Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie, dirigente del Nuevo MAS.

En las últimas semanas estamos viviendo la tercera corrida contra el peso en menos de un año. Al cierre de esta edición el dólar casi roza los $45 y consagró una suba del 16% en menos de los 90 días que lleva este año, pese a que el Banco Central subió la tasa de interés a casi 68%. Este descontrol del precio del dólar (o del peso) sumado a la inflación creciente y la pulverización sistemática del salario, generan una sensación de falta de manejo y desgobierno económico que ponen de manifiesto que el gobierno de Macri no tiene más plan que el pago de la deuda externa a costa de la destrucción del pobre tejido productivo nacional.

 

Un escenario de desgobierno económico

Ante devaluacióndel último miércoles, para salir del paso y desentenderse de la situación, Macri argumentó que ésta se debió a factores internacionales y que “si el mundo devalúa, por qué nosotros no vamos a devaluar”. Esta declaración es una verdadera provocación. La misma esconde el deseo del gobierno (en acuerdo con el FMI) de dejarla correr y trasladar el peso de la misma a los trabajadores asalariados. De allí vino el aún más provocador “hay que aguantarse”.

Pero el deseo de dejarla correr, es una parte de la verdad. Esta afirmación es a la vez un nuevo capítulo del “pasaron cosas” que esbozó meses atrás. Es verdad que el detonante de este último episodio fueron informaciones procedentes de Europa, que anunciaron la caída de la producción industrial en Francia y Alemania, las que generaron un fortalecimiento del dólar sobre el Euro (y sobre todas las monedas). Pero lo que Macri se olvidó de mencionarfue que, según informa Ámbito Financiero, el peso se devalúo casi un 3% en un día, cuando el resto de las monedas de países emergentes (Brasil, México, Colombia, Rusia, Ucrania, Chile, Perú, Turquía e India) lo hizo en menos del 0,7% (con excepción del real brasileño que cayó el 2%). Es decir cuatros veces más que la mayoría de las monedas de los países emergentes, y un 50% más que el real. Lo otro que el señor presidente prefirió ocultar en su alocución fue que en lo que va del año el peso ya se depreció un 16%, mientras que el resto de las monedas emergentes oscilaron entre una apreciación del 1,5% y una devaluación del 2% frente al dólar. Es decir, en el mundo vuela una mariposa y en la Argentina sufrimos un tsunami.

Pero las “cosas” no vienen solas. Con la seguridad de que al relámpago lo sigue el trueno, tras la devaluación sigue la suba de precios.

A esta altura la inflación es un flagelo que cae sobre las espaldas de los trabajadores pulverizando el salario. Según los datos oficiales, la inflación interanual al mes de febrero fue del 51,3%. Pero este dato es parcial en la medida de que el dato de inflación se calcula en base a una canasta amplia, en donde se ponderanuna serie de productos de los llamados “de lujo”, como autos 0km, viajes, casas, etc. que ya no están al alcance del 90% de la población. Si en cambio miramos los datos de la Canasta Básica Total (CBT), conformada por los artículos de primera necesidad y alimentos o la Canasta Básica de Alimentos (CBA), los números son aún peores. Según relevamientos del INDEC, la CBT en el mismo periodo subió un 57,2% alcanzando los a $27.570 para una familia tipo y la CBA trepó un 59,1% arrojando unos $11.117.

Pero todos estos datos alarmantes fueron calculados sin tomar en cuenta los últimos aumentos de transporte y servicios, y con anterioridad a esta última corrida que devaluó al peso en un 11%.  Esto significa que en los próximos meses debemos esperar una nueva suba generalizada de precios y especialmente en los productos alimenticios, los servicios, los combustibles y el transporte.

En definitiva, la devaluación incesante del peso hace que éste pierda toda capacidad de fijar el valor de las cosas. El peso deja de tener la capacidad de regular los intercambios, todos los precios dejan de representarse en pesos y pasan a fijarse casi automáticamente en dólares. Todos menos uno: el salario. Este es el pérfido mecanismo por medio del cual el gobierno traslada el costo de la crisis a los trabajadores. Es una economía donde Cambiemos desreguló todas las tarifas, permitió la libre entrada de mercancías, levantó todas las retenciones a las exportaciones y liberó el mercado de dólares y divisas a la libre especulación. En este imperio capitalista del libre mercado donde todo sube al ritmo del dólar y la inflación, el único precio fijado de antemano por el gobierno son los salarios.

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Esto es lo que está en el fondo de la profunda sensación de desgobierno económico y en la convicción de que Macri ya fracasó, y que no tiene ninguna idea para sacar al país del desastre al que lo condujo que no sea estrujar cada vez más el bolsillo de los trabajadores.

 

Un año electoral sin candidatos

Los fundamentos estructurales de la crisis económica debemos buscarlos en las políticas neoliberales de desregulación y dolarización de la economía del gobierno de Macri, sumados a la inoperancia e incapacidad de los gobiernos anteriores que actuaron como representantes de los intereses de la burguesía argentina, una clase dominante que en 200 años fue incapaz de poner en pie una economía coherente al servicio de un proyecto nacional de país, y que prefirió enriquecerse a base de la renta agraria y de los curros alrededor de la obra pública y el Estado.

No obstante esto, esta crisis opera en el contexto más general de una crisis política marcada por el calendario electoral.

En las primeras editoriales del año señalamos la incertidumbre que se desprendía de un año electoral en donde no estaba claro quién se elevaría como nuevo presidente de la república. Con el correr de las semanas, la incertidumbre, lejos de disiparse se profundizó. Ahora no sólo no está claro quién ganará las próximas elecciones, sino que ya ni siquiera está claro quiénes serán los candidatos.Esto es así no tanto por las intenciones de Macri como de Cristina, sino por la oposición creciente que ambos encuentran de parte de la misma burguesía.  Así lo plasmó el sociólogo Eduardo Fidanza en su columna en La Nación del sábado pasado: “La disputa entre Macri y Cristina podría tener consecuencias perjudiciales para el sistema (…) Por empezar, la expresidenta insiste, con gestos o palabras, en una visión contestataria y conspirativa del capitalismo que la condujo a distorsionar la macroeconomía, provocar estancamiento, dificultar los negocios y perpetuar la pobreza. (…) La política económica del Gobierno, aunque bajo otros modos, comparte el mismo sesgo. Privilegia los fines sobre los medios desdeñando las consecuencias. Parte de la premisa de que si aumenta el dólar debe resignar el poder. (…)Entonces juega todo a que no se dispare la divisa, y con ese objetivo utiliza un arma letal para la sociedad: altísimas y prolongadas tasas de interés. (…) En este contexto, no debe sorprender el surgimiento de alternativas políticas. Ellas, antes que ver con el nombre de personas, expresan el reflejo defensivo de una sociedad que no quiere ser dañada.”

Lo concreto es que sobre Macri caen dos estigmas. Por un lado está la profunda caída de imagen que muestran las encuestas de opinión. En las últimas semanas las consultoras revelaron que su imagen positiva era más baja que la de Cristina Kirchner y su imagen negativa más elevada. Este dato lo muestra cada vez más como un “peso muerto” que no sólo puede perder las elecciones presidenciales, sino que se podría estar llevando puesto tanto a Vidal como incluso a Larreta en Capital. El otro factor es aún más profundo: la burguesía argentina empezó a evaluar si no sería mejor que no siguiera en la presidencia. Lo que ocurre es que el fracaso de su proyecto de regulación neoliberal de la economía por métodos democráticos es tan rotundo, sus indicadores económicos son todos tan negativos que en realidad, salvo los bancos y el sector agroexportador beneficiados con la devaluación y la quita deretenciones, todo el resto de la patronal está con números cada vez más en rojo. La burguesía en su momento apoyó su proyecto y le reconoció el mérito de haber vencido a Cristina en dos oportunidades. Pero el burgués argentino es más afecto a sus bolsillos que a las utopías burguesas.Por eso no paran de correr rumores y especulaciones sobre su eventual reemplazo por la candidatura de la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.

La otra incertidumbre sobre las candidaturas viene del lado del kirchnerismo. Lo cierto es que pese a todos los análisis y encuestas, a esta altura no hay ningún dirigente de ese espacio que pueda afirmar que Cristina será o no candidata. El principal problema que tiene es que la burguesía autóctona (su clase) y el imperialismo no la toleran. No le perdonan su retórica confrontativa durante su último mandato y su alineamiento con Venezuela en la región. Esa intolerancia es lo que hay detrás de todas las denuncias y juicios que tiene por corrupción. Por su parte, ella, como si en este país no pasase nada, juega al oficio mudo, no se calza el traje decandidata y se desentiende de todos los padecimientos que sufren los trabajadores, las mujeres y los jóvenes. Ella como si no fuese la principal dirigente de la oposición, se dedica casi exclusivamente a sus problemas personales: judiciales y familiares.

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De este doble rechazo es que surge la eventual candidatura de Roberto Lavagna. En las últimas semanas sectores del PJ y de algunos medios lo lanzaron como globo de ensayo, para ver si prende como una tercera opción superadora tanto a Macri como a Cristina. Lo presentan como un justo medio, una suerte de “unidad nacional” para dejar atrás la grieta sacándose de encima a Macri, sin volver a Cristina.

No es nuestra intención hacer acá especulaciones electorales. Lo que hay que dar cuenta es que este confuso escenario es una fuente de incertidumbre: el hecho de que no estén claras las candidaturas a presidente a esta altura del año, da cuenta de la crisis política y la incapacidad de la burguesía para sacar adelante el país.

 

Hace falta un paro general ya e imponer una salida desde los trabajadores

La crisis económica es intolerable. La devaluación y la inflación erosionan y pulverizan cada día más el salario de los trabajadores. Al mismo tiempo la recesión interminable amenaza con barrer con sus puestos de trabajo. Macri nos dice que “nos la tenemos que aguantar”, pero la verdad es que a Macri no se lo aguanta más.

Frente a esto los principales sectores de la oposición patronal, el PJ y el kirchnerismo, miran para otra parte y pretenden aplazar toda acción para después de las elecciones de octubre, al ritmo que vamos para ese entonces vamos a tener una inflación de alrededor del 40%, y esto si el dólar no se termina de descontrolar (cosa que nadie puede afirmar).

Por su parte la inacción de la CGT y las CTA es una vergüenza: juegan con la vida de los trabajadores. La cúpula de la CGT no sólo se niega a llamar a un plan de lucha contra el gobierno con un paro general activo y con movilización a Plaza de Mayo, sino que lejos de eso pretende poner en pie una movilización pro patronal para el 4 de abril junto al empresariado.Héctor Daer, lejos de plantear una medida de lucha contra el ajuste, declaró que “otro gobierno es necesario para modificar el actual modelo”, y amplió: “El país requiere otra mirada para emerger de la actual situación y, por lo mismo, la central obrera reclama unidad al peronismo”.

La CTA en el mismo sentido hace todo lo posible por que pase el ajuste y no pase nada. Eso se evidencia en el gremio docente en donde SUTEBA, con el argumento que a Macri y a Vidal se los tiene que derrotar en octubre, están jugados a tratar de aprobar la propuesta lastimosa presentada por Vidal y cerrar las paritarias de 2018 y 2019 sin haber puesto en pie ningún plan de lucha real.

Obviamente que las elecciones son una instancia importantísima y deben ser tomadas con toda seriedad, es por eso que desde el Nuevo MAS venimos planteando que es necesario que la izquierda se una para ser una alternativa seria frente a todos los sectores patronales. Pero posponer la solución de los problemas diarios que azotan a los trabajadores hasta las elecciones de octubre, lo que realmente esconde es la búsqueda de que la crisis caiga efectivamente sobre éstos. Ese es el contenido profundo de la negativa de las centrales sindicales a poner en pie un plan de lucha.

Para las elecciones falta muchísimo y la incertidumbre creciente no deja espacio para la espera. La situación es cada vez más grave. Macri no se aguanta más y es necesario que se convoque ya a un paro nacional con movilización a Plaza de Mayo. Un verdadero plan de lucha que imponga la prohibición de despidos y suspensiones en todo el país, que suba el salario mínimo al nivel de la canasta familiar en $28.000 y la indexación salarial según la inflación, la eliminación del impuesto a las ganancias sobre el salario y las jubilaciones, la desdolarización de la economía por medio del control de cambios, el congelamiento del dólar y el restablecimiento de las retenciones a las exportaciones agrarias.

 

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1 COMENTARIO

  1. Chicxs, lxs quiero adentro del FIT. Menos “charlas” y más concreción. A ver si se nos quedan afuera de pura pureza.

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