuentra sumido en una profunda crisis política. En su epicentro se encuentra el problema del Brexit, que lejos de haberse resuelto, entró en una especie de situación de indefinición permanente. Luego de que el país quedara dos veces al borde de la ruptura con la Unión Europea por no haber llegado a un acuerdo en los plazos estipulados, la U.E le otorgó hacer algunos meses una nueva prórroga hasta el 31 de octubre del año corriente.

Es decir, restan cuatro meses dentro de los cuales el Estado británico debe, o bien llegar a un acuerdo con la UE sobre los términos de una ruptura “suave”, o bien revocar el “Brexit” y decidir permanecer en la UE, o bien no hacer ninguna de ambas cosas y terminar automáticamente expulsada de la Unión Europea en un escenario de “Brexit duro”. Como explicamos en otras ocasiones, esto implicaría la caída de todos los acuerdos aduaneros y comerciales con Europa y el establecimiento de una frontera física entre las dos Irlandas, entre otras importantes dificultades.

Para cualquiera de las dos primeras opciones (Brexit suave o revocación del Brexit y permanencia en la UE), el parlamento británico debe votar por mayoría alguna de las opciones que se pusieron sobre la mesa. Pero con su configuración actual tan fragmentada, viene resultando imposible que ninguna opción recoja un apoyo mayoritario en el congreso. La primera ministra Theresa May llevó en varias ocasiones al parlamento su propia propuesta de acuerdo con la UE, para ser rechazada en todas ellas.

Para superar este impasse, May intentó llegar a un consenso con el Partido Laborista (encabezado por Jeremy Corbyn) con el objetivo de presentar una propuesta en común, pero las negociaciones fracasaron ante el rechazo de los conservadores euroescépticos y la sensación general de que su gobierno se había vuelto insostenible.

Por otra parte, al interior del propio Partido Laborista se terminó imponiendo la postura de apoyar la convocatoria a un segundo referéndum, que plantee la opción de anular el Brexit y permanecer en la Unión Europea. Es la misma postura que apoyan otros partidos como los Liberal-Demócratas y los ecologistas. De esta forma, la opción de una salida “consensuada” y equidistante entre ambas posiciones parece haber salido de la escena, y todo tiende a polarizarse (por lo menos por el momento) entre los extremos de un “Brexit duro” y de la permanencia en la UE.

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La renuncia de Theresa May

Con el fracaso de las negociaciones con los laboristas, May quemó la última de sus cartas y se vio imposibilitada de continuar gobernando. Por ello presentó hace dos semanas su renuncia como líder del Partido Conservador (lo que implica renunciar también al puesto de Primer Ministro), que se haría efectiva el viernes 7/6. Sin embargo, este plazo podría extenderse en calidad de “primera ministra provisional” hasta que se elija a su reemplazo. Mientras no haya en el Reino Unido unas nuevas elecciones generales, sigue siendo el actual parlamento (con mayoría del Partido Conservador) el que debe elegir a su sucesor/a en un proceso que puede demorar varias semanas.

Dentro del grupo parlamentario de dicho partido, prevalece el sector que apoya un “Brexit duro”, es decir una salida de la Unión Europea que implique una ruptura profunda con sus acuerdos e instituciones. Este sector parece inclinarse a elegir como líder del Partido y como Primer Ministro a Boris Johnson, ex alcalde de Londres de tendencia derechista. Se trata de una especie de “Trump” británico, euroescéptico y xenófobo (que además cuenta con el apoyo explícito y descarado del Trump original). Ese personaje sería el que quedaría al frente del Reino Unido en las actuales condiciones.

Mientras tanto, el Partido Laborista solicita la convocatoria a elecciones generales para renovar por completo el parlamento, y por lo tanto que se pueda formar gobierno sobre una nueva mayoría parlamentaria diferente a la actual.

 

El derrumbe del bipartidismo en las elecciones europeas

Es en ese contexto que el Reino Unido participó, desde el 23 de mayo, en las elecciones al Parlamento de la Unión Europea. Elecciones que, por su mera existencia, profundizaron la crisis política de dicho país, ya que los partidarios del Brexit consideran que la participación británica en las mismas es de por sí una traición al mandato de romper con la UE.

Los resultados de las elecciones europeas en el Reino Unido reflejaron, y a la vez profundizaron, esta grave crisis política. El gobernante Partido Conservador se desplomó al quinto lugar, con menos del 9% de los votos. El Partido Laborista encabezado por Jeremy Corbyn (que históricamente venía siendo el segundo partido más votado del país), cayó al tercer lugar con menos del 14% de los votos, lo cual echa un balde de agua fría a sus pretensiones de gobernar el Reino Unido. Mientras tanto, los primeros dos puestos fueron a partidos que hasta el momento no eran parte del núcleo del sistema partidario británico: 1) el “Partido del Brexit” del nacionalista-derechista NigelFarage, que obtuvo un 30% de los votos, y 2) el Partido Liberal-Demócrata, pro-europeo, que obtuvo casi un 20% de los votos. Otro dato de importancia es la irrupción, en el cuarto lugar, del ecologista y centroizquierdista Partido Verde, con el 12% de los votos.

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De esta manera, las elecciones europeas reflejaron el hundimiento del bipartidismo y abrieron espacio a una fuerte fragmentación de la representación política en el Reino Unido. Por otra parte, de estas elecciones tampoco salió un mandato claro en relación al Brexit. Por más que el “partido del Brexit” haya salido primero, inclusive si le suman los votos del Partido Conservador y de otros partidos afines no llega a sumar el 50% del total de los votos. La relación de fuerzas reales sigue siendo prácticamente un empate técnico entre partidarios de la ruptura y de la permanencia en la UE.

 

Una situación que no logra definirse

La suma de todos estos elementos da lugar a una situación paradójica. Si el Parlamento Británico eligiera a Boris Johnson como sucesor de Theresa May en el puesto de Primer Ministro, sería el representante de un partido que quedó muy minoritario luego de las elecciones europeas, y que se encuentra fuertemente desprestigiado. Por otra parte, un gobierno de Johnson intentaría llevar hasta el final la agenda de un “Brexit duro”, sin que esta opción cuente con una clara mayoría social a su favor.

De darse esta situación, la crisis política no solo no va a terminar sino que va a seguir profundizándose, agudizando la polarización y provocando la tendencia a un choque entre ambos bandos políticos.

La única certeza con respecto al Reino Unido es que la inestabilidad política vino para quedarse, y que en los términos en que está planteada la discusión no se avizora ninguna salida. Para romper con esta parálisis, hace falta una irrupción política de los trabajadores, de la juventud, del movimiento de mujeres y de todos los sectores progresivos, que pongan en el centro sus propias demandas y se lleven por delante al decadente régimen británico capitalista, imperialista y monárquico.

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