El capitalismo mata: La catástrofe climática en África

Pasada más de una semana desde que el ciclón Idai tocó tierra en Mozambique, afectando varios países de la región en el continente africano, la cifra de afectados se estima en más de 2 millones de personas, con medio millón de personas que se quedaron sin hogar y cientos de muertos y desaparecidos.

Izquierda Web2
Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


Por Luz Licht

 

La destrucción es tal que se lo considera el mayor desastre climático del hemisferio sur en décadas, por ello el número de víctimas aumenta con el correr de las horas, así como las consecuencias sociales y económicas para los países afectados.

Este fenómeno ha causado las inundaciones más destructivas de los últimos 20 años en Mozambique, siendo Beira, una ciudad portuaria, la más castigada, dejando zonas anegadas bajo 8 metros de agua. Las postales muestran personas buscando refugiarse donde sea posible, colgados en árboles, techos, gradas de un estadio deportivo. Las lluvias continúan, lo que aumenta la preocupación, puesto que los aludes, inundaciones, etc, podrían continuar más allá de finalizar el paso del ciclón como tal.

Países como Malaui y Zimbabwe también sufrieron las consecuencias del devastador paso de Idai. Una de las mayores preocupaciones gira en torno al peligro de que aparezca el brote de enfermedades producto de la falta de agua potable y las condiciones de hacinamiento en los refugios. Cólera y neumonía son algunas de ellas. Cabe destacar que sólo quien puede pagar un bidón de agua potable, por fuera de la ayuda humanitaria accede a ese bien tan imprescindible.

Es aquí donde nos topamos con las relaciones sociales capitalistas y sus consecuencias en todo su esplendor. La infraestructura de esos países, principalmente la de Mozambique, ha quedado destruida casi por completo. Hablamos de tierras cultivables afectadas por la salinización del agua que entro del mar, carreteras, hospitales, escuelas, etc. Los medios de vida de la mayoría de la población fueron sepultados por las aguas. Es común en el discurso que reproducen los medios de comunicación masiva ver a estos países como víctimas de las consecuencias del cambio climático.

Mirá también:  ¡Liberen a Carola Rackete!

Esto es correcto en principio, aunque esa terminología y el contexto general permiten pensar que no hay más que azar, o una cuestión inevitable y fortuita en las consecuencias devastadoras del cambio climático y sus dimensiones sociales, humanitarias o económicas. Se omite la referencia al cambio climático como consecuencia de los desastres que el capitalismo, junto a sus relaciones de explotación tanto de una clase sobre otra y entre Estados, así como hacia la naturaleza, producen. Karl Marx hablaba de naturaleza humanizada al recordar que el medio o naturaleza hace al entorno que rodea a la especie humana en su proceso de resolver la producción de sus medios de vida y reproducción, entablando relaciones sociales de producción para resolver ese problema, es que  transforman la naturaleza y se transforman a sí mismos en ese complejo proceso.

Así este sistema social perverso y la clase social que de él se beneficia, concentran riquezas mientras explotan a la gran mayoría de la humanidad, haciendo un uso irresponsable de los recursos naturales, la lógica es la de la máxima explotación para el mayor beneficio, nada de satisfacer necesidades o procurar un uso sustentable de los recursos naturales.  Hoy le toca a África, un continente cuya historia está atravesada por el saqueo colonialista, la esclavitud, la voracidad del capitalismo  e imperialismo, que expolia y transfiere recursos de los países periféricos hacia los centros y sus burguesías.

El capitaloceno (pensando en términos de la era geológica dominada por la intervención humana activa de la naturaleza a través de las relaciones capitalistas), es la prueba de la enorme capacidad de la humanidad en controlar y trasformar la naturaleza, pero también nos alerta respecto de la imperiosa necesidad de superar y terminar con las relaciones capitalistas de producción y el edificio social que las sostiene y perpetua, de luchar contra el negacionismo a cerca del cambio climático de los Trump y Bolsonaro, peligra la supervivencia del planeta, sus recursos y de la humanidad, “el capitalismo mata” decía la pancarta de una joven que protestaba días atrás en París contra el cambio climático. Hoy África nos demuestra cuán concreta es esa frase, es momento de pensar que a la barbarie capitalista hay que contraponerle una salida.

Mirá también:  ¡Liberaron a Carola Rackete!

 

Print Friendly, PDF & Email

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre