José Luis Rojo
Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.


 

En pocos días más Alberto Fernández asumirá la presidencia. El “cronograma” de acontecimientos se ordena con el anuncio del gabinete el jueves 5 o viernes 6, el acto de Macri del sábado 7, la cadena nacional de despedida del mismo Macri el lunes 9 y el acto de asunción de Alberto y Cristina Kirchner el martes 10.

Hasta acá las cosas están claras. Se escenificará la “grieta” por arriba que tan grandes réditos le han dado a ambos sectores políticos patronales para –intentar- acaparar la vida política del país.

Parte de este operativo de acaparamiento ha estado en el “show” judicial de Cristina días atrás denunciando a la justicia por perseguirla.

Sin embargo, detrás del juego de artificios de unos y otros y detrás también de las enormes expectativas que rodean la llegada del nuevo gobierno, están los desarrollos inerciales y/o las dificultades que está dejando traslucir la falta de definiciones.

Se podría decir que el fernandismo y el kirchnerismo son grandes “tiempistas políticos”. Y quizás lo sean y en los próximos días saquen varios “conejos de la galera”… Se verá.

Pero también es verdad que con semejante crisis que arrastra el país, con los meses de especulaciones que han pasado desde que Alberto Fernández se impuso en las PASO en los lejanos días de agosto, quizás hubiera sido mejor para el gobierno entrante haber adelantado, al menos, algunas definiciones.

Si estas definiciones han faltado, quizás se deba a dificultades de dos órdenes. En primer lugar, dificultades programáticas, por así decirlo, en la medida que la dinámica mundial sigue siendo neoliberal y formular un programa distinto a ese guión –estructuralmente distinto- no es tan sencillo (salvo que se esté dispuesto a ir más allá del orden establecido).

En el mundo y la región muchos países han estallado contra las reformas neoliberales. En ciertos casos, se han empezado a administrar ciertos paliativos.

Pero el guión sigue siendo neoliberal en la medida que más allá de determinados paliativos, de momento no aparece un programa realmente alternativo[1].

Así las cosas, la primera definición es si Alberto trazará un programa alternativo o será más bien un aggiornamiento de lo que se viene.

En segundo lugar, existe otra cuestión que tiene que ver más con la “táctica” que con la “estrategia”: ¿cómo jugará Albertos las fichas? Es decir, ¿de qué manera ira anunciando las medidas?

Este elemento también puede introducir cierta indefinición –aunque las definiciones están al salir-. Si lo que se va a adelantar es un programa que en definitiva tendrá elementos de ajuste económico, es evidente que la forma en que se lo presente no será secundaria.

Descartamos que el nuevo gobierno intentará disimular en todo lo posible este carácter: mediarlo, maquillarlo, paliarlo y todo lo que se les ocurra para que quede algo más bonito.

Este editorial es delicado porque a la vera de definiciones concretas es muy fácil equivocarse en la “sintonía fina” del análisis.

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Sin embargo, queremos insistir en que la demora en dar definiciones, el manejo de los tiempos demasiado “especulativo”, no es solamente astucia: expresa ciertos elementos de crisis incluso antes de asumir.  

Por una parte ha sido inteligente -dada la estrechez de márgenes de maniobra- evitar anticipar los tiempos; quemarse antes de tiempo.

Esa estrechez tiene que ver con que ningún sector empresarial y/o acreedor de la deuda quiere hacerse cargo de la crisis. Ningún sector patronal quiere pagarla.

Llegar al filo del martes 10 sin definiciones apuntó a sacarse de encima presiones anticipadas. Y, además, evitar someter a desgaste a los funcionarios que estarán a cargo de determinada área sobre todo en materia económica (cargo sobre el cual siguen pesando interrogantes).

Sin embargo, y por otra parte, la falta de definiciones pueden estar significando el procesamiento de elementos de crisis anticipados por así decirlo; la dificultad de tomar definiciones y asumirlas frente a la sociedad.

Y este no es solamente un problema en el área económica. Es probable que Alberto Fernández haya definido avanzar en el derecho al aborto; más bien en alguna versión limitada y/o escamoteada del mismo consagrando, por ejemplo, la libertad de conciencia. No lo sabemos.

Pero lo que sí sabemos es que si el nuevo gobierno da el paso de avanzar por este camino las relaciones con el Papa Francisco no serán fáciles. El problema aquí no es solamente que la Iglesia Católica es una institución fundamental para mediar en la crisis social “santificando” un eventual pacto social.

Un gobierno que asumirá en medio de cierto aislamiento internacional no es tan fácil que renuncie a prescindir de una de las pocas relaciones internacionales de peso que podría tener, como es la Santa Sede.

Nada de esto quiere decir que nos sorprendamos si presenta algún proyecto de ley. Todo parece indicar que lo hará.

Sin embargo, lo que queremos ilustrar es que Alberto no las tiene todas consigo. Se trata de un gobierno que asume en medio de grandes expectativas, pero sería un error no ver los elementos de crisis, las presiones sociales y políticas contrapuestas a las que estará sometido.

Presiones dramáticas sobre las cuales podría hacer tanto un arbitraje como terminar destrozándolo, se verá.

Es que más allá de las enormes expectativas populares en medio de las cuales asume, el contexto internacional y regional lo colocan como una suerte de “barco en medio de la tormenta”…

Si el piloto de tormentas es capaz, quizás logre enderezar el rumbo y llegar a buen puerto. Pero si las presiones contrapuestas de tan feroces que son no pueden ser administradas, sobrevendrán una o varias crisis[2].

Que podría ir afirmándose, sin duda alguna. Que los inicios siempre son más o menos tentativos, tampoco se puede dudar. Que posiblemente tengan pericia para manejar el rumbo “estratégico” y la administración táctica de las medidas, sería erróneo descartarlo de plano.

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Sin embargo, igualmente equivocado sería perder todos los parámetros objetivos e impresionarse por la magnitud de los actos y/o lo rimbombante de los anuncios que vengan.

El margen político del gobierno entrante es inversamente proporcional a su estrechez en materia económica y social. Incluso en el terreno político está marcado por tensiones contradictorias vinculadas a las expectativas “progresistas” que vienen de su base social -y de las rebeliones populares en curso en la región- versus la base social clase-mediera reaccionaria que apoya a Macri.

Iguales “proporciones inversas” se pueden apreciar en materia económica y social. Es muy difícil sino imposible recuperar el salario real y dejar dolarizadas las naftas y las tarifas…

También es dificilísimo no enemistarse con el campo y al mismo tiempo obtener recursos dolarizados vía retenciones agrarias para pagar la deuda; retenciones agrarias que son una de las pocas fuentes de superávit comercial.

Y lo anterior por no hablar de Vaca Muerta –que también podría ingresar divisas vía inversiones- sin pensar en la dolarización de las naftas, como ya hemos señalado.

Desde ya que, en última instancia, lo que inclinará la balanza o no es la experiencia que vayan haciendo los trabajadores, sus expectativas, el tiempo que estén dispuestos a darle al nuevo gobierno, cuánto calen las excusas del nuevo oficialismo, así como el decisivo rol de contención de las direcciones sindicales y políticas; es decir, en resumen, la dinámica que tendrá la lucha de clases.

La lucha de clases podría estar mediada en el próximo período. Luchas que al comienzo de la gestión fernandista serán probablemente duras y aisladas. Aunque tampoco se puede descartar una cierta “avalancha” de reclamos frente a un nuevo gobierno que muchos trabajadores y trabajadoras consideran “suyo”. Las dificultades de Larreta para imponer la nueva y draconiana ley de residentes y concurrentes en los hospitales de CABA, quizás esté vinculada a esto.

En todo caso y aunque sea muy difícil presentar definiciones taxativas a pocas horas de asumir el nuevo gobierno, nos interesa prevenir contra la creencia que las cosas le serán fáciles a Alberto.

Rumbo a un nuevo Plenario Nacional de Cuadros donde discutiremos la coyuntura internacional, el nuevo gobierno fernandista y las tareas de la izquierda frente al nuevo gobierno, hay algo que tenemos muy claro: nuestro partido será oposición de izquierda al nuevo gobierno patronal y estará en las calles junto a los trabajadores, las mujeres y la juventud desde el primer día acompañando sus reclamos. 

 

[1] Una definición aguda es la que habla que muchos gobiernos son hoy –o tienden a ser- “nacional-liberales” en el sentido que adoptan medidas más proteccionistas –son menos “globalistas”- pero internamente siguen siendo gobiernos de ajuste en relación a las masas laboriosas.

[2] Para ilustrarlo tenemos varios ejemplos en el país. Por ejemplo, el gobierno de Menem pasó por dos años de crisis dramática hasta encontrar el rumbo.

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