El PO y el PTS – El jueguito de impresionar al adversario



 

 

 

“El Frente de Izquierda es un frente oportunista. Cada uno viene por su conveniencia. En este frente te quedas porque no te podes ir. El suicidio existe, pero a nadie le conviene” (Altamira, citado en lanación.com, 16/12/14)

Luego de los actos del PO en el Luna Park y del PTS en Argentinos Juniors, se desató una “guerra de los números” entre ambas organizaciones para ver quien impresionaba más al otro.

Ambas organizaciones están enfrascadas en una discusión acerca de cuál de las dos encabezará la fórmula presidencial del FIT, negándose, al mismo tiempo, a abrir cualquier discusión con nuestro partido.

Más allá que todo el mundo sabe que el candidato será Altamira, y que una vez más el PTS se quedará en el amague, digamos que lo único que a ninguno se le ocurre es llevar adelante un debate político acerca de cuál debería ser el contenido de la próxima campaña electoral.

La guerra de los números

Comencemos por los números. Según la página oficial del Luna Park en este estadio entran hasta 9290 localidades disponiéndolo de tal manera de llegar al máximo de su capacidad (con un ring en el centro y todo lo demás cubierto por localidades).

Sin embargo, los dueños del estadio anuncian armados que van desde 4520 localidades hasta el tope arriba señalado. Desde ya que el PO anunció haber superado el número máximo del estadio: dijo que habían llevado más de 10.000 personas.

Pero mirando las fotos, queda claro que el armado que el PO puso en pie fue uno intermedio de 6030 localidades (ver la Web del Luna Park), con el palco colocado sobre Avenida Madero.

En nuestro artículo sobre el acto del PO (“El Luna Park del PO y los problemas de estrategia de los revolucionarios”) fuimos generosos y le adjudicamos erróneamente 8000 asistentes. Debemos rectificar esto ahora. Durante la jornada del “Congreso de la izquierda y el movimiento obrero” estuvieron presentes unos 2000 asistentes y luego ingresaron unas 4000 personas más para el cierre de Altamira.

Los números del PTS son todavía más discutibles. Para hacerse una idea, el estadio cubierto de Argentinos Junior es, básicamente, una cancha de básquet cubierta. El PTS anunció por twitter una asistencia de 3500 personas, pero luego, como por arte de magia, subió esta cifra hasta 6000, la misma que junto el PO. El PTS decretó, así, un empate técnico.

En la página de este partido se puso un videito dónde se anunciaba el “lleno del estadio” contado en un minuto; luego este film desapareció. Esta desaparición no esconde sorpresas: pasa que facilitaba contar las sillas puestas en el campo del micro-estadio, las que alcanzaban 1150, dejando amplios pasillos (dos pasillos en cruz) que no aparecieron en ningún momento ocupados por gente parada.

A esto hay que agregarle las tribunas, que son pequeñas dadas las características del estadio, razón por la cual es difícil suponer que pudieran tener una capacidad superior a otro tanto de gente como el que estaba en el campo.

El PTS anunció que en la página de Argentinos Juniors sus autoridades publican una capacidad máxima de hasta 6000 personas: lo que no dijo es que esa máxima capacidad se alcanza con la gente parada sobre la cancha, tipo un recital (como se ve en la foto que otorgan sus autoridades en dicha página), no cómodamente sentadas como lo estuvieron durante el acto del 6.

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Conclusión, el PTS debe haber llevado a su acto unas 2500 a 3000 personas, no mucho más.

Tanto el PO como el PTS tomaron fotos de sus actos con gran angular. Se trata de una lente que permite ampliar la imagen que puede tomar una cámara normal otorgando un ángulo de observación mayor: tiene el efecto de un espejo convexo, como cuando una persona se mira y se ve más gorda de lo que es.

Para la previsible guerra de números y para impresionar, ambos partidos tomaron fotos de sus actos de la manera más favorable posible para que parezcan más grandes de lo que en realidad fueron.

Esto no quiere decir que para las dimensiones de la izquierda en nuestro país, estas cifras no tengan importancia. El PTS dice que ellos y el PO hicieron los actos “más importantes en su historia” y puede que esto sea así. Igual ocurrió con el acto de nuestro partido en Callao y Corrientes, que fue el primer acto nacional del nuevo MAS.

El diario de Yrigoyen

El haber juntado algo más de 10.000 personas entre los tres actos de fin de año no es una cifra menor. Uno de los operativos del PO y PTS es tratar de negar la parte proporcional de nuestro partido en relación a la militancia juntada por la izquierda trotskista. Igual operativo ocurrió cuando en las PASO del 2013, de cada cinco votos que perdieron los k, cuatro fueron a parar al FIT y uno a nuestro partido (decimos esto en relación a los cuatro distritos donde nos presentamos ambas fuerzas).

Dadas estas proporciones, es evidente que el FIT no se aviene a una discusión electoral con nuestro partido no por alguna razón política, sino simplemente por su utilización sin principios del mecanismo proscriptivo de las PASO y la especulación de que no podremos quebrar tal barrera proscriptiva.

Nuestro partido se va a jugar a brazo partido para quebrar ese piso en todo el país, y haremos esto llevando adelante una enorme campaña electoral para que una porción de compañeros y compañeras nos visualicen como lo que somos: una alternativa consecuente a la izquierda de las presiones electoralistas del FIT.

Pero nos queremos referir a otra cosa: la comparación con otras experiencias del trotskismo como la del viejo MAS. Juntar 10.000 personas entre los tres partidos no está mal. Además, es un hecho que esto se está haciendo en un contexto donde no se vive un ascenso generalizado de la lucha de clases, más allá que las relaciones de fuerzas generales no sean adversas al desarrollo de las luchas: no ha habido en nuestro país un giro general a la derecha. Esta será la apuesta del nuevo gobierno que entrará en funciones luego de las presidenciales, pero no es lo que ocurre hoy.

Contradictoriamente, también es verdad que no se vive un proceso de radicalización en la conciencia de vastos sectores. Es decir: la izquierda trotskista está cumpliendo un papel de primer orden entre amplios sectores de vanguardia, e, incluso, más allá habiéndose alzado con una importante representación parlamentaria que está llamada a consolidarse sino ampliarse en las próximas elecciones.

Sin embargo, subsiste una importante contradicción: la desigualdad entre su presencia en el “mundo de los medios”, el “mundo electoral” y el peso orgánico real de esa misma izquierda en el terreno de las luchas cotidianas, desigualdad que sigue siendo de enorme importancia.

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En su autoproclamación cada vez más desmedida, el PO y el PTS parecen olvidarse de esto. Pasa algo curioso: aunque el PTS habla de que estamos recién “ante un comienzo” en materia de la construcción de verdaderos partidos revolucionarios, que queda mucho trecho por recorrer, que la izquierda debe hacer pie de manera orgánica en el seno de la clase obrera, su comportamiento cotidiano, su forma de hablar de sí mismos, el haber lanzado un diario digital que se parece mucho al “diario de Yrigoyen” (una realidad propia inventada), son el grado sumo de una autoproclamación sin medida: un rasgo que no ha sido característico de las mejores tradiciones del marxismo revolucionario. 

En el caso del PO, la falta de medida viene por el lado de su orientación electoralista: como se ve en la cita que comienza este artículo, Altamira no tiene empacho en reconocer al FIT como un “frente oportunista” que ha salido a la “búsqueda de 4 o 5 millones de votos” (ambas expresiones son textuales de los medios) a como dé, buscando resolver el problema de la “fusión” de la clase obrera con los revolucionarios desde arriba, por la vía puramente electoral.

El viejo MAS no solamente dirigía cientos de comisiones internas; además llenaba estadios en serio, no sólo mini-estadios. Claro que las características de cada tiempo histórico son específicas, que no se puede comparar los fenómenos sin su contexto. Pero de todos modos los números del viejo MAS sirven como para establecer algún parámetro, alguna medida de las cosas, algo que el PO y el PTS prefieren ocultar montando operativos para impresionar a los incautos.

De política no se habla

Lo que más sorprende de la “polémica” entre el PO y el PTS, es de lo que no hablan: ¡de lo único que no hablan es de política!

Es sorprendente, realmente, que el centro del debate entre ambas organizaciones sea quién debe encabezar la fórmula presidencial, o quién junto más gente, pero no dediquen un minuto a hablar de política, de la política que se llevará adelante en las elecciones.

Precisemos un poco las cosas. El PTS critica al PO por tener dentro del FIT la desviación electoralista más evidente. Hasta cierto punto esto es así: el PO ve la oportunidad electoral que hay para las presidenciales del 2015, lo que es correcto. Sin embargo, la orientación política que se da para abordar este desafío es oportunista; ya hemos criticado esto en nuestra nota sobre el acto en el Luna Park.

Pero el PTS también barre la suciedad bajo la alfombra: elige discutir con el PO por la candidatura de fantasía de Del Caño, pero no pone sobre la mesa ningún debate político serio que no sea su propia autoproclamación.

Desde nuestro partido insistiremos en abrir el debate por una presentación electoral común con el FIT y Luís Zamora, al tiempo que adelantamos el debate político acerca de cual creemos debe ser uno de los ejes de la campaña: poner en pie una campaña que no dejando de lado ninguna reivindicación coloque con claridad la alternativa del socialismo.

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