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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Federico Dertaube y Tofi Mazú

Macri volvió a abrir la boca para seguir anunciando desgracias y dar excusas. El ajuste, el tarifazo, la escalada sin precedentes de dólar: todo lo adjudica a un proceso inevitable, al que llamó «la última crisis» y al que los trabajadores deberemos aguantar «con madurez». La «madurez» de Macri es que nos comamos el verso de que él también está sufriendo el ajuste, de que éstos son «los peores cinco meses de su vida desde su secuestro» (…) y no salgamos a marchar masivamente, como lo hicieron los docentes y estudiantes universitarios el jueves pasado.

 

Con tono de maestro jardinero mezclado con charla motivacional, nos dice que nunca lo van a encontrar entre los que “hipotecan el país”, entre los que especulan “pensando en la próxima elección”. A esta altura, con un dólar a 40 pesos, movilizaciones masivas y la promesa de un ajuste brutal, nos lo imaginamos más especulando con dólares que con las elecciones. Con el endeudamiento veloz y brutal, de todas formas, no hay “hipoteca” electoral sino “hipoteca” literal, los bancos son nuestros dueños.

 

“El mundo nos volvió a decir que vivíamos por encima de nuestras posibilidades” nos dice Mauricio en ese tono duranbarbista que habla en primera persona tratando de que el trabajador que se queda sin trabajo se sienta identificado con Macri y su grupo de funcionarios-empresarios. Pero los que van a perder son los que se queden sin trabajo, los que deban pagar las tarifas y las naftas dolarizadas. Los banqueros y empresarios macristas hacen de cuenta que “todos” hacemos sacrificios mientras unos se empobrecen y otros hacen un negocio monstruoso.

 

“Durante mucho tiempo no pudimos tomar conciencia del desfasaje de nuestras cuentas”. De nuevo, esa horrible formulación en primera persona. ¿Qué significa eso? Gastamos demasiado en hospitales, en colegios, en derechos laborales. Reconocer la verdad, la inevitable verdad, es que si hay una montaña de plata en el Estado, debe ir a donde corresponde: a los bolsillos de los empresarios con los que el propio Macri nos endeudó.

 

“No es fácil, claro que no es fácil, nada es fácil”“Me encantaría que ustedes tengan todo lo que necesitan”. Con esa frase, le salió involuntariamente la verdad. “Ustedes” (nosotros) son los de abajo, Macri y la gente de su tipo tienen todo lo que necesitan y mucho más, en alguna cuenta bancaria en el exterior.

 

“¿Creen que me hace feliz no darle los recursos a la gente que más lo necesita? ¿Quién puede pensar que no quiero darle a los profesores universitarios todo lo que piden? También a los enfermeros, a los policías.” Traducción, la plata es para la deuda contraída con los millonarios, el resto que se muera.

 

“Me encantaría tener más presupuesto para ciencia y tecnología, donde se construye el futuro del país”. Tenemos aquí dos sincericidios simultáneos, no habrá presupuesto para ciencia ni habrá construcción del “futuro del país”.

 

Me gustaría “avanzar en las obras de cloaca, rutas, jardín de infantes, obras que prometimos”. Hay que reconocer que pocas veces se ha visto a un político capitalista decir tan sinceramente que mintió en campaña electoral.

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“Para poder hacer eso y mucho más… necesitamos equilibrar nuestras cuentas, con un Estado que gaste menos de lo que ingresa”. Lo que no dice es que buena parte del gasto fiscal es en el pago de intereses de deuda en sus diversas variantes, que el pago a acreedores no está cuestionado. Eso significa bajar el “déficit primario”, los millones de trabajadores argentinos ajustan sus cinturones, el pequeño número de capitalistas engorda sus bolsillos.

 

“Siento que llegó la hora”… ¡Agárrense de sus sillas señores!

 

«A los que exportan les vamos a pedir un aporte mayor; es una emergencia»«A los que exportan les vamos a pedir un aporte mayor; es una emergencia». Finalmente, luego de años de un doctrinarismo liberal ridículo, vuelven a recurrir a las tan vilipendiadas retenciones. Macri no obstante pide disculpas diciendo que sabe que “es un impuesto malísimo” y repite la jerga de la creación de puestos de trabajo por parte del campo. Con menos de un 8% de la población viviendo en el campo, y con la mayoría de quienes sí trabajan la tierra haciéndolo en condiciones de cuasi esclavitud, verdaderamente decir estas cosas es tomar por idiotas a quienes lo oyen. No obstante, los patrones rurales no están muy contentos y se vienen a dar cuenta que hay un jefe de la Argentina incluso superior a ellos mismos: el capital financiero internacional.

 

“Tenemos cada vez más un Estado que hace las cosas al servicio de la gente y no de la mala política”… Que lo entienda quien pueda.

 

“Todos tenemos que ceder en algo si queremos avanzar”. La pregunta es qué diablos van a ceder los bancos, los especuladores de la Bolsa, los que tienen sótanos repletos de dólares. El resto está muy claro qué va a “ceder”: ese privilegio disparatado de comer todos los días.

 

Argentina “no vuelve ni va a volver a uno de los momentos de más duda. La gran mayoría de nosotros tenemos una voz que nos dice ‘esto tiene que salir bien’” mientras se pone la mano en el oído como teniendo un fantasma al lado que le susurra “dos mil uno”.

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“Este es un momento distinto a todos los demás” nos dice, como tratando de convencerse a sí mismo.

 

El presidente quiere descargar la crisis sobre las espaldas del pueblo trabajador, luego de haber hecho estallar al país poniéndolo directamente al servicio de los mercados, sin mediaciones. Macri acuerda una deuda imposible de pagar con el FMI, mientras el dólar está a 40 pesos. Macri promete «déficit cero», que es lo mismo que dijo Cavallo en el 2001: a eso vamos.

 

Pero es una mentira flagrante, porque se puede salir de la crisis sin hipotecar la vida de la clase obrera. La nacionalización de la banca y el comercio exterior, de la mano de la ruptura del acuerdo con el Fondo; no pagar la deuda externa; prohibir por ley despidos y suspensiones; reapertura de paritarias con el 40% indexado. Éstas son algunas de las medidas que tomaría un gobierno que pretendiera no a la miseria a 40 millones de trabajadoras y trabajadores. Pero el plan de Macri es justamente ésto último, es construír una Argentina al servicio exclusivo de los empresarios y los especuladores financieros, con una juventud trabajadora hiper explotada.

 

Nada de ésto parece importarle al peronismo. Los gobernadores del PJ pactarán con Macri el presupuesto de miseria en el Congreso. El kirchnerismo solo propone esperar a 2019, para intentar capturar el «voto bronca» y no le importa las condiciones de vida con las que las y los trabajadores llegaremos al año que viene. Para resolver esta crisis, además, solo se pueden tomar medidas anticapitalistas, y el kirchnerismo ya supo demostrar que es incapaz de cruzar esa línea. Entonces ¿Para qué esperaríamos un año en la miseria?

 

La realidad es que la situación no se aguanta más. Macri desmantela ministerios enteros, dejando miles de trabajadores en la calle. Macri descarga el ajuste sobre la educación, al límite del cierre de las universidades nacionales y después tiene el tupé de decir en la conferencia de prensa «hay que terminar la universidad». Macri descarga tarifazo tras tarifazo y encara un nuevo acuerdo con el FMI peor que el anterior… ¿Qué está esperando la CGT para llamar a un paro general? La movilización educativa, acompañada de cacerolazos en distintos puntos del país, las tomas de Télam y Agroindustria, la Comisión de Unidad Obreo – Estudiantil puesta en pie en las tomas de diferentes universidades, las tomas de facultades, la resistencia del Posadas, marcan el camino. Las burocracias sindicales no cejan en el intento de dividir y sectorizar las peleas, entregan los salarios y no dicen nada cada vez que se anuncia una nueva barbaridad. Es momento de un gran paro general con movilización a Plaza de Mayo, con la unificación de todas las peleas en curso, para derrotar el plan «déficit cero» del gobierno y que si para eso Macri se tiene que ir, que se vaya.

 

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