José Luis Rojo
Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.


 

Titulamos este editorial de esta manera porque a 10 días de las elecciones conviene esperar que los resultados hablen antes de hacer definiciones muy categóricas.

Sin embargo, también es verdad que se ha hecho demasiado largo el impasse político en la Argentina por lo que nos interesa adelantar algunas definiciones ad referéndum de los resultados del domingo 27.

El tránsito desde las PASO con un gobierno derrotado, pero que no se termina de ir y una administración entrante que no termina de asumir,dejó al país en una suerte delimbo político del que recién se saldrá con las elecciones consumadas y la asunción del nuevo gobierno.

En un sentido, este limbo político fue muy conveniente para los de arriba. Porque en la medida que la mayoría de los trabajadores y trabajadoras fueron convencidos de esperar a la asunción de las nuevas autoridades,la coyuntura política –aun en medio de la gravedad de la crisis- quedó mediatizada.

Es verdad que luego de las PASO hubo momentos de zozobra. Pero la espera de la mayoría de la población por el nuevo gobierno (espera que demuestra que el régimen democrático-burgués funciona), sumado al pacto de gobernabilidad entre kirchneristas y macristas, hicieron lo suyo para estabilizar transitoriamente la situación, sumándole las medidas paliativas tomadas por Macri y el default controlado de la deuda que decretó Lacunza.

En estas condiciones, las elecciones de finales de este mes parece que se van a parecer más a un balotaje anticipado que a una elección normal. Se presentan como muy polarizadas cuestión que, por lo demás, han dejado el debate presidencial como algo muy cercano a una mera formalidad (aunque Alberto Fernández fue lo suficientemente inteligente para sacar tajada del mismo).

Suena raro tratándose de la tradición política argentina y la inmensa crisis en ciernes. Pero la realidad es que la burguesía logró suspender el “juego político” por unos meses, vaciando en cierto modo la campaña electoral.

Sin embargo, a partir del domingo 27 vuelve la política. Se acabarán las palabras vacías y llegará la hora de las definiciones. Y a partir de ahí se reposicionarán todos los actores políticos y sociales.

En este marco general, dedicaremos este editorial a intentar atisbar algunas definiciones sobre el escenario que viene.

 

Un balotaje anticipado

Que la elección del domingo 27 viene polarizada es una obviedad. Esta polarización se explica tanto por razones del juego electoral burgués, como por cuestiones de contenido.

El juego electoral hace lo suyo en la medida que, colocando en el pedestal el voto útil –cuestión que tratándose de una elección presidencial se agiganta-, el 11 de agosto ya se veía que la elección tendía a reducirse a Fernández y Macri.

En el fondo, el elemento de contenido es que la conciencia promedio de los trabajadores y trabajadoras se ordena alrededor del odio a Macri, esto en el sentido de la ruptura generalizada con su gobierno que data de casi dos años atrás y se canaliza por el kirchnerismo -o poskirchnerismo-, que a pesar de los límites (capitalistas) de su gestión, es visto como un gobierno donde se estaba mejor.

La clase trabajadora que en el 2015 se había dividido electoralmentecon una importante franja votando a Macri, luego de las jornadas de diciembre del 2017 terminó alineándose en bloque contra el gobierno y ni hablar ahora, luego de dos años de crisis financiera y económica continua con una devaluación del 300% de la moneda y una inflación del 100%,con su secuela de pulverización salarial, aumento de la desocupacióny crecimiento de la pobreza.

Sería ridículo que en estas condiciones no se expresara un voto castigo a Cambiemos; un gobierno que operó una redistribución regresiva del ingreso entre muchos otros ataques a los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Que este voto castigo lo canaliza Alberto Fernández y el kirchnerismo es un subproducto tanto de que son una fuerza de masas y la izquierda sólo de vanguardia, como también que junto a la burocracia sindical y la Iglesia operaron con maestría para evitar desbordes.

Sumémosle a esto el elemento cualitativo de que entre las amplias masas domina una conciencia reivindicativa, sin grandes trazos ideológicos y mucho menos anticapitalista.

Una conciencia con trazos reivindicativos, progresista y antiimperialista general cuyo trazo más marcado es su falta de radicalidad, su carácter posibilista. Cualquier reivindicación que aparezca como “disruptiva”, es decir, que vaya algo más allá de lo “estándar”, es difícilmente aceptable.

Planteos como la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda externa siguen siendo minoritarios entre las masas. Incluso cuestiones como el derecho al aborto, que tiene detrás de sí un enorme movimiento social en la Argentina, no dejan de concitar una oposición de magnitud.

Así las cosas, uno de los elementos dinámicos para la etapa que viene, será elmix de expectativas, confianza y justificaciones que puedan operarse en los primeros meses de la gestión de Alberto Fernández.

Porque la mayoría parece esperar que el nuevo gobierno resuelva la crisis en curso, pero los límites dentro de los cuales deberá llevar adelante su gestión serán dramáticamente estrechos y lo obligarán a tomar duras decisiones muy alejadas, quizás, de lo que espera el electorado.

Sin ir más lejos, Fernández declaró ayer que una de sus primeras medidas será derogar la rebaja del IVA para productos esenciales de la canasta familiar, decretada semanas atrás por Macri y cuestionada por los gobernadores del PJ…

Es decir, arrancará con el pie derechoderogando una de las pocas medidas progresivas que Cambiemos se vio obligado a tomar bajo el hierro de la crisis.

Pero si los trabajadores se han unificado en su rechazo a Cambiemos y se encaminan a otorgar una voto castigo el 27, no es igual la situación de las clases medias.

En varios aspectos importantes la situación difiere del 2001 (no ha habido desborde ni la situación es –de momento- de default abierto e incontrolado), entre otras cosas, el hecho de que las clases medias siguen divididas.

En lo esencial, una amplia porción no se ha corrido hacia la izquierda y se expresará apoyando a Macri el domingo 27.

Es difícil adelantar guarismos. Sin embargo, se puede esperar –trazo grueso- que Fernández obtenga algo más del 50% de los votos y el macrismo no baje del 30% que obtuvo en las PASO.

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Aquí lo importante no es la escasísima posibilidad de que Macri vaya a un balotaje, cosa que ninguna encuesta avala, sino el hecho que el piso del macrismo no se perforó.

Una muestra de esto es que no es descartable que Larreta retenga el control en CABA. Y en el mismo sentido fueron las recientes elecciones en Mendoza, donde Cambiemos retuvo la gobernación, o asimismo lo que se espera electoralmente en Córdoba, uno de los pocos distritos en los que Macri podría imponerse.

Así las cosas, Cambiemos permanecería como importante oposición conservadora a un eventual gobierno de los Fernández.

La explicación de esto no es sólo nacional, sino regional e internacional. Aunque sin ser idéntico, el fenómeno reaccionario de las clases medias que en la Argentina viene expresándose desde la crisis del campo, hace “sinergia” con fenómenos similares como las clases medias reaccionarias que apoyan a Bolsonaro en Brasil, a Lenin Moreno en Ecuador, a Duque en Colombia, a Trump en Estados Unidos, etcétera y que da sustancia a campañas fascistoides como la crítica a una supuesta “ideología de género” o que milita por el golpe en Venezuela.

Por esto mismo, no ha sido casual que el contenido de la campaña macrista en estas últimas semanas haya retomado los acordes más reaccionarios. La campaña del “sí se puede” pretende movilizar a su base social configurando un cambio en relación a las campañas puramente mediáticasy desangeladasque acostumbraban el PRO y Cambiemos.

Si a pesar de la gestión económica desastrosa de estos años, de su incapacidad para manejar la “cosa pública” en un país tan político como la Argentina, sin embargo tiene una base social que le es fiel, es por un profundo sentido de clase y reaccionario: Macri y Cambiemos interpelan a los sectores de la clase media alta que tienen temores de verse “asediados por los pobres”.

Y esto, paradójicamente, a pesar que el famoso “círculo rojo” de los grandes empresarios, más realista él, ya le soltó la mano a Macri y se encolumna masivamente detrás de los que presumiblemente van a ganar la elección: Alberto y compañía.

Claro que en esto la jugada del kirchnerismo les está saliendo muy bien. Porque al poner de candidato a Alberto Fernández, reestablecieron los puentes rotos con amplios sectores de la patronal. Alberto es una suerte de garantía de que su gestión será moderada (sin afectar los derechos de propiedad).

Así las cosas, grosso modo, estas son las bases de una elección polarizada. Una elección que tendrála virtud no solamente de propinarle un sonoro voto castigo a Macri, sino que permitirá que se resetee la vida política nacional comenzando la experiencia con Alberto Fernández.

 

¿Hacia un gobierno poskirchnerista?

Resuelto el pleito con Macri y adelantando lo que parece obvio, que es la llegada al gobierno de Fernández, vamos a adelantar aquí una especulación sobre su posible carácter.

Desde ya que será un ejercicio de imaginación subproducto del dilatado proceso electoral y de la “suspensión de la política” todos estos meses. Un ejercicio de imaginación, porque una vez que Fernández llegue y comience a tomar sus primeras medidas,rápidamente se irán despejando las dudas.

Sin embargo, y como para ir preparándonos, es útil ir adelantando una caracterización, sobre todo, además, porque varias de las medidas que se vienen,ya son más o menos públicas.

Partiendo de un somero análisis marxista de las mismas, los parámetrosdel próximo gobierno serán más o menos los que siguen.

Primero, el gobierno que viene no será el subproducto indirecto de una rebelión popular como fue el caso de Néstor Kirchner. El kirchnerismo, el PJ y la burocracia sindical se esforzaron estos años por evitar que se desmadre la gobernabilidad.

Hicieron esto por una obvia lógica de clase apostandoa que las elecciones y el voto, el juego político burgués y sus instituciones, encaucen los desarrollos por oposición a la calle y la acción directa desde abajo.

Carlos Melconian, economista ultra liberal amigo de Fernández, declaró semanas atrás que la crisis es grave pero no tan grave como la del 2001. Esto sencillamente porque “aún no ha habido desborde popular”…

Segundo, la crisis económica y social. El país se encamina a una caída del producto del 3.5% y una inflación de casi el 60% este año. Por lo demás, existe una parte de la deuda externa que está defaulteada (el tramo que vencía hasta fin de este año tanto en lo que tiene que ver con capital como intereses).

Sin embargo, la economía no se ha terminado de desmadrar y Fernández y Cristina llegan para intentar evitar que esto suceda. Pero, paradójicamente, la tarea que tienen por delante les otorga menos márgenes de maniobra que en el 2001, cuando con un default descontrolado consumado en la gestión anterior, al menos se evitaron por algunos años pagar deuda externa

Claro que el nuevo gobierno contará a su favor con que el salario ha sido pulverizado por Macri. Pero, en las actuales condiciones recesivas e inflacionarias, un corsé tremendo a su gestión es que vienen a pagar deuda.

En tercer lugar, las condiciones económicas internacionales son claramente adversas. Esto es algo muy distinto a la gestión anterior, en la que disfrutaron de altísimos precios de las materias primas, precios que ayudaron en la gestiónde todos los gobiernos progresistas de Latinoamérica.

El escenario económico internacional es hoy muy distinto. Adelanta una crisis recesiva mundial para el 2020, las materias primas están a la mitad de su precio de 10 años atrás y las condiciones de financiamiento internacionales están endureciéndose; el país sólo tiene la “ventanilla” del FMI, que ya le giró a Macri casi todo lo que tenía que girar, y próximamente quiere empezar a cobrar…

Por último, Alberto Fernández es la prenda de unidad del kircherismo de que su gestión será moderada;que no se tocarán los derechos de propiedad.

Esto es lo que nos lleva al pacto social que viene. Pacto social que tiene un sentido muy preciso: garantizar que el colchón de precios y ganancias que han logrado los empresarios con la devaluación,no se liquide rápidamente.

Es decir: que los salarios promedio en dólares no vuelvan al nivel previo al 2017; que la fuerza de trabajo argentina sea barata para los estándares internacionales.

De ahí que no hayan sido casuales las declaraciones de Alberto focalizándose en promover “las exportaciones para que entren dólares” (¡para pagar deuda!), o que sus economistas vengan afirmando que “el salario real se debe ir recuperando paulatinamente para no generar más inflación”…

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Afirmaciones que demuestran que el pacto social que viene no tendrá como eje central “congelar los precios” (como hemos escuchado decir a Claudio Marín de la CTA en un programa donde participó con nuestra compañera Manuela Castañeira) sino, más bien, frenar cualquier recuperación más o menos inmediata de los salarios

Parte de esto mismo es el tema reforma laboral y convenios. Parece haber acuerdo con los empresarios en no promover una reforma laboral explícita, por ley. Después de las jornadas de diciembre sería demasiado obscena (por decirlo de alguna manera) la cosa.

Sin embargo, caben aquí dos apreciaciones. Por un lado, Fernández ha sido muy explícito en señalar que se impulsarán reformas de convenios por sector. El propio empresariado, ahora aliado de él, no parece tan interesado en la forma como en el fondo: que se modifiquen los convenios así sea por sector.

El modelo: casos como el de Vaca Muerta, donde el sindicato petrolero aceptó los convenios a la baja, la liquidación de supuestas “horas muertas” y circunstancias por el estilo, afectando derechos adquiridos de los trabajadores en beneficio de la patronal.

De ahí que, como dando el ejemplo, Antonio Caló en la UOM ya haya puesto en marcha la “auto-reforma” del convenio en metalúrgicoscon la excusa, según él, que en su defecto se “moriría la actividad del sector”…

Así las cosas, parte del pacto social que se viene es que los propios gremios dirigidos por la burocracia propondrían a las patronales los cambios de convenios a la baja, recortando derechos de los trabajadores y consagrando medidas flexibilizadoras y precarizadoras del empleo.

El pacto social presentado como una medida de “acuerdo y defensa” de los trabajadores”, en realidad será lo que siempre ha sido:un acuerdo entre los capitalistas y los sindicatos burocráticos para que los trabajadores paguen la cuenta de la crisis.

Antes de concluir este punto, sin embargo, queremos volver al interrogante que planteamos al inicio: el carácter del próximo gobierno.

Y es a partir de estos elementos de análisis que someramente presentamos acá, a título aún “especulativo” a la espera de los resultados electorales y de la conformación del nuevo gabinete y las primeras medidas que anuncie Fernández que, sin embargo,podemos adelantar que se tratará deun gobierno poskirchnerista.

A pesar del cuco macrista que quiere presentar que se vendría un gobierno de Cristina, a priori, al menos al comienzo, tenemos la impresión que se tratará, más bien, de un gobierno de Alberto.

No se trata de algo puramente institucional que marca que en la Argentina, habitualmente, los vicepresidentes tienen un papel meramente decorativo. Es obvio que Cristina Kirchner tiene la suficiente personalidad y poder entre el kirchnerismo y el PJ para no ser esto, sino lo quiere.

Pero, a priori, insistimos, da toda la impresión de que, en realidad, el kirchnerismo quiere cumplir ese papel de acompañamiento; al menos en un primer momento.

Y esto por razones muy concretas. El kirchnerismo es, en definitiva, una fuerza burguesa. Y si vuelve de la mano de Alberto es porque de otra manera le era muy difícil volver.

Habrá que ver cómo evolucionan las tendencias internacionales y regionales. Si la crisis se profundizara, si casos como el de Ecuador se repitieran, si la crisis pega muy fuerte y amenaza con desbordarse, quizás termine reapareciendo una versión más kirchnerista del kirchnerismo…

Pero eso sería sólo en una segunda instancia; no es el plan original. Porque Alberto se encamina a tomar medidas duras y antipáticas.Y si logra controlar las cosas, Cristina tendrá la excusa de que es sólo su vicepresidenta…

En fin: quizás esto no termine siendo así; quizás las dramáticas contradicciones que atenazan al país se desatan más rápido de lo esperado.

Pero, en todo caso, todos los actores de los de arriba esperan un gobierno moderado y será la experiencia la que en definitiva sancione su carácter kirchnerista o poskirchnerista.

 

La izquierda que crece

En definitiva, y más allá del carácter del gobierno que venga, la contradicción de fondo que tienen Macri, Cristina y Albertoes que los trabajadores y trabajadoras no están derrotados.

Las relaciones de fuerzas en el país se han sostenido más o menos desde el 2001;el giro a la derecha que encarnó el macrismo luce derrotado e, incluso en la región, el giro reaccionario no está estabilizado, como acaba de verse en Ecuador.

En cualquier caso, se viene un ensayo de pacto socialtramposo de la mano de la burocracia sindical (ese es el verdadero contenido de la anunciada “unificación de la CGT y la CTA”; hacerle el aguante al próximo gobierno); un pacto social bajo el cual se volverá a convocar a los trabajadores, como ya hemos señalado,a pagar la cuenta de la crisis.

Entendemos a los trabajadores y trabajadoras que van a votar el 28 a Fernández contra Macri. Sin embargo, nuestro partido está en contra de votar candidaturas patronales.

Como hemos hecho público ya, nuestro partido llamará a votar críticamente las candidaturas nacionales del FIT y a Luis Zamora en CABA. Un voto crítico no solamente porque el FIT se negó a la unidad, porque el FIT se negó a ir a internas abiertas donde participara la única precandidata mujer en esta elección, sino, además, porque dicho frente expresa cada vez más elementos de adaptación al juego institucional burgués como pudo verse, por ejemplo, en la injustificada votación de la emergencia alimentaria poniéndolos del lado de la unidad nacional burguesa.

Nuestro partido viene de una campaña electoral histórica aun a pesar de no haber logrado quebrar el piso proscriptivo,instalando como una de las figuras más importantes de la izquierda a nuestra compañera Manuela Castañeira. También, por ejemplo, de nuestra reciente participación en el Encuentro en La Plata con una de las principales delegaciones de la izquierda encarnada en nuestras compañeras de Las Rojas.

Como dice nuestra juventud,el Nuevo MAS es la izquierda que crece. Y nos preparamos en el próximo período para estar pegados a las luchas contra el pacto social que viene, peleando a brazo partido porque una franja de los trabajadores, las mujeres y la juventud se orienten hacia una ruptura anticapitalista con el posibilismo ambiente.

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