Por propia experiencia conozco este estado del ánimo, o mejor dicho, de la razón, cuando uno se ha lanzado con interés y con sus sensaciones a un caos de los fenómenos (…) y teniendo certeza interna acerca del objetivo, no se ha llegado aún a alcanzar claridad y detalle de la totalidad. Todo individuo experimenta un giro semejante en su vida, el punto oscuro de concentración de su ser.

Hegel 1

Juventud y madurez: todo corte es impreciso

La idea (vocablo polisémico si los hay, más aún en Hegel) es continuar con la serie de notas dispares y diversas que venimos realizando y que intenten dar cuenta de aspectos de la producción hegeliana, sin perder de vista que son parte de una totalidad abierta.

La de hoy quiere poner el acento en la preocupación que para el “joven Hegel” tenía el ámbito económico y fundamentalmente el proceso de trabajo producto del paso de la manufactura a la gran industria, aspecto que choca contra aquellas visiones que ven en Hegel un súper idealista ajeno a todo rasgo empírico. Las comillas en cuanto a su juventud, refiere al momento en que se hace el corte y el paso a su “madurez”.

El filósofo había nacido en 1770. Para algunos estudiosos, por ejemplo José María Ripalda traductor y prologuista de sus “Escritos de juventud”, ésta culmina hacia 1801 durante el denominado período de Frankfurt. Sin embargo en un trabajo ya clásico, Luckás afirma que la misma se extiende hasta la publicación de la Fenomenología del Espíritu terminada en Jena en 18072.

Nos convence lo del marxista húngaro, no tanto por el tiempo biológico que lo desmentiría, sino porque toma en primer término su proceso creativo en el cual sin lugar a dudas la Fenomenología marca un corte. Como ocurrirá luego con “su mejor discípulo”, hay también puntos de vista en cuanto al pasaje y el “cambio” entre dicho período y la madurez. ¿Hegel abandonó esa preocupación material por los asuntos económicos luego de 1807? Si bien nunca fue el centro de su cosmovisión, la misma sobrevoló su sistema, porque siempre fue sensible a las transformaciones de lo real.

Para uno de sus mejores biógrafos, esto tiene que ver con características propias del filósofo: Hegel experimenta siempre un enorme apetito de novedad. Detesta todo lo que se mantenga fijo en un lugar acumulando las secreciones de un inmutable hastío. Tan sólo espera lo permanente cuando está animado de vitalidad interior, fuente inagotable de interés. A Hegel le interesan, ante todo, las rupturas del equilibrio, las vacilaciones, las transiciones, los pasajes, en los cuales, ciertamente, toda desaparición exige un reemplazo (…) Este rechazo de la prolongación del pasado aparece, en Hegel, acompañado de un resentimiento profundo contra los nostálgicos de los tiempos antiguos. Una actitud vital sostiene esta opción doctrinaria, que, como es sabido, asume una expresión apasionada en los escritos de juventud. Y lo mantiene hasta su madurez, que es lo que planteamos como hipótesis. (Negritas nuestras)3.

Embriones de materialismo o idealismo inteligente (Lenin dixit)

Son dos los trabajos en donde concentraremos nuestra atención: El Sistema de la eticidad y Filosofía real. El primero es un texto contemporáneo a La Constitución alemana escrito hacia 1801/2 pero su publicación definitiva ocurrirá más de un siglo después, en 1913, obra que Marx y Engels obviamente no pudieron conocer. Siguiendo al mencionado Ripalda, señalemos que Filosofía Real está compuesta por tres cursos que Hegel dictó en Jena entre 1803 y 1806 y fue recogido en apuntes (como ocurrirá luego con sus Lecciones varias) por estudiantes y asistentes al mismo.

Para enmarcar el momento, recordemos lo que el filósofo le escribía en 1800 a su amigo Schelling: Mi formación científica comenzó por necesidades humanas de carácter secundario; así tuve que ir siendo empujado hacia la Ciencia, y el ideal juvenil tuvo que tomar la forma de la reflexión, convirtiéndose en sistema. Ahora, mientras aún me ocupo de ello, me pregunto cómo encontrar la vuelta para intervenir en la vida de los hombres4.

Es una expresión un tanto modesta tanto para aquel tiempo como para la actualidad. “las necesidades humanas secundarias” que menciona, eran la relación entre la filosofía, la política y la religión; el origen del judaísmo y el cristianismo y su impronta en la sociedad; el amor, la propiedad y los primeros intentos para lograr un método científico más concreto que el de sus antecesores (Kant fundamentalmente). Y en ese periplo de estudio, “se mete” con los fundadores de la economía clásica y empieza a observar algunas lagunas que tienen dichos trabajos. Aunque como él mismo reconoce “no ha llegado aún a alcanzar la claridad y el detalle preciso de la totalidad”. Al respecto, señala Luckás:

Pero Hegel es discípulo de Adam Smith, y del maestro de éste: Ferguson, no sólo como economista, sino también como humanista crítico. Esto es: Hegel expone por una parte, de un modo objetivo, esa evolución, se esfuerza por comprender del modo más completo posible su dialéctica objetiva y subjetiva, y ve en ese movimiento no sólo una necesidad abstracta, sino también el movimiento necesario del progreso humano. Por otra parte, no cierra los ojos ante los efectos destructivos que tienen necesariamente en la vida humana, en el trabajo humano, la división capitalista del trabajo, el desarrollo de la maquinaria. Pero no expone dichos rasgos, al modo de los economistas románticos, como ´aspectos malos´ del capitalismo que hay que corregir o eliminar para llegar a un capitalismo ´sin defectos. Hegel ve, por el contrario, con toda claridad la conexión dialéctica necesaria de esos aspectos de la división capitalista del trabajo con su progresividad económica y social5.

Y puede “ver” eso debido al método en el cual está trabajando. Uno de los aspectos centrales del mismo, realmente subversivo, es comprender que en toda identidad se halla ya la diferencia. La negación. Como algo inmanente a dicha totalidad. Todo lo que vive lleva dentro de sí la contradicción que genera su automovimiento, dirá casi textualmente años después. En estos trabajos tempranos observará que el primer momento del hombre es el de la inmediatez, confundido con la naturaleza (“su cuerpo inorgánico”, dirá mejor Marx), luego éste desea devorar dicho objeto y dicho paso, grosso modo dicho, cuenta con tres etapas: el de la necesidad, la superación y la realización de la necesidad. En dicho silogismo, las herramientas (el trabajo) cumplen un rol primordial, de mediadores entre ambos extremos.

Ubicará asimismo (será en su “conservadora” Filosofía del Derecho casi veinte años posterior en donde desarrollará más este aspecto) el surgimiento de la propiedad como otro intento humano de apropiarse de la naturaleza para sí mismo; pero esta vez en un plano superior: el objeto es preservado y debe ser reconocido por otros, frente a otros. Hegel deriva de ello la naturaleza transubjetiva de la propiedad. La posesión refiere al individuo mientras que la propiedad refiere a la sociedad. Llegamos así a la acción mediadora, ya mencionada, entre el hombre y la naturaleza: el trabajo. Dice Llanos:

Pero las opiniones de Hegel sobre el trabajo, como la instrumentalidad a través de la cual el hombre se familiariza con su mundo y desarrolla de tal modo tanto el mundo como así mismo, se acompaña por una realización según la cual las condiciones del trabajo postulan no sólo una actualización del hombre, sino también un posible debilitamiento (…) Es necesario subrayar aquí que Hegel no sólo destacó el lado positivo del trabajo, sino también el aspecto negativo, contra lo que afirmara Marx, quien no conoció los manuscritos de Jena.

En renglones que no tienen desperdicio, describe la actividad laboral en las fábricas inglesas presentando algunas intuiciones sobre el doble carácter que posee el trabajo (uno de los mayores méritos de El Capital será desentrañar esto, dirá su propio autor) aspecto que pasaba por alto Ricardo y la economía política clásica, que sólo veían la magnitud del mismo, ignorando su “forma social” (su sustancia). Escribe Hegel:

El hombre satisface sus necesidades, pero no a través del objeto que es elaborado por él; el satisfacer sus necesidades se convierte en algo más. El hombre no produce ya lo que necesita, ni necesita lo que produce. En lugar de esto, la realidad de la satisfacción de sus necesidades deviene simplemente la posibilidad de esta satisfacción. Su trabajo se convierte en algo abstracto, general y formal; se limita a una de sus necesidades e intercambia a ésta por las otras necesidades.(…) El trabajo deviene así absolutamente más y más muerto; se torna trabajo de máquina, deviene más semejante a la máquina, torpe y sin espíritu. La conexión entre el tipo particular de trabajo y la masa infinita de necesidades se hace del todo imperceptible, se convierte en ciega dependencia. El elemento espiritual, la plenitud autoconsciente se convierte en una vacía actividad. El poder del yo reside en la rica comprensión: ésta se ha perdido; puede dejar parte del trabajo a la máquina; su propia tarea se hace así aún más formal. Su aburrido trabajo lo limita a un punto, y su tarea es más perfecta cuánto más unilateral. Fábricas y manufacturas basan su existencia en la miseria de una clase. Este poder condena a la multitud a una vida estéril y a la estupidez en el trabajo y a la pobreza, de modo que otros puedan amasar fortunas.

Un mundo en pleno delirio báquico

Cuando los historiadores del siglo pasado denominaron “ciclo de la doble revolución burguesa” al proceso de fines del siglo XVIII y principios del XIX, se referían al paso de la manufactura a la gran industria en Gran Bretaña y a la ecuménica revolución francesa. Como dijeron Marx y Engels, los alemanes “piensan” lo que galos e ingleses “hacen”. Y Hegel es una magnífica expresión de eso6.

D ´Hondt siempre tan rico en sugerencias y agudo en sus observaciones, rastrea los salones sansimonianos a los cuales Hegel asistía y “cosechaba amigos” : Se sabe de cierto que Hegel leyó el Premier Systéme de politique positive de Comte, una obra que todavía enarbola los principios sansimonianos, y que emitió sobre ella un juicio verbal parcialmente favorable. ¿Podría afirmarse que la expansión del sansimonismo en Alemania se vio favorecida por el “panteísmo” de Hegel? Sólo un estudio histórico preciso permitiría comprobarlo (…) En la tempestad revolucionaria que sacudirá a Europa, los conservadores se sentirán muy tentados de poner en el mismo saco , sin prestar mayor atención a los detalles, a los panteístas y los socialistas, los rebeldes y los hegelianos, para liquidarlos a todos… ¡Y que el Dios único y personal reconozca a los suyos!7

¿Hay propuestas superadoras en este joven Hegel que como él mismo decía “(quiero) encontrar la vuelta para intervenir en la vida de los hombres?” La respuesta es que hay sólo esbozos dispersos. Está ya el intento por dilucidar y conceptualizar la existencia de las clases y estamentos que existen en la realidad (¡intento empírico si los hay¡) y a partir de allí vislumbrar sus capacidades y sus …limitaciones. Recordemos que el mencionado “sansimonismo” ubicaba a la burguesía como clase aún revolucionaria al considerarla productora en contraposición a los ociosos terratenientes y clérigos. Leemos nuevamente a Llanos:

Una vez más lo que aquí se destaca no es tanto la semejanza con Marx, sino la reconciliación opuesta de Hegel con este estado de cosas: ningún llamado radical a la acción sigue a este duro análisis, todo es incorporado dentro de las funciones integradoras del estado (…) Su disposición mental es la realización de su deber. La clase comercial expresa ya una especie de universalidad – la universalidad del mercado –pero es todavía abstracta. La universalidad deviene concreta sólo para el estamento de servidores públicos que representan “la intervención de lo universal en toda particularidad”. (…) Es obvio que el trabajador no forma parte del campesinado ni pertenece al servicio civil. Tampoco el estamento comercial lo incluye; en la referencia de Hegel de este estamento se hallan pequeños artesanos independientes, pero en cuanto a los obreros están por completo ausentes y el modelo del espíritu burgués hegeliano no puede referirse, desde luego al trabajador.

Hay algo metodológicamente interesante: la búsqueda de un sujeto que al devenir universal concreto modifica el objeto. En la Fenomenología lo expresará diciendo que “la sustancia es sujeto”. En la ya citada Filosofía del Derecho de 1821 esto se procesará mejor aún y allí pondrá el acento crítico el “joven” Marx cuando estudie dicho trabajo (en verdad la microdialéctica del estado que es donde profundiza): la burocracia, el estado “ético” como “mediador” terrenal de los conflictos existentes en la sociedad civil. La conservación de los intereses particulares constituyendo la realidad abstracta o la sustancia del estado8.

Recordemos que en el “Sistema de eticidad”9 Hegel distinguía entre dos clases de ética: la relativa y la absoluta. La primera expresaba la relación del hombre con otros seres humanos tomada en forma individualista (en la sociedad civil) y la segunda que era la relación en la comunidad de los seres humanos (para Hegel en el estado “ético” precisamente). Más tarde los llamará con los vocablos Moralitat y Sittlichkeit, respectivamente. El autor de la Fenomenología se percata entonces de la antinomia existente entre el hombre como burgués y el hombre como ciudadano, algo que Marx desarrollará muy bien en La cuestión judía.

Confiamos, siendo conscientes que todo lo expresado requiere de desarrollos más profundos, que hemos podido demostrar los “atisbos de materialismo” en el joven Hegel y que éstos continuarán a lo largo de su prolífica obra. La expresión que es de Lenin, el revolucionario ruso la empleó mientras leía la Ciencia de la Lógica, una “catedral de la abstracción” si vale el término. Tampoco debemos ver en Hegel un proto Marx de cuerpo entero. Ya éste y Engels supieron escribir con precisión:

Pero Hegel da muy a menudo en el seno de la exposición especulativa otra exposición real que aferra la cosa misma. Este desarrollo real en el seno del desarrollo especulativo confunde al lector, haciéndole tomar por real el desarrollo especulativo, y por especulativo el real.

Este trabajo es deudor y asimismo constituye un homenaje a aquellas clases que Alfredo Llanos (especialista y traductor de Hegel, tornero en su juventud, cosa que lo enorgullecía) nos brindaba a un grupo de estudiantes y militantes allá por los comienzos de la década del 1990. Falleció el año anterior con 96 años. Recomendamos su Luces y sombras de la Fenomenología de Hegel. Ed. Rescate, Buenos Aires, 1995, del cual (salvo indicación en contrario) hemos extraído las citas de referencia.

1 Citado en Bloch E: El principio esperanza. Editorial Trotta, Buenos Aires, 2004

3 D´Hondt, J: Hegel, filósofo de la historia viviente. Amorrortu editores, Buenos Aires, 1972

4 Hegel, WGF: Escritos de juventud. FCE. Madrid, 2003.

5Hegel, WGF: Escritos de juventud. FCE. Madrid, 2003.

6 Como su amigo Holderlin y en general gran parte de la intelectualidad alemana, criticaron la acción y el terror jacabino, depositaron ilusiones con el triunfo y la expansión napoleónica con la cual también se sentirán defraudados.

7 Como su amigo Holderlin y en general gran parte de la intelectualidad alemana, criticaron la acción y el terror jacabino, depositaron ilusiones con el triunfo y la expansión napoleónica con la cual también se sentirán defraudados.

8 Weber que estudió este proceso sin casi citarlo a Hegel, observaba con agudeza que el hecho específico de la sociedad moderna es que los propietarios de los medios de producción no son los propietarios de los medios coactivos y administrativos, que se hallan en manos de un estamento particular, la burocracia. Cfr “Economía y sociedad”. FCE, ediciones varias.

9Weber que estudió este proceso sin casi citarlo a Hegel, observaba con agudeza que el hecho específico de la sociedad moderna es que los propietarios de los medios de producción no son los propietarios de los medios coactivos y administrativos, que se hallan en manos de un estamento particular, la burocracia. Cfr “Economía y sociedad”. FCE, ediciones varias.

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