El 17 de octubre y peronismo

El Partido Laborista y la autonomía de la clase obrera

Dentro de la visión que se imparte en las escuelas y del sentido común que se impone, está la creencia de que el movimiento obrero aparece con Perón, antes no habría nada más que desorganización, caos y quién sabe qué más.

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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Martiniano Rodríguez

Pero la rica historia que comienza a fines del siglo XIX, aporta muchas lecciones que deben ser aprendidas por los militantes actuales. Hay experiencias que marcaron la historia de la clase obrera, experiencias de todo tipo, y que incluso le dan forma al peronismo. Las grandes huelgas como la Semana Trágica, experiencias de organización de todo tipo, y más, se pueden encontrar en esos 50 ó 60 años anteriores al peronismo.

Una de estas experiencias es el Partido Laborista, casi contemporánea a la fundación del peronismo y partícipe necesario. Un partido de la clase obrera (pero no el primero), fundado luego del 17 de octubre de 1945, que terminará ayudando a la creación del peronismo como movimiento político dentro de la clase obrera, aunque éste nunca fue su objetivo.

La clase obrera argentina venía de muchas experiencias de organización, desde bibliotecas y clubes, hasta partidos políticos de diferentes ideas, pasando por diferentes sindicatos de tendencias varias. La década del 30 fue un momento de ascenso de la lucha, provocada por la crisis mundial de 1929 y la desocupación que provocó. En esos años el Partido Comunista era dentro de la clase obrera el partido con más desarrollo, pero el Partido Socialista y el Sindicalismo Revolucionario tenían lo suyo. Dentro de las discusiones, desde hacía ya mucho tiempo, estaba el dilema de la participación política: los sindicatos y los obreros, ¿debían participar en las cuestiones políticas? ¿o sólo debían participar en las cuestiones sindicales? Los comunistas y los socialistas afirmaban que sí, los sindicalistas creían que era una cuestión individual y excluían a los sindicatos, y los anarquistas se oponían a la mayoría de las cuestiones políticas (el voto, por ejemplo) aunque planteaban que la clase obrera debía destruir el Estado.

Esta discusión fragmentó en 3 las centrales sindicales en los años 30 del siglo pasado: la CGT1, encabezada por el PS, la CGT2, encabezada por el PC y la Unión Sindical Argentina (USA), liderada por los sindicalistas. En esos mismos años, los gobiernos conservadores no tuvieron otra que buscar un desarrollo industrial protegido para paliar los problemas sociales, pero este intervencionismo económico no tuvo su correlato en lo político: los sindicatos seguían siendo perseguidos, las conquistas sociales no existían, no había casi leyes que regularan el trabajo; todo esto mientras esta sustitución de importaciones hacía crecer el número de obreros. Este punto es importante, mientras la clase obrera crecía en cantidad, los salarios y las conquistas sociales se mantenían casi en cero.

El golpe de 1943 fue un quiebre para muchas de estas tendencias y líderes sindicales independientes. En un comienzo hubo dudas y rechazo, pero al formarse dentro del gobierno golpista una tendencia burguesa con ideas diferentes, el rechazo cambiará a dudas y apoyo crítico.  Esa tendencia, que rescataba gran parte de lo hecho por los conservadores, es Perón y compañía. Su visión fue bien pragmática: no queremos líos y para eso hay que dar algo más que empleo mal pago y en condiciones deplorables, y retomó los planteos que venían desde hace décadas. Apoyólos sindicatos, el aumento de salarios, vacaciones, jubilaciones y demás, como forma de cooptar a la clase obrera y contener las luchas de los trabajadores.

Dentro del movimiento obrero hay quienes comenzaron a cambiar su visión con respecto al Estado, ya no era ese que sólo repartía balas y palos. Sectores del PC, PS, sindicalistas e independientes (lo que Juan Carlos Torre llamó la vieja guardia sindical) decidieron ser parte de esas conquistas y apoyar críticamente (otros no, directamente dejaron de lado cualquier prurito y se sumaron con armas y bagajes). La mayoría de los sindicalistas coincidían con Perón en su odio a los comunistas, lo cual hizo fácil el entendimiento (Reyes, por ejemplo, que tenía un duro enfrentamiento con los comunistas en el gremio de la Carne). La politización fue muy rápida al calor de las conquistas, y la vieja discusión de quién debía hacer política fue olvidada, los sindicatos, los obreros individuales y los líderes sindicales participaban de una u otra forma.

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El 17 de octubre no fue sólo el día de la fundación del peronismo, según la liturgia cotidiana, fue también el punto de quiebre de todo el movimiento obrero. Ese día se movilizaron masivamente para “rescatar a Perón”, pero la mayoría de los líderes lo entendía como una forma de mantener las conquistas, no era más que eso, necesitamos que se quede para no perder lo conseguido,pensaban (tiempo después el peronismo resignificó esta fecha como una movilización peronista). De hecho fue una larga discusión dentro de las centrales sindicales de qué hacer, pero la mayoría terminó por llamar al paro y/o marchar por la presión de las bases y algunos sindicatos independientes o sindicalistas.

Este ataque a las conquistas conseguidas en tan poco tiempo de la mano de una corriente burguesa, fue el detonante para que varios entendieran que era necesario una organización política, que fuera más allá de lo sindical. Fue por esto que se fundó el Partido Laborista, un partido de la clase obrera formado por líderes sindicales, sindicatos y obreros individuales, con un programa de defensa de la nación y de las conquistas sociales, que hoy podríamos llamar nacional y popular. La idea era que este partido sirviera de presión a Perón y al resto, los fundadores pusieron el acento en la necesidad de ser independientes del Estado y de cualquier  sector de la oligarquía terrateniente o burgués empresario, pero admitían dentro del partido a cualquiera que aceptara el programa (aunque fuera burgués o representante de éstos). La idea era imitar a los partidos laboristas de Europa, que cada año que pasaba se hacían menos obreros y más burgueses.

Perón fue incluido dentro del Partido Laborista (PL), junto a muchos otros militares, sin reparar en el carácter de una organización como el Ejército. La idea de un partido que abarcara más que la clase obrera, un partido de “frente popular”, permitió que fueran parte de esta experiencia los mismos que la aniquilaría.

Los debates se dieron rápido, los dirigentes obreros no estaban dispuestos a dejarse llevar sin dar batalla, y los dirigentes militares no tolerarían ser furgón de cola (no era su plan ni su objetivo). El PL tenía, como primer objetivo, apoyar la candidatura de Perón a las elecciones, proveer de una base de militancia y de votos para contrarrestar a los de la concordancia (formada por los conservadores, la UCR, el PS y el PC). El reparto de cargos ya mostraba las diferencias, los dirigentes obreros molestaban a Perón y pidió que algunos de ellos no fueran parte de la boleta. Luis Gay, uno de los dirigentes más importantes, fue desplazado de su cargo de senador. Los líderes y militantes obreros defendían la idea de que cada distrito eligiera sus candidatos (democracia obrera), pero los militares y la Junta Renovadora (partido burgués que era parte de la alianza electoral) preferían elegir a dedo según sus conveniencias. No era una cuestión de forma, sino de objetivos; el sector obrero buscaba politizar y dar poder a la clase obrera para conservar cierta autonomía que le permitiera ser un factor de presión, mientras los demás buscaban obstaculizar ese movimiento que ya venía de antes.

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En resumen, la alianza electoral fue dominada por Perón y su gente, a pesar de ser la minoría, sólo porque se mantenía la errónea visión de que Perón era el dueño de las conquistas, sin ver que la lucha de años y décadas las habían conseguido. Perón venía a terminar con el avance de los sindicatos y la clase obrera, y no podía tolerar que dirigentes obreros como Gay o Reyes opacaran su figura. Por eso los ataques a la autonomía laborista comenzaron rápido, una vez ganada la elección, y en simultáneo a los ataques a la CGT recién unificada. Perón no podía tolerar ni siquiera figuras que sólo se planteaban como una presión al Estado, ya que nunca iban a disputar el poder, no era su objetivo que la clase obrera llegara al poder. Reyes terminará en la cárcel, Gay deberá renunciar a la CGT por falsas acusaciones luego de negarse a someter la CGT al gobierno, y así muchos otros dirigentes que habían apoyado a Perón.

El 23 de mayo de 1946 Perón ordena la disolución de todas las fuerzas que lo apoyaron y la creación del nuevo Partido de la Revolución Nacional. Los líderes sindicales no querían dejar de ser un partido que presionara a Perón, no querían perder su autonomía, pero las críticas a Perón sólo fueron por la forma, no por su política; estos líderes que venían del sindicalismo revolucionario, o eran independientes, o venían de partidos como el PC que buscaban la alianza con sectores burgueses, no podían ver la trampa. Se negaban a discutir de frente con Perón y lo alimentaban. La consecuencia lógica fue que el PL fue disuelto a pesar de los dirigentes.

Acá hay una cuestión bien importante. ¿Qué es la independencia de clase? Esta no es sólo sindical, ser independiente de todos los gobiernos no basta, hay que expresarlo en el plano político, en la organización, y esto se vio tarde dentro del PL. Pero además otras corrientes que ahora se veían contra la pared, durante años (el PC quizás es más contradictorio) creían en que se podía realizar una alianza de clases, se podía confiar en un burgués o un militar, lo cual llevó a que la base se “peronizara” de forma más rápida que la dirigencia (aunque hubo casos).

Los límites de la política conciliadora fueron el fin del PL, pero contradictoriamente el fin del PL fue el fin del peronismo en 1955, como dice Horowitz, en esas fechas y con un movimiento ya verticalizado no había posibilidad de resistencia sin que la llame el mismo líder. Aunque incluso en esos años tan tardíos podemos encontrar cierta autonomía en algunos sindicatos que lograron mantenerse como grupos de presión dentro del peronismo.

El final del PL es el final de una experiencia, que con límites muy claros, intentó acaudillar a la clase obrera para conseguir y defender las conquistas sociales y sindicales de los años 40, pero fueron esos límites los que hicieron naufragar esa experiencia. No existe autonomía sindical, sin autonomía política, sin una organización independiente en todos los aspectos de cualquier variante burguesa.

 

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