Roberto Saenz
Dirigente del Nuevo MAS y la corriente internacional Socialismo o Barbarie. Director general de izquierdaweb.com


 

“Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto. A la hora de la acción, los comunistas son, pues, el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a los demás; en el aspecto teórico, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones, la marcha y los resultados generales del movimiento proletario”. (Manifiesto Comunista)

 

El gobierno de Macri sigue a los tumbos. Pasados los meses de verano en los cuales la dinámica de la crisis pareció “anestesiarse”, las dos corridas contra el peso de las últimas semanas devolvieron al gobierno a la realidad.

La situación económica es gravísima: el último dato es que el uso de la capacidad instalada es el más bajo desde el 2002. Por su parte, el empresariado está insistiendo en que próximamente comenzarán los despidos masivos si la producción no repunta.

En el terreno político la crisis de Cambiemos es cada vez más profunda. La última novedad es que irá dividido en Córdoba, provincia en la cual Macri había obtenido su mayor votación en el 2015.

Mientras tanto, la burocracia sindical y los K siguen haciendo la plancha, insistiendo en postergarlo todo a octubre. Y si no hay grandes peleas sindicales, de todas maneras la vitalidad de los movimientos de lucha se hace valer, por ejemplo, en la inmensa jornada del 8 de Marzo pasado, que solamente en CABA congregó 300.000 personas por el derecho al aborto.

Simultáneamente, están en curso importantes peleas de vanguardia de los trabajadores, como la Pilkington, uno de los símbolos nacionales de la resistencia a los despidos, como así también se están poniendo en marcha los trabajadores de FATE ante la amenaza de cesantías masivas.

Dentro de este panorama el frente único de la izquierda en las luchas y las elecciones sigue pendiente; estocomo subproducto de la cerrada negativa del FIT a salir de su lógica ombliguística y porotera.

De cualquier manera, las posibilidades para nuestro partido se multiplican, como ha podido apreciarse en las columnas que desde Las Rojas pusimos en pie el viernes pasado.Razón de más para redoblar los esfuerzos para poner en pie grandes columnas partidarias en la movilización del domingo 24 de Marzo en el 43° aniversario del golpe militar.

 

La crisis de la moneda nacional

Ni aun con el respirador artificial del FMI la situación económica mejora. Peor aún: las últimascorridas contra el peso han puesto en alerta a los operadores de que este “plan económico”, armado de apuro, no es más que un parche que está a punto de romperse por los cuatro costados.

El país está ensemidefault: las obligaciones externas se afrontan con los dólares que está girando el FMI (a fin de mes llegarían otros 10.000 millones de dólares), pero el país no está generando un solo dólar de superávit genuino.

Aun con el derrumbe de la producción y el consumo, el superávit comercial sigue siendo exiguo.Además, las inversiones externas son exclusivamente financieras: ante la primera amenaza contra el peso vuelven a escaparse del país desarmando sus posiciones.

Las medidas de urgencia a las que apela el gobierno tienen efectos cada vez más irracionales. Para contener un dólar incontenible, se aumentan estratosféricamente las tasas de interés (están nuevamente cerca del 60%).

Aumentando las tasas se mata el crecimiento, lo que a la vez da lugar al parate histórico de la industria ya señalado y a la eventualidad de una multiplicación de los despidos.

Sin embargo, aun así el dólar ha alcanzado un nuevo piso en torno a los $42/43. Lo que por otra parte es “lógico”, porque la banda superior acordada con el FMI es hoy una cotización del dólar de $50 (otra aberración),valor recién al cual el BCRA está autorizado a vender dólares para parar la escalada[1].

En este contexto un dólar futuro que se esperaba para finales del 2019 en $48 se está negociando a $56, todo lo cual no hace más que aumentar sideralmente las expectativas de inflación. Si la misma se calculó en octubre algo en torno al 23% para el 2019, esta cifra ha quedado ya arrasada por la realidad, y a estas horas lo menos que se puede esperar para este año es el 40% de inflación…

Así las cosas, cada medida que se toma tiene efectos contradictorios en otro sentido: la situación es la de una economía marcada por una recesión cada vez más profunda y un cuadro inflacionario cada vez más grave: la llamada “estanflación”, inflación con recesión, que es como si se conjugaran en una sola las crisis de 1989 y la del 2001(aunque no se ha llegado hoy todavía a la gravedad de esos momentos).

De este análisis podrían desprenderse varios elementos, entre ellos lo “inexplicable” que significa para el gobierno el hecho que las inflaciones conjugadas de los meses de enero y febrero hayan sumado más del 6% y que esto haya ocurrido aún a pesar del apretón monetario; el sistemático retiro de pesos de la economía, entre otras medidas.

El efecto concreto de esta dinámica inflacionaria imparable que el gobierno ha alimentado con la dolarización de los servicios públicos y muchísimos precios de la economía, es que no hay precios.

La falta de precios es gravísima y se nota todos los días cuando los trabajadores van a hacer compras y no saben con qué se encontrarán. Cuando la inflación roza el 50% anual (como ha sido el caso del 2016 y nuevamente el 2018 y seguramente también este 2019), cuando la devaluación el 2016 ya fue elevada y en el 2018 alcanzó el 110% (¡la inflación más elevada del mundo!), cuando se viven nuevas corridas y la devaluación de la moneda comienza nuevamente a escalar, cuando, simultáneamente, para cubrirse y hacerse la América, los formadores de precios quieren que los suyos alcancen y/o se mantengan a valor dólar, cuando el propio gobierno dolariza las tarifas, los precios de la medicina pre-paga, etcétera, a lo que se llega es a una carrera sin fin donde la economía no tiene precios.

Una economía sin precios, un peso que se devalúa sin fin, se transforman rápidamente en desasosiego y crisis política. Y esto ocurre, entre otras razones, porque el dinero es una categoría no sólo económica sino también política. A priori, es solamente económica en el sentido que la moneda es el medio universal del intercambio de productos. Pero en la medida que se trata de una moneda nacional, es decir, consagrada por el Estado que es el que controla su emisión, toda crisis profunda de la moneda nacional es también una crisis política(una crisis de desgobierno).

Cuando la economía se queda sin precios amenaza con una hiperinflación. No es que estemos al borde de la misma ahora mismo en la Argentina. Pero el hecho es que incluso en medio de una recesión que se profundiza, los precios no encuentran un techo, no paran de aumentar.

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La economía sin precios en la cual nos estamos introduciendo es un alegato contra la marcha del gobierno. Un desarrollo concreto de los acontecimientos que, de profundizarse, incluso en un año electoral, podrían poner sobre la mesa nuevamente la hipótesis de una salida anticipada de Macri, aun si está claro que ninguno de los actores de los de arriba lo quiere, aun si muchos trabajadores y trabajadoras que odian a Macri opinan que a esta altura “es más realista sacarlo en las próximas elecciones”.

En todo caso, la dinámica dependerá del desarrollo concreto de la crisis económica más que de ningún otro factor.

 

¿Unidad nacional?

Pasemos ahora a la crisis política del gobierno. En la última reunión de gabinete Macri pidió “concentrarse en la gestión”…

Con esto pretende soslayar el constante oscurecimiento de las perspectivas electorales del oficialismo, expresados últimamente en la pésima performance de su candidato en Neuquén, así como en la división de Cambiemos en Córdoba.

Podemos tomar dos datos de esta crisis: uno más estructural y otro más “súper-estructural”. Estructuralmente el dato es que toda una franja de trabajadores y trabajadoras que votaron a Macri, una franja que incluye seguramente alguna porción de las clases medias, están totalmente desengañados con el gobierno e incluso lo odian profundamente.

La bronca con Macri tiene sus momentos de intensidad, pero un dato fuerte de los últimos meses es que el 70% de la población tiene una imagen negativa de su gobierno; un dato contundente.

Existe toda una franja de trabajadores que lo votaron y manifiestan su rechazo: afirman que cometieron el “peor error” de sus vidas y cosas así (atención que eso no significa un retorno mecánico del voto al kirchnerismo).

Pero si este es el dato más “estructural”, la cuestión es que la crisis del gobierno, el “derrumbe” que por momentos amenaza al mismo, se ha trasladado al propio Cambiemos, al interior del radicalismo y también del PRO.

La división en Córdoba es expresión de esto mismo con Mestre y Negri corriendo en listas separadas a gobernador.  ¿Qué es lo que los divide? ¿Un programa distinto? No, no los divide eso;simplemente el intento de algunos de escapar del hundimiento del barco[2]

Ahora bien, más allá del interrogante que se ha posado nuevamente en las últimas semanas –por ahora de manera sólo incipiente- de si el gobierno llegará a completar su mandato, no está aún del todo claro la dinámica político-electoral de conjunto: a dónde irán a parar los votos que pierda el gobierno.

Cambiemos conserva,groso modo, un 30% del electorado nacional; un electorado conservador de motivaciones reaccionarias de clases medias altas gorilas.

Por su parte, el kirchnerismo más el PJ oficial (encolumnados a priori detrás de la figura de Cristina Kirchner) estarían en estos momentos diez puntos por arriba de esos guarismos: algo en torno al 40%.

Por entre medio está el Peronismo Federal y Lavagna, que no terminan de armar su “negocio”, pero al cual se le podría atribuir entre un 15 al 20% del electorado.

Y en cuarto lugar existe una franja de importancia para la izquierda sobre la que volveremos más abajo.

Ahora bien: no nos interesa realmente aquí hacer especulaciones electorales. Nos preocupa marcar dos cuestiones más de fondo. Primero, que por detrás de los guarismos y en el medio de la crisis estructural, orgánica, que vive el país, por detrás del enorme fracaso del gobierno de Macri, se están escuchando planteos de que el país necesitaría“un gobierno de unidad nacional”.

La prédica por la unidad nacional (que en realidad es la unidad de todas las fracciones burguesas), es recurrente en momentos de crisis. Y este lo es: se viene de 12 años de gobierno kirchnerista que amplios sectores burgueses siguen rechazando, al mismo tiempo que el macrismo resultó un dramático fracaso.

La vivencia es que la Argentina es un país que vive de crisis en crisis, lo que es muy cierto: el país está atravesado por una crisis orgánica, es decir, una crisis estructural de la gestión capitalista del país.

Y en estas condiciones es habitual que retornen los planteos de unidad burguesa, de “superar las grietas”, y cosas así, todo para lograr fuerzas gravitatorias para evitar una crisis más grave aún que lleve a un terreno desconocido.

Una “unidad nacional” lógicamente contra los trabajadores, pero que tiene hoy muchos pretendientes a encabezarlo. Lavagna se postula para eso. Y también el Peronismo Federal. Incluso el kirchnerismo o neo-kirchnerismo expresado por la boca de Grabois cuando llamó a “una unidad que incluyera hasta Larreta y Vidalsalvo Macri”. Todos se postulan para igual tarea: colocarse como eje vertebrador de una unidad nacional para sacar al país de la crisis.

Segunda cuestión de importancia: hacia adónde decantará el voto castigo al gobierno: ¿hacia la izquierda o hacia la derecha? La Argentina se caracteriza por el dinamismo de sus movimientos sociales y de lucha y por un peso importante de la izquierda que logra impactar incluso en sectores minoritarios de las masas, cuestión que seguramente se volverá expresar en las próximas elecciones.

Pero la reciente votación en Neuquén,aunque sea un error trasladarla nacionalmente, alerta en que sería equivocado excluir por anticipado que pudiera colarse en la elección, con algún peso,alguna figura de extrema derecha. Sobisch yendo por fuera del MPN y con el slogan: “Vuelve Sobisch, se acaba la joda” (el mismo Sobisch responsable de la muerte de nuestro compañero Carlos Fuentealba), muestra lo abierto que está todavía el panorama electoral.

En síntesis: si se pueden adelantar dos grandes bloques: macrismo por un lado, kirchenerismo por el otro, es más difícil adelantar cómo será la “paleta de colores” político-electoral en su conjunto.

 

Contención a todo precio

En este contexto es que hay que ubicar el papel de contención que cumple la burocracia sindical y el propio kirchmnerismo. A ellos se les puede endosar también la responsabilidad por la situación cada vez más dramática que están viviendo los de abajo (un ajuste llevado adelante por Macri con la complicidad de toda la oposición patronal y la burocracia).

La profesión de fe por la gobernabilidad es, en realidad, una profesión de fe por el sistema: el capitalismo. Ese es el límite, además, del posibilismo: todo dentro del sistema explotador, nada fuera de él[3].

El rol de contención es el libreto de la burocracia en todas sus expresiones y de los K y filo K hasta llegar a la CTEP y la CCC así como a Patria Grande y adláteres: la salida sólo puede estar en el marco del sistema y en el contexto de respetar religiosamente el calendario electoral.

Las consecuencias de esto: que solamente se puedan expresar (en toda su amplitud) aquellos movimientos que son independientes de la burocracia como de los K. Ahí está el enorme ejemplo del movimiento de mujeres y de la marcha del viernes 8, cuando se llegó al extremo del chantaje de la CGT y la CTA de negarse a pagar el sonido sino se retiraba la justa crítica a ellos en el documento. La vitalidad del movimiento se expresó en que el público aportó en diez minutos 50.000 pesos y el escollo fue salvado, para bochorno de las direcciones traidoras.

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Sin embargo, a la clase obrera le es más difícil sacarse de encima el chaleco de fuerza de estas burocracias y sus aceitados aparatos. De ahí, por ejemplo, que luego del largo año del lucha crónica de los docentes en la provincia de Buenos Aires, el 2019 arranque, a priori, con iguales problemas que el año pasado, pero no con la misma confianza en que se pueda lograr torcerle al brazo a Vidal de la mano de Baradel. Y en el gremio de los mecánicos la “gran idea” de Pignanelli es convocar para el mes que viene a una nueva misa en Luján…

Es decir: no nos interesa aquí hacer ninguna previsión en relación a las luchas sindicales por venir, sino subrayar que a pesar de la inmensa bronca por abajo, la misma sólo se expresa de manera contundente cuando encuentra un canal; canales que es lo que trata de cerrar la burocracia por todos los medios posibles, incluso llegando al bochorno de esbozar la idea de paros generales domingueros para enseguida cambiarlos por “chauchas y palitos” (ver ahora la negociación en torno a las obras sociales).

Para Moyano y la CTA la cosa es simple: como el duounvirato ultra vendido de la CGT no convoca, a ellos les alcanza con criticar que no lo hagan…

Ya se sabe que el kirchnerismo es parte de este juego. En varias asambleas en diversos lugares de trabajo se les ha podido escuchar afirmando “no se hagan problema que en octubre sacamos a Macri”… mientras tanto si el país es tierra arrasada, si cunden los despidos, si el salario real se vuelve a hundir, no importa… de lo que se trata es de evitar a toda costa un proceso de movilización que, si se desatara, podría llevar de manera contundente el paíshacia la izquierda (justo cuando ellos se están desplazando hacia la derecha para agradarle a los empresarios y el FMI[4]).

 

La pelea por la unidad de la izquierda clasista

En este contexto se colocan las responsabilidades de la izquierda. La izquierda podría hacer historia en la Argentina. Viene de una acumulación creciente desde el 2001. Tiene peso en todos los sectores de vanguardia y es parte del debate nacional por intermedio de sus figuras. Parte de esto mismo es que hemos alcanzado electoralmente la simpatía de un sector minoritario de masas sobre todo en la juventud, el movimiento de mujeres, la franja histórica misma de la izquierda e, incluso, sectores crecientes de trabajadores.

Dentro de esto, el FIT y el Nuevo MAS (al cual podemos sumar a Zamora en CABA), expresan una votación básicamente de independencia de clase de gran valor: no ocurre en muchos países del mundo que se asiente a lo largo de los años una tradición independiente de este tipo.

Sin embargo, endulzado por algunos cargos electorales, el FIT se ha ido convirtiendo en una traba sistemática para un acuerdo mayor. Es un acuerdo de independencia de clase pero también un frente oportunista:una cooperativa electoral cada vez más regida por criterios de aparatos sólo al servicio de obtener cargos.

Cualquier generosidad en función de los intereses generales de los trabajadores, les es completamente ajena (han creado una tradición completamente de espaldas a enseñanzas básicas del Manifiesto Comunista, por poner un ejemplo).

De su horizonte ha desaparecido cualquier preocupación real por la unidad en las luchas, cualquier aspiración real a dar un canal a millones de trabajadores y trabajadores;todo se ha reducido al “negocio de los cargos”. Ya en su momento un representante del PO nos había manifestado que el FIT “es un negocio” y ahora parece ser el PTS el que se ha transformado en el “patrón” del boliche…

Esta estrechez de miras basada en una idea porotera de la construcción del partido revolucionario (como si la hegemonía se construyera en abstracción de una experiencia en la realidad), ha conducido a un elemento de adaptación profunda a las reglas de juego del sistema: el aprovechamiento de la ley proscriptiva a su servicio[5].

Como viene planteando Manuela Castañeira en los medios, esta estrechez es criminal: sin una unidad de toda la izquierda clasista, sin avanzar en la transformación de un frente de la izquierda en algo más que un mero frente electoral, es muy difícil transformarse en alternativa para sectores crecientes de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

En cualquier caso, las posibilidades de la izquierda son inmensas: la Argentina es un enorme laboratorio de experiencia de lucha y políticas, un país que podría ir incluso a una crisis general antes de las elecciones, un país donde la izquierda revolucionaria tiene estratégicamente posibilidades históricas.

Parte de esta realidad es el desarrollo de nuestro partido que no para de crecer; un partido caracterizado por una nueva generación militante, con un desarrollo creciente en la juventud, en el movimiento de mujeres, incluso en la amplia vanguardia obrera, con creciente extensión nacional y que viene de haber puesto en piegrandes columnas el 8 en todo el país (así como del lanzamiento de Las Rojas en varios países).

La tarea inmediata es concentrar toda esta fuerza, todas estas potencialidades, en la marcha del domingo 24 bajo la perspectiva general de que el posibilismo no es alternativa, que lo que no va más es el capitalismo: Macri no se aguanta más; el kirchnerismo no es alternativa: hace falta una salida desde los trabajadores, las mujeres y la juventud, hace falta la unidad de la izquierda clasista.

¡Con estas banderas salgamos a construir grandes columnas del Nuevo MAS en todo el país!

 

 

 

[1]Es de señalarse aquí que para aspirar pesos y restringir la oferta monetaria, el gobierno reemplazó las Lebacs por las Lelics a tasas igualmente siderales que multiplican el endeudamiento estatal: hoy día la cifra de las mismas alcanza los 900.000 millones de pesos o, lo que es lo mismo, los 25.000 millones de dólares sobre los cuales se pagan tasas del 60% anual, un negocio como en ninguna parte del mundo existe pero que sólo puede llevar a la quiebra del Estado.

[2]Sectores del radicalismo llevaron a la mesa de Cambiemos un programa algo más “proteccionista” pero el mismo fue desechado de plano por la misma sin que se les escuchara patalear demasiado por lo ocurrido.

[3]Si en los “aires” que vienen desde el mundo se ven las pulsiones hacia extrema derecha, es imprescindible afirmar que también se aprecian los elementos de polaridad hacia la izquierda: ya hemos dicho en estas páginas como entre los menores de 30 años en los EEUU es mayoritario el sentimiento anticapitalista y cómo están interpelando este sentimiento figuras reformistas del Partido Demócrata del estilo Bernie Sanders o Alexandria Ocasio-Cortez.

[4]Ver en este sentido las declaraciones de Kicillof en el sentido que los “empresarios no son nuestros enemigos” (revista Forbes) o aclarándole al FMI que lejos está en su ánimo desconocer la deuda externa.

[5]Hasta podría afirmarse que no hay mejor guardián de las PASO que el propio FIT.

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