Entre el Banderazo reaccionario y Guernica

El gobierno ante una crisis compleja

En apenas diez meses de mandato, el gobierno de Alberto Fernández está atravesando una crisis jalonada por tres elementos: la pandemia, la economía y el cuestionamiento político por derecha y también por izquierda.

Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie.


Evidentemente estos tres elementos están interconectados y se retroalimentan, pero sin lugar a dudas cada uno tiene su propia especificidad.

El más universal y que hemos desarrollado muchas veces en estas páginas es el de la pandemia. Durante los últimos casi siete meses Alberto Fernández osciló entre tratar de evitar que se le desmadren los contagios mediante mediadas de control más o menos estrictas, a una paulatina liberalización de todos los controles incluso sin que jamás se registrara un descenso ni de los contagios ni de las muertes. Hoy, si bien los indicadores marcan que hay una frágil contención de la enfermedad en el AMBA, lo cierto es que los números de contagios se dispararon en casi todo el resto del país sin que el gobierno demuestre tener demasiadas herramientas para manejar esta situación. Recordemos que desde hace varias semanas Alberto Fernández defiende que en Argentina ya no hay más cuarentena, pero siempre recordó que el “poseía el botón rojo” para volver todo atrás de ser necesario. Bueno, esta última semana decretó un retorno a la “fase 1” en las principales ciudades de 18 provincias, y lo único que logró es que los gobernadores “reinterpreten” el decreto presidencial o directamente lo desoigan.

La otra cara de la pandemia es el parate económico que genera. Esto es una constante mundial que va más allá de que se haya aplicado o no una cuarentena férrea. Según las proyecciones del FMI, el PBI mundial caerá en 2020 en 4,7 puntos de promedio con picos muy altos en las principales economías que llegan a 8 puntos en EE.UU. y a 10,2 puntos en la zona Euro. En estas proyecciones, el FMI actualizó sus previsiones para la Argentina llevando sus pronósticos a una caída de 11,8 puntos para este año. Si bien es cierto que el mismo organismo prevé un salto para el 2021, lo cierto es que dichas previsiones vienen con algunas “pequeñas” advertencias como informa La Nación “Los economistas del Fondo se preocuparon por remarcar que todas sus estimaciones tienen un alto grado de incertidumbre, ya que todo depende de la trayectoria de la pandemia, que se estirará al menos hasta el verano boreal de 2021, cuando se espera que la vacuna ya estará disponible para la población”.

Este constado “económico” de la pandemia nos lleva al otro punto: la crisis económica. Sin extendernos demasiado en este punto. Tengamos en cuenta que antes del sacudón que significa la pandemia, la Argentina ya no crecía desde 2011[i]. Con todo esto, este año representa un fuerte deterioro en todos los números que ya venían en picada desde el gobierno anterior. Para empezar la pobreza trepó al 40% de la población lo que le pone números a una bomba social, la inflación interanual está arriba del 36% y eso teniendo en cuenta la caída del consumo que significó la pandemia mantuvo a raya muchos de los precios. A esto hay que incorporarle una pérdida del empleo de más de 380.000 puestos de trabajo registrado, que trepa al millón calculado los trabajadores “en negro”.

Pero lo que le abrió la crisis a Alberto Fernández es la falta de dólares. Es que, si los primeros meses de la pandemia con todo cerrado supuso una merma en la perdida de divisas, lo cierto es que la “descuarentenización” (perdón por el neologismo) contrajo una relativa reactivación de algunas ramas de la industria, y con esto la necesidad de aumentar las importaciones de insumos para la producción. Esto puso al rojo vivo otro de los talones de Aquiles de este gobierno: la extrema escasez de dólares. El problema es que la industria argentina al no está integrada (para producir necesita importar) y para esto hacen falta dólares que no tiene. Esto es lo que llevó al gobierno a aplicar una serie de restricciones a la compra de divisas para tratar de desacelerar la caída de reservas en el Banco Central. Pero hasta ahora el objetivo esta lejos de cumplirse y lo que sí ha ocurrido es una disparada del precio de los dólares no oficiales que han trepada hasta los $167 llevando la brecha cambiaria entre estos y el dólar oficial muy por encima del 100% y una continua caída de las reservas en el Banco Central.Esta enorme diferencia eleva la presión sobre el peso y aumenta las expectativas de una fuerte devaluación más temprano que tarde. Expectativa esta que ya está promete nuevos saltos inflacionarios en el horizonte.

Pero sobre todo hay que tener en cuenta que el dólar es la “savia” que alimenta a la industria argentina y sin la cual no funciona. Esta es la mayor preocupación de la burguesía argentina que todavía no ve que el gobierno tenga un plan económico para solucionar o por lo menos encarar esta fuerte restricción de divisas.

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Frente a esto la coalición de gobierno que preside Alberto Fernández tiene el objetivo de volver a ganarse la confianza de la burguesía. Es que si bien esta le ha dado el apoyo político para que administre la crisis que vive el país, lo ha hecho más por necesidad que por gusto. Pero darle su apoyo político, no significa firmarle ningún cheque en blanco. Es que el fracaso del gobierno de Mauricio Macri fue tan categórico que una vez más el peronismo se presentó como la principal herramienta de la burguesía para capear un temporal que se presenta con nubarrones muy oscuros.

En este marco hay dos episodios que marcan los emergentes contradictorios de la situación política que condicionan al gobierno nacional tanto por derecha como por izquierda: el “banderazo” reaccionario y la ocupación de los vecinos en Guernica.

12O: Una movilización reaccionaria

El último 12 de octubre ocurrió un nuevo “banderazo”. Esta fue la octava movilización que la derecha realizó contra el gobierno en diez meses. A diferencia de las anteriores la del lunes pasado fue sensiblemente más importante, aunque no fue socialmente más amplia. Una vez más incluyo únicamente a las capas más altas y acomodadas de la sociedad y algunos sectores del interior relacionados con la actividad agropecuaria y las exportaciones. Estos sectores que recuerdan a la coalición social que se armó alrededor de la mesa de enlace en 2008 se manifestaron por una variopinta gama de reclamos entre los que se destacaron (junto con el reclamo de cárcel contra la expresidenta) la dificultad para acceder al dólar barato y el temor al “impuesto a la riqueza”.

Por el momento esta coalición social no ha tenido la capacidad de atravesar las barreras sociales y se consume en su propia salsa lo que le impone importantes límites. No obstante esto, es importante analizar su fisonomía y su desarrollo. Por un lado, es manifiesto que esta masa social que es socialmente bastante homogénea, ha sabido construir una agenda propia que le da cierta gimnasia movilizadora y le otorga una relativa perspectiva de desarrollo. Es una fortaleza lograda por ese sector el haber establecido y cumplido el objetivo de movilizarse en todos los feriados nacionales como una suerte de “agenda patriótica”. No obstante, esto, es un sector que no tiene una representación política definida. Hasta el momento Cambiemos no ha podido ponerse al frente como dirección de esa movilización, ni siquiera ha podido cerrar filas detrás del apoyo a la misma. Además, la frustración que significó la experiencia del gobierno de Macri para ese sector, dejó el campo fértil para que otras expresiones, aun más a la derecha como pueden ser Espert y Milei (que ya largaron su campaña electoral), intenten hacer pie. Estas fuerzas, por pequeñas y marginales que hoy sean, no deben ser menospreciadas prematuramente, más en un mundo donde la crisis capitalista ha polarizado la situación mundial dejando espacio para desarrollos como los de Bolsonaro y Trump.

Por otro lado, en Cambiemos y cada una de las fuerzas que integran esa coalición no han cerrado filas atrás de dicha movilización. Dentro del Cambiemos es evidente que hay distintas fracciones que pugnan por proyectos distintos. Por un lado, esta Macri, Bullrich y Cornejo que han optado por una oposición dura y bien reaccionaria, y por otro lado están los sectores encabezados por Larreta, Vidal y los gobernadores radicales que aspiran a una oposición más de centro-derecha, menos urticante.

Esta diferencia en el seno de la coalición opositora se expreso en las declaraciones. Por un lado, Mauricio Macri aprovecho oportunamente la marcha del 12 para hacer su reaparición pública mediante una cómoda entrevista que le realizo Joaquín Morales Sola en su programa en TN el mismo lunes a la noche. En la misma el ex-presidente aprovecho para ubicarse en la interna de Cambiemos como dirigente del ala más dura y haciendo una diatriba contra el kirchnerismo y las medidas de contención frente al coronavirus. Por otro lado, estuvieron las declaraciones de Lilita Carrióquien salió de su silencio y se opuso a la marcha del lunes pasado con estos argumentos: “No estamos para proponer épica, somos todavía una frustración para la sociedad. Si pasa algo, nos van a culpar a nosotros». En el mismo sentido se explayaron diputados que tuvieron una reunión con la dirigente: «Hay mucho pibe joven que no vivió el 2001, con mucha violencia de palabra, y algunos incluso están en la CC-ARI. Ella quiere frenar eso también, porque de ese modo vamos al peor de los escenarios».

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No es un dato menor que el gobierno de Alberto Fernández apenas lleva diez meses de mandato. Una erosión prematura del gobierno nacional sería irresponsable y no está nada claro que pueda ser capitalizada por Cambiemos cuyo fracaso está muy fresco en la sociedad. Sería jugar con fuego sin saber si después podés contener el incendio.

Guernica como emergente por izquierda de la crisis

Los datos que arriba publicamos dan cuenta de un deterioro social que aun no encuentra fin y que todos los pronósticos indican que aun van a empeorar. En este sentido Guernica es la otra cara de la actual situación política. Aquí no solo se pone de manifiesto las dimensiones de la crisis social que hasta ahora vienen contenidas por los aparatos sindicales y las organizaciones sociales cómplices de la entrega de los derechos más elementales de los trabajadores. Especialmente la burocracia sindical que no solo ha defeccionado de la lucha por el salario y las condiciones de trabajo, sino que además ha expuesto a millones de trabajadores a la enfermarse sacrificándolos al sacrosanto derecho a la ganancia empresarial. Pero la ocupación de Guernica y la voluntad de los vecinos de defender su derecho a la tierra le planta al gobierno los límites por izquierda que le plantea la acción directa de los de abajo que no están dispuestos a que se le sigan negando sus derechos.

Es que si las movilizaciones reaccionarias le marcan la cancha al gobierno por derecha para evitar la “deriva populista”, la toma en Guernica al igual que otras tomas de tierras o las manifestaciones de trabajadores como son las que pusieron en pie las enfermeras u otros sectores particularmente afectados por la pandemia le marcan los limites por la izquierda al gobierno. Un gobierno que pretende congraciarse con la burguesía y reordenar el capitalismo argentino pero que tiene que medir en qué medida, cuánto, cuándo y cómo pone a prueba las relaciones de fuerzas.

En este sentido es interesante las declaraciones de Mauricio Macri en el reportaje dado a Morales Sola en donde reconoció que fueron las jornadas del 14 y 18 de diciembre los que marcaron la debacle de su gobierno.  Según levanta La Nación “Para él, su gobierno «se quebró» en diciembre de 2017 cuando se votaba la reforma previsional en el Congreso. «El massismo y el kirchnerismo colapsaron la reunión, tomaron la plaza y tiraron 10 toneladas de piedras. Ahí todos entramos en una actitud defensiva y empezamos a tener todo tipo de problemas», recordó «. Más allá del despropósito de adjudicarle al massismo y al kirchnerismo la resistencia en plaza Congreso, lo central es dar cuenta cómo el gobierno de Cambiemos se dio de trompa con las relaciones de fuerzas heredadas del Argentinazo y que hasta hoy no fueron derrotadas.

En este sentido el gobierno de Alberto Fernández y el de Kicillof en Buenos Aires son menos “apolíticos” y más conscientes de las dificultades de tirar de la cuerda. Eso y no otra cosa es lo que explica los cuidados y mediaciones que han buscado antes de avanzar con el desalojo en Guernica, que a estas horas aún no se ha llevado a cabo.

En cualquier caso, que el gobierno tenga que “arbitrar” entre presiones por derecha o por izquierda, no significa que el carácter social o político del mismo sea ambiguo o que este por encima de todo o en disputa. El de Alberto es un gobierno 100% patronal que busca mediar en un escenario complejo. Una muestra de esto también es la política en Guernica donde afirmó el derecho a la propiedad privada de terrenos vacíos por encima del derecho a la vivienda aun en el marco de la pandemia de Covid y con los peores registros de pobreza en décadas. Y esto no solo en Guernica, durante los últimos días la Bonaerense de Kicillof y Berni avanzó en el desalojo violento de dos tomas más pequeñas en Matanza y en Moreno. Esa en definitiva es la orientación del gobierno.

 


 

 

[i] Mención aparte requiere el dato que muestra que el PBI por habitante de nuestro país está en el mismo nivel que hace 46 años: en 1975. Este simple dato ya es una muestra del rotundo fracaso de la burguesía nacional como clase dirigente de la nación sin importar el ropaje político con que se disfrace.

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