Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie, dirigente del Nuevo MAS.


Estamos a menos de 20 días del 10 de diciembre. En esta fecha se concretará la asunción de Alberto Fernández oficialmente como nuevo Presidente de la Nación, y deberá empezar a confrontar con las expectativas que se formaron alrededor de él y del retorno de Cristina Fernández en su rol de vicepresidenta.

Hasta ese entonces es de esperar que el perfil de Mauricio Macri siga en franca declinación. En las últimas semanas prácticamente no se le conoció declaración alguna. Su rol como presidente en ejercicio es casi una cuestión de calendario en la cual simplemente está tachando los días de un almanaque.

Aunque esto puede tener elementos de verdad, la imagen es un poco abusiva. Sin duda una de las preocupaciones de Mauricio Macri es la de entregarle el gobierno a su sucesor de la mejor manera posible, y a su manera, continúa haciendo el trabajo sucio para allanarle algunas cuestiones como ser la de aflojarle el cepo del dólar a las empresas industriales, dejar correr el aumento de los combustibles y dejar pasar un incremento generalizado de los precios que auspician una inflación acumulada para este año que no bajara del 50% y que puede estar rondando el 55% según distintas consultoras.

Un elemento que marca tanto la debilidad de sus días finales como huésped de la Casa Rosada, así como su condición retrógrada es el último papelón ocurrido alrededor del fugaz protocolo sobre los abortos no punibles que fue firmado de forma oportunista por el Secretario de Salud, Adolfo Rubinstein, y ni bien fue publicado en el Boletín Oficial, fue condenado por todo el PRO y anulado por la Ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, en menos de 12 horas.

Pero además, Macri en tanto presidente sigue siendo, hasta los últimos días de su mandato, el representante oficial de la Argentina frente al mundo. Y como tal está desempeñando un rol vergonzoso y reaccionario ante al golpe fascista y racista perpetrado en Bolivia por la derecha, golpe asesino al que se niega a condenar.

 

Un gobierno condicionado

Durante la madrugada del lunes 27 de octubre, al mismo tiempo que se oficializaba el triunfo de la fórmula del Frente de Todos en las elecciones, el Banco Central anunció un recrudecimiento del cepo al dólar (pasó de U$S2000 mensuales a apenas 200) que ya se había impuesto luego de las PASO. Esa medida restrictiva al movimiento de divisas generó una ilusión de falsa calma en la economía que persiste hasta el momento en la medida que el dólar no solo no se disparó, sino que incluso bajó algunos puntos. Insistimos en el carácter ilusorio de esta calma. Como ya veremos esto está muy lejos de ser la verdad de la realidad económica de Argentina.

En este marco, Alberto Fernández aprovecho a despegarse de la agenda del traspaso de gobierno y de los problemas de fondo de la economía argentina para dedicarse a pasear por el mundo. Visitó México, Uruguay, Francia y Alemania. Durante su larga gira en su calidad de presidente electo casi eclipsó al mismo presidente en funciones. Un ejemplo de esto fue su colaboración con Evo Morales en su deserción y huida de Bolivia hacia México ante golpe de Estado encabezado por la derecha racista. Ya volveremos sobre este punto.

Así pasan las semanas y el día D se acerca. En 20 días tiene que asumir y debe enfrentarse con la realidad. En este sentido queremos aportar algunas definiciones preliminares que son de importancia. Para empezar, hay que marcar que Alberto Fernández va a asumir el 10 de diciembre un gobierno condicionado por factores mundiales, regionales y nacionales.

En el plano internacional, el mundo se encamina a una nueva recaída de la crisis económica mundial jalonada por la guerra comercial entre Estados Unidos y China que no encuentra las condiciones de un armisticio, más no sea pasajero. Estas escaramuzas entre las grandes potencias económicas ya traen como consecuencia una baja en los precios de las materias primas y de los granos que afectan a las economías productoras de dichas mercancías como es el caso de nuestro país. En sintonía con esto se expresó la novísima titular del FMI, Kristalina Gueorguieva, quien desde el mismo día que asumió viene dando reiteradas alertas del riesgo de caer en un default generalizado de las deudas privadas.

Aunque a Alberto Fernández le gusta fantasear con las políticas de los primeros años del gobierno de Néstor Kirchner, lo cierto es que las condiciones internacionales están muy lejos de ser siquiera parecidas, y en todo sentido son mucho más complicadas para la Argentina.

Por otro lado, en el plano regional la cosa no está para nada más tranquila. El cierre del 2019 nos muestra una coyuntura regional signada por la inestabilidad y la convulsión social. Situación está que si bien estuvo gestándose durante todo el año (recordemos la inmensa movilización popular en Puerto Rico que echó al gobernador de la isla, o la rebelión en Ecuador pocos meses atrás) sin duda durante las últimas semanas se vio particularmente sacudida en el sur del continente: por izquierda por la enorme rebelión popular de la juventud y los trabajadores en Chile, y en Bolivia, en principio por derecha, de la mano del golpe racista.

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Ambos procesos, aunque distintos, son parte de una misma coyuntura que tiene tendencias a desbordar la estabilidad de las instituciones democráticas y pone el centro de la resolución de los conflictos entre las clases en las calle por medio de la lucha abierta. En Chile ya pasó más de un mes y la rebelión sigue en las plazas desafiando la normalidad del régimen pospinochetista, sumando experiencias de lucha día a día y buscando los caminos para echar a Piñera y derribar el régimen en su conjunto. En Bolivia, empezó con un golpe reaccionario y se profundizó con la cobarde defección de Morales, pero con el correr de los días y al mostrarse el verdadero rostro racista de los golpistas, fue despertando a las capas más profundas del pueblo boliviano trabajador y originario, y estas empezaron a poner en pie una resistencia enorme y con potencialidades inmensas en un eventual desarrollo de la crisis.

En todo caso, este escenario es preocupante tanto para Alberto Fernández que pregona el “salgan de las calles” y el “pacto social”, como para la burguesía que no está dispuesta a pagar un peso de la crisis que ella generó. Las experiencias de la juventud y los trabajadores en Chile, o de la heroica resistencia contra el golpe en Bolivia son ejemplos contagiosos que muestran un camino distinto al del mísero posibilismo mezquino que emana del Frente de Todos, que solo es capaz de proyectar la sumisión de los explotados y oprimidos frente al imperialismo y a los intereses de los grandes capitalistas.

Por último, está el problema más inmediato que es el de la crisis económica en nuestro país. Alberto Fernández trata de vender experiencia y escabullirle al problema.Lo cierto es que Argentina arrastra una recesión de 20 meses, una inflación proyectada del 55% para este año, una pérdidadel salario promedio del 25%, una ola de despidos y suspensiones… y a estos datos habrá que terminar de ajustarle las consecuencias de la inflación de los últimos meses. A este desbarajuste en la producción, hay que sumarle el problema de la deuda y del FMI. En los primeros meses de 2020, Argentina tiene que pagar  casi U$S 14.000 millones de deuda en dólares y el equivalente a otros U$S 16.000 millones de deuda en pesos. Y esto sin contar los 50.000 millones de dólares que pretende cobrar el FMI desde 2022.

Esta realidad es la que pone blanco sobre negro el problema sobre ¿quién paga los platos rotos de esta fiesta de pocos? Ante esta pregunta, los sospechosos de siempre somos los trabajadores.

 

Todos se hacen los otarios, pero la burocracia pone el hombro

Como señalamos recién, la Argentina tiene una economía quebrada y una deuda impagable. Por supuesto que tampoco tiene acceso a tomar más deuda. Ahora es el momento en que todos quieren cobrar. De allí el “contrapunto” entre Kristalina Gueorguieva y el futuro presidente. La titular del FMI exigió que Argentina presente un plan económico completo según el cual se ajuste a gastar exclusivamente acorde a sus ingresos (esto desde ya una vez descontados los pagos de la deuda). Alberto Fernández haciendo gala de su hábil oratoria respondió que él quiere pagar todo pero sin ajustar a los argentinos. ¡Genial, el problema está solucionado!

Aunque Alberto le proteste un poco al Fondo y diga que su objetivo es “meterle plata en el bolsillo a los argentinos” para poner en marcha la economía, lo cierto es que la caja está vacía y la persona que suena como Ministro de Economía es el neoliberal y “mercadofriendly” Guillermo Nielsen, quien desde hace unas semanas está en Estados Unidos jurando y perjurando que su prioridad es arreglar con el FMI un acuerdo antes de marzo para así poder “recontrarreperfilar” el reperfilamiento (perdonen el recontraneologismo) de los pagos de la deuda que ya había perfilado Mauricio Macri después de las PASO.

Ante este escenario, industriales, acreedores, oligarcas agrarios…. todos abren el paraguas y cierran los bolsillos. Bueno, casi todos; la burocracia sindical, como ya veremos, siempre está dispuesta a hacer un esfuerzo patriótico y poner sobre la mesa… el pellejo de los trabajadores.

Retomando el tema. En relación al sector agroexportador, durante los últimos días se vio una verdadera catarata de declaraciones y artículos en los diarios que describen la fragilidad de “el campo” y de lo desastroso que sería que uno de los pocos sectores que se benefició (y a lo grande) con el macrismo se vea “confiscado” por un incremento de las retenciones a las exportaciones. Tengamos en cuenta que este sector tiene buena parte de sus gastos en pesos devaluados, pero la totalidad de sus ingresos son en dólares, y que el gobierno de Cambiemos ya había bajado a 0% las retenciones a la mayoría de los granos y también había reducido las de la soja. Como muestra del cinismo de esta gente señalemos solamente que según un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (Fada), el sector agropecuario representa el 60% de las exportaciones en dólares, pero solo tributa el 10% de la recaudación en pesos.

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Por otro lado,recordemos que esta es en buena parte la base social de Cambiemos, la que salió relativamente “agrandada” luego del repunte de Macrien las elecciones de octubre y la que se postula como “garante de la República” (será la republica sojera, supongo) y promete “volver a las rutas” (como en 2008) ante cual viso de populismo.

Pero si “el campo” se cura en salud, el sector industrial directamente salió a llorar a moco tendido,

reclamando un dólar diferenciado para ellos a 78 pesos (es decir un subsidio indirecto) y la eliminación de las retenciones a las exportaciones industriales

La pregunta que queda por responder es la siguiente:si la Argentina está en crisis, si la burguesía industrial no va a poner un peso y pretende subsidios, si el campo que se llenó de dólares durante este último tiempo “no tiene margen para más sacrificios”, si a los acreedores se les va a pagar dólar sobre dólar y si se va a cumplir con el FMI a rajatabla… ¿de dónde va  a salir la plata?

Para responder eso está la burocracia sindical y los dirigentes de los movimientos sociales. En primer lugar, picó en punta Caló, quien afirmó que hay que darle a Fernández todo el tiempo que necesite, hasta ocho años si es necesario. Claro que el que ofrece es él, pero los que dan son los trabajadores. Por detrás, pero no muy lejos lo sigue el pope de la CGT, Héctor Daer, quien declaró que “dejaba en libertad a cada sindicato para pedir un bono de fin de año”, esta es la forma rebuscada de decir que la CGT como tal no va a pedir nada y que espera tranquila a sentarse en la mesa del pacto social.

En el mismo sentido resolvieron los dirigentes de los movimientos sociales quienes en pos de la paz social se comprometieron a no movilizarse en todo diciembre.

Este es el contenido profundo del pacto social, y que contrasta con lo que se ve en Chile y en Bolivia: evitar que los trabajadores y los de abajo salgan a la calle para evitar que la crisis caiga sobre sus espaldas.

 

Pacto social o ruptura anticapitalista con el FMI

Los días pasan y los tiempos se aceleran. En 20 días Alberto Fernández va a tener que empezar a mostrar sus cartas en un escenario complejo y con opciones limitadas. Frente a la realidad es probable que se empiece a procesar la experiencia de millones de trabajadores que optaron por el Frente de Todos para echar a Macri, pero más para cambiar sus condiciones de vida.

El proyecto de Alberto Fernández consiste en tratar de evitar que estalle la crisis conteniéndola por medio del mecanismo del pacto social. Pacto que procura ganar tiempo congelando los precios y los salarios. Pero lo que Alberto y el kirchnerismo no dicen es que mientras que los salarios están congelados desde la última paritaria y corren desde muy atrás a la inflación, los precios vienen subiendo día a día, y que los empresarios se curaron en salud dando un nuevo retoque a los mismos en estas últimas semanas. Cosa de que cuando llegue el congelamiento, sus márgenes estén bien calentitos para “aguantar el invierno”.

Frente a este plan pérfido que cuenta con la venia de la burocracia sindical y de las direcciones de los movimientos sociales y la Iglesia, es necesario oponerle una salida que parta de las necesidades urgentes de los trabajadores y de la población mas necesitada. Para esto es imprescindible empezar por el no pago de la deuda y la ruptura con el FMI.

Junto con esto es necesario levantar un plan anticapitalista que parta por entender que la única salida a la crisis de la Argentina pasa por que no sean los trabajadores, la juventud y las mujeres quienes tengan que pagar los costos de una crisis que ellos no generaron y de la cual no se beneficiaron. Por eso es que al igual que en nuestra campaña electoral planteamos: retenciones a las exportaciones agrarias e industriales, prohibición por ley de despidos y suspensiones, reincorporación inmediata de todos los despedidos durante el macrismo, aumento salarial inmediato al nivel de la canasta familiar e indexación mensual según la inflación, legalización del aborto legal, seguro y gratuito en el hospital para todas las mujeres que lo requieran.

Con esta perspectiva es que toda la militancia del Nuevo MAS se prepara para participar de nuestro próximo Plenario Nacional de Cuadros que se realizará en Buenos Aires los días 13, 14 y 15 de diciembre en donde profundizaremos los debates sobre la coyuntura internacional y regional, y los desafíos de la izquierda, los trabajadores, las mujeres y la juventud frente al nuevo gobierno.

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