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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

 

Por Federico Dertaube y Roberto Sáenz

Luego de otro día de tensión en los “mercados”, el dólar estaría cerrando hoy en casi 40 pesos. La Nación y Clarín nos hablan de un dólar “estable” el día de hoy… con una cotización de 39,75 pesos de promedio en los bancos, como tratando de despejar el fantasma de nuevas corridas. No obstante, en términos internacionales el dólar hoy retrocedió frente a monedas como la lira turca y el real, pero el peso retrocedió aún un más.

Todas las miradas de la City estaban puestas en las negociaciones apresuradas de Dujovne y su equipo económico con el FMI. A ellas estaban atadas las posibilidades de una corrida, son el intento de llegar a un nuevo acuerdo sobre la utilización de los fondos y el ritmo de su llegada a las arcas nacionales. El Ministro de Hacienda busca en Washington que se adelante el desembolso de sumas que en principio iban a llegar en 2020 y 2021.

El plan de “déficit cero” tiene por objetivo hacer de la Argentina “confiable” para los acreedores internacionales, poner toda la economía a su servicio. El recorte en ministerios, puestos de trabajo, escuelas, hospitales, salarios, no es para “ahorrar” ni para “gastar menos de lo que ingresa” como dijo cínicamente Macri en su discurso de anteayer. El objetivo es “honrar” los préstamos recibidos del exterior, poner la economía nacional entera al servicio de los pagos de la deuda, con sus jugosos e imprescindibles intereses.

Las propias corridas anteriores, que llegaron a empujar el dólar a los 42 pesos, demuestran, no obstante, que hay poca confianza entre los capitalistas de que el gobierno sea capaz de imponer los planes de “austeridad” -para trabajadores, docentes y hospitales, no para banqueros, claro está-. Las cotizaciones de la bolsa son un índice infalible de qué lectura hace la burguesía de la situación. Si los capitalistas creyeran que Macri es capaz de imponer sus planes de ajuste, la presión sobre el peso se aliviaría sensiblemente.

Según los números del propio gobierno (números que no quería hacer públicos), con las condiciones actuales la inflación anual estará en torno al 42% (que podría ser mucho más) y la caída del PBI de un 2,4%. Muy lejos quedaron los números de fines del 2017 de un 15% de inflación y un crecimiento del 3%. En estas condiciones, la recesión argentina puede dar un salto y convertirse lisa y llanamente en depresión.

En la economía de estos días, sencillamente no hay precios. La remarcación frente a las sucesivas corridas ya son un hecho y sus consecuencias están aún por verse. Y si bien se nos habla de estabilización, las nuevas corridas contra el peso podrían concretarse de un momento a otro, incluso hoy mismo. Las paritarias, que ya estaban por debajo de la inflación, han quedado como simplemente ridículas. Es un debate muy real – y una necesidad- su reapertura, la actualización salarial con aumentos de más del 40% con cláusulas de actualización mensual.

La crisis económica es brutal y se transforma segundo a segundo en crisis política. No es una ocurrencia de la izquierda el cuestionamiento a que Macri sea capaz de terminar su mandato, incluso los analistas de la clase capitalista lo ponen en agenda aunque les resulte incómodo hacerlo. Su problema es que no pueden no decirlo si quieren evitarlo. También algunos dirigentes sindicales (de esos que buscan cuidar la “gobernabilidad” y se niegan a tomar las más elementales medidas de defensa de sus afiliados) lo vienen diciendo, muy a su pesar. Porque la continuidad de un gobierno está menos atada a una agenda electoral pre-establecida en una norma que a su capacidad misma de hacer “lo que tiene que hacer”. Si pierde su esencia, simplemente no tiene nada que hacer. Y el macrismo se reafirma en que su sentido de ser es imponer un ajuste brutal que conlleva necesariamente un choque social de magnitudes no vistas hace mucho tiempo, y casi nadie cree que tenga la fuerza para concretar semejante “proyecto”.

Para la vergüenza de los supuestos dirigentes de la CGT, siguen sosteniendo contra toda realidad la fecha de fines de septiembre del paro general. Las mareas de fondo amenazan con convertirse en huracán y los “gordos” cegetistas insisten con mantener desplegadas las velas del barco como si se tratara de una brisa primaveral.

La colaboración de la dirección sindical con la gobernabilidad y el ajuste es cada vez más anacrónica y todo indica que puede ser desbordada desde abajo. La cúpula cegetista podría ser pasada por arriba en algún momento cercano: la pelea de los docentes universitarios, la extensión de la rebelión educativa, luchas como la del Astillero Río Santiago, el conflicto crónico y permanentemente irresuelto de los docentes de la provincia de Buenos Aires contra Vidal son el indicador de una nueva realidad. Podemos estar pisando los umbrales de un ascenso de la lucha de clases como hace años y años no se ve.

La tarea del momento es salir a las calles para imponer un programa alternativo al de la clase capitalista gobernante, imponer una irrupción de los de abajo que cambie completamente el sentido de la aguja de la brújula política.

Hay que imponer un paro general de 36 horas ya mismo, hacer asambleas de base en cada lugar de trabajo y de estudio, confluir en los reclamos retomando las tradiciones de lucha de la unidad obrero-estudiantil.

Macri no se aguanta más. Con la movilización en las calles hay que hacerlo renunciar.

Hay que imponer un “Plan B”: Que la crisis la paguen los capitalistas, aumento salarial del 42% indexado por inflación, prohibición por ley de despidos y suspensiones, expropiación de toda empresa que cierra o despida, rechazar el pago de la deuda externa y romper las relaciones con el FMI.

La crisis es “global”, económica y del régimen político. La salida más democrática es la convocatoria a una Asamblea Constituyente en la que el pueblo decida la refundación del país, esta vez desde los intereses de los explotados y oprimidos.

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