Estados Unidos

El debate presidencial del Partido Demócrata: el lucro capitalista en la salud ocupó el centro de la discusión

Esta semana se realizó en la ciudad de Detroit una nueva ronda del debate entre diversos precandidatos presidenciales del Partido Demócrata. Se trata de una deliberación previa a las elecciones primarias que se realizarán en 2020, y de las que debe resultar electo el candidato presidencial de la formación para competir contra Donald Trump.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Ale Kur


Por la manera en que están organizados los debates, no participó de la ronda del martes el principal precandidato partidario, Joe Biden. Se trata del ex vicepresidente de Barack Obama, y es la principal figura que eligió el “establishment” del Partido Demócrata, (profundamente capitalista, neoliberal e imperialista) para pelear por la Casa Blanca. Biden actualmente lidera las encuestas de intención de voto para la carrera demócrata.

Pero quienes sí participaron en esa ronda fueron dos de sus principales contendientes. En primer lugar, el número dos en las encuestas de intención de voto demócratas: Bernie Sanders, senador de Vermont que se reconoce a sí mismo como “socialista democrático” y que obtuvo una muy importante votación en las primarias de 2016. Y en tercer lugar, Elizabeth Warren, anteriormente aliada de Sanders pero que ahora presenta su propia candidatura con un perfil más moderado (aunque manteniendo un perfil globalmente “progresista”).

Todo el resto de los pre-candidatos demócratas que participaron del debate del martes eran diversas variantes del “establishment” partidario, mayormente ignotas y desconocidas (con la excepción de algunos con perfil un poco más alto como Beto O’Rourke de Texas).

El interés del debate reside en que se colocó en el centro del temario una cuestión poco tradicional para la política norteamericana: el lucro capitalista en el sistema de salud y los derechos de la población a acceder a una cobertura médica integral, de calidad, pública y gratuita.

Este fue el eje que introdujeron tanto Sanders como Warren, en una especie de “frente único” contra todo el resto de los precandidatos demócratas. Bernie Sanders viene defendiendo hace años un proyecto conocido como Medicare For All, que pretende transformar por completo el sistema de salud norteamericano. Hoy en día, el conjunto de las prestaciones médicas en EEUU son realizadas por sectores privados, a las que se accede a través de un conjunto de seguros de salud también privados. De esta forma, la cobertura médica en EEUU es uno de los principales negociados capitalistas del país, íntimamente relacionado además con la industria farmacéutica.

Existen desde la década de 1960 dos programas que implican una cobertura pública de salud: Medicare y Medicaid, pero abarcan a una pequeña minoría de la población (mayores de 65 años, discapacitados o personas de muy bajos recursos). El grueso de la clase trabajadora está cubierta por seguros privados, muy costosos y llenos de problemas, que se llevan una porción considerable del salario (en condiciones además de estancamiento salarial de largo plazo desde la década de 1970). De esta forma, EEUU es uno de los pocos países capitalistas del mundo (especialmente del primer mundo) que no cuentan con algún sistema más o menos razonable de cobertura pública masiva de salud. Contrasta fuertemente inclusive con países como Canadá o Reino Unido, que sí poseen sistemas de ese tipo. De esta forma, EEUU está a la retaguardia del mundo en garantizar un derecho tan básico para la población, pese a ser la nación más rica del globo. Esta contradicción pesa cada vez más en la conciencia de amplios sectores de la población que comprenden que la ideología individualista-liberal hace cada vez más agua y es incapaz de responder a los problemas de las mayorías populares, especialmente luego de la gran crisis de 2008.

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Sobre esta base de cuestionamiento popular, el gobierno de Obama (2009-2016) realizó una reforma de cierto impacto en el sistema de salud (el llamado Obamacare), pero que no tocaba ninguno de sus pilares. Expandió la cobertura de Medicaidy Medicare y estableció un sistema de subsidios federales para abaratar los costos de los seguros privados. Pero no modificó la esencia del sistema: el lucro capitalista y el carácter privado del sistema de salud, así como la enorme carga que significa para el salario de los trabajadores. En consecuencia, según sostuvo Sanders en el propio debate, en la actualidad 87 millones de personas no tienen cobertura médica de ningún tipo o están cubiertos muy por debajo de sus necesidades, mientras que 500.000 personas entran anualmente en bancarrota por no poder pagar las facturas médicas.[1]

Esta discusión fue reabierta en los últimos años por el gobierno de Donald Trump, cuando intentó desmantelar por derecha el Obamacare, cosa que no consiguió (o por lo menos no del todo), en función de su credo ultra-neoliberal. Pero esta vez el resultado fue exactamente el opuesto al buscado: una amplia mayoría de la población terminó volcándose al apoyo del Medicare For All propuesto por Sanders. Una encuesta publicada hace un año atrás por Reuters/Ipsos señala que el 70% de los consultados se manifestaba a favor de esta propuesta.[2]

Este tema es precisamente el que se colocó en el centro del debate presidencial del Partido Demócrata realizado este martes. Sanders y Warren se mostraron a la ofensiva con el  Medicare forAll, mientras que los candidatos del establishment se ubicaron a la defensiva, rechazándola como una propuesta “fantasiosa”, supuestamente irrealizable. Más aún, señalaron que si el Partido Demócrata la incorporara a su programa, no volvería a ser electo para gobernar por el supuesto rechazo de la población (contradiciendo las mismas encuestas de opinión pública que señalamos antes). Lo que el establishment demócrata realmente defiende no es la “elegibilidad” del partido, sino los negociados capitalistas en el sistema de salud.

 

Lo que refleja el debate

Este debate tiene interés ya que refleja que, en el mismísimo centro mundial del capitalismo (puesto como ejemplo y modelo por todas las tendencias neoliberales y “libertarias”), amplios sectores de la propia población comienzan a rechazar esas recetas. Contra las tendencias mundialmente dominantes a la privatización, el recorte de derechos y la precarización de la vida, una mayoría de los norteamericanos exige exactamente todo lo opuesto: la garantía, por parte del Estado Federal, del acceso masivo y gratuito a la salud, financiado con impuestos a los que más tienen; es decir, a la minoría de grandes capitalistas.

Mientras gobiernos como el de Donald Trump intentan girar la discusión pública hacia la derecha, descargando su odio contra los inmigrantes, los latinos, los árabes, etc., amplias capas de la clase trabajadora, de la juventud y del movimiento de mujeres intentan girar el debate hacia la izquierda, poniendo en el centro los intereses y necesidades populares. Eso es lo que se expresa a través de posiciones como las de Sanders y Warren (más allá de todos los límites de estas figuras).

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Esta misma tendencia se expresa también a través de la creciente simpatía -entre la juventud de EEUU- por las ideas del llamado “socialismo democrático”, o en el fenómeno de las “diputadas progresistas” del Partido Demócrata (como Alexandria Ocasio-Cortez y otras). También se expresa en un fuerte crecimiento de organizaciones de izquierda como los llamados Democratic Socialists Of America, que ya superaron los 60 mil afiliados en todo el país.

En un sentido similar, este mismo mes fue aprobado en la Cámara baja del Parlamento de los EEUU un proyecto de ley que establece un paulatino aumento del salario mínimo federal, para llegar dentro de varios años al monto de 15 dólares por hora de trabajo. Esto significa duplicar el actual salario mínimo federal, que está congelado desde hace una década en los 7,25 dólares por hora.

El proyecto de ley todavía debe ser aprobado por el Senado, donde posiblemente obtenga un rechazo, dada la mayoría republicana de ese órgano. Sin embargo, no deja de ser un importante primer triunfo, que fue posible gracias a las huelgas y agitación (sostenidas en toda esta última década) por parte de los trabajadores de las cadenas de comida rápida, supermercados, comercio, etc.

Todos estos elementos señalan la persistencia en EEUU de un “contrapolo” popular y progresivo al gobierno de derecha. Un contrapolo que, eventualmente, puede adquirir fuerza suficiente para cambiar las relaciones de fuerza, haciendo que el péndulo político comience a girar en la dirección opuesta a la actual.

En lo que aquí diferimos con Sanders y Warren es que el Partido Demócrata no puede ser nunca el vehículo de esos intereses populares. Para defender hasta el final los puntos de vista de la clase trabajadora (incluidos en ella todos sus componentes étnico-raciales-nacionales), de la juventud y del movimiento de mujeres, hace falta construir partidos y candidaturas socialistas independientes, que se apoyen centralmente en la lucha en las calles y en las empresas, y que enfrenten hasta el final al bipartidismo capitalista-imperialista. Sobre esa base, la agitación electoral puede cumplir un importante rol, pero nunca debe perder de vista que los grandes cambios históricos jamás se lograron sobre el terreno de las instituciones del régimen, sino desbordándolas con la lucha de las masas. Es allí donde en última instancia se juega el destino del proyecto de Medicare for Ally de otras medidas progresivas.

[1] “Los demócratas moderados atacan el giro progresista de Sanders y Warren”, El País, 31/7/19. En: https://elpais.com/internacional/2019/07/31/estados_unidos/1564540131_728424.html

 

[2] “Seventy percent of Americans support ‘Medicare for all’ in new poll”. The Hill, 23/8/18. En: https://thehill.com/policy/healthcare/403248-poll-seventy-percent-of-americans-support-medicare-for-all

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