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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Por Bruno Urza y Federico Dertaube

Este lunes 13 de agosto, los tembladerales de la economía argentina volvieron a aflorar por todos los costados. En esta ocasión, parte de la corrida financiera parecería estar originada en la crisis en Turquía. Allí se vivió una fuerte devaluación del 20%, lo que empujó a una suerte similar a los países considerados “emergentes”, que vivieron a lo largo de la jornada una fuerte caída de sus bolsas y una devaluación de sus monedas. Sin embargo, el impacto en la moneda argentina fue el mayor de toda la región. ¿Por qué? A riesgo de repetir algunos conceptos que ya se han explicado en estas páginas, vamos a repasar las razones que sostienen esta situación de volatilidad, sumando un repaso de este último capítulo.

El gobierno de Macri, a poco de asumir, eliminó retenciones (impuestos a la exportación agrícola) y el cepo al dólar (restricción de la posibilidad de comprar dólares). Arregló con los “fondos buitres” (capitales que no habían aceptado la renegociación de la deuda y las condiciones de pago tras el default del 2002) las condiciones para pagarles y poder “volver a los mercados” financieros y tomar deuda (después de 12 años en los cuales los gobiernos kirchneristas fueron pagando y pagando deuda).

El plan para alcanzar la tan mentada “lluvia de inversiones” fue bastante simple, a la par que fantasioso: que los capitalistas hagan plata fácil con el Estado por un lapso para ganar tiempo, que puedan entrar y salir libremente, que hagan lo que más les plazca con el fruto de lo extraído de las manos de los trabajadores argentinos. La fórmula de ganar la confianza del “mundo” es, en su sencillo doctrinarismo liberal, bastante sencillo: dinero fácil. El mecanismo era (y es), entonces:

  1. Tasas de interés altas en deuda estatal para ganar tiempo. Regalar así sumas enormes de fondos nacionales. De ahí que en Argentina tengamos las tasas de interés más altas del mundo. El pago estatal de intereses altísimos (ahora en un ridículo 45%) hacen, contradictoriamente, que ningún otro negocio sea tan rentable como el de la deuda pública, desalentando así toda inversión en otro rubro pero evitando la fuga masiva de dólares después de la liberalización de su compra.
  2. Ajuste en el Estado para garantizar los fondos con los que se iban a “honrar” las deudas. Despedir estatales, cerrar programas, dejar hospitales sin financiamiento, cerrar horas en las escuelas, ajustar universidades nacionales, desplomar la inversión en obra pública. Todo con un único objetivo: pagar las deudas contraídas con los ultra ricos.
  3. Para terminar con un Estado como única y gran fuente de dinero, hacer igualmente rentables a los demás negocios. ¿Cómo? Fácil: esclavizando lo más posible a los trabajadores, rebajando salarios de hecho, recortado derechos laborales, subiendo los ritmos de trabajo, etc. Si se gana tanto con el Estado, hay que hacerlo en el resto de los rubros de la inversión capitalista a costa de las espaldas y las vidas de los asalariados.

El problema es que “pasaron cosas” y se combinaron distintos elementos que hicieron entrar en crisis el plan a lo largo de estos últimos meses. En primer lugar, la resistencia del 14 y 18 de diciembre, que recogió la simpatía de grandes franjas de la población que empezaban a desconfiar y desaprobar el rumbo económico del gobierno, que marcó un límite político a los planes de ajuste.

En segundo lugar, una serie de redefiniciones de la economía mundial a partir de las medidas del gobierno de Trump, de consecuencias todavía inciertas, que empezaron a impactar más fuertemente este año en la volatilidad de la circulación de capitales a nivel mundial. Parte de esta situación fue la suba de la tasa de referencia de la reserva federal yanqui para repatriar capitales, pero en realidad forma parte de un enfrentamiento global mucho más profundo y cuyo análisis escapa esta nota.

En tercer lugar, una sequía que afectó la producción y por ende la recaudación, en un contexto ya mencionado de quita y baja de retenciones.

A todo esto, el “nerviosismo de los mercados” aumentaba. El gobierno fue pagando intereses cada vez más altos por una parte de sus bonos de deuda (LEBAC, los más importantes). Ganaron así un problema que se renovaba mes a mes. Porque si el capitalista piensa que tal vez el Estado no tenga el dinero para pagarle, es probable que intente irse mientras pueda; sacarse de encima sus frágiles pesos y llevarse la mayor cantidad de dólares posible. El gobierno sube y sube cada vez más las tasas de interés que paga por la plata que debe para que los capitales no se vayan en masa del mercado argentino; esas tasas desalientan la inversión en cualquier otra cosa, puesto que, como hemos dicho, son más altas que casi cualquier otro tipo de inversión.

Eso genera recesión, caída de la actividad económica. Esto afecta a la recaudación, lo cual sumado a la toma de deuda (a tasas cada vez más usurarias) marca un aumento del déficit comercial (en la economía total del país se importa más de lo que se exporta) y de déficit fiscal (el estado gasta mas de lo que recauda), e inflación (emisión de dinero cada vez menos respaldada en una riqueza y una productividad real del país). El gobierno decide en medio del descontrol de todas las variables económicas del país, pedir ayuda al FMI, un gran matón con mucha plata y muchas ganas de que hagas un buen plan para pensar como vas a poder pagarle lo que te acaba de prestar.

Este lunes, el efecto mariposa turco movilizó una serie de medidas del gobierno Para hacer frente a la corrida que le estallaba entre las manos, con cantidades de entes financieros en que buscaban huir de sus tenencias en pesos y comprar dólares, imponiendo así una devaluación de hecho. A esto se suma que “la causa de los cuadernos desató una serie de efectos negativos sobre las expectativas de los ‘inversores’ que ya venían deterioradas, puesto que la incertidumbre en torno al alcance, los implicados y la duración del proceso aumentó el malhumor del mercado”[1]. O dicho de otra manera, aunque el ataque de los cuadernos Gloria esté bastante teledirigido, “no queremos ni saber de que algo de la mugre pueda empezar a salpicar a alguno de los nuestros”. Porque, todos ellos saben, no hay un solo empresario (empezando por los Macri) que pueda salir limpio de una destapada masiva de las cañerías  pestilentes de la corrupción, más en un país cuyo negocio rentable es esquilmar al Estado. “Populismo” que le llaman, pero donde los “vagos subsidiados” no son los pobres sino, exactamente a la inversa, los más ricos entre los ricos. Esa “gente de bien” que no escandalizan a ningún macrista cuando viven del Estado.

Las soluciones del gobierno son una fuga hacia adelante que refuerza el ciclo infernal de endeudamiento, aumento de las tasas de interés y falta de fondos.

En primer lugar, anunció la suba de la tasa de referencia de 40% a 45% anual. Más dinero para los más ricos.

En segundo lugar, la no renovación de unos 100 mil millones de títulos de LEBAC de tenedores no bancarios. El camino es el de poner fin a estas letras de deuda pública.

Para contrapesar la corrida contra el peso que esto último implica, en tercer lugar impulsó la subasta a precio vil de 500 millones de dólares de reservas, logrando el aval del FMI para usar parte de los fondos en la estabilización del peso.

Luego, busca que parte de los fondos en LEBAC vayan a otras letras estatales, como Leliq, Nobac y Lete.

Finalmente, no tuvo otra opción que ponerle un freno a las sistemáticas bajas en las retenciones a las exportaciones agrarias, unas de las pocas fuentes de financiamiento estatal “reales”. El capital financiero internacional pudo así demostrarle quién manda a los exportadores de soja y granos. Esta medida coincide con la rebaja en un 66% de los reintegros a la exportación. Esto no significa, no obstante, que se vuelva a la situación anterior en cuanto a las retenciones, simplemente hicieron más lentas las rebajas impositivas a estos multimillonarios. Ya hay rumores de problemas con los patrones rurales que cumplieron tan importante rol en el triunfo macrista.

Finalmente, una medida problemática para todos los gobernadores provinciales. Mediante un decreto, eliminaron “el fondo federal solidario”, mediante el cual compartían un 30% de los fondos de las retenciones a las exportaciones con los gobernadores. Esta medida sin duda le traerá problemas con políticos propios y ajenos, que se quedan sin buena parte de sus propios fondos. La interna dentro de Cambiemos puede ponerse así al rojo vivo.

En resumen, todas las medidas del gobierno son de un evidente doctrinarismo liberal para el que hay una sola solución posible a todos nuestros problemas: que quienes tienen dinero sepan que van a tener más sin ningún tipo de problema. El problema es que nada de lo hecho implica que el gobierno no se siga endeudando a ritmos exageradamente veloces. El problema fue pateado para adelante. Para ellos hay una sola salida: ajustar las tuercas de la explotación laboral, empobrecer a masas cada vez más grandes de personas, despedir más y más estatales. Para nosotros, también la salida es una:

¡Hay que meterles las manos en los bolsillos a los empresarios!

[1] Infobae https://www.infobae.com/economia/2018/08/13/riesgo-pais-de-argentina-sube-a-723-puntos-nivel-maximo-tres-anos-y-medio/

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