“El trabajo cuya piel es blanca no puede emanciparse allí donde se estigmatiza el trabajo de piel negra” (Karl Marx, El capital)

“Por primera vez en muchos años, un sentido de esperanza ha comenzado a reemplazar la desesperación que ha impregnado la sociedad estadounidense durante tanto tiempo. Podemos agradecer a los manifestantes, y sí, a los alborotadores, por dar finalmente voz a los ignorados. El mundo entero está ahora escuchando y observando” (Sharon Smith, “EEUU: El lenguaje de los ignorados”).

 

Charla desgrabada por Gastón Caramés, Florencia Alegria y Paola Volpintesta

Buenas tardes a todos y a todas, les agradezco a Marina y Manuela por la presencia acá, el saludo y la presentación. Es un poco raro(ya lo hemos dicho cuando hicimos las Jornadas de Pensamiento Socialista) este “formato”, el tener que hablarle a las cámaras y a las redes, y no poder hablar en vivo y en directo con los compañeros, con las compañeras.

Pero bueno, estas son las condiciones. Y, sin embargo, como vamos a hablar de algo bastante “caliente”, que es la rebelión popular en Estados Unidos, seguramente vamos a entrar en calor. Lo primero son dos o tres definiciones muy simples que hay que establecer. Básicamente, tres definiciones.

Rebelión en la primera potencia mundial

Lo primero es que no todos los días estalla una rebelión en Estados Unidos. Un proceso de revuelta, rebelión, de levantamiento popular, independiente, que recorre de costa este a costa oeste, de norte a sur Estados Unidos, que sigue siendo la primera potencia mundial, no es algo que ocurra todos los días.

Se carga de un conjunto de significados, de consecuencias y características, que eventualmente no es fácil evaluar a la distancia. Posiblemente los que nos están mirando sepan que,en Estados Unidos, una revuelta así, una rebelión así, no se vive desde los años 60/70.

Esta es un poco la lógica de la lucha de clases, cuya temporalidad es compleja, desigual. En las temporalidades históricas no ocurren cosas todos los días(los ascensos de la lucha de clases). Ocurren grandes procesos, después pueden venir grandes bajones, etc. Pero que este proceso de despertar, que tenía sus antecedentes, luego lo vamos a ver, que esta circunstancia de revuelta se procese en Estados Unidos a 40 años de aquellas imágenes históricas, de la rebelión de los derechos civiles de la población de color, de la lucha contra la guerra de Vietnam, del movimiento de mujeres, la conquista del derecho al aborto, etc, está indicando algo muy profundo, eventualmente histórico: “La revolución de los negros, tanto en el norte como en el sur, llegó –como por sorpresa-, en las décadas de 1950 y 1960. Pero quizás no debiera haber sorprendido tanto. Los recuerdos de la gente oprimida son algo que no pueden borrarse, y para las personas que mantienen recuerdos de este tipo, la revolución siempre está a flor de piel. Los negros de los Estados Unidos tenían el recuerdo de la esclavitud, la segregación, los linchamientos y las humillaciones. Y no eran sólo recuerdos sinouna presencia viva –parte de las vidas cotidianas de los negros, generación tras generación” (Howard Zinn, La otra historia de Estados Unidos), una cita aguda que parece estar escrita para la rebelión actual[2].

¿Cuán profundo? Nadie lo sabe; no sabemos cuán profundo es. Pero Estados Unidos es un país muy grande. Y que se esté dando una rebelión popular que atraviese de cabo a rabo el país, de costa este a costa oeste, no es nada fácil, no ocurre todo los días; es indicador de un proceso histórico, insistimos: “Como el reverendo Dr. Martin Luther King Jr. señaló en 1967: ‘La revuelta es el lenguaje de los ignorados’ (…) Las palabras de King son igual de relevantes hoy en día, demostrando lo poco que ha disminuido el racismo virulento en la sociedad estadounidense, más de cinco décadas después (…) Pero mientras que las rebeliones urbanas de los años 60 fueron casi totalmente negras, las protestas que tienen lugar hoy en día, en todo el país, son completamente multiraciales(…) El asesinato de George Floyd fue nada menos que un linchamiento del siglo XXI” (Sharon Smith, “EEUU: El lenguaje de los ignorados”).

En los países más grandes, por ejemplo tengo presente a Brasil, no es tan fácil que se dé una simultaneidad de la rebeldía,eso sólo ocurre cuando es profundo el proceso. Quizás en nuestra corriente, que tiene origen en Argentina, un país que tiene mucha centralidad en Buenos Aires, no nos parezca tan significativo. Pero tiene que ser profundo el proceso, tiene que ser profundo el racismo y el sentimiento contra el racismo, como para que estalle el país entero.

Esa es la primer cuestión, además de lo que dijo Manuela de las “reverberaciones” de esto en París, en Londres, en Australia, en Alemania; cómo la población oprimida, de color, magrebí, en París, se movilizó y tomó estas banderas; cómo impacta también en la población de color de Brasil, que es un tema, un tabú en Brasil del que no se habla, de que Brasil también vivió la esclavitud durante 400 años; cómo esto ha reverberado en todas partes del mundo y puesto en marcha a la juventud internacionalmente, etc.

Estamos hablando de un suceso mundial, un acontecimiento mundial que hace evidente cómo la ola de rebeliones populares, que viene ocurriendo en el mundo hace varios años y que volvió a despertarse en 2019, da la vuelta al mundo y termina golpeando las puertas de Estados Unidos.

Eso es lo primero. Lo segundo, muy importante, es la velocidad en la cual una de las pandemias capitalistas más graves, que es el caso de Estados Unidos, que se ha cobrado la vida de 130.000 muertos hasta ahora, ha terminado expresándose por la izquierda.

La velocidad en la que ha tenido una inflexión a izquierda, una respuesta por izquierda, eso recién lo decía Manuela, es significativa, sobre todo acompañando el levantamiento de las cuarentenas en el norte del mundo, incluso en muchos casos, como los propios Estados Unidos, de manera prematura, “facilitando” así la irrupción callejera.

Porque el mundo está como si dijéramos en“dos tiempos” en relación a la pandemia; comenzó en el hemisferio norte, donde continúa, pero llegó con cierto “delay” al sur del mundo (hemisferios que están en temporadas climáticas opuestas, por otra parte).

Donde se levantan las cuarentenas –más allá de lo correctamente sanitario o no del caso-, además de la llegada del verano, es como que hay una explosión de vida(mucho de lo que estaba reprimido, contenido por la artificialidad de la cuarentena, explota).

La rebelión popular en los Estados Unidos es una inflexión a izquierda de impacto mundial. Muchísimos “filósofos”–que son más bien opinólogos que charquean en vez de trasmitir ideas sustantivas[3]-, hablaban de que solamente podría haber “tendencias a derecha” como subproducto de la pandemia.

Y la pandemia misma fue un golpe por derecha, de tipo reaccionario, una enfermedad subproducto del capitalismo que al atrofiar la movilización popular, al dificultarla, al imponer el distanciamiento social por razones sanitarias, pero también ser instrumentalizada por los gobiernos desde el punto de vista político, da lugar a una sensación abrumadora, de temores sociales y eso.

En contraposición a esto, un dato muy significativo que habla de las tendencias en obra no sólo a la reacción sino también a la rebeldía,es el hecho que Estados Unidos explote por izquierda. Y ese dato es un dato político muy importante de alcance internacional. Después lo voy a retomar, pero el dato político es el siguiente: aunque no podemos saberlo a determinada distancia, aunque tenemos contacto con compañeras y compañeros de EEUU, aunque estamos siguiendo los acontecimientos pero todavía es muy difícil medirlo, es factible que la actual rebelión popular sumada al desborde de la pandemia, haya herido de muerte -o esté hiriendo de muerte- a Trump.

Y este dato es muy importante, fundamental para la coyuntura internacional que viene. Porque Trump, electo a finales de 2016 y que asume a comienzos de enero de 2017, marcó el punto culminante de un giro reaccionario global. Son hijos de Trump los Bolsonaro, los Piñera, todos los gobiernos reaccionarios que en el mundo hay. Y que el gobierno de Donald Trump, aun si hay mediaciones, si se intenta llevar todo al terreno electoral, etc., esté sufriendo semejante cachetazo desde la movilización popular en las calles, eventualmente es lo que les digo: configura una inflexión a izquierda, que aunque sea de manera más mediada o no, eso después lo voy a retomar, introduce un elemento nuevo: un elemento de izquierda de dimensión mundial.

Posiblemente en nuestro país, donde no se han desatado este tipo de movilizaciones, porque Estados Unidos impactó mucho en Europa, Australia, etc., no es que se desató una movilización en la Argentina o en otros países de América Latina, o en el mismo México, etc., ni tampoco en Brasil, aunque hay más movilizaciones en Brasil contra Bolsonaro; pero en el norte del mundo el impacto es inmenso.

Acá también hay un problema de temporalidades. Nadie puede decir, sobre todo en el caso de los manejos más genocidas, más darwinistas sociales de la pandemia, más de los negocios, negocios, negocios y nada de la salud, que más temprano que tarde dichos países estallen también. Nadie puede afirmar que si el proceso en Estados Unidos se profundiza, eso no golpee también de forma durísima a tipos como Bolsonaro[4].

Entonces, se abren acá toda una serie de definiciones que eventualmente es muy difícil de precisar hasta el final, que hay que ver su desarrollo. Pero que van todos exactamente al mismo lugar:posiblemente configure el ascenso de la lucha de clases más importante desde hace varias décadas en Estados Unidos. Un estallido que, obviamente, tenía antecedentes en la activación del movimiento Black LifeMatters, hace 4 o 5 años, que tiene antecedentes en lo que se expresa en las encuestas de un sector enorme de la juventud que simpatiza más con la palabra socialismo que con capitalismo, la propia campaña de Sanders, amén de la cobardía también de Sanders, que se termina bajando, yendo por dentro del Partido Demócrata y apoyando a Biden, pero más allá de él, lo que expresó por la base, por la juventud. Hay toda una serie de elementos. Además, que en Estados Unidos la palabra socialismo, que siempre tuvo tan mala reputación, empiece a cobrar peso en la juventud, son datos muy profundos del mundo que viene.

Esta es la primera cuestión. Es una rebelión histórica, una revuelta histórica. Todos los días se producen acontecimientos. Ayer estuve viendo la CNN. Obviamente son obamistas anti Trump, pero uno pone la CNN y saltan snapshops (instantáneas) de la rebelión: ayer había una movilización en Washington en contra de un general confederado para tirar su estatua, cerca de la Casa Blanca (lunes 22 de junio). Todos los días la pantalla televisiva nos entrega“grageas revolucionarias”. Es evidente que es una cosa profunda lo de las estatuas, lo de desfinanciar la policía; son todos fenómenos que hablan de una profundidad, que nos permiten poner el “termómetro” en la cuestión.

El contexto del estallido

Una segunda cuestión tiene que ver con las causas de la rebelión. La trinidad esclavismo, segregacionismo, racismo, que hoy en día es más bien racismo pero estructural, como dicen los propios analistas en Estados Unidos, ha producido oleadas de rebeldía, de motines históricamente. Y también ha producido acontecimientos en los cuales no hay consecuencias; se asesinan personas de color a granel y no pasa demasiado. Es decir: no siempre estalla todo. Evidentemente para que esto haya estallado en rebelión popular tiene que haber una serie de causas profundas operantes por atrás.

La primera causa ya la nombramos pero es importante entenderla: se trata de la pandemia. Los gobiernos son todos capitalistas. Lo hemos explicado en las Jornadas de Pensamiento Socialista;la pandemia no es un acontecimiento puramente natural sino social. Se ha generado en la inter-fase entre producción en masa de alimentos sin ningún control sanitario, al lado de megalópolis sin ninguna planificación urbana. O sea:producción masiva de aves de corral al lado de ciudades masivas, lo que expande el contagio internacionalmente. Y sumado a esto, el desastre del sistema sanitario. Pero no en todos los casos los gobiernos se animan a ser tan genocidas como en los Estados Unidos –o son tan anárquicos en el tratamiento de la pandemia-. El caso argentino, por ejemplo, el gobierno no se ha animado a hacer eso, lo que es una conquista, más allá que ahora los casos estallan por las continuas concesiones al empresariado. Pero más allá de toda su orfandad, de su desorden, de sus idas y venidas, de sus concesiones a los capitalistas, es evidente que en la Argentina un gobierno como el de Fernández expresa otras relaciones de fuerzas, lo que se refleja en el curso de la pandemia –insistimos, al menos hasta ahora-. Es evidente que en los Estados Unidos se partió de otras relaciones de fuerzas para que la principal potencia mundial tenga el bochorno de tener 130 mil muertos en este momento; relaciones de fuerzas que la rebelión misma está poniendo en entredicho.

Un analista marxista escribió -en una de las tantas notas aparecidas estas últimas jornadas- que el estallido de la movilización tiene mucho que ver con la identificación masiva con el desprecio a la vida de la población de color; ellos también sienten su vida despreciada por el tratamiento de Trump de la pandemia. El Black LivesMattersse podía traducir, también, enLa vida de todos los trabajadores, las mujeres y la juventud importa.

Hay un evidente elemento antirracista en el levantamiento, pero también un elemento popular más generalcontra el desprecio profundo de la clase capitalista norteamericana a la población trabajadora. El desprecio y el tratamiento genocida de la pandemia. Hay una cosa como de empatía, de sensibilidad con el tema racista. Toda persona con sensibilidad no puede dejar de ser tocada por un asesinato a sangre fría, rodilla en cuello, transmitido en directo a todo el país y todo el mundo, cuando, además, el método de la rodilla en el cuello para reducir a los detenidos es un método institucionalizado, reglamentado, en la policía estadounidense: la asfixia con la rodilla en el cuello fue exactamente el método que mató a Eric Garner seis años atrás, pronunciando exactamente las mismas palabras: “¡No puedo respirar!”

Pero además, es un levantamiento contra el desprecio de la clase capitalista por la salud pública, por la salud de la población. Y, junto con esto, es la respuesta del movimiento de masas al gobierno del zángano de Trump. Zángano en el sentido de hiper reaccionario, impune, en el sentido de propagar políticas de división entre los de abajo, de odio, de resentimiento social, también de darwinismo social: “(…) yo no creo que la gente esté participando solamente por los abusos de la policía. Creo que se movilizan por lo que decía recién, por la impunidad general de la autoridad, empezando por el presidente de los Estados Unidos, que podría hacer todo lo que quiere sin consecuencias y la gente lo va a apoyar. Es eso pero creo que se trata más de un sentimiento que el pueblo tenía antes de que estos dos hombre fueran asesinados [el autor se refiere a George Floyd y una persona de color asesinada unos días después que él]. Que a nadie le importa si mueren. Que la muerte de alguien que no forma parte de la clase dominante, que sus vidas son descartables” (“Raza y clase en la revuelta de Estados Unidos”, entrevista a Warren Montag, LID, 14/06/20).

La prédica de Trump es divisiva. Pero no es solamente divisiva a nivel de la burguesía, que se queja que es divisiva:es divisiva entre los de abajo. Es divisiva entre la población blanca, los ex-trabajadores, los despedidos, que le echan la culpa a los extranjeros, es divisiva con los latinos, a los cuales no se les quiere permitir que los dreamers(que son los chicos nacidos en Estados Unidos hijos de inmigrantes) puedan obtener la ciudadanía, porque son los que “les quitan el trabajo”, es divisiva en relación a la población negra. Y la rebelión popular es lo opuesto:es unir, es solidaria. Es la unidad y la solidaridad entre los de abajo frente a la política divisiva de Trump y los de arriba. Entonces, la rebelión popular también es una respuesta al reaccionarismo del gobierno.

No se producen rebeliones todos los días, hay una serie de condiciones. Hay que ver bien si esto es una rebelión popular o es una “mera revuelta”. No sabemos hasta dónde va a seguir. Pero cuanto más profunda sea es porque las causas que la han detonado son más profundas. Tenemos la pandemia que posiblemente para el público argentino sea más difícil de entender completamente en sus consecuencias trágicas, pero posiblemente para el público brasileño, donde ya se pasó la cota de 50.000 muertos, sea más fácil de entender, o para los italianos, o para quienes hayan visto los entierros en cementerios, las fosas NN:el desprecio en acción. La pandemia, sin lugar a dudas, como elemento condicionante y como conmoción histórica. Por esto puede que algunos “filósofos” crean que lo único que se viene es un mundo sea más control social, cibernético, etc., una suerte de “modelo China”, más reaccionario, pero puede también que se venga un mundo de rebeldía, rebelión y revolución contra semejantes circunstancias.

Entonces, tenemos la pandemia y tenemos la respuesta al giro reaccionario de Trump entre las causas. Y también tenemos la crisis económica de la que tocaremos sólo uno o dos fenómenos. Subrayar los despidos en masa en EEUU, 40.000.000 de personas que han pedido seguro de desempleo. Pero, además, sabemos que internacionalmente la crisis económica se aplica todavía más ferozmente sobre la juventud. En EEUU hay que ver las cifras en la juventud y en la población negra, siendo la población negra la más golpeada a nivel sanitario.

Sin embargo, desde el punto de vista de la pandemia laboral mundial, la juventud como tal sufre un impacto muy grande. También ahí hay una crisis en desarrollo de la que no se saben los alcances todavía. Hay una cosa que la podemos ver de manera simpática: leí declaraciones de gente joven que decía: “Bueno, no estamos haciendo nada, nos echaron del trabajo, vamos a la movilización”. Hay mucho tiempo libre. También se combinan otros elementos de cuando llega el verano (más allá de lo sanitario),está el deseo de salir de una vez del encierro (¡atención para otros países del mundo en circunstancias semejantes!).

No es casual que todos estos elementos de conmoción social, sanitaria y económica que han causado la pandemia y la crisis económica puedan explicar, sumando todas las injusticias acumuladas, la explosión. Siempre, y ahí volvemosa los procesos históricos, hay una fase de acumulación. Relaciones de explotación y opresión que son tremendas en EEUU. La acumulación inercial de injusticias es inmensa. Pero para que esa acumulación de injusticias, opresión, desigualdad y maltrato se traduzca en una rebelión popular,debe haber un conjunto de elementos. Acá hay un elemento que educa para la perspectiva internacional en los próximos meses, aunque nada es mecánico, que es qué pasa si administrás la pandemia de manera genocida. Si cedés demasiado a las presiones de los empresarios, que es un dato político, además de lo sanitario, tenés una imagen que es EEUU. Es obvio que no hay manera de separar las frustraciones, los temores, las dificultades, las injusticias, la acumulación de problemas de arrastre, sumados a la pandemia para la explosión de la rebelión popular. Ese es el segundo elemento.

La ola de rebeliones populares no se detiene

Vayamos al tercer elemento. En primer lugar, lo más profundoes que el capitalismo tiende a sumar una totalidad de cuestionamientos como fenómeno internacional. Venimos desde hace unos años, incluso cuando asumió Trump, de una tendencia internacional del movimiento de mujeres, un cuestionamiento por izquierda a las relaciones de opresión de la mujer. Con carácter internacional, con el paro mundial de mujeres, etc., y que tiene un elemento que por la vía de cuestionar al patriarcado, una institución que es connatural al sistema de explotación, cuestiona al capitalismo, en cuanto que capitalismo patriarcal. El movimiento de mujeres tiene un elemento político, internacional, de totalización. Después, en los últimos años, comenzó a emerger otra totalidad, sumamos otra cara, la del problema de la destrucción capitalista de la naturaleza, otra cara, otra totalidad. Ahora sumamos otro elemento que impacta más en los países imperialistas que fueron países esclavistas (aunque Brasil fue esclavista y no es imperialista), otro elemento estructural, el racismo estructural. La condena a la esclavitud y sus símbolos. Esos elementos que, además, son internacionalistas, que dan lugar a una sensibilidad que atraviesa los países, las fronteras, que dan lugar a la lucha internacional, son elementos todos que exceden lo meramente reivindicativo, sindical; son elementos de tipo político. Eso es importante y profundo.

Y se agrega un elemento más que es que tiende a generarse también cierto movimiento internacional de la juventud precarizada. El proceso de rebelión popular de EEUU atañe a todos los sectores sociales, pero tiene un componente juvenil, un componente del movimiento negro y un componente de juventud precarizada. Capaz exagero un poco, pero tiene una suerte de tendencia a cuestionar la precarización laboral de la juventud de manera más global, internacional. No es casualidad que este 1º de julio haya habido una suerte de paro internacional de aplicaciones, que, bueno, no es un paro internacional del conjunto de los trabajadores todavía, claro. No es que haya una conciencia internacionalista de la clase obrera. Eso es mucho más difícil. Y en las generaciones más grandes, mucho más difícil (les puede parecer “abstracto” cualquier medida de lucha internacional).

Sin embargo, que haya un paro internacional de las aplicaciones es interesante, con lo cual lo que estamos viendo es una combinación de fenómenos donde hay una tendencia a la radicalización de la juventud y a la emergencia internacionalista de movimientos de lucha que tienden (aunque sin ser del todo consecuentes) a cuestionar el capitalismo.

Ahí el elemento más difícil es la clase trabajadora como tal, la clase obrera como tal, la sindicalizada o no sindicalizada, etc., la clase obrera más grande, con familia e hijos, más presa en las condiciones de explotación y del reino de la necesidad, más presa de llevar el salario a la casa al otro día, etc. Ahí es más difícil, y eso sigue siendo una dificultad. No estamos viendo todavía un ascenso mundial de la clase obrera; en ese sentido no se parece a los 70, en el sentido que el centro sean las ocupaciones de fábricas, movilizaciones obreras radicalizadas, huelgas laborales generales, o tipo Mayo Francés; todavía eso no es así.

Pero es significativo que la rebelión popular sea el vehículo de una serie de procesos de radicalización de la juventud y la juventud trabajadora y del movimiento de mujeres, del movimiento ecológico y del movimiento contra la opresión de la población de color. Es un elemento que se suma a una dinámica internacional anticapitalista; si se quiere todavía muy mediatizada, con un montón de ingenuidades, telarañas. Obviamente, todavía no es una ola revolucionaria mundial, pero es un proceso que no para.

El fenómeno internacional de las rebeliones populares, que en su momento había comenzado en América Latina a comienzos de los años 2000, luego se diluyó un poco, por supuesto que el capitalismo continuó, después vino la primavera de los países árabes, también se diluyó. Hubo golpes reaccionarios, contrarrevolucionarios, también hubo movimientos como Occupy Wall Street, los Indignados. Pero el año pasado la rebelión popular dio la vuelta al mundo, y termina ahora en los Estados Unidos, ni más ni menos.

Entonces, conviven dos tendencias muy polarizadas; las dos se sostienen. Si vos leés a los filósofos, incluso de “izquierda”, la única tendencia que ven es la reaccionaria, que está presente, que si se quiere hay más conciencia en determinados sectores burgueses que tienen que imponer más derrotas a las masas. Pero eso convive con otra tendencia, que habitualmente no se ve, que no se corta, que tiene continuidad, que tiene permanencia y que se profundiza, que es latendencia a la rebelión popular. Entonces, es interesante esta cuestión porque habla de que hay dos procesos del desarrollo y una eventual radicalización.

Imágenes revolucionarias

Eso de una eventual radicalización me lleva a una cuarta cuestión: las imágenes revolucionarias que nos está devolviendo la rebelión popular en Estados Unidos. Hay 2 o 3 cosas que son significativas, eventualmente más significativas para nosotros, quizás, que tenemos la mayor parte de la corriente fuera de Estados Unidos. Es muy significativo el debate sobre la policía. Independientemente que no debiera concentrarse solo ahí el debate, porque si se mantiene exclusivamente ahí, es muy limitada la cosa. Pero es significativo, como tal, que el debate se concentre en una de las instituciones represivas por antonomasia en condiciones civiles fuera del ejército(o, en el caso de Estados Unidos, en Argentina no hay exactamente eso, en la Guardia Nacional).

Aquí hay varias cosas. Me llamó la atención la siguiente: un activista que habla de las relaciones de fuerza con la policía dice: “Por primera vez en décadas, en las movilizaciones, fuimos más que la policía”. Es una cuestión profunda. Uno en general no lo piensa así. Viniendo de la militancia en la Argentina, o eventualmente viniendo de la militancia en Francia,por ejemplo, que también tenemos compañeros de la corriente y yo conozco bastante la lucha de clases en dicho país, aunque por ejemplo no es así Brasil tampoco en los últimos años, en general los que nos movilizamos somos más que la policía. Obvio, la policía tiene gases, tiene balas, tiene balas de goma, te pega, tiene hidrantes, te saca eventualmente, o no, como en las Jornadas de diciembre del 2017 en Argentina, donde fue ampliamente desbordada por la movilización. Pero, en general, los que nos movilizamos somos más.

Ahora, ¿qué pasa cuando la policía, además de tener toda esta “artillería” que tiene habitualmente en Argentina o en Estados Unidos, es más cantidad que vos? Para un militante revolucionario trotskista argentino o francés, es una pregunta que ni se hace. Pero cuando vos, sistemáticamente a lo largo de décadas, tenés más canas que movilizados,es otra cosa la relación de fuerzas. Y me llamó mucho la atención algunos artículos que decían:“Nos sentíamos chochos, éramos muchos más que los milicos”. Eso establece una relación de fuerzas desde el punto de vista material, estomás allá de que después los milicos te reprimen, te tiran balas de goma, te barren, volvés, etc.

Pero si es muy masiva la movilización, ahí vienen las dudas, la división de la burguesía yankee: si conviene reprimir o no, toque de queda o no y también el desafío al toque de queda. Que sí, ocurrió meses atrás en Chile, es extraordinaria la rebelión; pero es Chile. El desafío al toque de queda en Estados Unidos, que largás el toque de queda y más gente sale a la calle, eso es otra historia, es histórico porque es Estados Unidos. Aunque después la movilización se hizo más pacífica, no es que todo eso no actúa. Son cosas profundas de la lucha de clases y de la lucha de calles. Relaciones de fuerza que no tienen representación. Eventualmente se agotan ahí. Y hace falta representación política, partido y conciencia.Pero la lucha de calles ya establece otra relación de fuerzas. Y una nueva relación de fuerzas hasta en cosas muy sencillas: “Por primera vez en años éramos más que los milicos”, eso es significativo: “La policía siempre era superior numéricamente y siempre era más poderosa. Este no es el caso ahora (…) Porque tienen la experiencia de superar a la policía e incluso cuando hay un gran número de policías y ahora tienen (…) el sentimiento del poder de las masas y como las masas en tanto masas pueden prevalecer por sobre gente con armas. Todos sabemos que hay ejemplos y creo que la gente tiene esa confianza. Quiero decir, esta semana he visto cosas que no había visto en los 60 (…), cosas como la multitud yendo a rescatar a sus compañeros y compañeras de la policía, empujando y tomando a la policía del cuello, nadie en los Estados Unidos haría eso sin esperar recibir un tiro” (Montag, ídem).

Después está todo el debate de la policía propiamente dicha. Yo no recuerdo, pero por ejemplo en la Argentina hemos pasado por varias rebeliones populares y ninguna discusión real más allá del trotskismo, sobre no financiar o disolver la policía –en realidad, lo del financiamiento como tal nunca se planteó, es la Argentina, un país mucho más pobre-. E incluso acá, varias corrientes del trotskismo en la Argentina o por ejemplo Brasil, hablan de la sindicalización de la policía, “formar sindicatos de policías”, que es lo más de derecha que hay, lo más fascista que hay, porque los que más defienden a Derek Chauvin y a todos los asesinos de gente de color en Estados Unidos,son los del sindicato policial, que es una porquería, no sirve para nada esa consigna, es de derecha. No son trabajadores, son la cana, no son trabajadores, son represores.Y los “sindicatos” de policías los defienden en sus condiciones de represores, los defienden como cualquier corporación profesional conservadora, reaccionaria, nada que ver con un sindicato de trabajadores. Ahora, otra discusión es la disolución de la policía. Y otra imagen revolucionaria es la confraternización. Porque la confraternización en condiciones de rebelión popular, divide, desmoraliza y debilita a la fuerza policial o a la guardia nacional. Es mucho más compleja la lucha de clases. Está en la tradición revolucionaria de la Revolución Rusa, por ejemplo, la confraternización[5].

Mirá también:  Estados Unidos: La huelga de la General Motors y la situación de la clase obrera

Entonces, son discusiones que no son secundarias, más allá de que es muy difícil evaluar su dinámica. Porque las instituciones de Estados Unidosson instituciones demasiado grandes, demasiado establecidas. Es muy difícil evaluar el grado de hasta dónde llega la rebelión. Además, hay ya un proyecto de ley demócrata para vaciar de contenidola reivindicación contra la policía con dos, tres cosas totalmente secundarias, anodinas. Pero, en fin, lo que tenemos ante nuestros ojos en la rebelión en Estados Unidos,son imágenes revolucionarias.

Después hay otra imagen revolucionaria que es el tema de las estatuas. Tirar abajo las estatuas te está diciendo: la historia no está escrita. Uno ve la estatua de Roca -un “prócer” argentino que condujo la masacre de la población originaria en la “Campaña del desierto”-, y siempre está ahí (no sé si la sacaron, creo que no). O en el caso brasileño, los Bandeirantes, que eran unos tipos que masacraban a la población originaria y negra para extender las fronteras de la “civilización” en Brasil. Uno ve esas estatuas toda la vida y las tiene naturalizadas. Porque las estatuas marcan representaciones del mundo en la conciencia de la gente, del público en general. ¿Una estatua qué es? Es la escritura de la historia por parte de las clases dominantes.¿Hay estatuas de Marx, Engels, Lenin, Trotsky o los mártires de Chicago, por ejemplo?¿O de Rosa Parks? Alguna debe haber en Estados Unidos sobre Parks, seguramente[6]. Pero si uno pregunta fuera de Estados Unidos quién es Rosa Parks, nadie sabe. Sin embargo, sobran estatuas de los estadistas burgueses, de esclavistas, de represores y explotadores y colonizadores, y de personajes de esta calaña. Por eso tirar abajo las estatuas de los esclavistas es profundo, coloca una reescritura de la historia.

Incluso hay un debate en Estados Unidos, que también refleja una cuestión profunda, que es que hay un cuestionamiento para quitar de la grilla “televisiva” a Lo que el viento se llevó. Una película que es un clásico, que hace un homenaje a los Confederados del Sur. Además, hay 1.100 o 1.500 estatuas en Estados Unidos de los Confederados, de los esclavistas. Y existe toda una serie de fuerzas reaccionarias, racistas, supremacistas, que las defienden, empezando por Trump: “El presidente republicano (…) denunció ‘el nuevo fascismo de izquierda’ y acusó a los manifestantes de realizar ‘una campaña despiadada para borrar nuestra historia, difamar a nuestros héroes, borrar nuestros valores y adoctrinar a nuestros hijos (…) Las turbas enojadas están tratando de derribar las estatuas de nuestros fundadores, desfigurar nuestros monumentos más sagrados y desatar una ola de crímenes violentos en nuestras ciudades” (LaNación, Argentina, 5/07/20).

El cuestionamiento a las estatuas cruzó el Atlántico y llegó a Bélgica, por ejemplo, cuestionando a Leopoldo II, que fue un gran esclavista en el Congo en la segunda mitad del siglo XIX. Incluso a Churchill, que es una institución en la Inglaterra post Segunda Guerra Mundial, que era un racista y un fanático anti-bolchevique.

Lo de las estatuas es muy profundo, está diciendo: “No, acá la historia está mal escrita”. Y es una cosa importante, como un alerta a los capitalistas que se creen “vencedores”, de que la lucha sigue, que la lucha no termina. Mientras que haya lucha de clases no se sabe bien, exactamente, cómo “concluirá” la historia. Aunque la clase dominante parece que escribe la historia, en realidad la historia no está escrita, no se terminó de escribir. Entonces, bueno, este es otro elemento de las imágenes revolucionarias que nos devuelve la rebelión popular: “Borrar a León Trotsky de las imágenes oficiales soviéticas bajo el estalinismo fue otra forma de damnatiomemoriae (condena de la memoria), e inspiración para la obra 1984 de George Orwell. Escribió que en el Estado ficticio de Oceanía el pasado se había reescrito por completo: ‘Estatuas, inscripciones, piedras conmemorativas, los nombres de las calles, cualquier cosa que pudiera arrojar luz sobre el pasado había sido sistemáticamente alterada” (Enzo Traverso, “Historia y memoria. Derribar estatuas no borra la historia, nos hace verla con más claridad”[7]).

Podríamos decir que el actual derribo de estatuas, en sentido justiciero y no contrarrevolucionario, es una reescritura de la historia desde los de abajo.

Esclavitud, segregacionismo y racismo

Bueno, para ir avanzando, tengo 3 o 4 cosas más. Una cuestión muy importante, estructural, tiene que ver con entender un poco cómo es la cuestión, cómo lo puedo decir para que se me entienda, que los países imperialistas son países donde hay una cosa que rompe con el sentido común: los sectores oprimidos, eventualmente, son más oprimidos y más explotados -en términos relativos, es decir, en relación al resto de las clases- que en los países dependientes.

No es exactamente así, pero para que me entiendan que en los países imperialistaslas relaciones de opresión y explotaciónson pesadas, son terribles, muy profundassalvo, claro está, en las capas que desde Lenin se identifican como “aristocracia obrera”, que son los sectores mejor pagos tributarios de la explotación imperialista que, de todos modos, hoy habría que ver en qué quedaron[8].

Estados Unidos es la principal potencia imperialista de los últimos 100 años(ahora hay que ver qué pasa con China, etc., no voy a entrar en eso). La burguesía yanqui es poderosísima. O sea:es un país imperialista,colonialista hacia afuera de Estados Unidos y hacia adentro también. La situación de “sometimiento colonial”, aunque lo ponga entre comillas, es más compleja que la mera situación de asalariado-explotado. Al asalariado-explotado el capitalista le estruja su trabajo, se lo afana, es explotado; pero si vive en un país donde no hay una dictadura totalitaria, saliendo de la fábrica formalmente tiene derechos. Un compañero o compañera de color, que está en su propio país, donde nació, Estados Unidos, como si estuviera en una colonia, además de ser súper-explotado económicamente como trabajador, sale del trabajo y por su color de piel, en los hechos reales,no tiene ningún derecho, está doble o triplemente oprimido (es una suerte de “extranjero” en su propio país). Ustedes se imaginan que en una“situación colonial” hay explotación;pero también hay “sometimiento nacional”: “Si los Estados sudistas de EEUU de posguerra no se rigen en sentido estricto por una política de apartheid como la que sufrieron Gandhi y después Mandela en Sudáfrica, la segregación racial impuesta por las leyes JimCrow reduce a los negros estadounidenses a la condición de pueblo colonizado” (“Es posible la no violencia? Gandhi, Luther King, Mandela”, Sylvie Laurent, Viento Sur[9]).

Dicho de manera un poco extrapolada, es como si la población de color en los Estados Unidos, aunque al mismo tiempo hoy en día se identifique más con el país-una cosa contradictoria, compleja, profunda-, aunque esté más o menos integrada y/o “asimilada”,vive en una situación “colonial”-para decirlo de alguna manera-.

El sentimiento de injusticia por sufrir esta “colonización” se hizo “carne viva”, por ejemplo, en las guerras mundiales y en la guerra de Vietnam, donde los jóvenes soldados de color fueron enviados a combatir por su país, Estados Unidos, pero además de la discriminación vivida en las propias filas militares, tuvieron la contradicción de entregar su vida por un país que a lo sumo los reconocía -¡y los reconoce!-como “ciudadanos” de segunda o tercera categoría.

La asimilación a los EEUU de la población afroamericana remite a cuánta “nostalgia” tienen en relación a su continente de origen, África, cuánto reflejo tienen todavía hoy de un sentimiento de autodeterminación como “nación” dentro de Estados Unidos, o, simplemente, cuánto se sienten “asimilados” a un país que identifican como propio y, así y todo, los discrimina estructuralmente.

Un arco de posibilidades que va, en definitiva, desde los derechos de autodeterminación como población negra hasta el reconocimiento de derechos políticos sustantivos:desde el fin de la opresión nacional al fin del racismo estructural[10]: “El punto de vista de los camaradas norteamericanos no me parece totalmente convincente [los trotskistas norteamericanos a comienzos de los años 30 reducían las consignas contra la opresión a la gente de color a la “igualdad política” formal sin reconocer los derechos de autodeterminación] (…) Nosotros, por supuesto, no obligamos a los negros a convertirse en una nación; si ellos lo son, entonces eso es una cuestión de su conciencia, esto es, de lo que desean y por lo que luchan. Nosotros decimos: si los negros quieren eso, entonces nosotros debemos combatir en contra del imperialismo hasta la última gota de sangre, para que ellos ganen ese derecho, donde sea y como sea que quieran tomar un pedazo de tierra para ellos (…) hoy los trabajadores blancos son los opresores con relación a los negros, son canallas, que persiguen a los negros y amarillos, los miran con desprecio y los linchan (…) Un criterio abstracto no es decisivo en este asunto, mucho más decisiva es la conciencia histórica, sus sentimientos y sus impulsos (…) Los negros pueden ser educados desde el punto de vista de una clase solamente cuando el trabajador blanco esté educado” (León Trotsky, “León Trotsky y la opresión de los negros en Estados Unidos”).

Una situación de explotación multiplicada por la opresión;una situación de subordinación multiplicada por la opresión, el color de piel y la ubicación de clase. Hay una nota interesante de MonthlyReviewque señala que una de las discusiones más superfluas en los Estados Unidos es si la condición de clase o de color de piel es la determinante cuando, en realidad, no hacen más que combinarse: el color de piel ubica a la poblaciónnegra en el último escalón social(y, además, hace pasibles a la gente de color de un tratamiento bestial).

En un sentido similar, y subrayando que no debe servir como atajo para perder de vista la centralidad del criterio de clase, podemos decir con Kevin Anderson: “Marx desarrolló una teoría dialéctica del cambio social que no era unilineal ni exclusivamente clasista. Al igual que su teoría del desarrollo social fue evolucionando hacia una dirección más multilineal, su teoría de la revolución, con el correr de los tiempos, empezó a centrarse cada vez más en la interrelación de la clase con la etnicidad, la raza y el nacionalismo. Marx no era un filósofo de la diferencia en el sentido posmoderno del término, en la medida que la crítica de una sola entidad englobante, el capital, era central en toda su empresa intelectual. Pero centralidad no quiere decir univocidad o exclusividad. La teoría de la madurez de Marx, gira en torno al concepto de totalidad, que no sólo ofrece un lugar considerable a la singularidad y a la diferencia, sino que puede también hacer que estas particularidades –la raza, la etnicidad y la nacionalidad- sean determinantes para la totalidad” (“Los escritos de Marx sobre la guerra civil, 150 años después”).

Hay toda una historia. Es como que al problema de clase se le suman elementos de “estratificación”. Se suman los dos, sobre todo entre la población de color, aunque también le ocurre a la población latina, y aunque no sea exactamente igual, claro está, también han sufrido –y sufren- “cachetazos”, masacres y/o linchamientos los trabajadores blancos, claro está[11].

Digamos esto respecto de la esclavitud: hubo una conquista histórica que fue abolirla formalmente después de la guerra civil norteamericana, a su final en 1865. Después estuvo la fase, que no tengo tiempo de desarrollarla, que se llamó las leyes de“segregación raciales” JimCrow, que fueron leyes establecidas sobre todo en el Sur de Estados Unidos, pero también en el Norte que, con una hipocresía característica y cínica, afirmaban que los blancos y los negros estaban “unidos en la diferencia”: los hombres blancos podían ir sentados en los autobuses y las mujeres de color tenían que ir al fondo, y si había un hombre blanco parado, tenían que pararse y dejarles el lugar. Es decir, existía discriminación en el transporte público, así como en los colegios, universidades, hospitales, baños públicos, etcétera… Es decir: servicios de primera para los blancos y de segunda o tercera para los negros, amén de estar divididos en dos (un sistema de segregación en todos lados, hasta los bares, por el color de piel).

Y después que se derrotan las leyes de segregación racial con lashistóricas luchas de los derechos civiles de los años 60, continúa este elemento de racismo estructural, que es funcional a la clase dominante, que es una discriminación endémica por el color de piel, una discriminación social y política e ideológica por el color de piel, que divide a la clase obrera.

Pero, además, hay otro problema aún más profundo: haber sido esclavo y venir de una condición de esclavitud, en tu amor propio, en tu autoestima, en tu autodeterminación, en tu subjetividad, es muy duro;no es fácil sobreponerte. Tengan en cuenta que los esclavos no tenían derecho a nada, ningún punto de referencia para forjar su subjetividad, de ahí que hayan habido pocas rebeliones de esclavos en la historia: no tenían derecho a formar familia, a tener pareja, a considerar sus hijos como tales, eran descartables, las jornadas laborales interminables, estaban dispuestos para ser usados y desechadosy no eran dueños de su propia vida, ni de nada, de ningún mueble, de ningún bien, de ninguna casa; nada alrededor de lo cual estructurar la personalidad[12].

Un caso clásico antes de la Guerra de Secesión (1861-1865), comentado oportunamente por Marx, es la de Dred Scott, un esclavo que apeló a la Corte Suprema por su libertad ante la muerte de su dueño en un territorio libre de esclavitud y ésta se la negó: “Se sentó como principio que el esclavo no era un ciudadano con derecho a justicia, sino era una forma de propiedad como la de cualquier animal cuyo dueño puede llevarla consigo o transportarla a cualquier punto del país, debiendo el gobierno proteger su uso y disfrute como el de toda propiedad (…)” (Karl Marx, “La cuestión americana en Inglaterra”, New York DailyTribune, 11 de octubre de 1861, escrito en Londres el 18 de septiembre de 1861[13]).

Sobre todo si esas relaciones de desigualdad perviven, es sobreponerte a otra determinación más (un doble o triple esfuerzo que se suma a tu condición de explotado): “(…) la preocupación de Marx no era sólo explicar esta falsa conciencia [el autor se refiere a la falsa conciencia de los sectores pobres blancos racistas del Sur]. Era también la de examinar la posibilidad de una nueva forma de subjetividad revolucionaria que podía surgir de las profundidades del sistema social del Sur, algo que durante cientos de años las clases dominantes se empeñaban en impedir sin descanso: la posible alianza entre pobres blancos y esclavos negros. La misma guerra podía revertir las antiguas relaciones sociales del Sur, permitiendo aparecer tales contradicciones sociales” (Kevin Anderson, “Los escritos de Marx sobre la guerra civil, 150 años después)[14].

Esta hipótesis finalmente, no se dio, porque pasada una década de radicalización posteriormente a la guerra civil, las burguesías del Norte y del Sur se unieron para dar un abrupto giro hacia la derecha en los Estados Unidos habilitando, por ejemplo, que el Sur vuelva a ser asolado por bandas fascista blancas y que los sectores dominantes ex Confederados siguieran explotando los sentimientos de resentimiento social redirigiéndolos contra la población negra ex esclava. El KuKluxKlan surge de esta forja social contrarrevolucionaria: “Alarmados ante la vista de negros libres, antiguos oficiales y soldados de la Confederación formaron milicias y patrullas destinadas a defender a las familias blancas de morbosas amenazas imaginarias, a negar la tierra o la caza a los libertos y a asegurar que siguieran disponibles para el trabajo. En Washington, el nuevo presidente compartía o toleraba esta reacción blanca del Sur, dictando miles de perdones para los oficiales confederados” (Robin Blackburn, “El Estado de la Unión. Marx y la inacabada Revolución americana”[15]).

La otra historia de Estados Unidos, de Howard Zinn, un clásico de “historia desde abajo”, reflejaba una persona, un compañero o compañera de color, que decía que se sentía “infectado”, se sentía como una persona infectada, “como que estoy infectado y no puedo sentarme con un blanco”… Imagínense que el problema de la opresión nacional por el color de piel, multiplica el grado de subordinación(o sea, hay que sobreponerte a más elementos adversos que en un país sin opresión nacional).

Entonces, en Estados Unidos,esto ha servido, sirve, para dividir a la clase obrera. En Estados Unidos tenemos tres “componentesnacionales” en la población: los trabajadores blancos, los trabajadores negros y los trabajadores latinos; esos tres componentes de la clase trabajadora la burguesía los ha maniobrado históricamente para dividir.

¿Cómo divide? El blanco es explotado, y hay sectores de trabajadores blancos con conciencia de clase, claro. Pero también hay un sector más atrasado de los explotados, por ejemplo los que votan a Trump. Luego tenemos la población negra, el racismo estructural. Y,finalmente,la población latina,que es una persona “inestable”, que no tiene derechos formales de ciudadanía, que vive ilegalmente,escondida en gran medida(solamente una parte tiene derecho a la ciudadanía y la otra parte está “en oscuro” por así decirlo, trata de no darse a conocer de ninguna manera).

Yo conozco bastante Centroamérica. Cuando una persona de Honduras, por ejemplo, va a los Estados Unidos a buscar trabajo, está ilegal en los “Estados” (como se refieren sus habitantes comúnmente a los Estados Unidos) durante años, y por lo tanto, no puede volver a su país, ver a sus hijos, verlos crecer, etcétera.Porque si salen no pueden volver a entrar(porque en Estados Unidos viven como ilegales).

Y todo esto por no hablar de los sufrimientos por los que pasó la población asiática, los campos de concentración para la población japonesa-estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, otro tanto de enormes discriminaciones e injusticias.

Esto es algo que no conocemos en nuestros países latinoamericanos. Conocemos otras cosas. Conocemos en Bolivia, por ejemplo, la cuestión de la población originaria. Conocemos otra forma de opresión. Pero esta forma de opresión particular en los países imperialistas tiene su especificidad que es, por ejemplo,una clase obrera blanca educada en el resentimiento racial. Y, simultáneamente, la clase trabajadora negra educada en la esclavitud, en la sumisión, mientras que la clase trabajadora latina está, en general, en“oscuro”, está ilegal, y entonces tiene un frenazo terrible –aunque años atrás hubo una huelga general latina un 1ro de Mayo-.

La cuestión es que esto hace a una estructura de clases determinada. Esla combinación del problema nacional y el problema de clase. Por eso la estructura de clases es más compleja y más rica. Como lo es también el problema de la mujer, que también combina elementos de opresión de la mujer con elementos de la doble o triple opresión en la mujer trabajadora. Si uno lo aprecia,la cosa es pesada porque es Estados Unidos. Son “capas geológicas” de súper explotación y opresión nacional; son relaciones sociales profundas que están inscriptas en la vida, en el cuerpo de la gente. Por supuesto que, al mismo tiempo, genera luchas tremendas, genera luchas históricas.

Un ejemplo que quiero agarrar acá es de Howard Zinn: una redada sobre la población negra en el año 62, en el Sur del país, en pleno auge de los derechos civiles en Estados Unidos. Eran tan masivas esas movilizaciones que empezaban a irlos chicos y chicas negras muy chiquitos. Entonces, estaba el sargento anotando el nombre a cien personas que habían detenido y de repente se le para un nenito de 8 años y el tipo le pregunta: ¿Y vos cómo te llamas? Y el nenito le responde: Libertad. O sea, está buenísimo: el nenito de 8 años le dice en la caraal sargento yo me llamo Libertad.

Es hermoso y muestra también lo profundo que es la cosa. Libertad, una palabra importante que a veces en el marxismo perdemos de vista, es decir,el par igualdad-libertad (El marxismo de Marx y Engels); la dialéctica entre ambos conceptos. Este nene le dice en la cara al sargento blanco: yo me llamo Libertad[16].

Entonces, este problema, es difícil transmitirlo,este problema de las relaciones de explotación y opresión en un país imperialista, sobre todo en un país imperialista como Estados Unidos, con semejante tradición institucional, semejante estabilidad, son pesadas. Son relaciones estructurales pesadas: el régimen político es “pesado”, tiene mucha estabilidad, son difíciles de sacudir, requieren luchas históricas como la que estamos viviendo, como las que se han vivido siempre.

Es como un manual de decir: sí, las conquistas se obtienen con la lucha, porque si no, ni en figurillas una conquista. Es un manual de eso Estados Unidos. En realidad, hay una tradición inmensa de la lucha de clases en Estados Unidos, del movimiento de mujeres, de la clase obrera,de la juventud, del movimiento negro, incluso de corrientes socialistas con peso masivo a comienzos del siglo XX (ver el caso de Eugene V. Debs, líder socialista varias veces candidato a la presidencia).

En las últimas décadas esto se perdió –o quedó oculto, más bien- porque hubo 40 años de retroceso. Pero esto nos lleva de vuelta a la misma idea: si la rebelión que se está viviendo actualmente significa un renacimiento de la lucha de clases anticapitalista y eventualmente socialista en los Estados Unidos, será histórico, porque es –será- profundísimo. Pero hay que ver,primero,hasta dónde llega: “Después de todo, el día internacional de la clase obrera, el Primero de Mayo [más allá que, paradójicamente, este día no se festeja hoy en los Estados Unidos], recuerda a los mártires de Haymarket de mayo de 1886. Así que, igual que el capitalista estadounidense, con su sombrero de copa y su cigarro, tipificaba a la clase de los patronos, el obrero estadounidense, con su camisa y sus vaqueros o sus monos, se convirtió en la imagen del proletariado” (Blackburn, ídem).

La construcción de un partido independiente

La rebelión coloca cuestiones estratégico-políticas evidentes. Los demócratas son una lacra. Es el otro partido del imperialismo. Obama es la gran figura demócrata porque Biden es un don nadie. Incluso tratan de que salga poco en la tele para que no lo tape a Biden. Biden no tuvo mejor idea que salir del garaje de su casa, que estuvo dos meses encerrado, a hacer declaraciones pidiendo que “la policía dispare a los pies y no al pecho a los manifestantes”… La orientación del Partido Demócrata es llevar todo a las elecciones. Todo a las elecciones, con el agravante de una rebelión popular, que entonces en realidad habría que orientarse a echar a Trump con la movilización popular directa y no en las elecciones; es una maniobra clásica. Con el agravante, además, de que Sanders hizo una campaña súper pobre, que además hizo una campaña por adentro del Partido Demócrata, que además de ser una vía muerta, la mayor parte de la juventud no fue a votar porque no considera al Partido Demócrata como (la juventud son los votantes de Sanders) vehículo para la transformación social

Entonces, tenemos la dificultad siguiente: la rebelión popular, o la revuelta, la quema de estatuas, el defundthepolice, todos esos fenómenos que son muy ricos, se pretende vaciarlos con la orientación de llevar todo al terreno electoral. Y, para colmo, este año hay elecciones…

Hay toda una orientación demócrata contra la rebelión en las calles; un esfuerzo por llevar todo el proceso a la vía muerta institucional. Por ejemplo: reivindicar las movilizaciones “pacíficas”… y condenar las movilizaciones más radicalizadas. Hay un montón de autores negros en la historia, en la tradición de la izquierda y del movimiento negro, muy interesantes.Dirigentes políticos como Malcolm X afirmando que la violencia de los de abajo es una respuesta a la violencia de los de arriba[17].

En fin: la gran dificultad es que el mecanismo, la “red institucional” en Estados Unidos, es muy grande. Es difícil de comprender, quizás, en países como los nuestros. Por ejemplo en la Argentina, donde la dialéctica plaza, palacio y representación es más dinámica; donde hubo una rebelión popular en el 2001 que demandó“Que se vayan todos”.

En los Estados Unidos las instituciones son muchísimo más pesadas. Entonces, está el problema de que tratan de llevar todo al terreno electoral: “Minneapolis es técnicamente una ciudad muy liberal (…) Pero Robert Lilligren, el primer nativo americano elegido al Consejo de la Ciudad en 2001, explicó, ‘Minneapolis se ha sostenido en esta reputación de ser progresista’, y añadió, ‘Esa es la vibración: hacer algo superficial y sentir que has hecho algo grande. Crean una comisión de derechos civiles, crea una junta civil para revisar a la policía, pero no les des la autoridad para cambiar la política y cambiar el sistema’”… (Sharon Smith, ídem).

Después está el problema de que incluso las corrientes de izquierda, como los DSA (DemocraticSocialists of America), que tienen un elemento progresivo de agrupar a todo un sector de la juventud con ideas socialistas, es ultra reformista al punto del cretinismo institucional total. Entonces, las declaraciones de Ocasio-Cortez e Ilhan Omar fueron horribles, esa es la realidad. No fueron declaraciones de defensa incondicional de la movilización, sino todo lo contrario: una condena de la movilización tal cual se estaba dando[18].

Cuando la cosa está estable, aparecen por la izquierda y el público que las vota es progresivo(más allá del reformismo de ellas). Pero cuando el público se corre para la izquierda, estas corrientes quedan a la derecha. Ni hablar de Sanders, que estuvo desaparecido en acción, no hizo declaraciones durante el proceso y está en contra de desfinanciar -¡no hablemos de abolir!-a la policía; una vergüenza total. Es decir: ¡son reformistas y cretinos de la institucionalidad hasta los tuétanos!

Entonces, en Estados Unidos hay toda una serie de problemas estratégicos vinculados históricamente a la dificultad de construir un tercer partido, un partido obrero, un partido de trabajadores y trabajadoras y a la construcción de corrientes marxistas revolucionarias.

Acá hay dos problemas: el problema de clase y el problema del reformismo. El problema de clase es dividir los partidos patronales (Republicanos y Demócratas) de un partido de trabajadores. El problema revolucionario es si es todo en el parlamento, parlamento y nada más que en el parlamento,o el parlamento está bien pero es sólo una táctica y la vía de la transformación social es la lucha de clases directa.

Esos dos clivajes en Estados Unidos son muy difíciles, pero no porque no haya habido luchas revolucionarias. La lucha de los mártires de Chicago fue expresión de un ascenso revolucionario de la clase obrera norteamericana en elfin del siglo XIX; pasa que te masacran: es muy dura la lucha de clases en los Estados Unidos cuando se desata en serio.

Entonces, hay varias cuestiones estratégicas planteadas. En lo inmediato, el desvío electoral y desde el punto de vista estratégico el problema de construir un tercer partido independiente y corrientes revolucionarias.

Conferencia Internacional Anticapitalista

Un par de cosas más. La primera es que nosotros, desde la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie, teniendo en cuenta el proceso de rebelión popular en Estados Unidos, estando y participando de las movilizaciones en Francia que han habido estos últimos días de la población magrebí, toda una serie de movilizaciones en las últimas semanas, también participamos en Barcelona, teniendo también nuestros compañeros y compañeras en pleno desarrollo en Brasil, en Centroamérica, etc., nos da la impresión de que es muy grande el fenómeno que está emergiendo,pero no tiene ningún tipo de ámbito de representación internacional.

Hay que ver si se profundiza. Si se profundiza, la idea nuestra es que deberíamos poder, junto a otras fuerzas de la izquierda y movimientos en lucha,convocar a una Conferencia Internacional Anticapitalista que dé algún punto de reunión entre las corrientes de la izquierda revolucionaria y los movimientos de lucha.

Por ahí apareció una cosa que es una chantada, una especie de “Internacional progresista” entre Sanders -que capituló a los demócratas-, Varoufakis-que capituló cuando entregaron la lucha contra el FMI en Grecia desde el gobierno de Syriza-, el PT, etcétera; obviamente que eso es cualquier cosa: es el reformismo puro, sin ninguna potencialidad.

Pero existe una especie de “vacancia” o vacío de un ámbito en el cual podamos procesar la maduración política de las discusiones entre las corrientes revolucionarias y los movimientos de luchas. Hay una vacío ahí porque venimos de una etapa muy difícil, una etapa muy rica de recomienzo de la experiencia histórica pero al mismo tiempo difícil, de acumulación, de relanzamiento de nuevas corrientes del trotskismo como es el caso nuestro con Socialismo o Barbarie.

O sea, una situación de reinicio de la experiencia histórica, de cierre de otra experiencia histórica anterior con la caída del Muro de Berlín, de crisis incluso de las corrientes del trotskismo de la segunda posguerra y de lanzamiento de balances y de nuevas corrientes socialistas revolucionarias.

Hay que hacer confluir esas dos cosas: las corrientes revolucionarias que tienen vitalidad y los que quieran participar con un programa anticapitalista, y los movimientos de lucha que vienen del terreno real que no necesariamente son trotskistas.

Debe haber un espacio donde eso confluya; de eso todavía no hemos escuchado mucho. Estamos muy al comienzo de los acontecimientos y estas cosas ocurren cuando hay procesos reales, procesos que se sostienen. El tema del movimiento negro, el movimiento de mujeres, la juventud, la ecología: hay una tendencia creciente a movimientos y hay una vacancia de un ámbito de espacio común, internacional.

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Nosotros empezamos a propagandizar hoy esta idea, recién a propagandizarla. No somos ingenuos, sabemos que no es fácil, que depende un poquito más del proceso mismo. Ningún ámbito, reagrupamiento, instancias como la Primera Internacional, etcétera, surgió como algo de probeta, de laboratorio, sino como fenómeno real. El tema es que de alguna manera hay que poder unir las corrientes revolucionarias que representamos una trayectoria histórica acumulada del marxismo revolucionario, del trotskismo, etc., y las experiencias nuevas que han surgido.

Hay todo tipo de debates, que no tengo el tiempo de abarcar ahora. Pero, por supuesto, las corrientes que mantienen la tradición del marxismo revolucionario son una minoría, hay más corrientes del tipo One Single Issue,que toman un solo elemento (solo el tema color o mujer, por ejemplo), temas parciales. Hay todo tipo de corrientes reformistas, autonomistas, anarquistas. El tema es cómo encontrar un ámbito donde poder procesar una experiencia; por supuesto que dentro de determinados parámetros.

Eso es lo que en realidad nos preocupa con cualquier formulación que podamos hacer que, por ahora, es quizás esta Conferencia Internacional Anticapitalista. Se trata de ver si hay un ámbito más global donde pueda procesarse la experiencia. Por supuesto, con una delimitación clara con el reformismo, con un carácter anticapitalista y revolucionario en general.

Y también quiero aprovechar esta instancia para comentar que hace pocos días se cumplió el aniversario del fallecimiento de nuestro compañero Alejandro en Francia, que fue parte de la Corriente SoB, que venimos construyendo con mucho entusiasmo.

Quería aprovechar este marco para homenajearlo, porque él aportó su grano de arena y era y es expresión de las nuevas generaciones. Quería aprovechar esta oportunidad que tenemos a toda la militancia acá, para reivindicar la tarea internacionalista de Ale. El internacionalismo significa lo opuesto a la estrechez de miras, es la clase obrera y es también la militancia. El mundo es enorme, muy rico, y la revolución es un evento global de la clase trabajadora, del movimiento de mujeres y la juventud y se viste de muchos colores y muchos idiomas internacionalmente. La mirada internacional siempre te saca del exclusivismo, del atraso, de la cosa chiquita, de la estrechez de miras.

Así fue en el caso de Ale y otros compañeros. Es apasionante la tarea internacional pero también es dura porque es un grupo más chico; tiene sus dos cosas. Entonces, me gustaría reivindicar un poco que estamos haciendo esta charla, esta iniciativa como parte de un esfuerzo de construcción internacional, que nos parece fundamental y de la cual Ale fue un actor importante en nuestro primer “desembarco” en Francia, que ahora continúan otros jóvenes compañeros y compañeras.

Crece la dinámica de lucha de clases que se hace internacionalista, aunque en algunos sectores de la clase obrera es duro; pero crece esa dinámica. La Corriente Socialismo o Barbarie y estas charlas buscan alentar esa dinámica de lucha internacional.

  1. Preguntas y respuestas

Yo hasta acá, podemos pasar a las preguntas.

MHR: Hay bastantes preguntas. Lo primero que preguntan, para que se profundice un poco, es con respecto a la policía. ¿Qué análisis haces o qué opinión tenés sobre el sector de la policía que no acata órdenes y no reprime a los manifestantes? ¿Qué opinás acerca del movimiento AbolishthePolice?

RS: La policía es una mierda. ¡En todos lados lo es! Pero la de EE.UU tiene un presupuesto inmenso. Estuve viendo propuestas del desfinanciamiento de la policía, ¡los presupuestos son inmensos! El PBI de Estados Unidos es un cuarto del PBI mundial, que es unos 80 billones de dólares. El PBI de Estados Unidos son más o menos 20 billones de dólares, tengan en cuenta que Argentina tiene un PBI de 380.000 millones de dólares, imagínense la comparación. La policía de Los Ángeles tiene un presupuesto anual de 4.000 millones de dólares. La policía de Los Ángeles, una de las ciudades más importantes del país, pero sólo una de ellas. No hablemos de Nueva York, Chicago, Washington, San Francisco, etc. Los Ángeles es una ciudad muy importante, con mucha tradición de rebeldía, pero tiene 4.000 millones de dólares de presupuesto anual para la policía. Le querían quitar 400 millones de dólares a la policía y ya parecía la gran cosa…

La policía es parte de las representaciones que tiene el mundo de Estados Unidos, de lo que te vende Hollywood, por ejemplo. Las relaciones de clase y de opresión son más brutales. La policía tiene dos orígenes allá. Primero, un origen histórico porque EEUU no es un país tan viejo (Independencia en 1776, etc.). En el Sur, la policía surge por aquellas bandas que iban a cazar negros que se escapaban para llevarlos de nuevo a las plantaciones para que sigan siendo esclavos; en el Norte, la policía es brutalmente represiva con la clase obrera blanca y negra también. Se parece a El Capital de Marx donde el Estado es el que disciplina a los ex-campesinos, futuros obreros en las ciudades, supuestamente “vagos”, y que hasta hay pena de muerte por robar pan en una vitrina para que vayan al trabajo asalariado. Hay todo un capítulo acerca de eso en El Capital y Foucault también toma ese tema en La verdad y las formas jurídicas, por ejemplo: “Desde la gran huelga de ferrocarriles de 1877 y la de mineros de Illinois y los metalúrgicos de Pensilvania de la década de 1880, hasta la huelga de Pullman y Homestead de la década de 1890, Estados Unidos estuvo sacudido por luchas industriales épicas y desesperadas. Estas batallas implicaron a decenas, algunas veces centenas, de miles de trabajadores y no tenían igual en Europa. La gran huelga de 1877 ha sido descrita como ‘una de las más implacables explosiones de lucha de clases en la historia de Estados Unidos’” (Blackburn, ídem).

Hay otra cuestión:en EEUU hay mucha tradición de paramilitarismo. El KuKluxKlan, en el año 1924, tenía 4.000.000 de integrantes. ¡Era una organización fascista de masas! Asesinos, hay tradición de linchamientos, esa es la tradición de la policía. Todas las policías son una mierda, pero no todas tienen esa tradición. Se parece a la policía de Stalin, la KGB o GPU, las grandes purgas. Es así, son países imperialistas. Cualquier cosa que vos le cuestiones a la institución policial es profunda, y es endémico también, te enfrentás con una institución muy pertrechada, con mucho presupuesto. No sé exactamente sus características, pero que diga AbolishthePolice, a mí me simpatiza. Por ejemplo, parece que Minneapolis en el Concejo Deliberante (aunque sea todo muy mediado, igual es progresivo) votó disolver (no me acuerdo muy bien en qué departamento) la policía y establecer una especie de “policía comunitaria”. La policía comunitaria es otra cosa, no es una policía, por empezar, sino otra cosa. Si eso fuera así, hay que ver cómo se desarrolla, tal vez que se cansa la gente a las dos semanas. Igual, en EEUU hay tradición comunitaria.

Por ejemplo: En El Alto, en Bolivia, hay policía comunitaria. Ni siquiera hace falta policía por ahí. Yo estuve muchas veces en Bolivia y milité bastante en Bolivia, acompañé muchas movilizaciones. El Alto es una zona de un millón de habitantes de población originaria donde casi no hay policía, dicho algo exageradamente. En El Alto la policía entra con determinados cuidados. Pero vos vas caminando por El Alto y hay todo tipo de muñequitos colgados. Muñequitos de tela de cuerpo natural colgados. Y lo que te están diciendo esos muñequitos es que hay una especie de policía comunitaria. Si vos no jodés a la comunidad y te portás bien,no pasa nada. Ahora, si vos robás, la policía comunitaria, que compite con la policía de Estado, te puede llegar a colgar… Pero esa policía es de los explotados y oprimidos, no es la policía del Estado boliviano. Ahí conviven dos Estados.

Una policía comunitaria en Estados Unidos, depende de qué se habla por comunitaria y quién sea la policía; es una policía desarmada formada por vecinos, desde abajo. También se dice que en Seattle, en el proceso de movilización, hubo zonas liberadas por la juventud. Cuánto pueden durar no lo sé. Obviamente hay un gran sentimiento contra la policía. Pero cuestionar a la policía tiene la siguiente profundidad: es cuestionar una de las instituciones represivas por antonomasia y además supone montar una institución alternativa, si es que se hace. Porque al mismo tiempo, ojo, en los trabajadores es más compleja la discusión, porque el individuo trabajador sufre los robos. Entonces, no es un “abolimos la policía” y listo. Es más complejo, aunque hay que abolirla. Pero para abolir también hay que lograr convencer de auto-cuidarse, de formar instituciones comunitarias paralelas al Estado que establezcan determinado tipo de disciplina social. Eso en relación a la policía.

MHR: Bien, seguimos. Preguntan, vos hablaste de las movilizaciones pacíficas, lo tomaste un poco. Acá lo que preguntan es: ¿Qué opinas acerca del argumento de que si las movilizaciones no son pacíficas el movimiento pierde validez?

RS: El tema es el siguiente. No pierde ninguna validez. Nosotros defendemos incondicionalmente todas las movilizaciones. Obviamente que el problema no es ni el pacifismo por sí mismo, ni la violencia por sí misma sino la masificación de la lucha. Y, en realidad, es una superación de ambas cosas:porque es una lucha que se masifica y que adquiere radicalidad para poder “construir revoluciones”.

Lo que pasa es que la movilización viene como viene. Todo lo que es ataque demócrata y reformista a los “violentos”, es reaccionario. Porque la movilización, sobre todo si es una rebelión popular, es espontánea, no es organizada, y se traduce en marchas pacíficas y marchas violentas. Que cuestionan el derecho a la propiedad, que hay saqueos, que se enfrentan a la policía. Nosotros no hacemos ideología de eso. En el sentido de que necesitamos no solamente que sean marchas masivas, sino que entre en la lucha la clase obrera. O sea, los lugares de trabajo, las fábricas con piquete, con paro, con ocupación. Y todo eso no hay. Hay que entender que todo este ciclo de rebelión popular en realidad ocurre de la frontera de la fábrica para afuera, no para dentro. Son más bien territoriales-callejeros y no fabriles-laborales los procesos. Entonces, es una dificultad porque necesitamos que sean territoriales-callejeros pero también laborales-fabriles.

Rechazamos la criminalización. Tampoco hacemos ninguna apología. Entendemos las acciones radicales que hacen sobre todo los sectores más jóvenes o más oprimidos. Tampoco hacemos apología de eso. Necesitamos que la movilización sea masiva, que haya huelga general, que participe la clase obrera. Por ejemplo Mike Davis en una nota que leí, que es un conocido marxista especialista en estudio urbano en EEUU, dice que durante la pandemia antes de la rebelión popular, en EEUU había habido 350 incidentes laborales/fabriles,seguramente exigiendo condiciones sanitarias y otros reclamos. Es un poco eso: defendemos las movilizaciones. En todo caso la pelea nuestra es porque se masifiquen, porque entren en las fábricas y porque en este contexto se radicalicen. Al mismo tiempo, esa radicalidad es una radicalidad organizada. Por ejemplo, si siguieran los enfrentamientos y siguieran los toques de queda, se te plantearía un poco el tema autodefensa. Eso justamente no leí, o no lo leí tanto, porque aparte el movimiento negro tenía una impronta muy grande religiosa, era muy progresivo igual pero era pacifista, entonces era no violento. No radical en ese sentido. Bueno, necesitamos una especie de combinación de masividad y radicalidad, que eso no es tan sencillo. Requiere organización.

MHR: Bueno, hablaste de la clase obrera, así que respondiste la siguiente pregunta, pasamos a la otra. Preguntan si existe alguna relación entre la rebelión antirracista y el fallo judicial a favor de les trabajadores LGBT que acaba de ganarse.

RS: Sí. Se me escapó, lo tenía en la estructura de la charla. Hay una relación completa. Incluso un compañero nuestro, que yo aprecio mucho, el compañero César, hizo una nota y hablaba de una consigna que unía con Black Live Matters con el Gay LivesMatters. Una consigna que unía los dos reclamos. Es un fallo histórico contra la discriminación laboral por orientación sexual. Incluso Trump tuvo que decir: “voy a estar obligado a convivir con esto”… Uno se puede preguntar: ¿qué está dejando la rebelión popular? Bueno, deja conquistas. Incluso si se puede tirar abajo a Trump, incluso si no podemos anticipar qué va a pasar, etc. En la “ola” la rebelión popular deja conquistas. Y estaes una conquista enorme.

Ojo, hay mucho que va entre la ley, entre el derecho y el hecho. Entre el derecho y el hecho hay una dificultad. Cuando conquistás un derecho es una palanca para que tu lucha y tu movilización lo hagan valer, pero no es automático. Es una gran conquista y hay que utilizarla, pero muchas veces estás obligado igual, utilizando esa conquista que tenés, ese derecho, en la lucha extraparlamentaria, para hacerlo valer. Entonces, no es tan mecánico. Pero sin duda es una gran conquista.

El compañero contaba que Stonewall surgió a partir de un reclamo de personas gays de color.

MHR: De la persecución policial también.

RS: En fin, es una conquista. Es evidente.

MHR: Preguntan, ¿cuál es la importancia de la construcción de un tercer partido de independencia de clase en Estados Unidos?

RS: A ver, la cosa es la siguiente. Para entender un poco a Estados Unidos hay que entender dos cosas. Uno es la violencia con la que la burguesía ha actuado sobre los trabajadores en general, blancos y negros, para evitar todo tipo de organización independiente. Te masacran. Históricamente te masacran.

A ver, ¿porqué los mártires de Chicago son de Estados Unidos? ¿Por qué el día de los trabajadores es de Estados Unidos? ¿Por qué el día de la mujer trabajadora es de Estados Unidos? Te masacran. Y al mismo tiempo, junto con eso, brutal, muy represivo, tienen los dos partidos del régimen. En particular el Partido Demócrata es un cementerio de movimientos sociales. Porque todos los movimientos sociales terminan yendo al Partido Demócrata porque afuera del Partido Demócrata “hace mucho frío y somos muy poquitos”. Entonces, el Partido Demócrata te vacía, te “pasivisa”tus reclamos (les quita todo contenido).

El problema de que la clase trabajadora tenga un partido propio, una clase trabajadora además tan poderosa materialmente como la de Estados Unidos, no es cualquier cosa. Que sea tan poderosa materialmente no ha sido solamente un subproducto económico, sino también una pelea histórica más allá de los graves retrocesos de las últimas décadas y de la inconmensurable burocratización del movimiento obrero, de los sindicatos.

Hay mucha tradición socialista en los Estados Unidos. Eugene V. Debs fue el candidato a presidente por el Partido Socialista que llegó a tener mucho renombre en los Estados Unidos, una verdadera institución en el movimiento obrero de la época. Era dirigente ferroviario, fue candidato a presidente cinco veces, en una elecciónpresidencial sacó el 6% de los votos, estuvo preso por las huelgas ferroviarias, estuvo preso también durante la Primer Guerra Mundial, el presidente Wilson lo tildó de “traidor” públicamente por no apoyar la guerra imperialista, después era grande y en 1926 falleció.

Hay muchísima tradición de lucha en los Estados Unidos. Hay tradición del trotskismo, tradición fundacional en los años 30 con el SocialistWorkersParty (Partido Socialista de los Trabajadores), como ruptura del estalinismo. Hay tradición de las distintas corrientes del trotskismo de los años 60 (“defensistas” y “antidefensistas”[19]).

Pero no es fácil construir un partido independiente en Estados Unidos por el peso de la institucionalidad y por la idea esa de que fuera del Partido Demócrata no hay vida, como si fuera que en la Argentina –discusión que tuvo su peso en su momento- fuera del peronismo no habría nada… Efectivamente, hubo corrientes “socialistas-nacionales” oportunistas en el peronismo, o chavistas, incluso sigue habiéndolas –algunos sectores de origen “trotskista” en Patria Grande- pero el socialismo revolucionario se abrió paso en el país como corriente independiente y nos construimos un lugar propio.

Es decir: no es verdad que no hay espacio fuera del Partido Demócrata y, además, no es un problema de “espacio” sino algo mucho más profundo: un problema de clase, una necesidad histórica a ser resuelta de construir un tercer partido en los Estados Unidos, un partido de trabajadores y corrientes socialistas revolucionarias(y no, meramente, una izquierda reformista tipo Jacobin).

En la dificultad para formar un tercer partido –y una conciencia de clase más determinada-, también ha tenido peso la represión. En la Argentina y en otros países también, hemos vivido dictaduras, pero también momentos de conquistas democráticas. Estados Unidos, país imperialista, país “pesado”,sistemáticamente ha masacrado a los sectores independientes. Por ejemplo: cuando fue el apogeo del movimiento negro en los años 60 se sufrieron tres asesinatos sobre sus máximos exponentes combativos: mataron a Malcolm X, mataron a Martin Luther King y mataron al dirigente de las Panteras Negras. Corta: los masacraron; los siguieron, los infiltraron y los masacraron. Claro, te descabezan, es un país imperialista. Y esto por poner sólo el ejemplo del movimiento negro.

Ahora hay otras condiciones. Hay una rebelión popular, hay emergencia de toda una juventud. Es un buen momento sin tener “desesperación electoralista”. Es un momento clave para empezar a plantear la ruptura del DSA y todos los socialistas con el Partido Demócrata, un voto independiente, no votar a Biden, etcétera, aguantar la presión del voto útil y de vivir toda la vida dentro de los demócratas; comenzar a poner en pie una tercera opción.

Tiene que ser por fuera del Partido Demócrata, no adentro. Tiene que construirse por fuera, porque después el Partido Demócrata te deglute, como se lo deglutió entre dos pancitos a Bernie Sanders.

MHR: Bueno, ya estamos con las preguntas. Si hay algo más con lo que vos quieras cerrar…

  1. S.: En realidad me parece que no. Es muy difícil porque no están acá todos los compañeros y compañeras. Reafirmaría una o dos ideas.

La importancia histórica de la rebelión y el hecho de que sea una inflexión a la izquierda en el medio de la pandemia. La pandemia sigue. No va a terminar. Es una porquería que mete los desarrollos en cámara lenta. Pero es significativo un poco lo que dije al principio, en cuanto sale un poco el sol y hace un poco más de calor, aunque la pandemia sigue, explota la rebelión popular. Y eso es significativo por la dinámica. Entonces, es un acontecimiento histórico muy importante. Eso primero para remarcar.

Segundo, hay que hacer un esfuerzo para entender el clivaje color de piel-clase, que es bien complejo. Y entender la importancia que tiene que esas capas tectónicas se muevan. E insistir en el planteo -un poco general todavía- de la Conferencia Internacional Anticapitalista, en la medida que estos fenómenos se sigan desarrollando.

Para las jóvenes generaciones militantes es una etapa hermosa porque se abren un montón de cosas. Me da la impresión que hay una tendencia a una inflexión histórica. Hubo un gran retroceso en los 90, que venía de antes de la caída del Muro de Berlín con la burocratización de las revoluciones (con la derrota, incluso más profundamente, de la clase obrera en la ex URSS ya desde los años 30), etcétera. Pero ya hubo elementos de recuperación en los años 2000. Pero ahora esa recuperación continúa. Ese reinicio de la experiencia histórica continúa. Intuitivamente les digo, las tendencias a la polarización y a una lucha de clases más rica parecen confirmarse todo el tiempo, más allá de que eso viene combinado con una lucha de clases más dura. Va a ser más dura, eso es así.

Pero bueno, eso también genera la necesidad de organizaciones revolucionarias, partidos. Hay que construir partidos, hay que construir organizaciones militantes, porque si querés, el problema que hay -es más fácil decirlo que hacerlo- uno de los grandes problemas en Estados Unidos es que no hay partidos revolucionarios. Y es muy difícil hacer síntesis sin corrientes revolucionarias. Entonces, donde tenemos la suerte de tener organizaciones militantes revolucionarias,la responsabilidad es el triple o cuádruple en el sentido de que es importantísimo construir. En el caso de Argentina el trotskismo tiene mucha tradición más allá de las diferencias entre las corrientes. En el caso de Brasil hay todo un desafío de reconstrucción. Francia también un desafío de reconstrucción. En Estados Unidos hay un desafío de fundación o de refundación, y así de seguido, en cada país se está en un estadio diferente pero el signo comienza a ser para arriba.

Hay un reinicio de la experiencia histórica y esa es la labor en la que estamos. Y de ahí para arriba. La dinámica viene más radicalizada pero para arriba, no para abajo.


 

Bibliografía

Kevin Anderson, “Los escritos de Marx sobre la guerra civil, 150 años después, Marxismo crítico, 24/07/2013.

Robin Blackburn, “El Estado de la Unión. Marx y la inacabada Revolución americana”, izquierdaweb.

Sylvie Laurent, “¿Es posible la no violencia? Gandhi, Luther King y Mandela”, Viento Sur, 21/12/2013.

Karl Marx, La guerra civil en los Estados Unidos, Ediciones Roca, México, 1973.

Warren Montag, “Raza y clase en la revuelta de Estados Unidos”, izquierda diario, 14/06/20.

Sharon Smith, “EE.UU.: El lenguaje de los ignorados”, Sin Permiso, 13/06/20, en izquierdaweb.

Enzo Traverso, “Derribar estatuas no borra la historia, nos hace verla con más claridad”, Viento Sur, 28/06/20, en izquierdaweb.

León Trotsky, “León Trotsky y la opresión de los negros en Estados Unidos”, izquierdaweb.

Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos, Siglo Veintiuno Editores, México, 2008.


 

[1]Charla editada de la emisión por Facebook live, izquierdaweb, del 23/96/20.

[2]Podríamos colocar esto, también, dentro de la categoría de ErnestBloch, de los “sueños que se sueñan despiertos”, en el sentido del rechazo cotidiano a la injusticia y la aspiración de liberación, lo mismo que respecto de la cita que colocamos al comienzo de este texto: “¿Qué ocurre con un sueño aplazado?/ ¿Se seca/ como una pasa al sol?/ ¿O supura como una llaga/ y después echa a correr?/ ¿Apesta como la carne podrida?/ ¿O se encostra y granula/ como un dulce en almíbar?/ Quizás simplemente cuelga como una carga pesada/ ¿O explota?”. Bello poema de Langston Hughes, años 1930, citado por Zinn.

[3]Esto es producto que actúan más en el “vacío” que nunca por la anormalidad que generan las cuarentenas (están más en el aire que lo habitual).

[4]Atentos que al momento del cierre de esta edición se ha confirmado que Bolsonaro ha contraído el coronavirus.

[5]Más allá del clásico ejemplo de Trotsky de la Revolución de febrero con los cosacos dejando pasar a los manifestantes por entre las patas de los caballos, tenemos un ejemplo de los Estados Unidos durante las huelgas obreras de finales del siglo XIX: “La huelga [ferroviaria] cobró impulso porque las unidades del ejército se resistieron a poner vida en peligro. Uno de los comandantes del ejército, el general de división Alfred Pearson, explicaba: ‘Cuando te enfrentás al enemigo en el campo de batalla, tienes que matar. Pero aquí tenías hombres con sus padres, hermanos y familiares mezclados en la multitud. La simpatía de la gente, la simpatía de las tropas, mi propia simpatía estaba con los huelguistas. Todos nosotros sentíamos que estos hombres no estaban recibiendo el suficiente salario” (Blackburn, ídem).

[6]Rosa Parks fue una costurera negra de 43 años antigua militante del NAACP (Asociación Nacional para el Avance de la gente de Color), que en 1955, viniendo de trabajar cansada, se negó a ceder su lugar a un hombre blanco en el colectivo y que, en represalia por su detención por este hecho, desató un histórico boicot a las empresas de autobuses de Montgomery, capital de Alabama, durante casi un año que le dobló la mano a los empresarios del sector y terminó desatando el movimiento de derechos civiles que cruzaría a los Estados Unidos de punta a punta en la década siguiente. El reverendo Luther King se forjó como dirigente de la comunidad negra en esta lucha y fue radicalizándose conforme el tiempo, hasta llegar a su rechazo a la guerra de Vietnam, su persecución por el FBI y los medios, y su posterior asesinato.

[7]Es verdad que la historia, como hecho fáctico, material, no se puede borrar, pero el movimiento de derribo de estatuas no sólo nos permite verla con más claridad, como dice Traverso, sino, en cierta forma, reescribirla, lo que es algo mucho más profundo porque hace a la “dominación” de la propia historia; su escritura “final” quedará en manos de quién triunfe en la lucha secular entre explotados y explotadores, y eso persiste en abierto.

[8]Da la impresión que luego de la fase neoliberal queda muy poco, realmente, de algo que se pueda llamar “aristocracia obrera” en el sentido tradicional del término: sectores de trabajadores muy privilegiados y cuyos privilegios, en parte, sean tributarios de la explotación imperialista.

[9]La autora agrega: “(…) desde comienzos del siglo XX, W.E.B. Dubois, teórico de la situación de los negros en EEUU, trataba de inscribir su emancipación en el marco más amplio de la liberación de los pueblos de color frente a los imperialismos europeos” (ídem).

[10]En una reciente entrevista realizada por la CNN a Spike Lee, nos llamó la atención cómo éste se refería a la “madre patria África” cuando denunciaba el racismo subsistente en los Estados Unidos.

[11]Atentos que el problema del color de piel no significa que los afroamericanos sean una “raza” ni nada por el estilo. La biología moderna, progresiva, dialéctica, no reconoce la existencia de razas entre los seres humanos, sino solamente matices en los rasgos externos de su fisonomía, por así decirlo, pero ninguna diferencia genética comprobable (ver No está en los genes, una obra clásica de la biología dialéctica de los años 80).

[12]Habitualmente uno se imagina la esclavitud como una forma bestial de explotación del trabajo pero no se llega a pensar qué significa realmente serlo; la reducción a cero de la personalidad, de la subjetividad, la transformación de la persona del esclavo realmente en un cosa, el no tener nada de los cual “agarrarse” para forjar el lugar de uno en el mundo, para establecer los parámetros de la propia personalidad.

[13]Para esta charla no llegamos a hacerlo, pero es recomendable la lectura de los escritos de Marx y Engels sobre la Guerra de Secesión, además de estudiarla como tal; guerra que fue una “verdadera revolución burguesa” más allá que inconclusa: garantizó la unidad nacional de los Estados Unidos y el prevalecimiento de las formas modernas del trabajo asalariado, pero no emancipó a la población negra, que hasta el día de hoy sigue siendo una población sometida bajo las condiciones de un racismo estructural arraigado profundamente en la estructura social e institucional del país.

[14] En nota erudita que agrega Anderson, sin embargo, destaca que una de las pocas diferencias políticas persistentes entre Marx y Engels es que este último, al enfocar estrechamente la inutilidad militar de los mandos de la Unión, opinaba que iban camino a la derrota en la Guerra de Secesión, mientras que Marx, correctamente, confiaba en que las relaciones sociales del Norte, más avanzadas, terminarían prevaleciendo en la guerra civil, y así fue.

Por lo demás, amén de señalar que el movimiento de la I Internacional recibió gran desarrollo en los Estados Unidos a posteriori de la Guerra de Secesión, otra nota erudita, en este caso de Robin Blackburn, es la que señala que Engels se cargó de energía luego de sus visitas a Nueva York y Boston en 1888.

[15]En el mismo sentido respecto de la ola contrarrevolucionaria que vino posteriormente al agotamiento y/o fracaso del período de la Reconstrucción, al giro pendular a la derecha para limitar los efectos de la derrota de los esclavistas en la Guerra de Secesión, por frenar el ascenso de la clase obrera que este triunfo desencadenó, tenemos lo siguiente: “La doble derrota de la Reconstrucción [período de concesiones que duró una década posteriormente a la finalización de la Guerra de Secesión] había aplastado los derechos de los negros en el Sur y restringido los derechos laborales en el Norte. El modelo JimCrow en el sur y el recurso generalizado a los hombres de Pinkerton [bandas privadas parapoliciales de rompe huelgas] y demás matones en el Norte fueron victorias de la violencia privatizada y de una concepción mínima del Estado” (Blackburn, ídem).

[16] La obra de Zinn es muy recomendable para entender la historia de los Estados Unidos desde sus explotados y oprimidos; otra mirada distinta a la que destilan la mayoría de las películas de Hollywood, aunque últimamente no todas.

[17]Hasta el nombre le era impuesto a los esclavos por los esclavistas, razón por la cual Malcolm X, dejando de lado su nombre original, Malcolm Little,eligió su apellido como una X, aparentemente una tradición del Islam con la cual buscaba identificarse con raíces africanas.

[18]Además del “cementerio de movimientos sociales” que es el Partido Demócrata, del peso de lo institucional, de llevar todos los procesos al parlamento, etcétera, está el problema de que todas las autoridades de la comunidad negra están cooptadas por el propio Partido Demócrata o comulgan con el pacifismo más extremo.

[19]Atención que como ya señalamos en un texto anterior, las dos alas en que se dividió el movimiento trotskista por el debate sobre la defensa de la ex URSS, dieron lugar tanto a sectores que se mantuvieron independientes, revolucionarios, como a otros que capitularon.

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