Roberto Saenz
Dirigente del Nuevo MAS y la corriente internacional Socialismo o Barbarie. Director general de izquierdaweb.com


 

El domingo terminó un largo año electoral. Con el 48% se impuso Alberto Fernández obteniendo Macri un digno 40%. Al otro día desayunaron juntos para pactar una transición pacífica: que Macri permanezca hasta el último día, garantizar la paz social y frenar la salida de divisas.

No hubo la corrida que se temía el lunes 28. La patronal, el imperialismo y el FMI se quedaron tranquilos por la “paridad política” que sale de la elección. El Frente de Todos tendrá mayoría en senadores pero no en diputados. Cambiemos retuvo CABA, así como las principales ciudades de la provincia de Buenos Aires (La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca) y muchas intendencias. Arrasó en Córdoba y Mendoza y se recuperó en Santa Fe y Entre Ríos (imponiéndose en casi toda la zona núcleo del campo argentino).

Por su parte, Alberto de la mano de Kicillof ganó cómodamente en la 1ª y 3ª seccioneselectorales del Gran Buenos Aires y se impuso en el norte y el sur del país. Ganó claramente por una diferencia que podría estirarse -en el recuento definitivo- hasta 10 puntos, pero no arrasó como se esperaba originalmente.

Como contracara de estos augurios de estabilidad y “equilibrio de poderes”, la situación económica es deuna fragilidad extrema. La fotografía de la “calma” inmediatamente posterior a la elección, es una “imagen política”, no económica. Con las reservas de libre disponibilidad por debajo de los 10.000 millones de dólares,el país está al borde de una cesación de pagos lisa y llana[1].

Desde las PASO a esta parte el BCRA perdió 20.000 millones de dólares, cifra sideral aplicada por tercios a pagar deuda externa, a la compra de dólares por los consumidores (una parte de la cual es lisa y llana fuga de divisas) y a la pérdida de encajes por el retiro de depósitos en divisas por los ahorristas.

De ahí que el tema de las reservas fuera el único reclamo que le hiciera Fernández a Macri en su amistoso desayuno.

El BCRA está en bancarrota y el grueso de la clase media votóen contra del nuevo gobierno. Lo que hay que esperar, entonces, son las habituales excusas de parte de Fernández y que la parte más dura del ajuste –más allá de alguna concesión menor- recaiga sobre el sector que el Frente de Todos y la burocracia sindical controlan a pie juntillas: la clase trabajadora.

Contradictoriamente, la izquierda llega a esta nueva coyuntura con cierto debilitamiento. A la polarización extrema se le suma que la magra elección de Del Caño llevó a dicho frente a retornar a índices de cierta marginalidad.

Y, para colmo, la orientación oportunista del PTS hizo que la campaña se redujera, vergonzosamente, a pedir el corte de boleta

Ha quedado claro que si el FIT hubiera aceptado la unidad con nuestro partido, ir a internas abiertas, la izquierda habría salido menos debilitada.

En todo caso, la tarea inmediata que asumimos desde nuestro partido es alertar que, más allá de las expectativas, Alberto va a realizar un gobierno para los empresarios y colocarnos al lado de cada lucha de los trabajadores, las mujeres y la juventud que comiencen a despuntar a partir de ahora.

 

La fotografía que arrojó el voto

Todas las elecciones muestran una fotografía del estado de ánimo político de sus clases sociales y esta no es la excepción.

Es evidente que entre los trabajadores –salvo casos excepcionales como Córdoba- dominó el sentimiento del repudio a Macri y el voto castigo. Voto castigo que capitalizó Fernández.

En realidad, y como señalamos en nuestra declaración el pasado domingo, los trabajadores habían pasado masivamente a la oposición dos años atrás, cuando las Jornadas de diciembre por la ley jubilatoria. Esa acción –que conecta al país con el ciclo de rebeldía recomenzado internacionalmente- es la que hirió de muerte al gobierno de Cambiemos(la que “le puso los puntos”, por así decirlo).

Se tardó dos años en comprender el carácter directamente agente de los empresarios y los mercados de Macri. Pero cuando se entendió, ya no hubo marcha atrás. La elección en el 1er y 3er cordón electoral del Gran Buenos Aires, el núcleo de trabajadores y trabajadoras más estratégico del país, es categórico en este sentido.

Sin embargo, también requiere explicación la remontada de Macri. Aquí confluyen dos fenómenos. Por un lado, el Frente de Todos y la burocracia sindical le vienen perdonando la vida desde aquellas históricas Jornadas. No nos olvidemos del famoso acto del 21 de febrero del 2018, donde Moyano empezó a decir ya “hay 2019”,insistiendo que a nadie se le ocurriera que Macri se fuera anticipadamente.

El inicio de la dilatada campaña electoral vino a cumplir el mismo papel y no sólo esto. Incluso después de las PASO, cuando el macrismo salió a movilizar su base social, Fernández llamó a “no salir a las calles”.

La explicación es sencilla: el Frente de Todos como fuerza poskirchnerista moderada que es (aparato político y burocracia sindical), necesita del respaldo electoral pasivo de los trabajadores, no que éstos amenacen con cualquier desborde saliendo a las calles. Son maestros de la contención y, también, organizadores de derrotas; a no olvidarlo[2].

Por lo demás, hay un segundo elemento que se conecta, también, con cuestiones internacionales: una porción enorme de las clases medias, quizás mayoritaria, que combina tanto sectores directamente vinculados a la burguesía como trabajadores y trabajadoras de cuello blanco políticamente atrasados, votaron a Cambiemos.

Ellos son la base social que se movilizó detrás de la campaña del “Sí, se puede”. Una base social reaccionaria que tiene esa ubicación inamovible desde la crisis del campo del 2008 y que volverá a salir a las calles si es que se aplica alguna mínima retención a las exportaciones agrarias[3]

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Porque, precisamente, la “geografía” del voto muestra que en todo el centro del país –CABA, provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos- el macrismo hizo una excelente elección.

Lo que se tiene, entonces, es que el país quedó prácticamente dividido por mitades con una parte minoritaria de las clases medias progresistas votando al kirchnerismo o poskirchnerismo y una parte, también minoritaria pero real de trabajadores, votando a Macri (sobre todo en Córdoba –ver nota aparte en esta edición-).

Este “corte de clase” del voto, por así decirlo, no tiene una importancia secundaria. Le permitirá a Cambiemos hacer tanto un “contrapeso” frente a cualquier veleidad que se les ocurra a los Fernández, como les dará una justificación adicional a estos últimos para no tomar ninguna medida progresiva.

El problema que tiene esto es lo que ya señalamos: el único sector social que el Frente de Todos controla de manera rotunda, son los trabajadores. Y si se pretende pagar la deuda externa (aún renegociando los plazos e, incluso, con alguna quita), no introducirle retenciones al campo, ayudar a la industria a“recuperarse”, beneficiar al sector extractivista para que “haga inversiones”, etcétera, y esto para colmo en un contexto económico internacional adverso, a dónde se irá para obtener fondos sino ajustando –disfrazándolo como se lo disfrace- a los trabajadores…

Por lo demás, es evidente quesi las relaciones de fuerzas en el país trazan determinadas “líneas rojas”, la democracia de los ricos y las direcciones burocráticas han permitido canalizar –por lo menos, de momento- la crisis desatada en diciembre del 2017, la corrida contra el peso y el default de la deuda sin un desborde generalizado[4].

De ahí que algunos analistas hayan festejado cierta vuelta al“bipartidismo”, un retorno agigantado artificialmente por la debilidad que exhibieron las terceras fuerzas(entre ellas la izquierda).

 

Un país sin reservas

Vayamos ahora acómo está la economía el día después de los comicios. En una reciente reunión partidaria decíamos que la contradicción que se abre ahora es que si desde el punto de vista político los trabajadores arrancan con una importante cuota de confianza en el nuevo gobierno, sin embargo, económicamente, la presidencia de los Fernández comenzará con una enorme fragilidad económica.

Es un hecho que la Argentina se encamina al 2020 sin reservas. En una reciente reunión de presidentes de los Bancos Centrales del mundo, el ex presidente del Banco Central de Inglaterra señaló que una debilidad adicional de la economía mundial –debilidad que afecta a muchos países dependientes- es que Estados Unidos configura hoy sólo el 15% de la economía mundial y sin embargo su moneda pacta el 85% de los intercambios internacionales.

¿Qué significa esto? Que cualquier país que no tenga cómo abastecerse de dólares va la crisis. Una crisis como subproducto de no tener divisas para enfrentar las obligaciones financieras y comerciales(lo cual es un problema tremendo en este mundo dominado por la globalización y los intercambios[5]).

Alberto Fernández llega a la presidencia sin márgeneseconómicos. Si el cepo colocado por Lacunza funciona (una medida extrema que permite adquirir sólo 100 o 200 dólares por mes y que afecta, sobre todo, a los pequeños ahorristas) y se pierden hasta la asunción del nuevo gobierno “solamente” 1.000 millones de dólares, el nuevo gobierno tendría recursos para enfrentar las obligaciones hasta marzo…

Esta situación es, paradójicamente, muy favorable a los mercados, al FMI, al imperialismo y a la clase capitalista en general, porque al tener achicados los márgenes de maniobra el nuevo gobierno,el espacio para veleidades progresistas queda acotado

Fernández deberá presentarle su plan económico al FMI. En su interesado saludo a Fernández,KristalinaGeorgieva, la nueva jefa del Fondo, reiteró que quiere ver el nuevo plan económico antes de devengar los 5.400 millones de dólares pendientes, fondos que el nuevo presidente necesita como el agua.

Claro que si los ganadores de las elecciones estarían dispuestos a patear el tablero, obtendrían márgenes. Con sólo aumentar las retenciones a los parásitos y chupasangres “productores” del campo (que se han embolsado una renta agraria diferencial inmensa estos dos últimos años[6]), ya los recursos comenzarían a engrosarse.

Lo mismo vale para Vaca Muerta, las naftas, y los servicios en general. Las empresas del sector están al acecho para obtener sus postergados aumentos tarifarios. Y no nos olvidamos del problema de la deuda; deuda que debiera ser desconocida íntegramente. Porque se trata de una estafa sideral generada por el gobierno de Macri, que dejó nuevamente endeudado el país mientras bajo su presidencia se fugaron entre 100.000 y 200.000 millones de dólares.

Sin embargo, podemos adelantar que Fernández no hará nada de esto salvo que sienta el hierro de la presión por abajo. El objetivo del pacto social con empresarios y dirigentes sindicales es el opuesto: tomar alguna medida cosmética paliativa con la pobreza –la nueva excusa para ajustar al resto-mientras se plantea a los trabajadores arremangarse, aceptar una “recuperación paulatina” de su salario y del empleo, etcétera[7].

Es por esos sencillos datos económicos y políticos que definimosque se viene un gobierno de Alberto Fernández y no tanto de Cristina, por así decirlo. Un gobierno poskirchneristabastante conservador, quedando el kirchnerismo en “reserva” por si estalla el país.

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El balance de la izquierda

Los trabajadores canalizaron su voto castigo vía Fernández. Pero como se dice habitualmente, eso no quiere decir que le hayan dado un cheque en blanco. A priori, la confianza en el Frente de Todos es muy grande porque la presidencia de Macri fue desastrosa.

Sin embargo, junto con esa confianza también hay inmensas expectativas. Y no podemos descartar que los trabajadores lean el cachetazo a Macri como un triunfo que los tonifique para salir a pelear (al menos, en el mediano plazo).

La crisis económica del país es tan grande que es difícil hacer previsiones. En condiciones normales habría que esperar seguramente un plazo prudencial para que los trabajadores hagan su experiencia con el nuevo gobierno.

Sin embargo, reiteramos, la crisis económica es tan grande, el contexto internacional tan delicado, el ejemplo de las rebeliones populares tan visible en estas jornadas que: ¿quién podría afirmarcategóricamente que los próximos meses serán planchados?

Lo que sí podemos señalar, en todo caso, es que por responsabilidad del FIT-U la izquierda no arrancará de la mejormanera el próximo período. Se viene arrastrando un cierto debilitamiento sindical desde las duras derrotas de Gestamp, Lear y varias otras. Pero ahora hay que agregarle lapésima votación de Del Caño arañando apenas el 2% de los votos.

La criminal política oportunista y de aparatos del PTS ha llevado a que la izquierda sufra un golpe político. El Partido Obrero está en crisis. El PTS privilegió un frente con el grupo más desprestigiado de la izquierda, el MST, en vez de unir fuerzas con el Nuevo MAS.

Si hubieran aceptado las internas abiertas hubiéramos competido en unidad en las elecciones del 27; pero no fue así.

Para colmo la campaña de Del Caño fue de lo más oportunista que se ha visto en la izquierda en muchos años. Ya hemos dicho mil veces que la adaptación a las reglas de juego del sistema se hace valer de manera insensible. Si no se tiene resguardos, no se ve. Y menos que menos se podría ver cuando el grupo en cuestión tiene características autoproclamatorias.

No sólo su campaña fue rutinaria. No sólo no deja enseñanzas a los trabajadores (más allá de la búsqueda desesperada por porotos). Del Caño estuvo en dos debates presidenciales sin alertar sobre el pacto social que viene. Menos que menos se dedicóa pedir un voto clasista y socialista independiente, sino que su eje fue reclamar el corte de boleta hipotecando la pelea por la independencia de clase.

De cualquier manera, se trata sólo de elecciones. Las luchas y los desafíos concretos que se vienen en el próximo periodo, las rebeliones populares que estallan en todoel mundo, le darán fuerzas a la izquierda para recuperarse rápidamente.

Por nuestra parte, estamos orgullosos del desarrollo de nuestro partido; de las decisiones que tomamos a lo largo del año siempre con la mira puesta en la política, en las grandes perspectivas estratégicas y no en ganancias inmediatistas. Y creemos que la realidad nos ha dado la razón.

Con la fuerza y el prestigio que va logrando nuestro partido por mantenerse firme, sin ningún sectarismo hacia los millones de trabajadores y trabajadoras que votaron a Fernández pero alertándolos de lo que viene, estaremos desde el día uno del nuevo gobierno en las calles junto a los trabajadores, las mujeres y la juventud acompañándolos en sus reclamos, planteando que sólo confíen en sus propias fuerzas y reafirmando los criterios estratégicos de nuestra construcción.

 

[1] Las reservas de libre disponibilidad son aquellas de patrimonio exclusivo del Estado argentino, es decir, las que no tienen que ver con los encajes obligatorios del 50% de los depósitos de los ahorristas. Cuando dichas reservas se agotan, como está ocurriendo nuevamente ahora, vienen los “corralitos” o “corralones”, que significan un avance sobre los depósitos de los ahorristas.

[2]Nos referimos a organizadores de derrotas en el sentido que le perdonaron mil veces la vida a Macri y luego temblaron cuando aparecieron los primeros datos electorales que introdujeron el temor si no se iría a un balotaje.

[3]Sería interesante ver qué harían algunos integrantes del FIT-U en ese escenario, aunque no creemos factible que Alberto toque al campo.

[4]No podemos menos que repetir aquí el crimen político del PTS y el PO de haberse negado a plantear la salida anticipada de Macri durante el 2018, otro factor que se volvió como un boomerang sobre su performance electoral.

[5]El ex presidente del Banco Central de Inglaterra promovió una imposible –bajo el capitalismo- moneda mundial. Sin embargo, su argumento tiene el valor de marcar el hecho que cualquier otra moneda o “canasta de monedas” que sirviera para romper el monopolio del dólar, no parecen a la orden del día.

[6]Cuando hay grandes devaluaciones de la moneda la renta diferencial que surge entre el pago de los costos en pesos devaluados e ingresos por exportaciones en dólares apreciados, permiten hacerse la América a los que obtienen este beneficio. De ahí que, a diferencia de lo ocurrido bajo Macri, es habitual que las retenciones se aumenten cuando se dan este tipo de procesos económicos.

[7]Al cierre de esta edición estamos escuchando a Yasky y Baradel afirmando que sería “natural que los salarios fuesen congelados” y que las clases deben comenzar normalmente el año que viene…

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