Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie, dirigente del Nuevo MAS.


La noticia trastocó todo el panorama político. Desde Cambiemos al Peronismo Federal, pasando por Lavagna y la burocracia sindical, todo el mundo tuvo que reposicionarse mientras digería la noticia.

Los primeros en manifestar su satisfacción y apoyo fueron varios de los gobernadores que revistaban en las filas del Peronismo Federal y que ven en Alberto Fernández una voz afable con la cual podrán negociar. Inmediatamente los siguieron las congratulaciones de los burócratas de todos los colores, desde Moyano y Yaski, hasta Daer, quienes saludaron al flamante candidato. El resto de la oposición patronal se vio obligada a apurar todas las definiciones. Sergio Massa, ni lerdo ni perezoso, saludó la “entronación” de su ex armador, reiteró su vocación negociadora y reafirmó su intención presidencialista. Lavagna tuvo que dejar de deshojar la margarita y confirmar que tiene la pretensión de postularse a la presidencia aunque no está claro cuál será su armado electoral. Y finalmente, el PJ federal encabezado por Schiaretti,trató de salvar la cumbre que ya tenía prevista para este miércoles junto a Pichetto, Urtubey, Massa y Lavagna. Cumbre de la cual dicho espacio salió debilitado producto del desplante de Lavagna y la incógnita sobre qué podría negociar eventualmente Massa con el kirchnerismo.

Pero quien quedó más expuesto fue el gobierno. A Marcos Peña, Jefe de Gabinete y responsable de la campaña oficialista, se le viralizó un mensaje interno (más ordenador que tranquilizador) que se apuró a mandar diciendo: “A nosotros no nos cambia cómo se organiza la oposición”. Lo que ocurre es que a nadie se le escapa que cuando nada cambia no hace falta aclararlo. Por su parte, y casi en simultáneo, Mauricio Macri estaba preparándose para dar un discurso motivacional a una troupe de incondicionales “defensores del Cambio” y no atinó más que a repetir una y mil veces una sarta de frases apocalípticas del tipo: “volver al pasado sería autodestruirnos”, “el pasado solamente nos va a destruir”.

Lo concreto es que el desplazamiento de Cristina Fernández a la vicepresidencia y la aparición de Alberto Fernández como candidato a presidente por el PJ-K, configuran una modificación cualitativa del escenario político electoral. Una reconfiguración que se presta a las mil y una elucubraciones y sobre las cuales es aún muy prematuro sacar demasiadas conclusiones.

No obstante esto, sí es posible plantear algunas definiciones ordinales. Durante todos estos años, Alberto Fernández ha estado siempre en contacto y en relación directa con los sectores más concentrados del poder político y económico a quienes les ha demostrado que es un fiel servidor de los intereses del Estado burgués y de la gran patronal. El restablecimiento de relaciones entre Alberto Fernández y Cristina Fernández no es producto de un corrimiento de él hacia la izquierda, sino de una reubicación de ella hacia el centro conservador. Como veremos, la jugada de Cristina no es para nada improvisada, ella ha escogido al hombre para el puesto.

 

Ni Cámpora al gobierno, ni Perón al poder: un giro conservador con efectos estabilizadores

En los últimos días ha estado en el ambiente la forzada comparación de la actual fórmula presidencial del PJ-K con la maniobra política que organizara el peronismo en 1973 ante la proscripción formal de Juan Domingo Perón en las elecciones presidenciales. La táctica “Cámpora al gobierno, Perón al poder” era la formulación que utilizó Perón para contener a sectores de la izquierda peronista y lograr birlar la proscripción. La comparación de este corrimiento de Cristina con la elección de Cámpora en 1973 es un despropósito que no tiene mayor asidero en la realidad y que solo echa arena en los ojos de los trabajadores. Primero porque el movimiento de Cristina no es una genial astucia, sino la comprensión cabal de una necesidad política, y lo que busca es generar algunas certidumbres tanto dentro del PJ como dentro de la burguesía y el imperialismo. Pero además porque la tradición política y el sistema de gobierno de la Argentina es fundamentalmente presidencialista, y si bien Cristina es una figura con un peso específico, el presidente cuenta con los hilos y la caja que otorga el Estado para adquirir y comprar voluntades.

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Lo cierto es que este despropósito está impulsado tanto por el macrismo como por sectores del kirchnerismo. Unos, pretenden hacer creer que estamos ante una nueva triquiñuela del “demonio del Calafate” que se esconde tras una marioneta con bigote; los otros, pretenden vender que estamos evidenciando una nueva maniobra genial de “la Jefa” y que desde la vicepresidencia ella será quien tome las decisiones.

La población en general está muy acostumbrada a que los políticos y dirigentes patronales mientan todo el tiempo. Es por eso que ante cada decisión de estos sobrevuela un manto de sospecha, un esfuerzo por leer entrelineas. Esto es un sano ejercicio adquirido por la experiencia acumulada, pero hay ocasiones en que la vida nos sorprende y entre tantas mentiras se cuela alguna verdad. Algo de eso se puede encontrar en el video de Cristina publicado este sábado pasado. En el mismo la ex presidenta justifica su “renunciamiento histórico” con la necesidad de poder articular un armado muy amplio que permita no solo ganar las elecciones sino además gobernar el país. Es decir, retoma la idea sobre la necesidad de formar un “frente patriótico” o “contrato social” que permita el desarrollo del músculo político necesario para implementar las reformas del caso. Para esta tarea ella se ve como un obstáculo, mientras que Alberto Fernández sería el hombre para el puesto.

El video de Cristina es la confesión más palmaria de la incapacidad personal que tiene ella para volver a congraciarse con los principales sectores de la burguesía y del propio peronismo; pero también la demostración de que ella está dispuesta a sacrificar su postulación con tal de hacer creíbles sus buenas intenciones.

La designación de Alberto Fernández como candidato a presidente configura un corrimiento a derecha del kirchnerismo impulsado por la propia Cristina. Es un claro mensaje dirigido a la burguesía en donde se declara que no se quiere volver a las veleidades “extremistas” de su segundo gobierno. La fórmula Fernández-Fernández combina la seriedad de una “hombre de confianza” para la burguesía, con la capacidad de contención sobre las masas que aun detenta Cristina.

Claro que solo con “formulas” no se convence a nadie. En estos días, Alberto Fernández ha estrenado su candidatura con una serie de definiciones significativas. Por un lado no se cansó de afirmar y confirmar que se van a respetar todos los contratos y el acuerdo con el FMI y que se les va a pagar dólar sobre dólar sin siquiera pedir un centavo de quita. También le mostró la bandera blanca al Grupo Clarín a quien le pidió que termine con el “periodismo de guerra”. Y finalmente, en nombre de terminar con las grietas y las divisiones, planteó que estaba en contra del derecho al aborto libre, legal, seguro y gratuito en los hospitales, y planteó que no era oportuno ni necesario apurar el debate en el Congreso. En tres días conformó todo una orientación política conservadora al servicio de tranquilizar a la burguesía, a la iglesia y a los mercados.

 

La izquierda debe unirse y proponer un programa alternativo

La crisis global que afecta a la Argentina continúa manifestándose por todos los poros de la vida política y social. La pobreza, el desempleo, la inflación, el consumo. Todos los indicadores económicos se deterioran cada día. Del gobierno de Macri nadie espera otra cosa que una profundización del ajuste, de los despidos, de la fuga de capitales, de los tarifazos y de la inflación. Es decir un ajuste en toda la línea. Por otra parte, el corrimiento de Cristina apuesta a llevar calma y tranquilidad a los mercados y a la burguesía, y estos por lo pronto lo leyeron en ese sentido. La entronación de Alberto Fernández en la fórmula presidencial del kirchnerismo es la confesión de que este espacio esta jugado a pactar tanto con el FMI como con las grandes empresas y con la iglesia los núcleos centrales del programa del futuro gobierno.

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Desde la izquierda es necesario plantear un programa claro, desde los intereses de los trabajadores y del conjunto de los sectores oprimidos. Una crisis global de la Argentina capitalista como la que estamos viviendo requiere un programa con medidas de fondo, que ataquen realmente los problemas del país y que ofrezcan una perspectiva realista, es decir anticapitalista.

Mauricio Macri y Alberto Fernández coinciden en mantener el acuerdo con el FMI y pagarle hasta el último centavo de dólar. Desde el Nuevo MAS sostenemos que cumplir con el FMI y con el pago de la deuda externa significa continuar con un mayor ajuste a los trabajadores. Planteamos que hay que romper con el FMI y dejar de pagar la deuda externa.

Mientras que Mauricio Macri aplica un plan recesivo y deja pasar los despidos y las suspensiones de miles de trabajadores, Alberto Fernández plantea que esta no sería una prioridad en su gobierno. Para él las prioridades son otras: “La primera, la deuda; la segunda, la inflación y la tercera es el déficit fiscal. En ese orden”… “Confiemos en que podamos reactivar la economía y por esa vía recaudar más. Pero no es mágico”.

Desde el Nuevo MAS planteamos que hay que aumentar salarios y jubilaciones mínimas al nivel de la canasta familiar indexados mensualmente según la inflación; prohibir por ley despidos y suspensiones y estatizar bajo control obrero toda empresa que vaya al cierre;imponer un férreo control de precios y abastecimientos para acabar con las remarcaciones y retrotraer las tarifas a valores del 2016.Hay que eliminar el impuesto al salario y los impuestos al consumo popular (IVA) e imponer impuestos directos a la riqueza, las grandes propiedades, la banca y las exportaciones agrarias e industriales (retenciones).

Mauricio Macri se declaró enemigo de los derechos de las mujeres, mientras que Alberto Fernándezmanifestóno solo su rechazo a la legalización del derecho al aborto gratuito y en el hospital, sino que incluso planteo la inconveniencia de que el proyecto se discuta en el Congreso para evitar divisiones en la sociedad. Desde el Nuevo MAS y Las Rojas sostenemos que es falso que la sociedad está dividida. Una inmensa mayoría social se manifestó de manera categórica a favor de la legalización del derecho al aborto. Las vidas de las mujeres no pueden esperar más.

Es el propio pueblo quien debe decidir sobre las relaciones con el FMI y qué medidas tomar para salir de la crisis: vamos por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana.

En este sentido es que el próximoviernes 24 de mayo nuestro partido realizaráuna conferencia de prensa en el Hotel Castelar en donde presentaremos la precandidatura de Manuela Castañeiraa la presidencia de la Nación por el Nuevo MAS junto a los precandidatos delos principales distritos del país.

Esto sin dejar de plantear la necesidad de realizar una gran interna abierta entre nuestro partido, las fuerzas del FIT y AyL de Luis Zamora para unir a la izquierda y que sea alternativa para millones de trabajadores.

Para superar la actual crisis hace falta que gobiernen los que nunca han gobernado: los trabajadores y la izquierda.

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