Contradicciones de una potencia imperialista

EEUU: Pobreza y hambre en en el centro del capitalismo mundial

Comedores en Iglesias y barrios empobrecidos, colas por comida desde las cinco de la mañana, empobrecimiento del 40% de los que menos salario perciben, reparto comunitario de mascarillas y lavandina… No, no nos referimos a ningún país de Latinoamérica, sino al dueño del mundo desde hace ya más de 100 años: Estados Unidos.

Aye Obladi

Que la crisis de 2008 puso a Estados Unidos en un sobresalto económico importante, y el crecimiento de monstruos como China en las últimas décadas, puso en cuestión la idea de un imperio como el yankee siempre eterno, es algo sabido. Sin embargo, esa crisis que parecía haber sido saldada y cuya expresión política colocó con éxito a la figura presidencial de Trump, vuelve a emerger con una fuerza de profundidades aún desconocidas, como producto de la crisis generalizada que ocasiona el impacto de la pandemia del COVID-19.

Como decíamos, la profundidad de la crisis mundial y específicamente de Estados Unidos, aún no la podemos ver en su totalidad, sin embargo, comienzan a emerger índices ultra determinantes y más que sintomáticos de lo que pasa y lo que pasará, en el centro del capitalismo mundial. Los números de desocupados en Estados Unidos hace muchos meses que ya vienen siendo noticia internacional, pero a esto no sólo se le suma la crisis política con el movimiento Black Lives Matter, sino la pobreza y el hambre como tema cada vez más asociado al gran Imperio.

El dato principal surgió tras el informe de Philip Alston, relator especial de la ONU sobre la pobreza extrema y los derechos humanos, quien realizó una visita de investigación a los Estados Unidos en 2017. Siendo que según el último censo de EEUU, en el 2018 se contaba una cantidad de pobres de 38 millones, el dato es que lejos de las palabras de Trump que aseguran un mejoramiento, hoy estaríamos ante la existencia de 41 millones de personas viviendo en la pobreza, de los cuales 18,5 millones lo hacen en la pobreza extrema; y donde los niños representan uno de cada tres pobres (1).

Según la Reserva, el sector de pobres no desempleados se define por aquellos que tienen un ingreso familiar de hasta 40.000 dólares al año. Un número que a los ojos de aquellos países acostumbrados a la devaluación de su moneda y a la pobreza como problema estructural de sus economías, parece un ingreso igualmente alto, pero que dado al costo de vida en norteamérica, no hace más que dejar a millones bajo la categoría de “pobres” (2), colocando a Estados Unidos además, como al país con la tasa más alta de pobreza juvenil entre los países industrializados.

Trump, la pobreza y la pandemia

Las palabras de Trump, quien sostuvo en Enero durante el Foro Económico Mundial celebrado en Davos, que los pobres de su país estaban siendo los mayores beneficiados por sus políticas económicas y que desde su llegada “Estados Unidos está(ba) prosperando”, rápidamente fueron diluidas ante el impacto de la pandemia, que puso en evidencia la debilidad de sus políticas económicas, y la realidad de una sociedad más que clasista y racista, donde la pobreza feminizada y racializada, muestra una situación cada vez más alarmante.

Recordemos que Trump llegó al poder con promesas de volver a la Gran América, y el crecimiento del empleo durante su primer mandato pareció la cristalización de esa promesa. Pero hubo un pequeño detalle… su contenido, era el de la formación de empleo basura, precario y tercerizado, por lo que obviamente el crecimiento fue barrido tras el plumazo del covid-19 en una sociedad con uno de los sistemas de salud más excluyentes y privatistas del mundo. Al contrario de lo que asegura ese presidente que se cree que puede hacer y deshacer a su antojo, desde su llegada a la Casa Blanca, la supervivencia de los 40 millones de ciudadanos que viven por debajo de la línea de la pobreza se ha hecho aún más difícil.

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Así es como lo muestra una nota del emblemático diario The New York Times, publicada esta semana, cuyo título que nadie asociaría a priori con el dueño del mundo: “Tener hambre en medio de la pandemia” (3), asombró a varios desprevenidos. Allí se resalta específicamente cómo se puede ver en las grandes ciudades el hambre, la pobreza mediada y recrudecida por la pandemia, con una duplicación de la atención en comedores, las colas largas solicitando comida y el reparto comunitarios de bienes básicos y elementales para el cuidado higiénico como agua y lavandina.

En sintonía con esto, también hace apenas unos días, salió una nota en la BBC, titulada: “Pobreza en Estados Unidos: cómo es vivir en Escobares, la ciudad más pobre del país más rico del mundo” (4). Allí, relatan la situación de esa ciudad de Texas, donde un 62,4% de su población vive bajo la línea de pobreza, y entrevista a una serie de vecinos que hablan no sólo de la falta de trabajo, de la migración para trabajar en los oleoductos del centro de Texas, sino que incluso se instala también, el tema del hambre.  «A veces no hay para comer”, “Gracias a Dios tengo familiares que me invitan un plato, pero pos me da vergüenza», cuenta una de las entrevistadas.

En este sentido, es que ya no sólo los izquierdistas y socialistas del mundo denunciamos ésto, sino que el mismo enviado de la ONU, citado anteriormente, da cuenta de esta situación de pobreza combinada con la pandemia, con las siguientes palabras: “Las personas en situación de pobreza están amenazadas desproporcionadamente por el coronavirus. Es más probable que trabajen en trabajos con un alto riesgo de exposición, que vivan en viviendas abarrotadas e inseguras, que residan en vecindarios que son más vulnerables debido a la contaminación del aire y que no tengan acceso a la atención médica”, dijo. «Las comunidades étnicas, que enfrentan un racismo persistente, corren un riesgo particular y mueren a tasas mucho más altas«. 

Datos históricos y un mundo por venir

La pobreza no es algo nuevo en Estados Unidos; de hecho, siempre existió, en especial en los suburbios y la llamativa indigencia que contrasta con los millonarios y los lujos, en las grandes ciudades norteamericanas. También es cierto que en los últimos años, con el problema del empleo, la pobreza aumentó visiblemente. Sin embargo, ya no estamos hablando sólo de eso, sino de cómo se ve la exacerbación del malestar con el impacto del coronavirus y las consecuencias de corto y largo alcance que puede tener..

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Esto es importante, porque en el mundo aparecieron en principio dos respuestas generales de los gobiernos burgueses ante la pandemia. Por un lado, aquellos que sin ninguna medida real en cuanto a lo económico y al sistema de salud, optaron por tomar sólo la medida de la cuarentena (defendiendo de esa manera la “salud”), y aquellos gobiernos que supuestamente en pos de cuidar la economía por sobre la salud, caracterizaron al COVID-19 como un invento chino o una simple gripe. Sin embargo, lo que vemos es que no sólo en aquellos países que supuestamente se optó por la salud sin ninguna medida más que la cuarentena, el coronavirus avanza y los hospitales se saturan, sino que en aquellos países donde supuestamente se optó por “la economía”, como Estados Unidos, se fracasa rotundamente en ambas cosas.

Esta supuesta contradicción, de cuidar la economía y así y todo, generar millones de pobres incluso en el centro del capitalismo mundial, en realidad, no es ninguna contradicción. Simple y llanamente, porque cuando ellos dicen “economía”, en realidad quieren decir, las ganancias de los capitalistas, de los amigos de Trump.

No sólo hoy el gobierno de Trump (como el de Bolsonaro y otros) son culpables de la muerte de millones y millones de sus ciudadanos como producto de ningunear la pandemia, sino que tampoco evitaron la crisis económica y semeten al día de hoy, a millones y millones a caer en la pobreza, la indigencia y al hambre en un momento donde hoy más que nunca, se tendrían que poner en marcha medidas para cuidar la vida y el bienestar de la población.

Ahora bien… las crisis y los números alarmantes (más cuando se habla de los Imperios), nunca vienen solos. El accionar criminal de gobiernos como los de Trump, no es ni puede quedar impune. El movimiento Black Lives Matter es una advertencia rotunda por la vía de la rebelión política y social, de que nada es gratuito. La combinación entre millones de muertos por COVID-19, millones de desempleados, millones de pobres y millones de hambrientos (que no por casualidad principalmente son negros y latinos, aunque la población blanca de pobres es importante también), pueden generar un cóctel explosivo y es ya una novedad histórica, que debe ser tomada como tal.

En Estados Unidos nada está dicho y después de muchos años todo parece moverse. En un mundo en crisis, donde los explotados y oprimidos son cada vez más explotados y oprimidos y los gobiernos se empecinan en que la crisis y la pandemia la paguemos los mismos de siempre, las respuestas de los de abajo, tal como nos lo muestra el movimiento Black Lives Matter, pueden estar abriendo un nuevo mundo por venir.

Fuentes

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