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Editor en Jefe del portal IzquierdaWeb - Noticias de los trabajadores, las mujeres y la juventud.


José Luis Rojo

 

La jornada del jueves 4 fue importante. Más allá de su carácter fragmentario (no hubo punto de reunión), de la cerrada negativa a convocar a un paro general por parte de la CGT, y del programa patronal que le imprimieron junto a Moyano y Yasky, la jornada comenzó con el corte realizado por nuestro partidojunto a los compañeros de Pilkingtonen Callao y Corrientes(corte que tuvo impacto nacional), y terminó en los escarceos entre las columnas de los movimientos sociales y la policía, que buscó reprimirlos. El centro de la ciudad fue todo el día un caos[1].

La jornada transcurrió en un contexto desalto en la crisis económica y social: franjas de masas de los de abajo comienzan a sentir hambre. Como en 1989 y en el 2001, una enorme crisis amenaza a los trabajadores y demás sectores populares; una crisis que baila al son de la devaluación del peso.

Sin embargo, la situación no termina de explotar.El “operativo de contención” de la gobernabilidad a todo precio es el punto de unidad de todas las fuerzas políticas y burocráticas: desde el macrismo al kirchnerismo, pasando por el peronismo federal y la burocracia sindical, la consigna es no hacer olas: “La Argentina parece haber logrado un consenso básico para evitar desbarrancarse como en el 2001, una gobernabilidad de base. El último diciembre en paz demostró que hubo una curva de aprendizaje. Pero el país no logra articular un sistema de gobernabilidad para un desarrollo integral” (Jorge Liotti, La Nación, 31/03/19).

Parte de este operativo es dilatartodo lo posible cualquier convocatoria a una medida de fuerza (ahora el moyanismo dice que convocaría a algo para fines de abril o principios de mayo). Y, simultáneamente, a medida que va arrancandoel calendario electoral, instalar la idea que “Macri se va en diciembre” y, entonces, para qué “gastarse” en salir a pelear.

En estas condiciones, se ha abierto la campaña electoral. Este es un dato objetivo más allá que las elecciones estarán cruzada por crisis y luchas de diverso tipo.

 

Una lógica perversa

Detengámonos en la “lógica del ajuste” en curso. Cuando la primera corrida contra el peso en abril pasado,el gobierno corrió a buscar el auxilio del FMI. Quizás alguno esperaba que con ese “auxilio” la corrida se frenara, pero eso no ocurrió. Hacia agosto se produjo una segunda corrida; el gobierno renegoció un segundo acuerdo con el Fondo.

Ahora acaban de llegar 10.800 millones de dólares más; un arribo anticipado por una tercera corrida que en estos pocos meses de 2019 se ha llevado otro 15 a 20% del valor del peso. ¿Cuál es la lógica detrás de todo esto? ¿No se supone que la “asistencia” del Fondo debería frenar la corrida?

En realidad, no: la premisa del acuerdo es dejar operar los “mecanismos correctivos”propios de la crisis. Macri sobreendeudó al país y en las condiciones económicas previas a la devaluación, no podían generarse los excedentes necesarios para afrontar los pagos (historia repetida en el país).

La táctica acordada con el Fondo fue contar con la “red de seguridad” provista por el organismo,de manera tal de dejar correr la devaluación (hasta que el peso encuentre su precio de mercado en dólares) pero asegurando,simultáneamente,que el país no entre en cesación de pagos[2]: los dólares se prestan para eso, para pagar, no para intervenir en el mercado cambiario.

Esta durísima receta fondomonetarista (a lo Grecia u otras experiencias del pasado en el país)ha significado ya una devaluación de la moneda de casi150%,una inflación que al 50% del año pasado le sumará-al menos- un 36% este año, un nivel de pobreza que alcanzaya al 32% de los argentinos, y un desempleo que se apresta a superar el 9.9% de la población económicamente activa (esto sin contar lossubempleadosque trabajanmenos de lo que quisieran).

Esta pulverización del salario y el empleo no tiene otro objetivo que reducir los costos laborales en pesos mientras que los precios sedolarizan. Sobre esta basese busca recuperar las ganancias empresarias y garantizar el pago de la deuda externa.

La aparente paradoja aquí es la “creatividad” de este nuevo tratamiento de la crisis. En el pasado las crisis devaluatorias operaban sobre la base de la carencia de divisas en el Banco Central. En este caso no es así:el BCRA cuenta con 77.000 millones de dólares en su haber[3]

¿Cómo se entiende esto? Se entiende producto de lo que estamos señalando: el acuerdo con el Fondo no es para evitar la crisis, sino para que la misma se desarrolle dentro de determinados parámetros y condiciones: que no explote el gobierno por los aires; esta es la lógica perversa del actual ajuste.

Traigamos en nuestro auxilio un análisis de Marx. El capitalismo como sistema basado en la explotación del hombre por el hombre tiende permanentemente a la crisis. Es un sistema basado en la sed de ganancias empresarias que, sin embargo, en función del desarrollo de sus propias contradicciones, y de las luchas de los explotadosy oprimidos, se ve confrontado de manera recurrente con crisis una más aguda que la otra.

Y ni hablar si se trata de países dependientes como la Argentina, marcados porenormes fragilidades.

Sin embargo, la tendencia a la crisis tiene “mecanismos contrarestantes”(en parte “espontáneos”, en parte alentados por los mismos empresarios y sus gobiernos) que operan paramediatizarla: el salario obrero se hunde, aumenta el ejército industrial de reserva (los desempleados y subempleados), se destruyen los capitales sobrantes (cierran las fábricas que no pueden competir); siendo así las cosas en algún momento la crisis toca fondo, las ganancias comienzan a recuperarse, se recupera también la producción, y la economía vuelve a encaminarse por una senda ascendente con trabajadores más pobres y explotados y empresarios felices con redobladas ganancias.

La lógica perversa del gobierno está gobernada por esa orientación: empobrecer a la enorme mayoría de la población trabajadora.Pero existe un “pequeño problema”:para“cruzar el desierto” del ajuste brutal necesita mecanismos de gobernabilidad para no salir eyectado por los aires (aquí la economía se cruza con la política). Mecanismos como la “asistencia” del Fondo y el rol de contención de las direcciones tradicionales, entre otros.

 

Gobernabilidad al palo

Como señalamos arriba,la jornada del 4 fue importante: mostró la disposición de lucha que existe entre amplios sectores de los trabajadores si las direcciones burocráticas se dignaran a convocar.

Más allá de lo fragmentario de la jornada,nos interesa destacar aquí su programa. Es un clásico de la burocracia: cada vez que se presenta una crisis, se buscasiempre colocar a los trabajadores a la rastra de un sector patronal[4].

Pero para hacerlo de manera más disimulada, polite, para que no parezca tan desvergonzado, para que impacte en el “sentido común” de las mayorías, aparecen muchas veces las PyMEs (pequeñas y medianas industrias) que como son “pequeñas y medianas”, no serían tan “malos” como los grandes empresarios[5]

Este fue el programa tramposo de los burócratas el 4. Mientras el moyanismo y Yasky cacareaban por “el paro general” (paro que ellos mismos podrían haber convocado como lo hicieron en los años 90), presentaban conjuntamente con la CGT un proyecto de ley en defensa de las pequeñas y medianas empresas (tomemos nota queayer en el Senado la CAME -Confederación Argentina de la Mediana Empresa-exigió “bajar el costo laboral”).

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Parte de este operativo de gobernabilidad estambién el –renovado- acuerdo de la CTEP (triunvirato piquetero) con el gobierno. Ante el aumento de la pobreza y la falta de un seguro de desempleo, los planes sociales y los comedores populares son, en los hechos, la última “red de seguridad” para los desocupados; de ahí que estén creciendo los que se anotan en los barriosen un plan o asisten a un comedor.

La trampa aquí no es el reclamo en sí mismo, sino garantizarla paz social a los gobiernos capitalistas a cambio de concesiones mínimas que no cuestionan sus planes anti-obreros y anti-populares; planes que son los que generan el aumento de la pobreza.

En su momento calificamos esta política como “reformismo de la miseria”: una renuncia a las perspectivas más estratégicas a cambio de paliativos“miserables”.

La suma de la CGT, el moyanismo, Yasky y las CTAs, la CTEP, el kirchnerismo y su campaña de que “Macri se va en diciembre”, amén de toda la superestructura política y empresarial, el gobierno, Trump, el FMI, la Iglesia Católica, etcétera, es la explicaciónde que una crisis que ya cumple un año ininterrumpido, no haya sacado a Macri del gobierno.

 

Crisis y conciencia de clase

La crisis seguirá presente y se verá su evolución. Lo mismo que se seguirán expresando las luchas, más aún si la catástrofe económica y social sigue profundizándose.

De cualquier manera, sería equivocado perder de vista que la campaña electoral ha comenzado. No solamente debido a las elecciones en el interior; incluso nacionalmente y en la cabeza de los trabajadores y sectores populares que se interrogan –en el distorsionado terreno electoral- cuál podría ser la salida.

Aquí hay varias cuestiones. Una muy importante, amén de cómo tracciona la superestructura patronal para ese lado, es la disparidad entre el desarrollo de la crisis, las luchas y las representaciones que se hacen en sucabezalos trabajadores y demás sectores populares.

George Lukács, importante filósofo marxista del siglo pasado,describía a comienzos de los años 20 lo que él denominaba “la crisis ideológica de los trabajadores”: unadisparidad que tenía que ver con la distancia entre el desarrollo objetivo de la crisis –que en aquelmomento planteaba directamente la revolución socialista- y lo conservador de sus representaciones ideológicas, de su conciencia(que informaba su conciencia como reformista)[6].

Decimos estocomo para que se entienda que existe una desigualdad entre el desarrollo de la crisis y la bronca inmensa contra el gobiernoe, incluso, contra muchos de los políticos y partidos tradicionales, y lasrepresentaciones políticas en la cabeza de las masas.

Esto es lo que puede explicar también, entre otras razones generales, el resultado conservador de elecciones como Neuquén y Río Negro, donde se impusieron los oficialismosprovinciales. No aportaron, realmente, “ni calor ni frío” a la disputa entre Macri y Cristina (más bien podrían aportar a una salida “centrista” del tipo Lavagna).

Se trata de oficialismos (el MPN en Neuquén y Weretilneck en Río Negro) pegados en su momentoa Macri, pero que al no ser macristas pudieron distanciarse de los “desaguisados que se hacen en Buenos Aires”… Si la mayoría de los gobernadores desdoblaron es para jugar este juego, lo mismo que pretende Schiaretti en Córdoba (que tendría asegurada su reelección, se verá con qué porcentaje); la elección más importante antes de las PASO de agosto.

No pretendemos desarrollar aquí un análisis pormenorizado de los resultados provinciales. Tampoco perder de vista que una cosa son las elecciones a gobernador y otra distinta las presidenciales, que inducen a una evaluación más política entre los votantes.

En todo caso, quizás, existen dos tendencias contradictorias en la cabeza de los trabajadores. Una tendencia conservadora que es la que parece haber dominado en Neuquén y Río Negro. Y otra tendencia dinámica, que es posiblemente la que puede llevar el voto hacia la izquierda; un voto a la izquierda que todavía no se sabe si será mayor al de las últimas elecciones y para las cuales las recientes elecciones provinciales no aportaron un gran veredicto.

Mucho dependerá, seguramente, del grado de polarización electoral, de si Cristina Kirchner se presenta o no. Pero, en todo caso, la izquierda viene expresando a una franja minoritaria pero realde los trabajadores, las mujeres y la juventud, franja que podría ampliarse con aquellos que se expresan “cansados” con muchas de las opciones patronales, que afirman que “esta vez sí votaran por la izquierda”…

Se trata de tendencias contradictorias en competencia (por así decirlo): entre el “voto útil”, el volver a votar a Cristina, “el cualquiera menos Macri” y un voto “anti-posibilista”hacia la izquierda (tengamos presente que la elección a cargos ejecutivos es siempre más difícil para la izquierda, lo que no obsta el corte de boleta en los cargos legislativos).

Tendencias que no son meramente electorales sino que remiten a algo más profundo: los elementos contradictorios en la cabeza de los trabajadores;el interrogante sobre quédominará en su conciencia: los elementos conservadores versus las contratendenciasa “cuestionarlo todo”,que también se aprecia internacionalmente sobre todo en la juventud y el movimiento de mujeres (algo mucho más difícil entre la clase obrera, cuyas tendencias son siempre más “pragmáticas”, más economicistas[7]).

Y está la dificultad adicional, de que si bien las relaciones de fuerzas están en cierto modo intactas, simultáneamente, no están en curso grandes luchas,salvo el caso del movimiento de mujeres o jornadas como las del 4.

Las elecciones se acercan y la conciencia promedio es “democrático burguesa”,porasí decirlo: la salida es el voto; es en el voto donde se expresa la reflexión y/o la preocupación –¡progresiva en sí misma!- por una salida general, por una perspectiva general[8].

Es esa brecha entre la crisis, las luchas y la conciencia política de grandes sectores de los trabajadores, las mujeres y la juventud, lo que deberá ser “rellenado” por la campaña de la izquierda[9].

 

Una campaña anticapitalista

En este punto se deben colocar los ejes generales de la campaña de la izquierda. La campaña debe ser, sin duda alguna, una campaña anticapitalista. No solamente por los aires que soplan en el mundo, sino porque en nuestro país y en la región como un todo venimos de década y media de experiencias “progresistas”[10].

La izquierda revolucionaria tiene un lugar ganado en nuestro país; una tradición independiente cimentada a lo largo de décadas, un mérito del trotskismo argentino que en sus distintas variantes (no todas, claro está), supo darse un curso independiente.

Ya hemos señalado que dicha ubicación está rozando hoy franjas electorales minoritarias de masas. Si no se logra, aún, el apoyo de una parte más central de los trabajadores,entre la juventud en sentido amplio, el movimiento de mujeres, la vanguardia obrera y el voto histórico de izquierda e incluso parte de la centroizquierda sin representación, existe una amplia franja política que la mira con creciente simpatía.

Pero una elección que se adelanta polarizada entre el neoliberalismo y el posibilismo (para decirlo de una manera simplificada), plantea trazar un raya con todos ellos: pararnos desde un punto de vista de clase, anticapitalista; un punto de vista que logre formular propuestas radicalizadas sin que esto signifique planteos fuera de la realidad, no partir de la conciencia real[11].

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Es decir: se debe formular un programa de campaña que parta de la ubicación general de que el capitalismo no va más; que plantee un debate más “ideológico”, más general, que ayude a que franjas crecientes de los trabajadores, las mujeres y la juventud se creen“un nuevo mundo de representaciones generales”,por así decirlo (estilo el cuestionamiento al patriarcado que madura en el movimiento de mujeres).

Desde ya que a partir de esa ubicación general, de esa pugna por otras representaciones, de este contenido más ideológico de la campaña, hay que “aterrizar” con un programa concreto, de transición, con propuestas que partan, insistimos, de las necesidades reales; hacer propagandismo abstracto en una campaña electoral que es agitación de masas, sería pasarse de ridículos. La experiencia misma de la campaña, insistimos, será la que nos dará la medida exacta de las cosas.

Pero lo que nos interesainsistiraquí es en que no se puede tratar de un programa de propuestas “peladas”; ni simplemente una campaña para obtener “porotos” (cargos) como nos tiene acostumbrados el FIT.

Se trata de aprovechar la campaña electoral, esta instancia de agitación de masas, para trasmitir la idea general que se debe construir una alternativa distinta “a todo lo que está ahí”: una alternativa a todos los partidos del sistema.

Y es dentro de este contexto general que colocamos nuestro llamado a“unir a la izquierda para ser alternativa”. Se trata de un planteo político, no de una unidad sin condiciones.Sabemos que la unidad con el FIT es muy difícil. Desde hace 8 años su criterio viendo siendo pura y exclusivamente porotero; tan porotero que ha llevado a una crisis interna a uno de sus principales integrantes: el Partido Obrero.

Más allá de una deriva aparatista carente de ideas, está el problema de haber formulado pronósticos en el aire, exagerados, pronósticos que no partieron de las condiciones reales, que anunciaron la “ruptura del peronismo”, que “Salta se hacía socialista”; que fueron abstractos en relación a la experiencia real de los explotados y oprimidos y que terminaron estrellándose contra la pared[12].

Nuestro planteo unitario cuestiona los mecanismos de cooperativa electoral. Rechazamos la idea ultimatista de partido único, pero sabemos que eso no es más que un atajo para mantener al FIT como está: una cooperativa electoral de independencia de clase (su rasgo progresivo), pero cuya dinámica cotidiana es sólo discutir cargos; una cooperativa electoralque aparece estancada en su actual formato.

El estancamiento del FIT (aunque tenga votos y cargos, insistimos, aunque sea progresivo en relación a la necesidad de independencia de clase), tiene que ver con el “formato” de un frente electoral instrumental al servicio de cada grupo que lo integra, de los cargos a obtener por cada grupo, incluso de la pretensión de “hegemonía” de uno y otro y no de algo más general: elvisualizarlo como una herramienta al servicio de la elevación política de los trabajadores, las mujeres y la juventud, que debería ser su objetivo principal.

Ser alternativa exige una ubicación de ese tipo: pararse desde una perspectiva general, que no es lo que hace el FIT, que se para, en el fondo, desde la pura lógica de la obtención de cargos; cargos que son un punto de apoyo importantísimo pero siempre subordinado en relación a lo general: la educación política de los trabajadores.

El Nuevo MAS se lanza a la campaña electoral y dentro de estos criterios generales que acabamos de esbozar,plantea que el próximo 1ro de Mayo la izquierda debe levantar una tribuna unitaria al servicio de las luchas y las elecciones que se vienen con un programade independencia de clase, sobre unabase de criterios de integración frentista paritarios.

[1]Como nota al pie dejamos anotado que el PTS se borró de la que fue una importante jornada de lucha en la cual la izquierda intervino de manera independiente. Un faltazo oportunista, expresión de una creciente pérdida de reflejos producto de sus mecanismos de secta ombliguista.

[2]Demás está decir que, de cualquier manera, el país se aproxima a una renegociación de la deuda –o un nuevo default- en el 2020, cuando se terminan los aportes del FMI y se multiplican las obligaciones de pago.

[3]No nos interesa aquí cuánta “ingeniería” hay en esta cifra; cuán reales son las reservas que, de todos modos, una parte de las mismas sí tienen su realidad.

[4]Como excrecencia parasitaria que es en el seno del capitalismo, como capa social privilegiada que vive de esta adscripción de los trabajadores al sistema, la burocracia jamás podría formular un programa independiente, de clase, anticapitalista y mucho menos socialista.

[5]Va de suyo que, muchas veces, las condiciones de explotación en las PyMEs son más brutales –si se quiere- que en las grandes empresas.

[6]La obra en cuestión, un clásico de la filosofía marxista y la mejor obra de Lukács, se titula Historia y conciencia de clase.

[7]No es casual que Lenin insistiera siempre que en condiciones más o menos normales la conciencia obrera promedio es una conciencia reivindicativa (que en el caso de nuestro país podríamos llamarla, genéricamente, una “conciencia peronista”).

[8]Recordemos que Engels caracterizaba el voto universal como una suerte de “estadística general sobre el nivel de la conciencia de los trabajadores”; una suerte de fotografía sobre la misma. Decía que el voto expresaba esto y nada más; pero al mismo tiempo señalaba que eso “no era poco”: que no era secundario que se expresara esa estadística general en el voto obrero plantándose contra las ideas ingenuas anti- electorales, anti-políticas.

[9]Otra idea general aquí es la clásica de Trotsky del Programa de Transición: las consignas y hoy discursos políticos y electorales deben encontrar un “puente” entre el desarrollo de la crisis objetiva y las respuestas que se necesitan para la misma y el nivel de conciencia real de los trabajadores y las masas.

[10]Afirmarse como “izquierda ni ni” en una campaña presidencial polarizada entre Macri y Cristina, o entre Macri, Cristina y Lavagna, no será sencillo; otra cosa será si Cristina no se presenta.

[11]Al “radicalismo” de los planteos de la extrema derecha tipo “bolsonarista” o “trumpista” (que, atención, no están teniendo mayor espacio en nuestro país), hay que ver si hay espacio para oponerle un discurso anticapitalista; esto hay que verificarlo en la práctica de la campaña.

[12]Cuestiones que deberían ser parte de un balance general en el seno del Partido Obrero más allá de la carencia de todo debate sobre el balance de las experiencias del siglo pasado, carencia que también hace mella en la estrategia política y constructiva y no sólo del PO, sino de los demás integrantes del FIT.

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