Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie, dirigente del Nuevo MAS.


“El candidato opositor mejor perfilado para las elecciones del 27 de octubre y Macri hablan por teléfono mucho más de lo que se sabe. Cuando todo el mundo daba por rota esa relación, ellos estaban hablando permanentemente. La última conversación fue el viernes al mediodía. Alberto Fernández viajó a España con el conocimiento cabal de todo lo que sucedería durante el fin de semana”. (Joaquín Morales Solá, La Nación 4 de septiembre de 2019).

 

La crisis económica, política y social que atraviesa la Argentina es de un vértigo no apto para cardiacos. La dinámica de la misma hace que se haga muy importante seguir la evolución de los acontecimientos.

En el editorial pasado dábamos cuenta de cómo el gobierno había pasado en pocos días de las ilusiones del renacer de su sueño reeleccionista después de la movilización del 24 de agosto, a la  amarga frustración que la realidad le escupió a la cara mediante el repunte de una nueva etapa de la crisis.

En este sentido, sin pretender dar definiciones concluyentes, si es importante señalar que la coyuntura actual está marcada por la coincidencia de intereses entre Macri y Alberto Fernández alrededor de pactar (con mayor o menor disimulo) una transición política ordenada que trate de evitar que la crisis se desmadre.

Esto no es nada extraño, más allá de que cada uno representa a dos orientaciones distintas de la política patronal, ambos coinciden en este objetivo. Además, Macri por el momento parecería no tener demasiadas opciones. La profundidad de la crisis el viernes pasado amenazócon pasar de una crisis cambiaria alrededor del precio del dólar, a una crisis bancaria motorizada por el inicio de una corrida en los bancos para retirar los depósitos en dólares. El pavor de que dicha corrida se expanda, obligó a Macri a poner las barbas en remojo y dejar en stand by sus aspiraciones electorales para tratar de garantizar la precaria estabilidad de su gobierno de acá a diciembre (o por lo menos a octubre).

Esta fue la razón que motivó al gobierno de Cambiemos a arriar sus “banderas”, sacrificar cada una de sus “vacas sagradas” en el altar de la realpolitik y anunciar el domingo medidas tan “amargas” y“heterodoxas” como el control de cambios y la orden para que los exportadores liquiden los dólares que retenían.

 

Los fantasmas de 2001 acechan

Como venimos señalando, las medidas que tomó el gobierno en los últimos días fueron consensuadas con Alberto Fernández. Esto tiene una explicación lógica. Por un lado, aunque al peronismo le gusta la idea de que Macri se desangre, no quiere bajo ningún concepto que la crisis se profundice al punto tal que desemboque en un estallido social como los ocurridos en 1989 o 2001 que ponga a las masas en la calle. Un desborde independiente de los sectores populares o incluso de porciones de la clase obrera ocupada supondría la entrada en escena de un actor político y social que no solo se llevaría puesto a Macri, sino que también le marcaría la cancha al futuro gobierno de Alberto Fernándezy le pondría límites.

Desde ya que no se puede descartar un escenario de estas características. La profundidad de la crisis social es tan grande que cualquier nuevo episodio de la crisis económica podría precipitar las cosas. Dicho esto y tomando en cuenta la pasmosa debilidad del gobierno de Macri, es preciso evitar analogías unilaterales con crisis anteriores como la del 2001.

Por un lado porque la crisis, aunque se profundiza a ritmos vertiginosos, aún no es tan dramática como hace 19 años. En primer lugar, porque la burguesía y la burocracia han desarrollado mecanismos de contención social que no existían entonces. Recordemos que en 2001 no existía ningún plan de desempleo, ni cooperativas, ni subsidios, ni Plan Trabajar, ni AUH. Todas y cada una de estas medidas son el tributo que la burguesía le pagó a desgano al Argentinazo con el objetivo de absorberlo y prevenirlo. Además, en aquel entonces los movimientos de trabajadores desocupados representaban en su gran mayoría organizaciones independientes enfrentadas con el aparato del PJ enquistado en las intendencias; hoy es el mismo PJ y la Iglesia quien controla al grueso de los movimientos sociales. En segundo lugar,porque la economía argentina en 2001, gracias al mecanismo de la convertibilidad, estaba atada al dólar. Esta situación exponía mucho más al sistema bancario y le quitaba herramientas al gobierno para transferir la crisis a los sectores populares mediante la devaluación y la inflación. Recordemos que De la Rúa intento directamente una baja nominal de los salarios a los estatales, mientras que ahora Macri (y Fernández) puede bajar los salarios indirectamente mediante el aumento de precios y la inflación. Y en tercer lugarporque la crisis del régimen en 2001 era mucho más aguda. El gobierno de De la Rúa estaba en bancarrota, el PJ estaba fragmentado y faltaban dos años para el cambio de gobierno. En la actualidad aunque el gobierno de Macri está en franca retirada, lo cierto es que las PASO han señalado un virtual nuevo presidente que concentra las expectativas de amplios sectores de masas. En la actual situación, ante una salida anticipada del gobierno -sin dejar de ser este un hecho que profundizaría exponencialmente la crisis- el régimen político está mejor preparado para evitar el vacío de poder que caracterizó al 2001 mediante Alberto Fernández.

Mirá también:  Cuestiones de estrategia

 

El nuevo mantra de Cambiemos:

“Ganar tiempo, patear todo para adelante y aguantar”

La semana pasada el gobierno se vio ante el peligro cierto de que la crisis económica escalara y se acelerara a velocidades incontrolables. Lo que había ocurrido es que el miércoles pasado el Banco Central había anunciado que no pagaría los vencimientos de bonos en pesos en el tiempo estipulado y que patearía dichos vencimientos de manera compulsiva por seis meses. Esa reprogramación compulsiva de los plazos fue bautizada con el neologismo de “reperfilamiento” para no llamarlo por su nombre: default. El gobierno se vio obligado a decretar un corralito selectivo para evitar que los pesos del pago de dichos bonos corriesen al dólar y echaran  nafta al fuego de una hoguera que calentaba al dólar y lo hacía trepar a  los 62 pesos. Esta medida prendió las alarmas de todo el mundo y quienes tenían dólares en los bancos corrieron a sacarlos antes de que el Banco Central decidiera “reperfilarlos” de un sablazo. Durante 48 horas el gobierno no dio pie con bola, Macri ya había entregado más de la mitad de su programa de gobierno pocos días antes cuando anunció la rebaja del IVA en algunos productos, el congelamiento del precio de los combustibles y de los créditos UVA por seis meses; ahora estaba arriando otra bandera decretando el default selectivo de los bonos en pesos. Cada medida que tomó, empeoró el panorama. Frente a la incipiente corrida parecía actuar como un niño caprichoso que cierra los ojos ante la realidad y cree que ésta no existe. Pero finalmente (conversación telefónica con Alberto Fernández mediante) decidió imponer algún tipo de control de cambios. Ahí veía como se quemaba en la hoguera del pragmatismo su último ideal.

Por un lado se impusieron restricciones a la compra de dólares sin autorización del Banco Central (un cepo). Claro que en la práctica esta medida solo afecta a los pequeños ahorristas que son los que están condenados a ir al Banco a comprar los dólares. Las empresas o los grandes capitalistas pueden recurrir a vías paralelas como ser la fuga de capitales mediante el “contado con liqui” que les permite adquirir dólares y sacarlos del país en dos movimientos: primero compran con los pesos acciones o bonos que coticen también fuera del país, y después los cambian por dólares y los dejan en el exterior.

También impuso la liquidación de los dólares de los exportadores. Otra vaca sacrificada al dios Cronos. Macri les había permitido a los exportadores (principalmente a la oligarquía rentista de la Sociedad Rural y demás bostas) que podrían liquidar los dólares cuando quisieran, sin ninguna restricción, que podrían especular libremente y que podrían fugar dólares sin vergüenza. Pero la necesidad tienen cara de hereje, y ahora, de golpe y porrazo les pide que hagan efectiva esas liquidaciones así entran dólares tanto para sostener las reservas como para contrarrestar la subida del dólar y el retiro de depósitos de los bancos.

En otro artículo de esta edición se analizan pormenorizadamente estas medidas, lo que aquí queremos dejar en claro es que para nada constituyen un plan que apunta a salir de la crisis, lo único que hacen es tratar de ganar tiempo y patear para adelante los problemas.

 

Mauricio le prepara el terreno a Alberto

Alberto se prepara para el ajuste que Mauricio no supo hacer

Por supuesto que Alberto Fernández estuvo en todo momento al tanto de las medidas que iba a tomar el gobierno y lo avaló todo a su manera: mediante un complaciente silencio.

Esto no es ninguna teoría conspirativa, es producto de la natural confluencia de intereses entre dos representantes distintos de la burguesía. Macri se vio obligado a dar marcha atrás con muchas de las políticas de liberalización total del mercado de capitales que había decretado en los primeros meses de su gobierno y pasar a algún sistema elemental, precario e ineficiente de control. A Alberto este recule vergonzante le viene como anillo al dedo. Era evidente que un futuro gobierno  tenía que tomar algunas de estas medidas en defensa propia, pero ahora no va a tener que ser él quien las decida, sino que fue el propio Macri quien reconoció que su plan había fracasado y tuvo que adoptar como propias algunas de las políticas del ”populismo”.

Mirá también:  De la devaluación a los precios

Por su parte el kirchnerismo disfruta la película desde la platea. Cristina descansa en Cuba y Alberto da clases magistrales sobre campañas electorales en España, mientras en Argentina los trabajadores corren desesperados a los supermercados (no a los bancos) para tratar de ganarle, empatarle o no perder por goleada contra la inflación. La evidencia más flagrante de este pacto antiobrero de ajuste es que en el actual periodo de transición acordada entre Alberto y Mauricio se habla de cualquier cosa menos del salario.

Los últimos datos publicados por las consultoras recogidos por el Banco Central calculan que la inflación de este año va a estar en el 55%, 8 puntos por encima de la inflación del año pasado. Este es sin duda el piso de inflación, puesto que estas consultoras siempre “pecan” de conservadoras en sus cálculos. Ante esta situación es un verdadero escándalo que la CGT y la CTA, alineadas toda tras la estrella de Fernández se la pasen hablando de cualquier cosa menos del salario de los trabajadores.

Incluso esta semana el pusilánime rastrero de Yaski declaró que no tiene sentido hacerle un paro  a un gobierno que se va, seguramente después nos dirá que hay que darle tiempo a un gobierno que recién llega. Quiere decir que si no es por H es por B pero los trabajadores no pueden hacer nada mientras ven como se les pulveriza el salario día a día, mes a mes.

La burguesía pide a gritos que Alberto y Macri hablen y se pongan de acuerdo, y ellos lo han hecho sigilosamente y de espaldas a los trabajadores. Es que Alberto, al igual que Macri, aprendió de Menem cuando declaró que si antes de las elecciones de 1989 decía lo que iba a hacer, nadie lo hubiese votado.

La complicidad de la burocracia sindical y el compromiso con el pacto social pulverizador del salario que impulsa Alberto Fernández se puso dramáticamente de manifiesto en Chubut mediante la represión encargada a la patota de Ávila (petroleros) contra los docentes que reclamaban el cumplimiento de la paritaria firmada meses atrás.

 

Es imperioso apoyar desde abajo todas las luchas

La crisis que atraviesa la Argentina es muy profunda y sus desarrollos muy vertiginosos y dinámicos es preciso seguirlos día a día y estar preparados para ajustar las caracterizaciones. La transición pactada entre Macri y Alberto Fernández apunta a contener las tendencias más desestabilizadoras de la misma mientras se dejan pasar los efectos más devastadores de la inflación en el salario de los trabajadores. No obstante la capacidad de contención que puedan tener la burguesía, la iglesia y la burocracia sindical y de los movimientos sociales, lo concreto es que ante cualquier exacerbación de la crisis puede devenir un conflicto de proporciones.

En este sentido es necesario apoyar a toda y cada una de las luchas que surjan desde abajo. Puesto que son la manifestación en cada lugar de la lucha contra el ajuste que nos quieren imponer. La clave para hacer que la crisis no la paguen los trabajadores pasa,junto con el apoyo a los que luchan tanto contra Macri como contra el ajuste de Fernández, por salir a las calles e imponer un paro general e impulsar un Encuentro de Trabajadores que no sea de aparatos,  que refleje luchas reales y que discuta un programa de medidas anticapitalistas desde los trabajadores. Un programa que levante medidas de emergencia como un aumento generalizado de salarios, la prohibición de despidos y suspensiones, la reincorporación de todos los despedidos durante el macrismo, y al mismo tiempo contenga un profundo programa para que la crisis la paguen los capitalistas  imponiendo un verdadero control de cambio que frene de cuajo la fuga de capitales, cosa que solo se puede hacer mediante la nacionalización de los bancos y del comercio exterior bajo control de los trabajadores y la ruptura con el FMI.

 

Print Friendly, PDF & Email

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre