El G-20 no sirvió de mucho | Se agrava peligrosamente la “guerra comercial” EEUU-China

Con la detención de Meng Wanzhou, vicepresidenta de Huawei y amenazada hasta con prisión perpetua para luego ser liberada, Trump llevó la pelea a terrenos más arriesgados.

Claudio Testa
Histórico dirigente de la izquierda en Argentina. Pensador y dirigente de la Corriente Socialismo o Barbarie. Autor del libro "Palestina: 60 años de limpieza étnica".


Al finalizar la reunión del G-20 realizada en Buenos Aires, gran parte de la prensa mundial anunciaba perspectivas “optimistas” de soluciones y retrocesos en relación a la “guerra comercial” declarada por Trump meses atrás, en primer lugar contra China.

El País, diario de Madrid, tocaba los clarines anunciando así el comienzo de un giro hacia la “paz”: “Estados Unidos y China se dan una tregua en la guerra comercial. Washington aplaza la subida de aranceles por 200.000 millones de dólares y Pekín accede a comprar una “cantidad sustancial” de productos norteamericanos.

“[…] No hubo fumata blanca. Tampoco se esperaba para una solución al enfrentamiento, pero sí un acuerdo de tregua. En su esperadísima cena en Buenos Aires tras la clausura del G20, los presidentes de EE UU, Donald Trump, y de China, Xi Jinping, acordaron darse 90 días para intentar negociar una solución a la guerra comercial entre las dos grandes potencias económicas mundiales.” (El País, 03/diciembre/2018).

Poco después, los periodistas de la “prensa seria” que en distintas capitales festejaban este avance hacia la “paz”, debieron salir corriendo a explicar cómo y porqué había sucedido exactamente lo contrario… y que la peculiar guerra “comercial” EEUU vs. China se había agravado, dando un salto cualitativo…

Es que casi al mismo tiempo que en Buenos Aires se desarrollaba este “teatro” de supuestos avances hacia un “entendimiento” China – EEUU, desde Washington se iniciaba en secreto un “operativo comando judicial” a desarrollarse en Canadá para capturar y llevarse a Estados Unidos a la señora Meng Wanzhou, vicepresidenta de Huawei, una de las principales empresas chinas… y también heredera de la misma como hija de su fundador.

Huawei es la mayor empresa privada multinacional china de alta tecnología, especializada en investigación y desarrollo, producción electrónica, y sobre todo de aplicación de las tecnologías llamadas 5-G (de quinta generación). Esta empresa le viene dando una tremenda paliza a sus competidoras, en especial las de Estados Unidos. Por ejemplo, ya ha sobrepasado en ventas a la icónica Apple… Es que EEUU está atrasado… aún no ha superado el 4–G.

El capitalismo en general… y el de Yanquilandia en especial, no soporta ni perdona ofensas por el estilo… Por eso, aprovechando, que Meng Wanzhou, en un viaje a México, haría escala en Canadá, desde Washington operaron para que un juez canadiense la detuviese para deportarla a Yanquilandia… donde sería juzgada… ¿pero por qué?

¡Allí acusan a Huawei y a Meng Wanzhou de un crimen terrible! ¡Que Huawei se permite vender celulares y otros aparatos electrónicos a Irán, un país nuevamente excomulgado por Washington! Por esos “crímenes” Meng Wanzhou podría haber recibido cadena perpetua según la legislación de la democrática de Yanquilandia!

Sí, leyó bien: “cadena perpetua”. Y no es una broma. EEUU (y no sólo en este caso) siempre se arrogó el derecho a decidir mundialmente quién comercia con quién, y en qué términos. Lo del “libre comercio” es otro “verso” del fraude neoliberal. La realidad es muy distinta. La realidad es que antes de importar o exportar algo, hay que averiguar si el “Gran Hermano” de Washington lo permite o lo prohíbe… Y, por supuesto, los chinos, dadas las actuales relaciones de fuerza, no toleran nada de eso… ¡Y, además, nadie tiene derecho a exigírselo!

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En el caso de Irán, esto se agrava porque Estados Unidos había firmado un tratado internacional (el llamado “P5+1”) en que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia), junto con Alemania, restablecían relaciones diplomáticas y comerciales normales con ese país, a cambio de que Irán limitara su programa nuclear.

Fue Trump, quién rompió esos solemnes compromisos de EEUU, siguiendo las directivas de la extrema derecha yanqui y de Israel, y con el apoyo de los carniceros de Arabia saudita. ¡Y ahora esto se usa de pretexto para intentar imponer condenas atroces a ciudadanos de otros países que comercien con Irán!

Incidentes como estos, no se han limitado a Huawei. Comentando la prisión de Meng Wanzhou, un artículo de la prensa europea recuerda otros ejemplos, entre ellos el de la empresa ZTE (Zhong Xing Telecommunication Equipment): “El caso [de Huawei y Meng Wanzhou) parece similar al de esa tecnológica china ZTE, que también fue blanco de Estados Unidos por haber realizado ventas a Irán y Corea del Norte. El Departamento de Comercio incluso llegó a prohibir a esta empresa comprar componentes fabricados en Estados Unidos. Finalmente, tras la orden de Trump y con el objetivo de allanar las negociaciones comerciales con China, se alcanzó un acuerdo que levantó ese veto.

“La investigación sobre Huawei, en la que ha intervenido directamente el Departamento de Justicia, podría ser más grave no solamente porque nadie fue arrestado en el caso de ZTE, sino también por el enorme peso y nombre de la mujer actualmente presa en Canadá.”

 

No sólo un problema de ventas

Pero aquí, en el fondo, no existe un mero problema de ventas, de disputa de mercados. El meollo de la cuestión es que los chinos no sólo están ganando la carrera de ventas sino también algunas más de fondo, concretamente, de tecnología, con avances importantes en ese sentido.

Contra el discurso falso y unilateral de que China sólo copia (o roba) tecnología, “Huawei y ZTE son las dos empresas que registraron más patentes en el año 2017 a nivel global, según datos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.” (Ver: “Detención de la vicepresidenta de Huawei reaviva la tensión entre EE UU y China, El País, 06/diciembre/2018).

Efectivamente, China está en el intento de dar un salto que implica simultáneamente alcanzar un nuevo nivel de desarrollo tecnológico y productivo. Ese tema lo hemos explicado en otros artículos, pero vale la pena recordarlo.

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Esa cuestión se comprende más, analizando sus exportaciones: yendo de la cantidad a la calidad. ¿Cómo es eso?

China tiene globalmente un importante saldo comercial global favorable con EEUU (que además últimamente habría subido algo pesar de la “guerra comercial” de Trump).

Pero ese saldo global favorable oculta un problema serio. Si a esas exportaciones las dividimos en “franjas” cambia el panorama. En las franjas de “materias primas” y de lo que llamaríamos “productos comunes” (por ejemplo, vulgares automóviles, electrodomésticos, juguetes, etc.) China tiene superávit.

Pero en cambio cuando se va a una tercera franja, de última y altísima tecnología, allí la cosa varía. China es deficitaria, por ejemplo, en chips.

Para revertir esto, China se ha volcado a la investigación y desarrollo. Por eso, hoy está a la cabeza de tecnología 5-G que abarca una extensa área que va desde un celular hasta la robótica, las supercomputadoras, etc. El citado record de patentes en ese rubro que registraron sus dos principales firmas, atestigua que su avance va en serio.

Si China resultase ganadora mundial en la carrera de las tecnologías 5-G, sería un golpe muy duro para Estados Unidos. Además EEUU no llegaría segundo, sino tercero, porque firmas europeas como Nokia y Ericsson irían incluso adelante.

El éxito creciente de China en ciertas ramas estratégicas, como las tecnologías 5-G, tiene que ver con los resultados de un plan más global que hemos comentado en artículos anteriores, llamado “Made in China 2025”.

En pocas palabras, consiste en trasladar el centro de gravedad de la producción, a la investigación científica y el desarrollo de nuevas tecnologías. El salto en el 5-G, la robótica, etc., serían la espina dorsal de este plan.

Las posibles consecuencias geopolíticas de este proceso –si tuviese éxito– preocupan no sólo a Trump. También en Europa han comenzado las alertas… y las campañas, incluso promovidas por altos funcionarios de la Unión Europea. Se argumenta que todos los aparatos chinos, desde los teléfonos celulares a las computadoras, las redes 5-G, los robots, etc., tienen una especie de agujeros para espiar a los usuarios y enviar la información a Pekín.

El vicepresidente de la Comisión Europea Andrus Ansip lanzó la campaña. Ansip fue rotundo y aseguró que la UE debe «estar preocupada» y «tener miedo» de esas compañías, “incluida Huawei, cuya vicepresidenta, Meng Wanzhou, fue detenida el pasado día 1º en Canadá”.

“La tremenda expansión de las tecnológicas chinas en Europa inquieta a Bruselas, que teme que el Gobierno de Pekín pueda obtener información confidencial y de los ciudadanos a través de sus dispositivos…”

Al vicepresidente de la fragmentada “desUnión Europea” sólo le faltó decir: “Por esos motivos, ¡no compre productos chinos! Ni siquiera alguna muñeca de porcelana, que puede ser una espía. De inmediato, informará a Xi Jinping de lo que está haciendo. ¡Sólo compre celulares Nokia o Ericsson!”.

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