José Luis Rojo
Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.

“Después de marchar algunos cientos de kilómetros, los manifestantes han llegado a la capital con el propósito de forzar al presidente a retirar o a negociar su batería de ajustes económicos, empezando por la eliminación del subsidio estatal al combustible. En caso contrario, aseguran, se disponen a resistir. La tensión se disparó esta tarde en los alrededores de la Asamblea Nacional, en vísperas de un paro nacional convocado para este miércoles. ‘¡Fuera Moreno!’ era la consigna más coreada. ‘Lo queremos sacar’, dice Bolívar Naula, que viajó con su familia desde Latacunga, una ciudad a unos 100 kilómetros al sur de Quito. ‘Ya no se aguanta, estamos en problemas’, afirma Luis Lema, de 47 años. Este campesino de la región de Cotopaxi, en el centro del país, rechaza tanto las medidas de Moreno como las de su antecesor, Rafael Correa. ‘Son de la misma cúpula’, asegura junto a otros dos agricultores, rodeados de un fuerte dispositivo policial”. (El país, 9/10/19)

El levantamiento popular en Ecuador ha encendido las alarmas en la región. En el contexto de una dinámica que viene siendo hacia la derecha, últimamente vienen ocurriendo hechos que parecen estar colocando una señal de alerta desde la izquierda.

El levantamiento popular en Ecuador es, quizás, el hecho más espectacular en este sentido,colocando un interrogante acerca de la dinámica regional. Porque el hecho es que el actual presidente, Lenin Moreno, originado en el anterior gobierno de Rafael Correa y nominado por este último para sucederlo, en cuanto asumió, en 2017, rompió con Correa y se orientó hacia la derecha[1].

La causa del estallido actual es el intento de imponer un draconiano paquete de medidas de ajuste económico y liberalización negociadas con el FMI (decreto 883),que no se reduce al aumento de los combustibles, aunque éste ha sido el detonante de la explosión popular.   

Desde ya que es demasiado rápido para prever a dónde irán los desarrollos. Sin embargo, el curso de los mismos evidentemente no será indiferente respecto de la dinámica regional en su conjunto.

Ecuador es un país andino con fuerte tradición de rebelión popular, la última de las cuales, bastante radicalizada, fue 20 años atrás[2]. El decreto de Estado de emergencia realizado por Moreno (sumado al toque de queda alrededor de los edificios públicos en Quito), la réplica de un Estado de emergencia paralelo decretado por la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador[3]) en las tierras que controla, la breve ocupación dela Asamblea Legislativa por los indígenas, trabajadores y estudiantes el día de ayer, así como el paso del presidente a Guayaquil “hasta que se tranquilicen las cosas en Quito”, el despliegue represivo, los 560 detenidos por las fuerzas represivas, los 4 manifestantes asesinados por las fuerzas del Estado, etcétera, son otras tantas manifestaciones de la radicalidad de los desarrollos en curso[4].

Parte de esto es, también, el rechazo popular conjunto tanto a Moreno (hoy día con sólo el 16% de popularidad) como al propio Correa, visto este último, justamente, como una suerte de advenedizo, oportunista, que bajo su gobierno tomó algunas medidas de redistribución pero de ninguna manera cuestionó el capitalismo ecuatoriano y tuvo un creciente curso bonapartista-populista-autoritario para con los movimientos populares[5].

De cualquier manera, una salida política superadora no es tan sencilla. La CONAIE combina tanto métodos de lucha radicalizados como acusados rasgos reivindicativos que terminan en componendas con uno u otro sector burgués, amén de poca sensibilidad para los reclamos específicos de los trabajadores.

Por lo demás, aunque nos faltan elementos, el sindicalismo tradicional de la FUT viene más o menos debilitado y se carece de expresiones políticas independientes de los explotados y oprimidos.

Así las cosas, repetimos, aun si una salida de conjunto no es sencilla, el levantamiento popular ecuatoriano contra el paquetazo y el FMI es enormemente progresivo y de su evolución dependerá el impacto sobre la coyuntura regional.

Camino a una recesión mundial

Lo primero a señalar es que el levantamiento ecuatoriano no es un rayo en un cielo estrellado. Podemos destacar al menos dos elementos del contexto general.

El primero, el deterioro en la situación económica mundial y regional. Ayer mismo la nueva titular del FMI, Kristalina Georgieva, hizo declaraciones dramáticas sobre la economía internacional. Señaló que está en curso una “desaceleración sincronizada” de la economía mundial; planteó que la guerra comercial entre Estados Unidos y China “está pasando una factura cada vez mayor” sobre el comercio internacional y el producto y anticipó que, de desencadenarse una nueva recesión mundial, se estaría ante el dramático peligro de un default del conjunto de la deuda privada internacional(una suma algo en torno a los 18.000 billones de dólares, un tercio del producto mundial anual).

¿Qué significa esto aquí y ahora en Latinoamérica? Que al menos algunas de sus economías más grandes ya están en franca recesión, como la Argentina, o no logran levantar cabeza -a pesar de las promesas de Bolsonaro- en el caso brasilero.

¿Qué es lo que presiona en sentido económico depresivo a la región? Una conjunción de elementos que podríamos resumir en una caída del precio de las materias primas (que sin ser un derrumbe, ya lleva varios años); una dificultad exportadora que se vincula al estancamiento del comercio internacional; elementos que se combinan –en algunos casos como en Ecuador y la Argentina- con un crecimiento del endeudamiento y el temor al ingreso a una cesación de pagos abierta o encubierta.

En este sentido, Ecuador se parece a la Argentina en la medida que Lenin Moreno recurrió a un acuerdo con el FMI, un acuerdo de “Facilidades Extendidas”que por el tipo de condicionalidades que implica derivó en el paquetazo brutal anunciado el 2 de octubre,llevando al estallido social en el país andino.

Las medidas del paquetazo: aumento de las naftas y en particular del diésel que encarece los transportes de cargas y de personas, así como se traslada -de una u otra manera- a toda la cadena de precios. Aumento que impacta tanto en las urbes como entre las poblaciones campesinas y originarias, que suponemos se ven complicadas en la medida que el diésel es tanto materia prima para distintas máquinas y herramientas, como para el transporte de su producción.

Pero la dolarización del precio de los combustibles no es la única medida del paquetazo. Lenin Moreno anunció también una contrarreforma laboral de enormes dimensiones, que incluye que los trabajadores estatales deberán cotizar un mes anual de su trabajo para la recaudación fiscal, así como una disminución del 20% de su salario y el restablecimiento general de formas de precarización laboral que habían sido eliminadas en el 2016. También está pendiente un aumento del IVA mientras que, simultáneamente, Moreno viene llevando adelante exoneraciones de impuestos a las grandes empresas y multinacionales.

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Es decir, lo que se está viviendo Ecuador es la aplicación sin anestesia de lo mismo que se vive internacionalmente: una nueva ronda de contrarreformas y ajustes regresivos en materia laboral, fiscal, jubilatoria, incluso atentando contra los derechos elementales de huelga (caso Costa Rica y otros países); medidas agudizadas ante la crisis económica mundial que se vislumbra.

Al parecer, el anuncio del aumento de los combustibles y el resto del paquetazo pero todavía no del IVA, hizo creer al gobierno que no provocaría un estallido –aunque tenían su preocupación por el tenor de las medidas-, cuestión inexplicable tanto por el carácter brutal que tienen las medidas, como por la tradición de lucha popular del país, que tuvo picos a comienzos de los años 1990 y en el 2000 también, y que si se “estabilizó” con Rafael Correa, con el andar de su gobierno fue deteriorándose conforme aumentaba la represión a los movimientos sociales que lo cuestionaban por izquierda[6].

El retorno de la rebelión popular

Sin que se hayan modificado –de momento- las tendencias internacionales y regionales derechistas y reaccionarias, hay que llamar la atención, sin embargo, sobre el hecho que vienen sucediéndose últimamente experiencias de rebelión popular.

Los “chalecos amarillos” en Francia, cuyas acciones radicalizadas se mantuvieron presentes en el país galo a lo largo de meses, el levantamiento popular de la población hongkonesa en defensa de su derecho a la autodeterminación, el levantamiento en Puerto Rico que echó al titular del Poder Ejecutivo y, ahora, el levantamiento ecuatoriano, son algunos de los ejemplos que podemos colocar sumariamente aquí dela persistencia y/o reaparición en escena de la rebelión popular.

Desde ya, que concentrándonos en el caso ecuatoriano es demasiado rápido todavía para sacar conclusiones; la dinámica dependerá de cómo termine una rebelión que a estas horas podría estar radicalizándose (no lo sabemos).

Por lo demás, si hay un fiel de la balanza regional, no es otro que el gobierno de Bolsonaro en Brasil, gobierno que, a pesar de la caída de su popularidad, y a pesar, también, de que de momento no ha evolucionado a un régimen bonapartista, está avanzando en la contrarreforma previsional y no hay perspectivas de que se venga abajo–al menos, no en lo inmediato-.

De cualquier manera, lo que sí podemos decir es que las contratendencias regionales se están haciendo presentes; las oscilaciones del péndulo por la izquierda demuestran, quizás, que el giro reaccionario no se estabiliza, aunque tampoco es fácil pensar en la emergencia de un nuevo ciclo progresista.

No hemos seguido con atención el caso de Andrés Manuel López Obrador en México pero, a priori, su sumisión en el pacto migratorio de Trump dificulta alinearlo con las características de los gobiernos “progresistas” de la primera década del siglo.

En el caso argentino, todo parece indicar que nos encaminamos a una derrota electoral de Macri y al retorno de una forma de “kirchnerismo”o, más bien, un poskirchnerismo que será una versión pulida de muchos rasgos del macrismo y no un verdadero modelo económico-social alternativo (como postulan muchos de sus adláteres).

Las luchas sociales seguramente se tonificarán en el mediano plazo. Pero, en lo inmediato, la combinación de confianza y/o expectativas no satisfechas y la imposición de un pacto social incluyendo al gobierno, empresarios, sindicatos e Iglesia, serán seguramente una mediación a superar.

En cualquier caso, no se tratará de un corrimiento simple y mecánico hacia la izquierda. Podemos destacar aquí dos elementos que, a priori, se presentan como contrapuestos.

Por un lado, es difícil imaginar el retorno de gobiernos con carácter “progresistas redistributivos”, como se vivieron en la primera década del siglo. Esto, sencillamente, porque las condiciones económicas internacionales son las de la larga depresión no resuelta desde la crisis del 2008, agravada ahora porque en el 2020 o 2021 podría irse a una nueva recesión mundial.

Por otra parte, y contradictoriamente, el ejemplo ecuatoriano muestra cuán difícil y/o crítico es en determinados países como Ecuador o la Argentina –no pretendemos generalizar a todos los lugares- aplicar las recetas del FMI, que no son otra cosa que las recetas del capitalismo neoliberal que aun con crisis y matices diversos, aun con la intensificación de las contradicciones geopolíticas interimperialistas, siguen suponiendo al mercado mundial como ámbito competitivo y siguen significando –aun con la variante de mayor o menor intervención estatal tipo China o Rusia- la privatización de empresas y recursos naturales, las contrarreformas laborales y jubilatorias, las reformas fiscales regresivas, la precarización laboral, el ataque a los derechos de organización de los trabajadores, y un largo etcétera.

Elementos de “doble poder” 

Yendo específicamente a los desarrollos en Ecuador,es evidente que la situación se le ha desbordado a Moreno. La declaración por parte de la CONAIE de un “Estado de emergencia” en sus propios territorios, el hecho que hayan detenido por unas horas a 50 militares, la efímera irrupción de las movilizaciones en la Asamblea Legislativa, la huida del gobierno de Quito para asentarse en Guayaquil (aparentemente esto habría sido revertido al cierre de esta edición), parecen ser otras tantas expresiones de una situaciónde cierto “vacío de poder”[7].

Colocamos esta expresión entre comillas no sólo porque el Ejército aparece firmemente al lado del Poder Ejecutivo, porque la OEA y varios gobiernos reaccionarios de la región también lo están, porque a pesar del desborde no nos parece sencillo la evolución de los movimientos hacia la conformación de expresiones de poder, pero, aun así, aunque esta dinámica sea embrionaria y, si se quiere, sin una dirección clara de conjunto, la aparición en la escena regional de este tipo de expresiones de la rebelión popular tiene inmensa importancia.

Desde hace días se vienen realizando entre 200 o 300 cortes de rutas simultáneas en todo el país. Las organizaciones indígenas marchan sobre Quito y Guayaquil. El gobierno, como está dicho, huye de la ciudad capital, Quito, la CONAIE desconoce el monopolio de la violencia estatal en sus territorios, el movimiento estudiantil y de trabajadores se suman a la lucha, etcétera.

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Es decir: no es menor ni secundario el retorno de estas expresiones de rebeldía popular que se hicieron presentes a comienzos del nuevo siglo[8].

De ahí que no sea casual la alarma entre los gobiernos de la región. Esto en la medida que la avería en Ecuador y la suma de elementos de deterioro regional de una coyuntura reaccionaria no estabilizada y que comienza a ser “asediada” (dicho exageradamente) desde la izquierda, no podía pasar desapercibida.

Tampoco es algo que se pueda pasar de largo en la Argentina. Ni para Macri, que se está yendo, pero aun así fue de los primeros en salir a apoyar a Moreno y condenar la rebelión contra el paquetazo del FMI. Ni, menos que menos, para un Alberto Fernández que tendrá que hacerse cargo el 10 de diciembre de la “papa caliente” de un país que marcha hacia una gran crisis (que ya está en crisis pero todavía no desbordado[9]).

Hay un conjunto de tareas –generales- que podemos enunciar a la distancia: el rechazo al Estado de emergencia; la exigencia del retiro integral del paquetazo de Moreno y el FMI; el planteo de que se vayan todos, de ningún apoyo ni a Moreno ni a Correa y la convocatoria a una Asamblea Constituyente Soberana, entre otras medidas.

Sin embargo, y aunque reiteramos que a la distancia es muy difícil hacer una evaluación fina, nos parece educativo insistir que en medio de una rebelión popular la clave de una política revolucionaria pasa por alentar el desarrollo de todas las formas de organización independiente que–eventualmente- están surgiendo desde abajo.     

Existe, hasta cierto punto, y como ya hemos dicho, elementos de un “vacío de poder”. Y lo que corresponde en esas circunstancias es alentar los elementos de poder alternativo que están emergiendo. Seguramente el Estado de emergencia decretado por la propia CONAIE en sus propios territorios remite a una tradición de cierta autonomía comunal de la población originaria/campesina en determinadas regiones[10].

No conocemos exactamente los detalles. Pero lo que sí sabemos, y en lo que queremos insistir, es que en una situación así, repetimos,la clave es alentar y extender las formas de auto organización de los explotados y oprimidos; sus formas de contrapoder[11].

Ni Moreno ni Correa –sobre el cual el balance de todas las organizaciones populares es extremadamente crítico- son alternativa. Es verdad que poner en pie una organización política revolucionaria independiente de los explotados y oprimidos, es algo difícil de hacer sobre la marcha y acerca de esto seguramente solamente hay pequeños embriones en el país, si los hay.

Pero, de todas maneras, y mientras el elemento político madura -en la intrincada combinación de relaciones de explotación y opresión en la ciudad y el campo-, la rebelión popular está en marcha y la puesta en pie de órganos de poder alternativo surge como necesidad de la propia lucha.

La gran tarea es empujar para ese lado los desarrollos para que el péndulo de la lucha de clases se coloque a la izquierda marcando, eventualmente, un punto de inflexión de impacto regional.

 

[1]La entrega de Julian Assange a la justicia británica fue parte de este giro reaccionario de Moreno.

[2]A comienzos de los años 2000 la resistencia se articulaba “de la alianza entre los pueblos indígenas organizados en la CONAIE y la fuerza del sindicalismo público y los movimientos sociales urbanos organizados en la CMS (Coordinadora de Movimientos Sociales). La resistencia al neoliberalismo articuló dos relatos: uno que venía desde los movimientos sociales urbanos, centrado en la defensa de la soberanía, de los recursos estratégicos, los derechos de los trabajadores y las libertades democráticas; y un nuevo discurso proveniente de una visión civilizadora alternativa de los pueblos originarios en torno al Estado plurinacional y la defensa de la vida, en armonía con la Pacha-mama” (“De paquetazos y resistencias. No son medias, es un modelo”, Napoleón Saltos Galarza). Hoy día, exactamente, no sabemos bien cómo es la confluencia de clases de los de abajo en el actual levantamiento.

[3]Aparentemente en la CONAIE tienen mucho peso diversas iglesias.

[4]Se han verificado, también, ciertos actos de vandalismo en manos de agentes provocadores y/o sectores marginales inevitables, hasta cierto punto, en condiciones de rebelión popular.

[5]En su momento el principal “enemigo” del gobierno de Correa fue el movimiento indígena y los ambientalistas «infantiles», según él mismo los catalogó.

[6]Llamamos la atenciónque Correa jamás cuestionó que el país no tuviera moneda propia, que su economíaestuviera lisa y llanamente dolarizada, lo que no solamente es un problema de soberanía sino que le ata las manos al país para llevar adelante su propia política económica.

[7]“El 5 de octubre, la CONAIE declaraba su propio ‘Estado de excepción’ y anunciaba que retendría a miembros de las fuerzas del orden que ingresen en sus dominios, apelando a su derecho a la autodeterminación recogido por la carta de la ONU. Un día después, fuentes del Ministerio de Gobierno ecuatoriano confirmaban que alrededor de medio centenar de militares se encontraban retenidos por grupos indígenas en las regiones andinas acusados de violar la autonomía indígena” (“El movimiento indígena enfila hacia Quito y pone en jaque al gobierno de Lenin Moreno”, Martín Cuneo).

[8]Acontecimientos que nos recuerdan en el caso ecuatoriano las grandes movilizaciones de antaño, desde el Gran Paro de 1990 a aquéllas que condujeron al derrocamiento de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez.

[9]Melconian con agudeza ha destacado recientemente esto cuando realizó la comparación con el 2001 donde las cosas sí se habían desbordado.

[10]Este tipo de comunas populares son una clásico en los países andinos. En su momento las estudiamos con respecto a Bolivia y el levantamiento de la ciudad de El Alto en octubre del 2003 (“Crítica al romanticismo anticapitalista”, Roberto Sáenz).

[11]“El regreso de los pueblos indígenas desde la movilización en territorio presenta algunos elementos de la construcción de un poder paralelo. La declaración del ‘Estado de excepción’ en territorios indígenas es un símbolo de una soberanía diferenciada, fundamento del Estado plurinacional. Todavía hay posiciones parciales y locales, pero puede empezar a reconstruirse la autonomía de los movimientos sociales, con una propuesta propia” (ídem, Napoleón Saltos Galarza). No sabemos cómo está este proceso, si lo está, en el ámbito urbano.

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