EDITORIAL

El levantamiento de la Bonaerense: Una asonada reaccionaria

Una crisis inesperada le ha estallado en las manos al gobierno de Alberto Fernández de manera directa:el reclamo armado de la policía bonaerense. Se trata de una puesta en escena “golpista” de una de las instituciones represivas más importantes del Estado –ni más ni menos que la policía del distrito más grande del país- que pretende imponer un amplio pliego de reivindicaciones económicas y políticas por la vía de los hechos.Es decir, mediante la amenaza que representa el despliegue de móviles y policía con armas en la cintura, en varios puntos neurálgicos del gran Buenos Aires.



protesta policial

Uno de los hechos de mayor gravedad han sido los patrulleros apostados sobre la Quinta de Olivos,un acto gravísimo que mostró un abierto desprecio reaccionario por la institucionalidad y que debe ser repudiado sin medias tintas.

De ahí que sea imposible avanzar una línea más en este editorial sinsentar posiciónrespecto de estos hechos de absoluta gravedad:nuestro partido repudia de manera taxativa la asonada“golpista”de la policía bonaerense que ha cuestionado en los hechos las libertades democráticas mediante una protesta armada frente a uno de los símbolos de gobierno burgués como lo es la Quinta presidencial.

El gobierno prepara una capitulación

La respuesta del propio gobierno nacional frente a los hechos está muy por detrás de la gravedad de los mismos. Esto se hace evidente en los anuncios de corte “economicista” realizados este miércoles 9 de septiembre (al cierre de esta edición) donde a pesar de quejarse de las “formas” del levantamiento, pretende reducir la discusión a una suerte de evento en torno a la coparticipación federal de impuestos entre CABA y la Provincia de Buenos Aires cuando el hecho va mucho más allá que un mero reclamo “salarial”.

Estamos ante una “huelga” armada en la que la institución policial por la vía de los hechos, es decir, por fuera de la institucionalidad, pretende imponer un conjunto de reivindicaciones no solo económicas sino políticas logrando no solo impunidad para todos los participantes sino además, y fundamentalmente, el reconocimiento de la bonaerense como un “actor político” que, para colmo, se hace valer mediante la fuerza potencial de las armas.

La actitud confusionista de Fernández de mostrar empatía con los reclamos policiales encierra un peligro que debemos señalar aunque no pueda ser despejado todavía: la eventual concesión del gobierno nacional al planteo policial sin ningún tipo de represalias envalentonaría a esta fuerza represiva e introduciría una grave cuña reaccionaria en la coyuntura política; una capitulación política que sentaría un pésimo precedente de impunidad ante un cuerpo represivo que ha decidido hacer una demostración de fuerza pasando por arriba de toda institucionalidad.

La negociación final aparentemente quedará en manos de un endeble Kicillof que, lejos de ser el interlocutor de la situación, fue ampliamente sobrepasado por la situación, al igual que Sergio Berni, que demostró falta de control sobre la fuerza policial a pesar de todas sus bravuconadas.

El levantamiento policial ocurre dentro de una nueva coyuntura, donde el contagio escala nuevas cimas pero la pandemia no está en el centro de la escena política (aunque de haber desborde sanitario podría colocarse por fuerza propia nuevamente), y donde la crisis social se abre paso con manifestaciones a derecha e izquierda, es decir, con elementos de polarización en el que el levantamiento de la bonaerense es el “acorde” más derechista de varios que se han visto estos últimos meses, aunque también hay reclamos por la izquierda (las movilizaciones denunciando la desaparición forzada seguida de muerte de Facundo, la ocupación de terrenos en desuso, etcétera).

Muestra también una crisis política no solamente por la falta de “espesor” del propio Kicillof, sino porque el reclamo ha llegado a las mismas narices de Fernández que es el que ha debido salir a “poner el cuerpo” frente al desborde provincial.

Las fuerzas represivas deberían responder a los gobiernos, en este caso al gobernador y Ministro de Seguridad provincial. Sin embargo, la policía bonaerense ha desconocido la cadena de mando, un gesto de insubordinación que no puede ser abordado con una estrechamirada economicista so pena de una enorme capitulación frente a los insubordinados.

En este contexto, rechazamos tanto los planteos económicos como los políticos. Los económicos porque no reconocemos en la policía a trabajadores, porque darle satisfacción a sus reclamos significaría darle más “poder de fuego” para reprimir a los trabajadores y la juventud cuando salen por sus reclamos, o sumar más casos de gatillo fácil, entre otros tantos ejemplos.

Parte importante es clarificar la confusión que reina entre muchos de los de abajo: los policías no son trabajadores, son funcionarios del Estado que tienen por actividad mantener el orden opresivo y explotador capitalista y la defensa de la propiedad privada.

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Una fuerza que viene de protagonizar la desaparición forzada de Facundo Astudillo Castro, que es la que aplica el terror a los jóvenes en los barrios, y que es cómplice muchas veces de la organización del robo, el narcotráfico y la trata de personas,no puede ser considerada parte de la clase trabajadora.

Por estas mismas razones rechazamos todos los planteos a favor de un “sindicato policial” porque como muestra en tiempo real el levantamiento antirracista en los Estados Unidos, los mal llamados “sindicatos de policía” son instituciones corporativas en las que sus integrantes se unen no solo por su reclamos sino para cerrar filas cuando asesinan y maltratan a cualquier persona por “portación de cara”…

Por esta misma razón estamos en contra de que se le concedan los demás puntos políticos de su petitorio donde hablan de la “democratización de la fuerza”, de tener una “mesa de trabajo” permanente con el gobierno y cuestiones por el estilo: esto significaría elevar a la bonaerense, que viene de realizar un planteamiento armado, al lugar de una institución reconocida y con representación. Darle ese lugar significaría inclinar el régimen político hacia la derecha, introducir una cuña en ese sentido.

Una nueva coyuntura con elementos de polarización

La irrupción del planteo policial se da en el marco de una nueva coyuntura, una suerte de deshielo o interrupción de la “anestesia social” que imperó durante parte importante de la pandemia, en la que los reclamos quedaron “freezados”. Un efecto colateral de la cuarentena social liberales que han ido creciendo los elementos de crisis social y económica dada la negativa del gobierno a garantizar una política sanitarista consecuente mediante el vuelco de recursos económicos que garantizara el bienestar de los trabajadores y sectores populares.

Finalmente la política del gobierno de “normalizar” el país ha dado lugar a una irrupción de eventos ligados fundamentalmente a la crisis social que se han acumulado durante meses y que comienzan a irrumpir ahora, entre los que se encuentran las tomas de tierras en GBA y la provincia de Buenos Aires e, incluso, las tomas de tierras llevadas adelante por las comunidades mapuches en la Patagonia (los primeros más bien por problemas habitacionales, los segundos en reclamo de tierras ancestrales que les corresponden).

Estamos en una nueva coyuntura con elementos de polarización más acentuada hacia la derecha que hacia la izquierda, sobre todo debido a la cerrada negativa de las organizaciones sindicales y sociales que responden al gobierno y el kirchnerismo que se niegan a movilizar con reclamos de los trabajadores, o incluso contra la desaparición forzada de Facundo con la excusa de la inexistente “cuarentena”. Sin ir más lejos el propio Fernández ha desactivado horas atrás una movilización que había sido convocada por integrantes de la propia coalición en rechazo al cerco policial instalado en la Quinta de Olivos.

Sobre los desarrollos por derecha ya hemos abundado con el caso del motín policial. Por la izquierda han cobrado intensidad las ocupaciones de tierras que intentan resolver –más allá de la precariedad del caso-,un problema estructural que tiene que ver con la falta de vivienda a la que están sometidas miles de familias,lo que ha recrudecido ante la pérdida de trabajo con la consecuente imposibilidad de pagar alquileres o por el hacinamiento al que están sometidas.

La polarización a derecha e izquierda amenaza con “adelgazar” en cada caso el “centro” político burgués que encarna Fernández, espacio que sigue siendo el más importante y que de momento no ha llegado a desbordarse (aunque la asonada policial podría configurar el primer desborde, eso se verá en las próximas horas).

Las tensiones originadas en un discurso que pretende mostrarse muchas veces “amigable” con la sociedad pero que encarna un curso político capitalista liberal, está dando lugar también a algunas fricciones al interior de la coalición de gobierno del Frente de Todos, que muestra varias “alas”: representantes más reaccionarios como Massa y Berni (la paradoja de este último podría ser eyectado por la derecha y no por la izquierda) que exigieron, por ejemplo, el desalojo y la penalización de los ocupantes de Guernica y otros lugares. Y el ala “progresista” que no tiene demasiados voceros visibles (se supone que sería el sector más kirchnerista de la coalición pero atención que el kirchnerismo siempre fue pragmático), pero que en todo caso expresa a aquellos que esperaban de Alberto un gobierno “nacional y popular” aunque en realidad esto nunca estuvo en agenda (un gobierno centrista social liberal no es exactamente un gobierno reaccionario como el de Macri, pero tampoco un gobierno progresista en materia económico-social).

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Más allá de las fricciones, la experiencia indica que Alberto ha terminado cediendo siempre a las presiones por derecha: se vio en el caso de Vicentin y también comenzó a verse con el tema de las ocupaciones de tierras donde Frederic y Kicillof, que al principio habían esbozado la idea de que el problema respondía a necesidades habitacionales insatisfechas, al final se alinearon con el discurso oficial del propio Fernández de defensa de la propiedad privada denunciando la “ilegalidad” de las ocupaciones. Digamos al pasar que este abroquelamiento de la coalición permitió una orden de desalojo que ha sido emitida aunque sin aplicación en lo inmediato, entre otras cosas por el evento que ha supuesto el reclamo policial, pero que podría ponerse en marcha de saldarse la situación.

La orientación de Fernández de ceder permanentemente a los de arriba ha contribuido a tensar hacia la derecha. Sin ir más lejos, de haber actuado rápidamente ante la evidente responsabilidad de la policía bonaerense en el caso de desaparición forzada de Facundo, y de haber impuesto la renuncia de Berni,seguramente las condiciones del planteo policial hubieran sido otras.

A Plaza de Mayo contra los sediciosos

Que la pandemia haya salido del centro de la escena no quiere decir que no esté presente. Con el pico de contagios que se está viviendo se puede prever que los elementos de descontrol y desborde irán creciendo. En el sector de la salud las trabajadoras y trabajadores, agotados por el esfuerzo que ya lleva meses, ven con indignación como el gobierno apunta a ceder a los reclamos policiales mientras todo lo que han recibido ellos, los que verdaderamente se juegan la vida en la pandemia, ha sido miseria y descuido.

El contagio es tan grande que no puede descartarse que la pandemia vuelva como un boomerang sobre el propio gobierno. Un gobierno nacional que hasta ahora podía mostrar control sobre la situación sanitaria pero que, con la apertura concedida a los empresarios, generó un efecto multiplicador de los casos poniendo al sistema de salud en peligro de desborde.

Como señalamos al comienzo de este editorial alertamos ante una posible capitulación de Fernández y Kicillof frente almotín policial. La salida no pasa por cederles – ¡algo que envalentonaría todavía más a este cuerpo represivo que viene de desaparecer a Facundo!- sino desarrollar la movilización unitaria y democrática en las calles para derrotar el planteo policial, por ejemplo, mediante una gran movilización popular a Plaza de Mayo.

Más en general se trata de que los trabajadores y trabajadoras pongan sobre la mesa sus reclamos. Hay que ver las maneras de organizarse por abajo y pasar por arriba del freno de las direcciones sindicales traidoras así como también las estudiantiles y las de los movimientos sociales que se han dedicado todos estos meses a atarle las manos a los trabajadores y la juventud así como al movimiento de mujeres, mientras la derecha ha ocupado el espacio del reclamo.

A la vez que empujamos la unidad de acción para derrotar los zarpazos reaccionario estamos comprometidos con cada lucha que surge desde abajo manteniendo todas las condiciones sanitarias del caso.

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