Roberto Saenz
Dirigente del Nuevo MAS y la corriente internacional Socialismo o Barbarie. Director general de izquierdaweb.com


“It is game over por Argentina’s Presidente Mauricio Macri” (“Es juego terminado para el presidente argentino Mauricio Macri”, Financial Times, 12/08/19).

 

El domingo pasado Macri recibió un mazazo que prácticamente lo liquidó. El lunes 12 se desató una escalada del dólar que al cierre de este editorial alcanza los $62, una devaluación del 40% en sólo tres días.

La huida en masa de los inversores expresa no solamente que el “modelo macrista” se terminó, sino también responde a la expectativa de Alberto Fernández de que el gobierno cargue con el costo político de dejarle pulverizado el salario antes de asumir.

El impacto de las elecciones ha trascendido las fronteras. Mientras que la región venía girando hacia la derecha, la jornada del domingo configura un contrapunto que es una expresión, distorsionada y burguesa si se quiere, de las jornadas de diciembre del 2017, cuando un amplio sector de los trabajadores puso en jaque el “reformismo permanente” macrista y colocó al país al borde de un nuevo default.

La contradicción entre la actual crisis y las vividas en 1989 o el 2001 es que todavía no han irrumpido las masas. Fernández acaba de llevarse el 47% de los votos en una elección con una alta participación, con una mayoría esperando que asuma a ver qué hace.

Aun así, es tal la dinámica, que parece estar abriéndose una crisis de gobernabilidad bajo el hierro de una devaluación brutal cuando todavía, formalmente, no hay presidente electo.

Una crisis en la cual no puede descartarse que,si se multiplican los aumentos y el desabastecimiento y aún a pesar del operativo de contención de la CGT y los K, haya desbordes.

Con la alegría de la histórica campaña electoral que realizamos encabezada por nuestra compañera Manuela Castañeira y de los 180.000 votos que obtuvimos, mientras pasamos balance y avanzamos constructivamente, tenemos que presentar un programa alternativo que incluya el planteo de paro general y Asamblea Constituyente, impulsando la salida a las calles.

Voto castigo

Recapitulemos las principales conclusiones de la elección. El fenómeno central ha sido el voto castigo canalizado por la fórmula F-F. Obtener un 47% en una PASO, un porcentaje casi de balotaje, no es algo común. Sólo puede explicarse porque millones estaban hartos de Macri; a la espera de darle un cachetazo electoral.

Es verdad que ninguna encuesta anticipó estos guarismos. También que el gobierno parecía haber logrado una cierta “remontada” y la economía aparecía artificialmente “estabilizada”… Pero, como habíamos señalado en estas mismas páginas, es imposible jugar a las escondidas con la experiencia de las masas.

Y esa experiencia indica que el gobierno de Macri ha sido un desastre; no solamente tomó desde el primer día medidas en beneficio exclusivo de los capitalistas; ha sido incapaz de frenar la crisis económica y social más grande desde el 2001.

El salario real se ha pulverizado. El desempleo ha superado los dos dígitos. Lejos de la “pobreza cero”, se ha vuelto al umbral de 30 o 40% de la población en esa condición. Los movimientos de desocupados se multiplican. La sociedad sufre un inmenso deterioro en sus condiciones de vida.

Mientras tanto, los grandes productores y exportadores agrarios, los bancos, los acreedores y especuladores internacionales, las empresas de servicios públicos, las petroleras y muchos otros sectores capitalistas,se han hecho la América.

¿Cómo podía evitarse que esta percepción se expresara electoralmente, aun bajo las distorsionadas condiciones de la democracia patronal? Sobre todo, además, si los trabajadores y las amplias masas populares no pudieron ser derrotados bajo el macrismo; si sus múltiples intentos reaccionarios fracasaron.

El voto castigo, aun con todas sus limitaciones, se construyó bajo dos parámetros: primero, el procesamiento de la experiencia con un gobierno que desde el primer día apareció como agente directo de los empresarios. Y, segundo, que dicho procesamiento fue llevando adelante por un movimiento de los trabajadores, las mujeres y la juventud que tienen conquistas en su haber;que no están derrotados.

Sumémosle a esto, además, la presión constante de una crisis económica sin fin; crisis que se ha vuelto a reabrir ahora.

La suma de esta crisis, la experiencia hecha con el gobierno y las relaciones de fuerzas más generales,es lo que explica al voto a Fernández. Y así como estas son sus condiciones “positivas”, por así decirlo, están también las “negativas”, sus limitaciones: la falta de desborde, de radicalización política, el posibilismo, la confianza en el “voto útil”, etcétera, que tan buen servicio le prestan a la “alternancia”, a que el sistema político se mueva entre la centro derecha y la centro izquierda, por así decirlo.

De ahí que este mazazo, a priori, parezca moverse entre parámetros definidos: por un lado, el elemento progresivo del voto castigo(que más abajo veremos que no se trata de un cheque en blanco). Y, por el otro, el límite de que ese voto castigo sea capitalizado por la figura más de derecha del kirchnerismo (que los trabajadores descrean, hoy por hoy, de cualquier medida “rupturista”; veremos qué pasa con esto si la crisis evoluciona).

Fracaso neoliberal

La derrota de Macri se tradujo inmediatamente en la devaluación. Las razones económicas de esto las veremos en seguida. Nos interesa primero dar cuenta de las razones políticas. Alberto Fernández y la vuelta del kirchnerismo,significan una contratendencia al curso regional.  

Con la elección de Bolsonaro la región parecía alinearse homogéneamente hacia la derecha. Si quedaban algunos reductos del “progresismo” (como Evo Morales en Bolivia o AMLO en México), los mercados, el FMI, Trump, el empresariado, Bolsonaro mismo y la mayoría de los gobiernos de la región, apostaron al triunfo de Macri.

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La victoria del kirchnerismo o poskirchnerismopodría inaugurar una dinámica en sentido opuesto en la región; al menos dar “contrargumentos” al neoliberalismo puro y duro.

Y no tanto por el kirchnerismo mismo, hoy en su versión más conservadora, sino por el significado del voto castigo expresado en ellos, que es algo distinto.

El libreto, el guión principal de los grandes capitales, no era este; al menos no hasta el domingo 11. Ahora empieza otro cantar: el empresariado parecer estar comenzando a tomar nota de que el gobierno de Macri está acabado.

El cambio de frente que se está viviendo en el país es una expresión distorsionada de las jornadas de diciembre del 2017; un cachetazo electoral que sentó las bases políticas de la corrida.

La parte estrictamente económica de esta historia es el fracaso de un intento de racionalización económica que no tuvo en cuenta las condiciones específicas del país.

La Argentina tiene como “dos condiciones de gestión”(que por ahora no han podido ser removidas). Una, la dificultad de gestionar la economía sin algún tipo de “protección” que evite ponerla a competir directamente con los parámetros de competitividad internacional. Una lógica demasiado economicista dejaría el tendal en la industria; un tejido industrial dependiente y desigual que, sin embargo, tiene su importancia. Para desmontarlo habría que afectar demasiados equilibrios.

Segundo, desconocer el conjunto de mediaciones políticas y sindicales que caracterizan a los trabajadores argentinos. Intentar pasar por encima de las “instituciones” creadas que, así como son otras tantas herramientas de contención (hablamos de los sindicatos burocratizados), expresan, también, “derechos adquiridos”: tradiciones, condiciones laborales, determinados niveles de sindicalización, etcétera.

Con Macri fracasa un intento de racionalización de libre mercado que se ha chocado con las características estructurales del país y también con su clase trabajadora y que requieren más bien un “rodeo” que un ataque frontal,ataque para el cual, por lo demás, nunca se tuvo la masa crítica suficiente (pensar en la falta de mayorías propias en las Cámaras, por ejemplo).

En estas condiciones,el cinismo de Alberto Fernández no puede ser mayor. La agitación de la devaluación en la previa a las PASO hace de los acontecimientos actuales una suerte de profecía autocumplida.

Aprovechándose de que Macri sigue siendo el “presidente” (¡la perversión del mecanismo institucional de las PASO –donde se vota para no decidir nada- la vive ahora en carne propia la misma burguesía!), lo suyo es lo clásico de cualquier nuevo gobierno burgués presto a asumir: intentar que el saliente le haga el trabajo sucio en sus últimos meses.

Si la devaluación procede es porque los agentes económicos han sacado la conclusión de que el modelo de Macri no va más. Es decir: lo que no va más no es todo intento de racionalización capitalista sino, precisamente, el de Cambiemos: el ajuste abierto y visible de la economía vía el déficit cero, las contrarreformas laborales y jubilatorias, etcétera.

Alberto Fernández y sus economistas vienen agitando un ajuste alternativo,ajuste que en cierta forma es el que está realizándose a estas horas:la pulverización del salario y los costos laborales vía la devaluación.

La lógica de un “ajuste indirecto” que está llevándose a cabo cual “fuerza de la naturaleza”… Ni Macri ni élparecen dispuestos a tomar medidas para contener la corrida; siquiera a sugerirlas (¡atención que por detrás de ellos está el diktat del FMI, como acaba de verse en el tema de las naftas!).

Ocurre que cualquier medida alternativa significarían cierto socavamiento de los derechos de propiedad y/o de las ganancias: un férreo control de cambios para los grandes capitales, un aumento en regla de las retenciones agrarias, la prohibición por ley de despidos y suspensiones, un aumento generalizado de los salarios, la expropiación de toda empresa que vaya al cierre (caso actual de Toyota), el no pago de la deuda externa, la ruptura con el FMI, impuestos progresivos a los grandes capitales, la eliminación del impuesto al salario, etcétera.

Puntos de un programa alternativo, anticapitalista, como el que propagandizó nuestra compañera Manuela Castañeira a lo largo de la campaña.

Los resultados de la izquierda

Es en este contexto que debe ponerse la elección de la izquierda. Los resultados gruesos dan 2.88% para el FITU y el 0.71% para nuestro partido; sumadas ambas cifras algo en torno a 3.59% o, en términos absolutos, 730.000 votos para los primeros y 180.000 votos para nosotros.

Está claro que, tomando la votación de conjunto, se trata de una elección modesta, una elección que bordea, de todos modos, el millón de votos; un resultado minoritario pero no marginal.

Su limitación objetiva principal es que no se ha logrado, en todos estos años, un avance sustancial en una conciencia anticapitalista, revolucionaria. La conciencia promedio de los trabajadores sigue siendo reivindicativa; posibilista si se quiere (está claro que una conciencia revolucionaria sólo puede forjarse en un “mundo revolucionario”, por así decirlo).

Pero a las limitaciones objetivas se le suman las subjetivas. Nuestro partido no superó las PASO, es verdad; el 47% de Fernández fue el factor principal en esto –no la votación del FITU-,en una campaña extraordinaria que por su dinámica abrió –al menos durante un momento- esta posibilidad.

Pero aun así, nos la arreglamos para pasar de los 103.000 votos de las PASO del 2015 a los 180.000 cuatro años después; mientras tanto, el FITU (FIT + MST) retrocedió pasándose de una proporción de 8 a 1 a la mitad, de 4 a 1. En concreto, el FITU perdió 156.000 votos en relación a 4 años atrás.

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Tampoco se trata que la clave del balance sean solamente los votos. Aunque hayan pasado las PASO (debido al “colchón” anterior con el que venían), su campaña fue extremadamente rutinaria, de aparato y poco militante; una campaña defensiva que no pudo evitar que el retroceso se profundizara.

Nuestra campaña electoral fue lo opuesto: apostamos a conectarla con el movimiento social de lucha más importante de los últimos tiempos: el movimiento de mujeres. Desde allí universalizamos la campaña al conjunto de los trabajadores y la juventud.

Por otro lado, le dimos un definido contenido anticapitalista,preocupados porque en la campaña electoral de la izquierda no se levanten solamente reivindicaciones aisladas,sino que se le dé un sentido general que contribuya a la elevación de la conciencia política de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Así las cosas, mientras que el FITU estuvo por detrás de sus posibilidades teóricas,nuestro partido fue más allá de sus límites. Logramos importantes avances constructivos en materia de apertura de locales, desembarco en nuevas provincias y localidades, incorporación de nuevos compañeros y compañeras al partido, el acompañamiento de figuras extra partidarias de la talla de Miguel Ángel Forte; todo esto amén de haber logrado la instalación definitiva de Manuela Castañeira como una de las principales figuras de la izquierda en nuestro país.

Hacia un salto constructivo

Nuestro tercer eje de campaña fue levantar un programa alternativo para que paguen los empresarios, amén de la defensa del aborto legal.

Este programa ahora es clave porque, en realidad, Macri está en una retirada inevitable y Fernández llega con la devaluación y el ajuste a los trabajadores bajo al brazo.

Fernández ha dicho que espera que Macri “se quede hasta el 10 de diciembre”… La CGT ha reiterado que “no piensa llamar a un paro”. El kirchnerismo nollama siquiera a que se salga a cacerolear contra el aumento de precios y el desabastecimiento: lo suyo es cuidar la gobernabilidad mientras el salario y el empleo se pulverizan.

Incluso más: no podemos descartar que esté abriéndose una crisis de gobernabilidad; tampoco que bajo el hierro de la crisis los trabajadores, de alguna manera, no comiencen a irrumpir.

En estas condiciones, de desarrollarse la crisis, la salida más democrática que se plantearía sería la convocatoria a una Asamblea Constituyente para que los trabajadores y trabajadoras decidan los rumbos del país.

Las tareas del momento pasan por presentar el programa alternativo que agitamos en la campaña electoral e impulsar la salida a las calles; esto mientras pasamos balance de la campaña y salimos a recoger los logros de una campaña electoral que nos acerca a un salto histórico de nuestro partido.

Para concluir este editorial, quiero parafrasear aquí las palabras de un joven cuadro de nuestro partido que expresan todo el espíritu que anida en nuestra base partidaria: “Párrafos aparte merece la militancia del Nuevo MAS y la histórica campaña que hicimos. Si bien el piso proscriptivo de las PASO es un desafío enorme que ningún partido de izquierda aún ha logrado quebrar por sí mismo, nuestro partido quebró sus propios límites en estos últimos meses. Se propuso dar una respuesta de fondo a la crisis y logró hablar en un lenguaje socialista comprensible por todo el mundo. La voz de que el capitalismo no va más se escuchó en los medios de boca de Manu y de los otros candidatos, hecha trap, cumbia, punk y chacarera. Sacamos a toda la militancia a la calle a discutir una alternativa al sistema con un nivel de militancia heroico y más de una jornada de 24 horas. Logramos combinar tradición con futuro. En nuestros locales y en nuestras actividades como en las listas se acumulaban luchadores obreros históricos, compañerxs sobrevivientes de la dictadura, luchadores socialistas con más de cinco décadas de militancia peleando codo con codo con las pibas ultra jóvenes de la marea verde, la juventud entera que refleja el anticapitalismo y nos trae los reclamos feministas y de toda la diversidad sexual y ecológicos para sumar a la trinchera de la lucha de la clase obrera contra su opresión.
Vamos a tomarcon estas mismas consignas y este mismo aprendizaje las calles, seguir en todos los medios, las fábricas, los hospitales, las escuelas, los centros de estudiantes. Somos el partido de la Pilkington, de Molino Minetti, de Las Rojas, de Manuela Castañeira, de las Jornadas de Pensamiento Socialista, de la Corriente Internacional SoB; cada vez quedan menos rincones de la realidad donde no se nos escuche.
Estamos hechos de una madera distinta. Hechos de formación y convicción estratégicas. Sabemos que tenemos los balances del estalinismo, de las revoluciones de posguerra y el siglo XX bajo el brazo y eso nos da otra fuerza. Sabemos que nuestro partido creció enormemente después de cada campaña y que esta nos deja a las puertas de un salto histórico, con muchísimos compañeros nuevos, contactos, locales nuevos, regionales enteras hechas de cero en estos meses.

El Nuevo MAS tuvo su mejor elección en su historia, su mejor resultado y está más fuerte que nunca. Un abrazo enorme a cada compañero y compañera que construye esta maravilla en conjunto todos los días. No aflojemos jamás, vamos por la revolución socialista, porque es nuestra tarea histórica y la única posibilidad para la humanidad”.

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