Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie, dirigente del Nuevo MAS.

La realidad económica post PASO en la Argentina es un caos. Luego de la mega devaluación que siguió al resultado electoral del 11 de agosto, el gobierno nacional creyó haber ganado tiempo de calma a costa de hacer rodar la cabeza del hasta entonces Ministro de Economía Nicolás Dujovne y de haber pactado con Alberto Fernández las condiciones de un armisticio. Al mismo tiempo, Alberto Fernández se solazaba conque dicha devaluación hubiese corrido a cargo de Macri y él se limitaba a hacer la plancha y disfrutar que un dólar cercano a los 60$ le garantizaba una caída del salario obrero sin costo político.  En solo siete días después de las elecciones tanto unos como los otros querían creer que el cimbronazo había pasado y que ahora solo faltaba esperar octubre.

Hay que ver como son las cosas. Las falsas ilusiones son tan atrayentes que hasta algunos sectores del gobierno alucinados por efluvios tan tóxicos se creyeran que podían dar vuelta la elección y pasaron toda la semana haciendo cursos de matemática avanzada para calcular qué tenía que pasar y cómo se deberían dar las cosas para que Mauricio Macri renovara su mandato. Y así las cosas, ocurrió lo que tenía que ocurrir: el sábado 24 de abril el gobierno organizó una concentración en apoyo propio, y como no podía ser de otro modo, creyó escuchar las trompetas de su propia resurrección cuando lo que realmente sonaban eranlas campanas del réquiem.

 

Un fantasma recorre Argentina, el fantasma del FMI

Pero luego de tanta intoxicación de alegría devino el bajón. Es que el mismo sábado que el gobierno reunía a sus fieles en varias plazas del país, sobrevolaba sobre Buenos Aires el avión que traía a la misión del FMI, que vino con el objetivo de evaluar las medidas anunciadas por Macri la semana pasada y, ante todo, hablar con Alberto Fernández para comprometer a este como condición previa para liberar un nuevo tramo del préstamo del FMI por 5.400 millones de dólares.

El planteo del FMI es en el fondo muy sencillo: más allá de que Argentina haya cumplido en el primer semestre los objetivos de ajuste y caída del déficit fiscal primario, las medidas desesperadas que anunció Macri luego del mazazo que supuso el resultado electoral en las PASO son la muestra de que el gobierno argentino no cumplió con el acuerdo “stand by” firmado por el exministro Dujovne; por otro lado, Alberto Fernández no deja de afirmar que el país está virtualmente en default y que dicho acuerdo es impagable y que hay que renegociarlo. Así las cosas, el acuerdo con el FMI está prácticamente caído, o derrumbándose de manera irremediable. Si esto es así, no es tan sencillo para el FMI entregar 5400 millones de dólares. Por lo menos si no hay nuevas garantías.

En este marco es en el que hay que encuadrar la visita de la misión del Fondo. En concreto, vino a subordinar tanto a Macri como a Fernández a los criterios de un nuevo acuerdo pero de un carácter cualitativamente distinto. El gobierno de Macri había pactado un acuerdo “stand by” por 57.000 millones de dólares por cinco años que suponía un control general de las cuentas del país por parte del FMI con el objetivo de garantizar la devolución del préstamo; la caída de este acuerdo “stand by” supone que Argentina pase a un acuerdo de “facilidades extendidas”. La principal diferencia de este tipo de acuerdo es que a cambio de alargar los plazos de pago (generalmente en unos diez años) el Fondo exige no solo un control mucho más riguroso de las cuentas del Estado, sino también la aprobación de reformas estructurales como la reforma laboral, la reforma previsional y la reforma impositiva.

Por parte de Macri las conversaciones con el Fondo no tienen mayores dificultades, en primer lugar porque es un “pato rengo” que tiene los días contados y por lo tanto, en realidad, nadie espera demasiado de él. Sus objetivos son muy de mínima y más bien sencillos: bajo el argumento de que cumplió con el ajuste durante el primer semestre del año pretende que el FMI destrabe los 5400 millones de dólares y con eso aguantar las chapas hasta las elecciones de octubre y lograr terminar su mandato de forma tal de poder quedar en pie como una fuerza de oposición.

Pero el panorama para Alberto Fernández es bastante más complejo. El FMI le reconoció que con el resultado de las PASO él era virtualmente el nuevo Presidente de la Nación, y que ellos esperaban un compromiso manifiesto en favor de estas reformas estructurales. El problema de Alberto es que su virtual presidencia aun no es real y que para dar ese paso cualitativo debe refrendar el resultado de agosto en las elecciones de octubre. Para lograr ese fin es contraproducente comprometerse a aplicar las reformas laboral, previsional e impositivaantes de la elección. Que en todo caso, hasta entonces,es solo un candidato más por lo tanto el responsable de acordar y comprometerse es el presidente en ejercicio Mauricio Macri.

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Una negociación que actualiza la crisis

Así las cosas la reunión del lunes entre Alberto Fernández y su equipo con los representantes del FMI fue la campana de largada de una negociación virtual. Por un lado, el FMI extorsiona tanto a Macri como a Fernández con no liberar los 5400 millones de dólares y dejar a la Argentina expuesta a un default. Por su parte, Alberto Fernández parece no estar dispuesto a que le adelanten el calendario y que lo obliguen a capitular antes de haberse consagrado oficialmente como presidente. Eso es lo que explica el virulento comunicado de prensa a propósito de la reunión con el FMI que publicó el equipo de Fernández el mismo lunes en donde hace corresponsables a Macri y al FMI de la crisis que vive el país por haber permitido que el préstamo otorgado por dicho organismo se haya dilapidado en financiar la fuga de capitales. Y que debe ser el actual presidente quien debe iniciar cuanto antes la renegociación con el FMI del plan de facilidades extendidas.

Sin lugar a dudas el comunicado del candidato del Frente de Todos es en un 99,9% una impostura cuyo objetivo es posponer toda definición y compromiso con el FMI hasta después de las elecciones y de paso apropiarse de la bandera de denuncia al Fondo. De hecho, la semana pasadaGuillermo Nielsen, principal referente económico de Fernández y uno de quienes acompañaron al candidato kirchnerista a la reunión con el FMI, había afirmado que avanzar con la reforma previsional no era sencillo porque Macri “había quemado” esa posibilidad en las jornadas del 14 y 18 de diciembre de 2017, pero que los sindicatos “ya estaban avisados” de su intención de avanzar con la reforma laboral mediante las modificaciones de los contratos colectivos de trabajo.

En definitiva la resultante de este minué entre el FMI y Fernández fue que desde la apertura de los bancos el día martes se vivió una nueva disparada del dólar que llevó al billete verde desde los 57 pesos en que había cerrado el lunes a los 60 pesos el miércoles, disparó el riesgo país por encima de los 2100 puntos y obligó al banco central a vender más de 669 millones de dólares de las reservas en dos días. Todo esto en un contexto en donde la mega devaluación de hace quince días, transformada en inflación, ya empieza a sentirse fuerte en los precios.

El resultado de este rebote de la crisis hizo que a última hora el flamante Ministro de Economía Lacunza anunciara una serie de medidas de emergencia para aliviar hasta las elecciones el pago de algunos de los bonos de corto plazo mediante el recurso de reprogramar unilateralmente los vencimientos de dichos títulos. Pero lo más importante de dicho anuncio es que oficialmente el gobierno de Macri le pidió al FMI sentarse a renegociar los términos del acuerdo con dicho organismo (ver página 4).

 

El FMI quiere hacer de Argentina una nueva Grecia

Antes de seguir es preciso dejar en claro una cuestión. El paso de las condiciones propias de una acuerdo “stand by” a uno de “facilidades extendidas” no es una modificación de segundo orden, más aun cuando quienes están al frente del país son fuerzas burguesas como Cambiemos o el kirchnerismo.

Como ya dijimos los acuerdos de facilidades extendidas suponen un mayor nivel de sujeción a los dictados del FMI, los Estados Unidos y el imperialismo en general. Mediante este tipo de acuerdo el país se somete durante por lo menos los próximos diez años al control del FMI, a sus planes de ajuste y al direccionamiento por parte de este de la política económica y las reformas estructurales que este entienda necesarias.

El ejemplo más renombrado contemporáneamente de estos planes de ayuda o “salvatajes” de las instituciones internacionales de crédito fue el que sufrió Grecia en los últimos nueve años. El mismo fue organizado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que conformaron la llamada “troika” que actuó como un poder supraestatal que mandataba al gobierno griego.

El mecanismo siempre es el mismo, los organismos internacionales entregan créditos a cambio de reformas estructurales cuyo fin es garantizar el repago de los mismos y beneficiar a los sectores más concentrados de la burguesía y sus socios imperialistas.

Las consecuencias de estos planes de ajuste y reformas estructurales llevaron a que después de nueve años la economía griega se haya achicado en un 25%, los trabajadores griegos hayan visto consolidada una pérdida de casi el 40% de sus salarios, que la desocupación luego de que se concretaran miles de despidos haya trepado del 8% al 20% (alcanzando el 45% entre los más jóvenes) provocando que más de 300.000 jóvenes emigraran del país (tomando en cuenta la proporción de población sería el equivalente a 1.200.000 jóvenes de Argentina), que las jubilaciones hayan sufrido 14 recortes reduciéndolas a la mitad de lo que eran hace nueve años. Para afrontar los vencimientos de la deuda, Grecia se tuvo que someter a una violenta política de privatizaciones del patrimonio nacional que alcanzó a algunas de las islas del mar Mediterráneo.

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Uno pensará que luego de diez años de ajuste, privaciones y sufrimiento, por lo menos Grecia pudo pagar sus deudas… pues como ya se estarán imaginando eso no ocurrió. Lejos de haber bajado la deuda externa, esta se incrementó: de representar el 146% del PBI en 2010, en 2018 esta alcanzó el 181% del PBI.

El resultado en el caso griego es de lo más deprimente, empezando por el hecho de que este se hizo de la mano de un gobierno como el de Syriza que llegó al poder enarbolando las banderas de lucha contra los planes de austeridad (ajuste) y terminó en una vergonzosa capitulación en toda la línea que redundó en una desmoralización generalizada de uno de los pueblos más combativos de Europa.

 

Es hora de romper con el FMI

Argentina está atravesando un nuevo capítulo de su interminable crisis económica, pero en este momento con la particularidad que supone tener al frente del gobierno a un presidente que está más cerca del retiro que de la reelección, y por otro lado un virtual presidente que todavía no ganó la elección. Esto genera una fragilidad institucional de contornos muy complejos.

Macri pide negociar con el FMI, el Fondo entiende que el gobierno de Macri ya es un “pato rengo” que no tiene caudal político ni perspectiva para acordar nada, motivo por el cual pretende que todo acuerdo sea refrendado por Alberto Fernández. Pero este no quiere comprometerse a nada antes de ser consagrado oficialmente como nuevo presidente. Así las cosas, esto es lo más parecido al juego infantil de Antón Pirulero, en donde todos terminan girando en ronda. En esta huida hacia adelante, el FMI se hace fuerte mediante la extorsión de negarse a entregar los próximos 5400 millones y exponer a la Argentina a una corrida con consecuencias imprevisibles que podrían poner al orden del día la necesidad de una Asamblea Constituyente para sacar al país de su atolladero.

Acá es donde se pone de manifiesto la pusilanimidad de clase tanto de Mauricio Macri como de Alberto Fernández. Ambos coinciden como en un dogma sagrado que hay que hacer cualquier cosa menos romper con el Fondo. Es que lo cierto es que Argentina está tan jugada como el Fondo. Un gobierno más audaz y menos pusilánime incluso podría utilizar a su favor los efectos que acarrearía en la frágil economía mundial un default de un país como la Argentina, que sin ser una economía grande, dista mucho de ser un país pequeño.

Pero Alberto Fernández y todo el posibilismo son tan cínicos como asustadizos. Tiemblan ante la mera idea de una ruptura con el FMI porque son incapaces de tomar las acciones anticapitalistas necesarias para aprovechar esa ruptura y sacar al país adelante, medidas como la nacionalización del comercio exterior, del sistema bancario y el control de la producción en manos de los trabajadores. Con esta miopía de clase es imposible no solo tener una política independiente, sino siquiera llevar adelante una negociación independiente.

Las recetas del Fondo ya sabemos de qué se tratan y a dónde nos llevan. Es necesario dar el paso de romper con el FMI. Para esto es preciso salir a las calles e impulsar la huelga general con un programa de ruptura empezando por el no pago de la deuda, el férreo control de cambios de los grandes capitales y la estatización de la banca y el comercio exterior, y retenciones a las exportaciones agrarias, el congelamiento de precios y garantizar el abastecimiento de los productos.

Hay que salir a las calles, no se puede esperar tranquilamente a que nos caigan encima las consecuencias de los arreglas entre Macri, Fernández y el FMI.

La CGT y CTA son unos verdaderos chantas que entregan el pan de cada día en el altar de la gobernabilidad, mientras que los movimientos socialesrealizan marchas multitudinarias pero exclusivamente por reivindicaciones inmediatas sin plantear una perspectiva de salida a la crisis que pasa por la ruptura inmediata con el FMI.

La única salida puede venir desde abajo. Hay que apoyar todas las luchas que surjan como la de los compañeros de Ran Bat que consiguieron la reapertura de la planta y vencer el lock out patronal, los compañeros del Hospital Belgrano que están luchando en defensa de la salud pública y a los compañeros de Pilkington que luego de meses de lucha y resistencia le arrancaron a la justicia dos fallos que ordenan la reinstalación de los despedidos. Hay que acompañar todas las luchas, todo lo vivo que surja desde abajo porque son los que marcan el camino para imponer una huelga general y un verdadero plan de lucha para que la crisis no la paguen los trabajadores, las mujeres y la juventud.

 

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