Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie, dirigente del Nuevo MAS.


El 27 de octubre se formalizarán las elecciones nacionales a presidente y vice. Las mismas se llevarán a cabo en el marco de una crisis económica que no encuentra su piso y que ataca día a día las condiciones de vida de millones de trabajadores impulsaba por una inflación desbocada que degrada el poder adquisitivo de los asalariados.

Como venimos señalando desde nuestras editoriales, no pasa una sola semana sin que organizaciones no gubernamentales o el mismísimo INDEC anuncie nuevas estadísticas y datos que ponen en números la grave situación que afecta los trabajadores y el conjunto de los sectores populares. Semanas atrás se reveló la inflación del mes de agosto que rondó los 4% y se espera un número aún mayor en septiembre; luego la UCA publicó su estudio sobre el número de personas que pasan hambre que ya informamos en nuestra edición anterior. En esta oportunidad el INDEC informó sobre el índice de pobreza que alcanzó el 35,4% de los habitantes de la Argentina, algo cercano a los 15.000.000 de personas. Incluso este porcentaje trepa a más del 50% entre los jóvenes menores de 14 años, acercándonos dramáticamente a cifras previas al 2001.

Pero no obstante esta situación, este periodo pre electoral se transita en las condiciones de una relativa estabilización de la crisis política que había abierto el resultado de las PASO de agosto. Éstas, producto de la irremontable derrota del gobierno, dejaron una sensación de “vacío de poder” y alzaron al primer plano a Alberto Fernández, un candidato que le falta el trámite de revalidar sus votos en la elección general. Tanto Mauricio Macri, como Alberto Fernández, luego de una primera semana de chisporroteos, acordaron una transición pactada y armoniosa que les garantice al primero un último tramo lo más calmo posible, y al segundo el poder encarar una transición ordenada e iniciar con el menor número de sobresaltos posible sus primeros días de gobierno.

 

Una elección con resultado cantado pero muy polarizada

En casi cualquier elección sería una petulancia arriesgar un resultado faltando 25 días para la votación, pero en el caso de la próxima elección es casi una obviedad que el candidato del Frente de Todos se impondría superando el 50% de los votos y se consagraría como próximo presidente de la Nación. Lo importante acá no es tanto esto, sino el dar cuenta de cómo parecen estar cristalizándose los alineamientos políticos dentro de los distintos sectores de la sociedad. Porque si bien es cierto que Fernández se encaminaría a una elección muy por encima de lo esperado hasta antes de las PASO, también es verdad que muy probablemente la elección de Cambiemos, (aunque todo indica que va a sufrir una holgadísima derrota), no se plasmaría en una papelón electoral como supo cosechar en otras oportunidades el radicalismo. El escenario parece ser, más bien, el de un balotaje adelantado que el de una elección regular.

Una prueba de esto fue la elecciónprovincial en Mendozarealizada este domingo pasado. Allí el candidato oficialista, el radical Rodolfo Suárez, se impuso por 51% frente a la candidata kirchnerista Anabel Fernández Sagasti, quien alcanzó el 34% de los votos. Muy lejos quedaron el resto de las fuerzas, en donde se destaca la caída del FIT que se derrumbó al 3%, muy lejos del 10% de 2015.

Este escenario de profunda polarización se explica por un fenómeno cruzado. Por un lado, es evidente que la masa de los trabajadores ha roto con el gobierno y se ha pasado a la oposición. Pero esta ruptura que se evidenció en la lucha de clases en las jornadas del 14 y 18 de diciembre de 2017, luego fue sacadapor la burocracia de las calles y redirigida alterreno electoral. Ahora, lejos de la experiencia directa de la lucha, ha podido ser capitalizada casi en su totalidad por el candidato del PJ, quien se beneficia de una suerte de voto útil que tiene como principal motivación la de derrotar a Macri dejando poco espacio para la izquierda. Pero por otro lado, el gobierno nacional mantiene una fuerte base social que le ofrece un piso de caída relativamente alto, rondando los 30 puntos. Recordemos que en 2003, luego del Argentinazo y de la experiencia del gobierno de De la Rúa, la UCR alcanzó su piso histórico obteniendo el 2,34%.

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Evidentemente, a diferencia de la situación postArgentinazo, en que la clase media había dado un claro giro a la izquierda, llegando incluso a levantar por un periodo la consigna de “piquete y cacerola, la lucha es una sola”, en esta oportunidad una parte importante de este sector social se ubica mucho más al centro derecha y de allí no se mueve (un sector minoritario de esta misma clase es “progresista” y se encamina a votar a Fernández). Aquí siguen pesando las secuelas de la crisis del campo y de la rebelión de las patronales agrarias en 2008, que fueron el momento fundacional de la famosa “grieta” que ligó a los sectores medios junto a la patronal con olor a bosta. Vale aquí recordar la escandalosa capitulación de varias de las fuerzas que integran el FITU (MST e IS), que acompañaron entusiastamente a la Sociedad Rural en su acto en Palermo, e incluso el PO, que osciló políticamente desde el principio caracterizando a los piquetes de DeAngelis como una rebelión popular.

Otro factor que ayuda a Cambiemos a contener su caída es el mismo Frente de Todos y la burocracia sindical, que están jugadas a contener por todos los medios a los trabajadores y evitar que éstos luchen para contrarrestar los efectos de la crisis y hacer que sean las patronales las que paguen los costos de una crisis que ellas mismas generaron. Una muestra de este operativo contención fue la votación de la “ley de emergencia  alimentaria” aprobada hace 15 días y que, como indicamos en el editorial anterior, era una puesta en escena que tuvo como principal objetivo el sacar a los movimientos sociales de las calles y redirigirlos a las instituciones formales. Aquí, una vez más, la mayoría del FITU (PO-PTS) cayó en un grosero error. Movidos por la especulación electoralista, se dejaron atrapar y se sumaron gratuitamente a la “foto familiar” que armó la burguesía.

Así las cosas, la campaña se desarrolla en un escenario relativamente controlado que le permitió al gobierno salir de su ostracismo y retomar la iniciativa. Aprovechando al máximo este respiro, Macri lanzó una giraque arrancó con una importante concentración en Barrancas de Belgrano y que se completa con treinta concentraciones en los principales bastiones oficialistas. Con esta iniciativa, juega sus últimas fichas a movilizar a su base social para achicar lo más posible la diferencia con Fernández, levantando la consigna de que cada simpatizante de Cambiemos gane un voto.

 

Un interregno para que la patronal haga su juego

Macri y Fernández se hablaron semanas atrás y se juraron no meterse palos en la rueda con el objetivo de que cada uno pueda hacer su juego y servir de la mejor manera a los intereses de las patronales. Incluso desde el Frente de Todos agitaron la bandera de que el debate presidencial era mejor “suspenderlo” para evitar decir su programa de gobierno y “desestabilizar la economía”. Pero ninguno de los dos se quedó ahí. Mauricio Macri no tuvo el menor escrúpulo en firmar su decreto que reducía las indemnizaciones por accidentes de trabajo el mismo día en que un obrero de la construcción murió por el colapso de una estructura de andamios durante la refacción del aeropuerto de Ezeiza. Frente a esta provocación, el candidato del Frente de Todos se llamó a silencio y preparó su propia jugada al reclamarle a los pilotos aeronáuticos que confíen en él y que no hagan ningún paro durante la campaña electoral. Es una nueva manifestación del “no hay que salir a la calle” de semanas atrás. Es el intento de hacer valer su propuesta de pacto social, que no es otra cosa que el encorsetar a los trabajadores e impedir que defiendan sus intereses.

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Mientras tanto: la patronal de Kimberly organizó un lockout de la fábrica y pidió un “preventivo de crisis” para preparar el cierre definitivo y el despido de más de 200 trabajadores; la patronal de Molinos Minetti en Córdoba no paga quincenas atrasadas de 150 trabajadores, MWM cierra su planta en Villa María y despide a 100 operarios, Renault despidió a 37 empleados en su planta en la misma ciudad, la brasileña DASS que produce calzado para NIKE en Misiones anunció el cierre de su planta para fin de año y ya despidió a 400 obreros, SanCor decidió cerrar su planta ubicada en la ciudad bonaerense de Lincoln y despedir a todo su personal, Zanella amenaza con cerrar su planta en Caseros…. Los casos de ataques a los trabajadores se expanden como reguero de pólvora. En ninguno de estos casos se le escuchó decir a Alberto Fernández: “Ténganme confianza, no es momento de echar gente”…Este es el pacto social del futuro presidente.

Las elecciones serán el 27 de octubre, pero el grueso de las cosas ya fueron resueltas en las PASO. Esta atípica situación genera un interregno, un lapso en el cual todos actúan pero nadie se hace cargo de nada.Mientras Macri prepara las valijas para desalojar la quinta de Olivos, y Fernández espera que lo reconozcan como futuro inquilino, la patronal aprovecha para imponer sus intereses mediante despidos, suspensiones, lockout y cierres de plantas con el visto bueno de los dos.

 

Apoyemos a los trabajadores en lucha y vamos con Las Rojas a copar La Plata

En este interregno antes de las elecciones, los trabajadores siguen sufriendo las consecuencias de una inflación indomable y un deterioro permanente de sus condiciones de vida. Tanto la burocracia sindical de la CGT y la CTA como los movimientos sociales ya firmaron su “pacto” con Fernández y no piensan sacar los pies del plato. Así mientras todos miran para otro lado, se multiplican los ataques a los trabajadores. En este escenario el principal deber de la izquierda esapoyar a todos los sectores que puedan romper este pacto reaccionario y salgan a luchar en defensa de sus derechos.

Por otro lado, aunque es evidente que las elecciones ya fueron resueltas en gran medida en agosto, esto no significa que las mismas carezcandeimportancia. Habiendo pasado el piso proscriptivo o no, desde la izquierda clasista tenemos la responsabilidad de levantar las banderas de la independencia de clase frente a todos los sectores patronales, alertando sobre el pacto social que viene y presentando un programa alternativo para que los capitalistas paguen la crisis. Esta tarea se vuelve aún más importante en una coyuntura como la actual, en la cual todo indica que el grueso de los trabajadores se inclinaría por votar una alternativa patronal. No obstante esto, el Frente de Izquierda, única lista independiente que estará en las elecciones del 27,vergonzosamente parece estar autoexcluyéndose de dar esta batalla en pos de meter algún diputado…

No obstante esto último, nuestro partido, que realizó una campaña histórica en las PASO, volverá a concretar, como lo hemos hecho ya en las oportunidades anteriores, el llamado al voto crítico al FIT en la elección presidencial e indistintamente a éstos o a Luis Zamora en CABA. Nuestro llamado hace a una cuestión de principios y no a alguna coincidencia con una campaña electoral que evidentemente ha caído en el oportunismo más vergonzoso,apostando al “corte de boleta” y escondiendo a su fórmula presidencial para no confrontar con el Frente de Todos y la fórmula Fernández-Fernández. Es curioso que después de reclamar que se los vote, sean ellos quienes no se llamen a votar…

En lo inmediato queda por delante organizar una gran delegación de Las Rojas al Encuentro en La Plata que se desarrollará en pocos días. La marea verde debe hacerse valer en el Encuentro para que el 2020 sea el año en que le arranquemos al Estado patriarcal y al gobierno de Fernández el derecho al aborto, legal, seguro y gratuito en el hospital.

 

 

 

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