Roberto Saenz
Dirigente del Nuevo MAS y la corriente internacional Socialismo o Barbarie. Director general de izquierdaweb.com


 

La historia se hace de tal modo, que el resultado final siempre deriva de los conflictos entre muchas voluntades individuales, cada una de las cuales, a su vez, es lo que es por efecto de una multitud de condiciones especiales de vida; son, pues, innumerables fuerzas que se entrecruzan las unas con las otras, un grupo infinito de paralelogramos de fuerzas, de las que surge una resultante –el acontecimiento histórico— (…)”. (“Carta de Friederich Engels a José Bloch”, Londres, 21 o 22 de septiembre de 1890)

 

El gobierno ha rescatado un “veranito” a su favor en los últimos días. La plancha de la coyuntura garantizada por el kirchnerismo y los dirigentes sindicales, sumado al acuerdo con la Unión Europea, lo han sacado de la defensiva por primera vez en meses.

Esto ocurre no en cualquier momento, sino cuando mira desde abajo la campaña electoral. Sin embargo, la circunstancia está delatando también los límites de la fórmula de los Fernández. Las declaraciones escandalosas de sus asesores económicos en los últimos días, su giro al extremo centro, la falta de todo verdadero programa alternativo al del macrismo, los han dejado, en cierto modo,a la defensiva.

Es verdad que cuentan a su favor con el repudio de amplísimos sectores populares al macrismo. Una franja de los trabajadores y trabajadoras ya han decidido su voto a ellos como castigo a Macri y Cambiemos.

Sin embargo, el problema de la falta de un verdadero programa alternativo subsiste. Ocurre que lo que se está viviendo es una aproximación programática que hace más falsa la polarización electoral, más perversa.

En otro plano, y aun en ausencia de luchas, la campaña electoral de nuestro partido viene avanzando de manera cada vez más contundente. Esto tiene que ver con algunas de las problemáticas objetivas que cruzan la campaña electoral, como son los derechos de las mujeres, así como la problemática del pago de la deuda externa o ahora el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.

Otro cantar es la situación del FITU. La crisis que ha estallado en el Partido Obrero se ha transformado en una crisis de dicho frente conformado sobre bases oportunistas. Es imposible barrer bajo la alfombra que Altamira, fundador del FIT y principal referente de dicho frente durante años, ha sido expulsado del PO y del propio frente.

Nuestro partido denunció al FIT como cooperativa electoral desde su fundación. Insistimos también que la integración del MST, la fuerza más desprestigiada de la izquierda, en detrimento de nuestro partido, había sido un operativo oportunista que multiplicaría los problemas del propio frente.

Más temprano que tarde se ha revelado el acierto de esta caracterización.En todo caso, son ellos lo que deberán dar las explicaciones del caso a la sociedad y a los votantes de la izquierda.

Nuestra campaña electoral no hace más que crecer. La pugna por la boleta, independientemente del fallo reaccionario de Servini de Cubría, muestra que estamos pegando en teclas muy sentidas por la sociedad, teclas que escapan a la falsa polarización en el extremo centro y muestran elementos de polarización real con los fascistas, con los anti-derechos.

La gran tarea que tenemos por delante es “sacar a la cancha” a nuestros candidatos en todo el país y ganar la calle en la agitación política con nuestra militancia.

El objetivo de quebrar el piso proscriptivo en las condiciones de una extrema polarización electoral, es muy difícil. Pero nadie puede afirmar que es imposible.

En todo caso, nuestro espacio político es inmenso y hay que salir a ocuparlo.

 

Cada vez más parecidos

La campaña electoral discurre en un andarivel paradójico. Por un lado, electoralmente hablando, el gobierno de Macri está a la defensiva mirando la elección desde abajo. Jugados a la moderación y la contención, buscando comprometerse lo menos posible por si se imponen en la elección, el kirchnerismo se inclina hacia el extremo centro político, sacando a la cancha a Alberto Fernández e incluso Massa (aunque a éste se lo ha visto poco en la campaña hasta el momento), al tiempo que en cierto modo “esconde” a Cristina. Confían en que la bronca de la gente y los números de las encuestas, los lleven al triunfo en primera vuelta.

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Sin embargo, el efecto de la estabilización es contradictorio para sus aspiraciones. Amplios sectores populares odian muy justamente al macrismo. Pero conforme las variables –de manera tramposa y transitoria, sin duda alguna- se “estabilizan”, la conciencia tiende a adormecerse un poco.

No es que falten descalabros: corte de luz histórico semanas atrás; ciudades como La Plata con decenas de miles de vecinos sin servicio; ola polar con muertos en las calles.

Pero, de todas maneras,el elemento estabilizador impacta conservadoramente en la elección en su conjunto. El macrismo sobrevivió el año pasado a una crisis y corrida tremenda que puso en riesgo su continuidad. Siquiera las fuerzas integrantes del FIT salieron a cuestionar esto (algo que ahora Altamira impugna en medio de la disputa con la mayoría de su ex partido). Sólo el Nuevo MAS planteó en plena crisis que el pueblo tenía que decidir.

Y como el movimiento de la lucha de clases es pendular, si se suma la continuidad de Macri a la “estabilización” actual, eso le ha permitido al gobierno recuperar cierta iniciativa.

Es en este contexto que debe colocarse el acuerdo con la Unión Europea. Es cosa sabida que los acuerdos de libre comercio entre naciones de desarrollo relativo distinto, siempre favorecen a las más poderosas.

Si la industria de los países dependientes caracterizadas por una productividad menor es puesta a competir con aquellos países cuyos costos son más bajos, es evidente que el más débil será desplazado por el más fuerte en la competencia.

¿Cuál es la ventaja competitiva de Brasil y la Argentina? La tierra. De ahí que los costos de las materias primas sean menores que en Europa. ¿Cuál es la ventaja competitiva de la Unión Europea? La producción industrial. Esto en la medida que, por su grado de desarrollo relativo, el precio unitario de los autos, por ejemplo, es menor que en nuestro país.

Si se quitan los aranceles de importación automotriz o de máquinas herramientas, por ejemplo, y el costo unitario en Europa más el flete es menor que la producción dentro del Mercosur, despídanse de esas ramas económicas[1].

Así las cosas, un acuerdo de libre comercio es un pésimo negocio:destruirá tejido industrial y puestos de trabajo[2]. Un acuerdo que, por lo demás, el gobierno lo pretende para disciplinar a una clase obrera, a la que, en las fábricas, se le dirá: “sino agachan el lomo, serán despedidos”…

El acuerdo del Mercosur y la Unión Europea depende, sin embargo, de su ratificación parlamentaria. Algo que no podrá ser realizado bajo la actual gestión. Pero esto no quita que le haya dado un cierto triunfo político-simbólico a Macri, que puede escenificar un progreso en su orientación de libre mercado:un sometimiento neoliberal del país a la globalización capitalista.

El acuerdo parece haber puesto a la defensiva, en cierto modo, la campaña de Alberto Fernández. Ocurre que ésta no está oponiendo realmente una lógica alternativa; siquiera desde el punto de vista capitalista, claro está[3].

Ahí están las declaraciones, no solamente de Alberto, que afirmó que van a pagar la deuda y que no piensan romper con el FMI. Incluso, que es un firme defensor del superávit fiscal, lo que en las condiciones actuales, que no son las del 2004, sólo puede significar la continuidad del ajuste.

Sin embargo, el “show del terror” se lo disputan los economistas que responden al propio Alberto Fernández. Guillermo Nielsen ha declaradoque de ninguna manera puede excluirse la realización de las reformas laboral y jubilatorias que impulsa el FMI; que solamente debe garantizarse primero que el país vuelva a crecer de manera que se noten menos…

Por otra parte, Emanuel Álvarez Agis, integrante del llamado “grupo Callao”, un thinktank estrechamente vinculado a Fernández, viene haciendo una declaración más escandalosa que la otra. Acaba de afirmar que el impuesto al trabajo no solamente no se eliminaría bajo un eventual nuevo gobierno K, sino que “es bajo y hay espacio para aumentarlo”…

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Por otra parte, Álvarez Agis impulsa un congelamiento de precios y salarios y la suspensión de las paritarias por varios años, lo que sólo podría significar dar por perdida la pulverización del salario real que sufrimos los trabajadores bajo Macri; una posición vergonzosa.

Se trata de declaraciones escandalosas que, sumadas, vienen a dar una conclusión central: el programa de ambas partes de la supuesta “grieta”es cada vez más parecido. La trampa de la extrema polarización electoral convive con una aproximación programática inédita que poco tiene que ver con lo que fue el gobierno kirchnerista original.La confirmación del extremo giro conservador de esta fuerza política patronal.

 

Mover montañas

La campaña electoral de la izquierda debe romper con esta falsa polarización. En este contexto se ubica la ascendente campaña de nuestra compañera Manuela Castañeira, que viene multiplicando su crecimiento e impacto nacional cada día.

El habernos mantenido firmes en la precandidatura presidencial de una compañera mujer,se ha demostrado un acierto completo. Es que la candidatura de Manuela resume varias determinaciones con enorme peso en esta campaña electoral: el debate sobre el derecho al aborto y el rol de la mujer más en general, sus características de luchadora y el reconocimiento que tiene entre amplios sectores de trabajadores; su juventud y como empalma esto con las nuevas generaciones que ingresan en la política, su discurso anticapitalista de reivindicación de una alternativa socialista, etcétera.

Da la impresión que, por el contrario, la campaña del FITU se encuentra a la defensiva. Un carácter conservador cristalizado de cooperativa electoral, el haber privilegiado al acuerdo con la fuerza más desprestigiada de la izquierda, el estallido del Partido Obrero, el sustituir la política por la maniobra, etcétera,son elementos que están haciendo enorme crisis en dicho frente.

La lucha anticapitalista, el rechazo al ajuste y el acuerdo con el FMI, el no pago de la deuda externa, el planteo que los capitalistas deben pagar la crisis, la lucha por el aborto legal y los derechos de las mujeres y la juventud, son algunas de las cuestiones que introducen una polarización real, de clase, en la elección.  

El ascenso de la campaña de Manuela Castañeira y nuestro partido así lo indican. Es el momento de ganar las calles en todo el país con nuestra campaña. Es el momento que todos los candidatos y candidatas de nuestro partido (¡que totalizan más de 2000 compañeros y compañeras en todo el país!), se pongan a la cabeza de la campaña.

Romper el piso proscriptivo es muy difícil. Sin embargo, nuestra campaña viene en ascenso apoyada en el entusiasmo de nuestra joven militancia.

El espacio político es inmenso y se hace fuerte en las características que debe tener toda política revolucionaria: apoyarse en las determinaciones objetivas de la realidad para transformar esas tendencias en una palanca revolucionaria.

Ese es el “paralelogramo” de la política revolucionaria de la cual hablaba Engels (al menos según la interpretamos nosotros). Y cuando algo así se pone en pie, se pueden mover montañas.

 

[1]En materia de máquinas-herramientas, es decir, producción de medios de producción, en 8 años el arancel quedaría en cero, un genocidio industrial. Respecto de la industria automotriz los aranceles irían reduciéndose progresivamente para quedar en cero en 15 años.

[2]Señalemos que incluso naciones como Gran Bretaña y los Estados Unidos, en diferentes momentos del siglo XIX, fueron proteccionistas hasta que ganaron suficiente densidad industrial; recién allí se transformaron en libre cambistas.

[3]Una lógica distinta significaría algunas medidas progresivas, lo que no está inscripto en la lógica de la reemergencia de este kirchnerismo o post-kirchnerismo girado hacia la derecha.

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