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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
José Luis Rojo


“Escucho a Axel y también lo escucho a Nielsen. En algunas cosas estoy más cerca del pensamiento de Nielsen y en otras estoy más cerca del pensamiento de Axel. Si vos me preguntás por el problema de la deuda, le presto mucha atención a Nielsen’. Al mismo tiempo, [Fernández] se definió como un ‘abanderado del superávit fiscal’, ya que ‘nadie seriamente piensa que se puede vivir con déficit fiscal’ y recordó que ‘yo fui el Jefe de Gabinete cuando hubo cinco años consecutivos con superávit fiscal”. (La Nación, 24/06/19)

 

Con la oficialización de las listas, ahora sí ha comenzado la campaña electoral, al menos por arriba, en la esfera política.

Los dos bandos patronales principales, el macrismo y el kirchnerismo, ambos juegan el mismo juego, poniendo todos sus recursos al servicio de eso: polarizar todo, llevarse todo, tratar de impedir que nadie exista más allá de ellos.

El juego de la polarización político-electoral tiene su perversidad: no solamente porque traslada todo el proceso político al mero terreno electoral, sino porque las candidaturas de Macri y Fernández se parecen cada vez más. Si el empresariado, de cualquier modo, prefiere a Macri como su agente directo, las declaraciones a la derecha de Fernández –cada vez más sistemáticas- muestran cuán falsa es la polarización.

Los medios de comunicación, cual empresas de medios, colaboran a fondo en este operativo. Cuidan mínimamente las formas, pero cada decisión que toman es una decisión política: sea que estén con un bando político patronal o con el otro, su operativo pasa por hacer que todo lo demás aparezca como “marginal”.

Por abajo esotro mundo. Si bien el voto útil y el posibilismo pesan tremendamente entre amplios sectores de los trabajadores (que se ilusionan con “soluciones inmediatas”), existe un importante espacio político entre la juventud, el movimiento de mujeres e, incluso, la vanguardia de los trabajadores -estatales y privados- que quieren otra cosa;que rechazan tanto al macrismo como el kirchnerismo y simpatizan con la izquierda[1].

La campaña electoral recién comienza. Será una batalla durísima. Pero nuestro partido nunca estuvo mejor posicionado que ahora cuando, entre otras cosas, se ha confirmado que Manuela Castañeira es la única precandidata presidencial mujer en el país del #NiUnaMenos y la marea verde.

Con la fuerza de nuestra joven militancia vamos a poner en pie una campaña presidencial que seguramente será histórica.

 

Dos caminos, un mismo ajuste

Al momento de cerrar este editorial, una nueva misión del Fondo está arribando al país. Su objetivo expreso: reunirse con la oposición, es decir, con Fernández y Lavagna. En realidad, la reunión con este último será una mera cortesía, porque nadie espera que eleve su puntería electoral(aunque sí podría ser futuro ministro de Economía de un gobierno de Fernández, quién sabe).

Con Alberto Fernández las cosas son distintas. Ocurre que con Macri el FMI ya tiene diseñada una hoja de ruta. Pero debe armar un “plan b” en caso que se impongan los Fernández.

Las declaraciones de Alberto los últimos días vienen allanando las cosas. Ha declarado que Guillermo Nielsen es “su hombre de consulta” para temas relacionados con la deuda externa[2]. Y Nielsen es, como es sabido, un abierto exponente de los mercados.

Como si esto fuera poco, Fernández ha dejado claro que piensa pagarle tanto al Fondo como a los acreedores privados, además de defender expresamente una política de superávit fiscal.

Todas estas frases podría suscribirlas -sin diferencia alguna- Macri. Así las cosas, el interrogante es qué es lo que separa a ambos candidatos con mayores intenciones de voto.

Ni siquiera está claro que tengan diferencias sobre el plan a acordar con el Fondo. Al parecer, en ambos casos, se iría a un plan de “facilidades extendidas”, que significaría, en ambos casos,organizar los pagos en un período algo más extendido.

Pero si la relación con el Fondo, y el pago de la deuda, no separa a ambos candidatos, ¿qué es lo que lo hace?

Algo meramente táctico: los medios para imponer el ajuste.

El macrismo, ya se sabe, es agente directo del empresariado. Su “coalición” es directamente con Trump, el FMI, Bolsonaro y los grandes empresarios.

¿Qué tienen de su lado los K? Además del aparato territorial del peronismo y el aparato sindical de la burocracia, además de sectores minoritarios del empresariado, cuentan con el inestimable apoyo de la Iglesia Católica.

Además, como se sabe, los empresarios son lo más oportunistas y pragmáticos que hay: si se imponen los Fernández, van a correr a su regazo en menos de lo que canta un gallo.

El Fondo viene meneando la necesidad de avanzar en las contrarreformas laborales y jubilatorias. Si Bolsonaro lograra imponer la suya en Brasil, esto configurará una presión, y justificación adicional, para intentar avanzar con eso en nuestro país.

Pichetto es hombre hoy del macrismo en Senadores para intentar avanzar por ese lado en caso de imponerse Macri.

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¿Pero qué pasa con Fernández? Es significativo que no se le haya escuchado una palabra al respecto, ni a él, ni a los sindicalistas que lo acompañan.

Pero otra cosa es Guillermo Nielsen. Escuchémoslo: “¿Pero los Fernández están de acuerdo con las reformas laboral y previsional? ‘Una cosa es hacer estas reformas en recesión y otra, en condiciones de crecimiento. Nosotros queremos meter al país en modo crecimiento. Si tenés crecimiento, tenés superávit fiscal primario (antes del pago de la deuda). La habilidad pasará por cómo se negociará con el Fondo, convencerlo de que se pagará si aumenta la torta’, responde Nielsen”. (Perfil, 26/06/19)[3]

Alberto viene diciendo que la deuda “hay que pagarla”. Ha señalado, también, que es defensor del superávit fiscal. Y ahora resulta que, para Nielsen, con el efecto “anestésico” de un eventual crecimiento, las contrarreformas se notarían menos…

Sin embargo, con semejante deuda y defendiendo a rajatabla el déficit cero, ¿de dónde saldrían los recursos para crecer? No sabe, no contesta.

Así que aunque Fernández no diga una palabra al respecto, es más que factible que esté en el barco de los que impulsan estas contrarreformas.

¿En qué se diferenciaría entonces del macrismo? Sobre todo las formas: en la táctica para llevar adelante el ajuste. Acá podemos inscribir la propuesta (tramposa) de Cristina de un nuevo “contrato social”.

Lo que Macri se jugaría a imponer más o menos unilateralmente, en el caso de los Fernández significaría la escenificación de un “acuerdo social” donde, al costo de alguna concesión menor, se trataría de legitimar-con la bendición de la Iglesia y Francisco- un ajuste económico versión K.

Bendición que, por lo demás,excluiría el derecho al aborto, obviamente. Y afirmamos esto para los que, incluso en la izquierda,separan ambas peleas. Los que de manera necia pierden de vista lo vinculadas que están ambas luchas: el enfrentamiento al ajuste y el aborto legal[4].

 

Hipocresía al palo

De ahí que la trampa de la polarización sea de lo más hipócrita. Ya hemos señalado que, en cualquier escenario, un nuevo gobierno kirchnerista sería, sin duda alguna, mucho más conservador que su versión anterior.

En el caso de la gestión iniciada en el 2003,les tocó conducir el país luego de la rebelión popular del 2001. Reabsorberla significó determinados gestos. Ante el terror al desborde la burguesía estuvo dispuesta a hacer concesiones.

Por otra parte, el país ya había entrado en default, la deuda se dejó de pagar por unos años, el resto se pagó con quita[5], las privatizadas estaban totalmente desprestigiadas, y el precio de las materias primas comenzó a volar hacia arriba en el mercado mundial, además que el peso estaba súperdevaluado. Elementos todos estos que colaboraron para los superávits gemelos (comercial y fiscal, por no hablar del superávit también por un período en la balanza de pagos).

Hoy estas condiciones no están. Sin embargo, el juego de la polarización está a pleno. ¿Cómo se explica?

En el fondo, el “juego polarizador” no es más que la reafirmación de la dominación política burguesa. El país está viviendo una crisis estructural de magnitud; una crisis que de no ser controlada podría llevar a un estallido similar al del 2001. La coyuntura electoral sólo la ha dejado latente.

Sin embargo, sería una exageración afirmar que está en crisis el régimen político. Esto no es así:marchamos a elecciones;el régimen está funcionando.Cuando para amplios sectores de la población la única esfera de la política es la electoral, la burguesía puede tratar de monopolizarlas formas de representación: una enseñanza básica es que las elecciones no son nuestro terreno,aunque es obligatorio aprovecharlas todo lo que podamos.

La burocracia se ha ocupado de achatar la coyuntura. Ahí lo vemos a Moyano cerrando sin hacer ruido la paritaria camionera por el 23% (¡a años luz de la inflación!), esto con la promesa de que se reabriría en enero próximo…

La burocracia es así de siniestra: hace que patalea mientras se juega a la contención. Y cuando llegan las elecciones, les dejan todo servido a los políticos del sistema.

Con la coyuntura aplanada, las cosas se ponen más conservadoras. Los dimes y diretes del cierre de las listas tienden a ocupar toda la escena (panquequismo incluso en la izquierda).

En las últimas semanas sólo el movimiento de mujeres ha mantenido una presencia en la escena socio-político, escapando un poco a esta maniobra. También, en cierta medida, los movimientos de desocupados.

En estas condiciones, el operativo es sencillo: se hacen valer los aparatos electorales burgueses intentando marginar todo lo demás.

El escenario electoral generalmente no es el del sector más activo arrastrando al resto (eso ocurre en las luchas), sino el sector más atrasado imponiendo“la fuerza del número” -una persona un voto-“diluyendo” a los sectores más avanzados.

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De cualquier manera, seríamos injustos si perdiéramos de vista que las motivaciones subjetivas de la inmensa mayoría de los votantes aFernández son justas. Lo que la mayoría de los trabajadores quieren es sacarse de encima a Macri; ven en la fórmula FF la posibilidad concreta de hacerlo.

Una de las tareas principales de la campaña de la izquierda es alertar sobre la falla fundamental de esta apreciación, combatir contra el mecanismo pragmático del voto útil y pelear a brazo partido por romper esta falsa polarización con un criterio de independencia política de clase de los trabajadores.

 

¡Salgamos a la cancha en todo el país!

Es en estas condiciones que está creciendo enormemente la campaña de Manuela Castañeira. El ser la única mujer precandidata a presidenta ha tenido gran impacto en amplios sectores de la juventud y del movimiento de mujeres, incluso en sectores de trabajadores que escapan a la polarización.

La campaña no es sencilla porque las fuerzas patronales cuentan con todos los recursos materiales y, además, como está dicho, en esta campaña electoral, y ante el desastre de Macri, tendrá mucho peso el voto útil, cuestión que se agiganta por el posibilismo ambiente, por la falta de radicalización.

El FIT se negó a una verdadera unidad con una maniobra ultimatista y, políticamente, en relación a nuestro partido y a la candidatura de Manuela, podríamos decir que su maniobra les viene saliendo mal: estamos recibiendo una enorme solidaridad con nuestra campaña.

Ya de ahí a hacer pronósticos, es dificilísimo. No solamente está el hecho que la polarización puede dificultar el voto de la izquierda en su conjunto, sobre todo en el tramo presidencial, sino también que los recursos e instalación entre el FITU y nuestro partido, son evidentemente distintos.

Sin embargo, la campaña de nuestro partido está teniendo amplio impacto. El combinar el perfil de la única precandidata mujer en el país de la marea verde, la pelea por el derecho al aborto, la lucha contra el ajuste y por la ruptura con el FMI y el perfil más general anti-capitalista, anti-posibilista, nos está dando una enorme ubicación: nuestra compañera Manuela Castañeira está afirmándose como una de las principales figuras de la izquierda.

Por lo demás, la gran tarea es “sacar a la cancha” a las decenas y cientos de candidatos y candidatas de nuestro partido en todo el país: ¡hemos presentado casi 1500 candidatas y candidatos, más de 40 municipios en la provincia de Buenos Aires y 11 boletas completas en el interior, medio país, una verdadera hazaña[6]!

Y esto sin olvidarnos del orgullo de que Miguel Ángel Forte, profesor titular en Ciencias Sociales de la UBA y director en el CLACSO, haya aceptado ser nuestro candidato a Jefe de Gobierno en CABA, una candidatura de impacto por ser la única de un intelectual socialista en semejante responsabilidad.

Además, nuestro partido no para de crecer: estamos abriendo nuevos locales todas las semanas y la idea es seguir haciéndolo a lo largo de toda la campaña.

El entusiasmo militante del partido es inmenso. Hemos completado la primera fase de la campaña instalando a Manuela y presentando todas las candidaturas.

Ahora hay que salir a la cancha con todos los candidatos en todo el país para que no haya un solo trabajador, joven o compañera que no sepa que el Nuevo MAS corre con la única precandidata mujer, una precandidata anticapitalista que pelea contra el ajuste, por la ruptura con el FMI, por el derecho al aborto y por el gobierno de los trabajadores y el socialismo.

 

 

 

[1]Se verá cómo se reparte este espacio electoral entre un FIT instalado y la con mucha fuerza emergente candidatura de nuestra compañera Manuela Castañeira.

[2]Nielsen fue secretario de Finanzas encargado de la negociación de la deuda bajo el gobierno de Néstor Kirchner. También fue candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Massa en el 2015 fracasando rotundamente (no logró pasar las PASO de ese año).

[3]Una nota de color, demostración del verdadero cambalache que es la política patronal hoy, es que una de las tareas que le encomendó Fernández a Nielsen es buscar, ni más ni menos, acercar a sus filas al impresentable economista y showman reaccionario ultra liberal de la TV, Javier Milei.

[4]Nos referimos a los necios del FITU que se la han pasado tratando de criticar que hayamos jerarquizado una precandidatura presidencial en esta coyuntura, donde tan entrelazadas están ambas peleas.

[5]Podríamos decir que esta es la parte que a los acreedores “no les gusta Nielsen”: él negoció esa quita. A los capitalistas jamás les gusta cualquier afectación a su derecho propietario, aun si esto es necesario para salvar al sistema.

[6]Atención que de todas esas listas truchas que la burguesía suma de la derecha y extrema derecha casi ninguna tiene instalación nacional (varias de ellas correrán con boleta corta).

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