Roberto Saenz
Dirigente del Nuevo MAS y la corriente internacional Socialismo o Barbarie. Director general de izquierdaweb.com


“El sufragio universal es (…) el índice de madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual, pero esto es bastante. El día en que el termómetro del sufragio universal marque para los trabajadores el punto de ebullición, ellos sabrán, lo mismo que los capitalistas, qué deben hacer”. (Federico Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado)

 

La coyuntura entró en un momento donde parecen “suspendidos” todos los desarrollos. Como señalábamos en el editorial anterior, y más allá de los “relámpagos” que aparecen en el horizonte desde abajo, la crisis del país entró en plena canalización electoral.

En la medida que los mecanismos de contención han funcionado y que a la mayoría les convence la idea que una posible “salida” a la crisis pasa por las elecciones, éstas aparecen canalizando hoy todos los desarrollos; expresándolos por esa vía distorsionada.

La principal novedad en este terreno es cómo se ha polarizado la disputa electoral. Más allá de las alquimias que ensayan unos y otros, parece evidente que vamos a una elección corrida al centro político donde el kirchnerismo y el macrismo se llevarán la mayoría de los votos y el Peronismo Federal en todas sus expresiones sumando aquí a Lavagna, tienden a hundirse.

También en la izquierda se ha polarizado el debate, porque a los integrantes del FIT se les ha venido encima el estupor y la crisis de un eventual retroceso electoral: pretenden resolver con maniobras y electoralismo lo que ha sido una construcción autoproclamatoria y porotera que no dio canal orgánico alguno al activismo.

Mientras insistimos que el planteo más democrático y la única alternativa a estas alturas para unificar a la izquierda pasa por ir a internas en agosto, la tarea principal de nuestro partido es no distraernos en peleas de retaguardia y lanzar la campaña presidencial de Manuela Castañeira, la única candidata presidencial originada en el movimiento de mujeres.

 

Polarización

Conforme pasan los días y van decantándose las definiciones, el escenario electoral se polariza. La coyuntura previa al cierre de las alianzas y las listas sigue dominada por la jugada de Cristina de ponerlo a Alberto Fernández.

Haber optado por una candidatura pro-mercados le cerró los espacios tanto a Lavagna como al Peronismo Federal. Mientras Lavagna parece de momento sostener su candidatura (con el solo apoyo del Partido Socialista y Stolbizer), no parece que a Massa le quede otro camino que correr al regazo de los K.

En la reciente convención del Frente Renovador los intendentes de la provincia de Buenos Aires le cerraron prácticamente cualquier otro camino que ir al acuerdo con lo K para sostener sus municipios.

Más allá de esto, en sentido algo más profundo, está el problema que ir a cualquier enjuague con el macrismo,tipo llevar a Vidal en una colectora, es muy problemático para Massa. Cambiemos está muy desprestigiado y en semejante escenario de polarización, la “ancha avenida del medio” se parece cada vez más a una callejuela lateral…

La asfixia también les llega a un Pichetto y Urtubey, que jamás levantaron el amperímetro, y al propio Schiaretti, que no pareció darse cuenta que el escenario nacional nada tiene que ver con el de Córdoba, más conservador.

En todo caso, lo que sorprende quizás es que el gobierno mantenga cierto apoyo, esto a pesar del odio inmenso que se le tiene.

Esto tiene dos explicaciones. Por un lado, la burguesía y el imperialismo no se terminan de decidir, o más bien sí: desde un ángulo de clase confían más en Macri que en los Fernández.

Y la cosa tiene su lógica porque con ellos siguen esperanzados no solamente en que los derechos propietarios serán intangibles, sino en que la imposición de unas relaciones de fuerzas de derrota tendría menos mediaciones que con un nuevo gobierno kirchnerista (por más conservador que éste efectivamente vaya a ser).

Ayer hubo una nueva comida empresarial y según informan los medios, ante el desinfle de Lavagna, el estado de ánimo general parece ser “votar a Macri con la nariz tapada”…

Si se trata del FMI y el gobierno de Trump no hay dudas que, a priori, se inclinan por Macri, aunque atención: esto no quiere decir que tengan algún problema de “principios” con los Fernández: el FMI ha dicho que negociará “con cualquier gobierno que asuma en diciembre”

En todo caso, el sostenimiento de un piso de votos para el macrismo tiene una explicación más de fondo. Uno, que no se logró echar a Macri el año pasado. Y, en esas condiciones, las tendencias tienden en cierto modo a “rebotar”:la realidad, la dinámica entre las clases, nunca se queda quieta.

Este fue, por lo demás, uno de los grandes favores del kirchnerismo al macrismo en posde la gobernabilidad.

Segundo, la sociedad se compone de clases sociales que no son homogéneas,sino antagónicas. El imperialismo y la gran burguesía no están en el aire sino que arrastran habitualmente en todo o en parte a las clases medias (clases medias donde podemos incorporar varias fracciones de clase).

Cuando el Argentinazo del 2001 estas clases medias giraron hacia la izquierda. Pero ya con la crisis del campo del 2008 giraron nuevamente hacia la derecha.

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En realidad, existen dos franjas de las clases medias: una reaccionaria, que sigue con el gobierno y que podríamos identificar con los propietarios medios del campo y/o con una franja importantísima de votantes en CABA y otras ciudades capitales. Y otra progresista, que tiende a apoyar al kirchnerismo y también –una franja minoritaria- a la izquierda.

Y esto sin hablar de la clase obrera que, en términos generales, da toda la impresión que se inclinará por el voto al kirchnerismo (una franja de vanguardia probablemente lo haga por la izquierda).

Esta misma clase obrera, que se comenzó a delimitar de los K sobre todo en el gran Buenos Aires votando a Massa y el Frente Renovador años atrás,y que luego votó en parte a Macri –comprando la campaña prejuiciosa de que los K “mantenían vagos”, pero también repudiando aberraciones como el impuesto al salario-, lo más probable es que ahora vote en masa a la fórmula de los Fernández.

Si como decía Engels, el voto nunca puede ser más que una estadística del estado de conciencia de los trabajadores, la polarización electoral hacia la cual parece dirigirse el país,no será más que la expresión distorsionada de las relaciones de fuerzas más generales, la justa bronca con el macrismo, así como también el que no se haya echado al gobierno con la movilización(una cuestión que quedó planteada luego de las jornadas de diciembre pero la burocracia se ocupó de contener).

Y todavía cabe aquí una consideración más general. La alquimia de la burocracia sindical opositora y de los K (¡porque la mayoría de la CGT jugó directamente a ser oficialista!) ha sido cómo ser “oposición” sosteniendo, al mismo tiempo, a Macri y la gobernabilidad.

Se conjugan varias determinaciones. Entre ellas, volver a agradar a lo más granado de la burguesía, pero no es eso lo que nos interesa subrayar. Sí insistir en que la eventualidad de la salida anticipada de un gobierno burgués por la vía de la movilización,no da igual. Esto es lo que parece creen muchos idiotas en la izquierda (como es el caso de las nuevas “teorías” que sostienen el PTS y la mayoría del PO).

Por el contrario, echar revolucionariamente a un gobierno patronal no solamente funda relaciones de fuerzas más favorables (ver el caso del Argentinazo), sino que puede abrir un proceso de radicalización; proceso sin el cual será muy difícil sino imposible superar la lógica del posibilismo, el voto útil, el miedo a cualquier medida radicalizada como, por ejemplo, el no pago de la deuda externa, etcétera.

 

Cuando las maniobras sustituyen a la política

Esto nos lleva a las tareas de la izquierda. Nuestras responsabilidades van mucho más allá de los votos y se conectan con los desafíos que nos planteará cualquier futuro gobierno.

La campaña electoral de la izquierda debe repudiar tanto los 10 puntos de Macri como el “pacto social” de los Fernández; alertar que uno y otro van a negociar con el FMI colocando sobre la mesa un programa que trace una raya, que permita hacer la experiencia en relación a las expectativas (falsas) de los que voten al “mal menor” o para que simplemente “se vaya Macri”.

Un ejemplo de esto es la pelea por el aborto legal. Esta batalla tiene la característica, la potencialidad, de encarnar un movimiento socio-político en acción, movimiento que como tal, más allá de la orientación oportunista de sectores como la Campaña por el derecho al aborto, se chocará de lleno con un posible gobierno de Alberto Fernández que, en función de sus acuerdos con el Papa y el “pacto social” que pretenderán seguramente que éste les santifique (se espera que Francisco recale por estas costas en el 2020), tratarán de maniobrar para que el derecho al aborto no sea ley.

Siendo así las cosas, los límites que supondrán el pago de la deuda, el eventual pacto social, el jugarse a mantener el impuesto al salario, etcétera, colocarán un escenario de polarización, pero ya no simplemente electoral, sino social, de clase, en relación al próximo gobierno cualquiera sea su color.

Preparar a los trabajadores para esta batalla será la tarea más importante de la izquierda en la próxima elección. Desde ya, que si la izquierda lograra votos y representaciones sería muy importante; nos daría mayor “volumen político” para la pelea.

Pero, así y todo, los votos siguen siendo tácticos;lo estratégico es la ubicación que estamos señalando y la construcción orgánica entre los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Aquí es donde se coloca el estancamiento del FIT. Ocurre que al ser una mera cooperativa electoral, si los votos y los cargos se les escurrieran de las manos, ingresarían en un grave crisis.

El FIT permanece como un acuerdo electoral de independencia de clase y nadie puede adelantar cuáles serán los resultados. Sin embargo, al naturalizarse como una mera cooperativa electoral, al acostumbrarse a la autoproclamación, al no haberle dado ningún canal orgánico al activismo, al tener como método el ultimatismo, sus integrantes están llevando a la crisis su frente electoral;su progresividad está siendo puesta en entredicho[1].

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Que no se trata de cuestiones secundarias lo podemos apreciar en la dramática crisis que vive el PO, que supo ser el partido trotskista más grande del país.

Ejemplo de este ultimatismo y autoproclamación ridícula es el planteo del FIT –¡que se ha vuelto histérico en los últimos días!- de que todo el mundo vaya al pie de sus listas y caprichos.

Alguno de sus integrantes dicen “leer mucho a Gramsci”. También se llenan la boca sobre el “arte de la guerra”. Pero no parecen entender lo que de más profundo tiene la política revolucionaria.

En la política, a diferencia de la guerra que lleva “mecánicamente” las tropas al frente, los revolucionarios contamos con la voluntad consciente de los trabajadores: no podemos hacer nada sin nuestra clase. El ultimatismo, el tirar el aparato por la cabeza y cosas así, es el método del estalinismo, no de Trotsky[2].

Si del ultimatismo vamos a la cuestión de la hegemonía, simplemente recordemos que para ser hegemónicos hay que ceder algo[3]. Lenin lo entendía muy bien cuando logró sellar la unidad de obreros, soldados y campesinos, cediéndole a estos últimos su programa campesino pequeño burgués (la pequeña propiedad agraria).

Al FIT nunca le interesó realmente la unidad;se trata sólo de maniobras sin sustancia. Vencidos los plazos,cuando luego de meses de pugnar entre ellos “por un acuerdo integral” se han repartido todas las candidaturas principales, y sin mediar casi tiempo para discutir el programa, han salido con un llamado ultimatista y tramposo de “integración” a las listas de un frente que, por lo demás, siquiera se invita a sumarse…

El hacer las cosas a las escondidas, el llamar para reunirse a puertas cerradas, el decir una cosa para adentro y otra para afuera, es un método de secta.

Nuestro partido se ha manejado siempre con un criterio opuesto. Los votos y las representaciones son muy importantes, pero tácticos. No nos vamos a morir sino pasamos las PASO. Aunque, claro está,nos gustaría muchísimo quebrar el piso proscriptivo.

Tampoco somos afectos a los métodos de secta estalina de jugar a las escondidas: cuando formulamos una política, aunque tenga sus riesgos, es porque pretendemos llevarla adelante[4].

A estas alturas, cuando el FIT ha dejado pasar todos los plazos y proclamado sus principales candidaturas, y cuando nuestro partido viene de realizar una hermosa conferencia de prensa y lograr impacto con el lanzamiento de la precandidatura de Manuela Castañeira, el único camino democrático que podríamos tomar para unificar fuerzas, es ir a una internas abiertas sobre la base de un programa anticapitalista y criterios de proporcionalidad en la integración de las listas.

 

Una candidata proveniente del movimiento de mujeres

La campaña electoral del partido comienza a levantar vuelo. La gran tarea es presentar un programa alternativo a los dos bloques patronales mayoritarios.

El hecho que la clase obrera no esté derrotada, que exista un movimiento de mujeres con semejante dinamismo; que, más en general, una nueva generación obrera, juvenil y de las mujeres esté entrando a la vida política, otorga enormes perspectivas estratégicas para la izquierda.

Manuela Castañeira se ha colocado como una de las principales figuras de la izquierda en los últimos años. Nos hemos visto obligados a abrirnos camino por fuera del FIT. Y si lo hemos logrado ha sido por un conjunto de razones, entre las cuales tiene importancia la sensibilidad que hemos demostrado en relación a los movimientos de lucha que vienen desde abajo.

La campaña electoral que se avecina es una enorme oportunidad para el partido. La Argentina va camino a una nueva crisis y la campaña de la izquierda debe presentar un programa alternativo, anticapitalista, de ruptura con el FMI y por el aborto legal, para decirlo resumidamente.

La tarea que tenemos por delante es poner en pie la campaña por Manuela presidenta en todo el país. Hemos conquistado nuevas legalidades; estamos abriendo locales en muchísimos lugares donde nuestro partido no estaba; una nueva generación militante entra a nuestro partido, a¡Ya Basta!, a Las Rojas, a nuestra corriente sindical.

Con toda esta fuerza y entusiasmo salgamos a intentar romper el piso proscriptivo, una tarea difícil pero que en ningún lado está escrito que sea imposible.

 

 

[1]Una polémica que estaría surcando la crisis del PO tiene que ver con que al ser el FIT un mero acuerdo electoral, no posee la fuerza social ni en las lucha ni en las elecciones que no sea un rejunte caprichoso contra cualquier otra organización de la izquierda que por razones fundadas estén fuera de dicho frente (como nuestro partido). El FIT sólo existe para las elecciones y esto hace a su debilidad creciente.

[2]Aconsejamos estudiar las enseñanzas de Trotsky para la Alemania y cómo recomendaba una política no ultimatista para ganarse a los obreros socialdemócratas.

[3]Por supuesto que algo “accesorio”, no lo fundamental.

[4]Nunca la política se formula en “joda”: si se hace un planteo es para llevarlo adelante.

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