capitalismo argentino

El día después: Dólar a 60 pesos, derrumbe de la bolsa y tasas de interés record

En la jerga capitalista, se habla de los “mercados” como si de una entidad suprahumana intangible se tratara. A la vez, se vende la fantasía de que con el “libre comercio” hasta el más insignificante consumidor decide lo que quiere y lo que no. La corrida de hoy fue obra de personas de carne y hueso, capitalistas multimillonarios muy tangibles y nada supra humanos. El consumidor medio no decidió nada. Y mientras la gente vota, los ricos deciden: de eso se trata el capitalismo.



Vamos primero a los hechos. El derrumbe de los bonos de deuda estatales en las cotizaciones precipitó la venta masiva de pesos con su consiguiente caída respecto al dólar, que pasó de algo más de cuarenta pesos a rozar los 60. Mientras todos los indicadores de consumo, producción y actividad económica en general caen; los bancos, tenedores de deuda pública y fondos de inversión vienen de fiesta en fiesta desde hace un buen tiempo. Producir, vender y comprar no da tanta ganancias como prestarle al Estado (Lebacs, Leliq), que para asegurarse de que los dueños de los dólares no se los lleven a ningún lado, les regala más dólares.

Eso significan las tasas de interés ridículamente altas: la entrega descarada de millones y millones por “invertir” en deuda del Estado con ganancias mucho más altas que las de la industria y los servicios en recesión. Hay un punto del acuerdo del gobierno con el FMI que sí cumplió, redujo el déficit “primario”. Eso significa que ya no gasta en hospitales, escuelas, sueldos de trabajadores estatales más que lo que le ingresa. Redujo los gastos en todas las áreas.

Ahora, el endeudamiento ridículo con las Leliq (que ya representan en pesos más que todo el circulante del país) sirve para pagar las deudas contraídas anteriormente, como están sirviendo también los ingresos provenientes del FMI.Se paga deuda con más deuda contraída para pagar deuda mientras se ajusta todo lo demás…para pagar deuda. Pero con tasas de interés arriba del 60% por una cantidad de dinero más alta que la sumatoria de compras y ventas en el resto de la economía, con un país en recesión que produce menos y no más, esas tasas de interés son indisputablemente impagables. ¿Cómo se pagan entonces? Con los fondos del FMI y con más Leliq y con la promesa de tasas de interés aún más altas. Se paga deuda contrayendo más deuda con tasas de interés más altas. El macrismo es un médico que, en vez bisturí, opera con puñal.

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El detonante de la corrida de hoy fue la incertidumbre de la deuda estatal con tasas de interés altísimas se vayan a pagar.  Para aplacar un poco la fuga de dólares, vendió dólares por debajo de su cotización producto de la corrida y subió las tasas de interés a niveles récord: más de 70%. Para comparar, digamos que las tasas de interés a nivel internacional oscilan entre el 1 y el 3%. Pero los detonantes suelen ser un motivo menor, simplemente la gota que rebalsa un vaso. La historia conoce muchos casos así, a nadie se le ocurre que Alemania haya ido a la guerra con Inglaterra en 1914 porque un serbio asesinó al heredero del trono de Austria.

Pues bien, de fondo el problema es que en términos internacionales la economía argentina es poco competitiva y lo es cada vez menos. No porque haya “demasiados impuestos” (en rigor, hay demasiados impuestos para los trabajadores y pocos para los patrones), no porque no haya “cultura del trabajo” (es más común verle la espalda rota a un argentino que un alemán), sino porque la estructura del capitalismo argentino ha permitido históricamente enormes negocios con pocas inversiones. El problema es el capitalismo semicolonial argentino. Y cuando eso entra mínimamente en riesgo, los “inversores” se van a otra parte. No hay nada más cobarde que “los mercados”.

En un editorial de La Nación de hoy, Joaquín Morales Solá por una vez dice algo de verdad: “Es cierto que el Presidente debía responder por una gestión que, según los datos de ayer, seducía tanto a los poderes fácticos de aquí y del exterior como resultaba antipática para amplios sectores sociales.” Ni “los mercados”, ni la “democracia”: “poderes fácticos”. No es muy común encontrar en la pluma de un vocero de la clase capitalista el reconocimiento explícito de que es ella quien realmente gobierna. La amplia mayoría le dio la espalda al macrismo ayer, las altas cumbres de la burguesía impusieron su gobierno hoy contra esa amplia mayoría.

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Alberto Fernández venía ya diciendo que “el dólar estaba atrasado”, agitando asíla necesidad de una devaluación. Porque los funcionarios de la clase dominante no escapan al control de los “poderes fácticos”, a ellos sirven. Y se abre el difícil escenario de que Macri gobierne sabiendo ya todo el mundo que su gobierno parece tener los días contados. Gobierna y no gobierna. Las turbulencias que conmueven el barco harán más fácil que la traumática situación económica permita imponer el ajuste. Pero los trabajadores, los sectores populares argentinos, demuestran una voluntad de lucha fuerte que no fue más que provocada por los ya casi cuatro años de macrismo. El choque entre las expectativas del 47% y el futuro gobierno es inevitable. Y tal vez la palabra “choque” haya que tomársela más literal que otras veces.

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