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El “Impeachment” a Trump

El día de ayer se supo que Nancy Pelosi, titular de la Cámara de Representantes, junto a la mayoría demócrata de la Cámara Baja, comenzarían el proceso de juicio político a Trump para su destitución del cargo. Todo indica que es poco más que una jugada electoral del Partido Demócrata, que no hizo nada serio frente a la xenofobia de estado y el racismo institucionalizado del gobierno yanqui.

Redaccion
Equipo de redacción del portal IzquierdaWeb.


Hemos criticado largamente lo que implica Trump en la Casa Blanca y los escándalos por su política migratoria: la xenofobia de estado, los campos de concentración para inmigrantes, el amparo descarado de los grupos supremacistas y filo fascistas, la política de imperialismo agresivo y descarado y un largo, largo etcétera. Para Pelosi y la Cámara de Representantes de mayoría demócrata, nada de esto fue motivo suficiente para el juicio político.

Ahora comienzan con el escándalo del Impeachment por un hecho verdaderamente insignificante que poco tiene que ver con la política de Trump. La investigación se haría en torno a una conversación filtrada del mandatario imperialista con el presidente de Ucrania. En ella, habría extorsionado al ucraniano con la negación de ayuda militar a menos que participe de la investigación de corrupción al hijo del pre candidato demócrata Joe Biden. El establishment demócrata tiene en él a su hombre fuerte

La acusación es por abuso de poder, “traición de la seguridad nacional” y por el uso de recursos del estado para intereses personales. Que las acusaciones son ciertas no puede caber duda para cualquiera con una cabeza bien puesta sobre los hombros, pero tampoco que el Partido Demócrata no tiene ninguna intención de ir a fondo hacia la destitución. Si en la Cámara de Representantes (de mayoría demócrata) necesitan de mayoría simple para abrir el proceso de Impeachment, para que la destitución se efectivice necesita de los dos tercios del Senado (de mayoría republicana).

Nancy Pelosi

Para que el juicio y destitución sean posibles el gobierno de Trump debería estar cruzado por una crisis intensa de legitimidad que le enajene los apoyos dentro de su propio partido. Esto no es aún una realidad y hasta ayer los propios mandamases demócratas negaban que hubiera que cuestionar la legitimidad del gobierno de Trump. Un caso así hubo sólo con el escándalo de Watergate, que hizo de Nixon el único presidente de las historia de Estados Unidos en renunciar al cargo. Para el momento de su salida del cargo había perdido el apoyo hasta de su propio partido, también el republicano.

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El carácter evidentemente electoral del giro demócrata se pone de manifiesto en que toman la iniciativa sólo cuando se enteran que Trump se disponía a ensuciar a su candidato. Aparentemente, la llamada con Ucrania involucraba a Hunter Biden, que estaría acusado de negocios corruptos en el país de Europa oriental.

Mientras tanto, los grupos fascistoides siguen operando con impunidad (como en el reciente enfrentamiento en Portland), la persecución brutal a los inmigrantes en las fronteras siguen operando, la negación del cambio climático es política de Estado oficial… La indignación de los demócratas es el ojo de la aguja en el que no entra un hilo pero deja pasar a los camellos.

 

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