Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie, dirigente del Nuevo MAS.

Luego de unas semanas en donde todo parecía volar por los aires, empezando por el precio del dólar, los últimos días el gobierno consiguió que el billete verde se calmara un poco… eso sí, bien arriba. Esta quietud del dólar genera la apariencia de una suerte de estabilización que estamos transitando en estos momentos. Pero esto no es más que apariencias. Argentina transita uno de esos momentos que la meteorología denomina metafóricamente “ojo del huracán”, o la calma que antecede a las tormentas.

 

“Verde que te quiero verde”

Como ya desarrollamos en nuestra edición anterior, el gobierno nacional tomo una serie de medidas que van absolutamente en contra de su orientación económica con el único objetivo de controlar la más volátil de las variables de la economía: el precio del dólar. Para eso fijó un corralito a los bonos en pesos (la famosa “reperfilación” de deuda), la obligación de liquidar los dólares de las exportaciones e impuso un cepo al dólar a las personas físicas y a las empresas tratando por esta vía de frenar la sangría de dólares que amenazaba con desmadrar la economía argentina en pocos días. Mediante estas medidas “heterodoxas”, Macri y Lacunza consiguieron contener al dólar alrededor de los $58. Ahora aspiran a que el FMI les conceda el desembolso de los siguientes 5400 millones de dólares y de esa forma que esta situación pueda mantenerse hasta octubre. A eso se ha reducido todo el plan de gobierno de Cambiemos.

Todo esto se ha realizado con la explicita, aunque disimulada, venia de Alberto Fernández, con quien está construyendo una transición pactada de cara a diciembre. En definitiva el candidato/presidente tiene como principal objetivo que Macri le haga parte del trabajo sucio, no le dilapide todas las reservas del Banco Central y le deje un dólar alto y unos salarios ya pulverizados.

De todas formas aunque los “corralitos” y los “cepos” han logrado desacelerar la caída de reservas del Banco Central y por el momento han contenido la corrida bancaria no han evitado que continúe el desangre. Parafraseando a Clausewitz, se puede decir que luego de las medidas del gobierno continua la fuga pero por otros medios. Esto es lo que se está verificando mediante el llamado dólar “contado con liqui”. Este recurso permite que quienes operan en la Bolsa pueden esquivar el “cepo” y fugar capitales a Estados Unidos mediante la compra de acciones que coticen en pesos en Buenos Aires y se puedan vender en dólares en Nueva York (por ejemplo YPF). Este dólar sigue en alza y cotiza casi un 17% por encima del oficial a $68; de forma tal que ante la imposibilidad de comprar dólares de otro modo se está convirtiendo poco a poco en el valor de referencia real que puede estimular el alza de la inflación.

Y si bien el dólar es una variable muy sensible de la economía nacional, no solo de dólares vive el hombre, ni esta es la única variable. Lo cierto es que el país continúa sumergido en una profunda crisis económica y social. No pasa un día sin que se conozcan nuevos datos de la economía y todos son negativos: la inflación de agosto se calcula que duplicara a la de julio y rondara los 4,5% y se espera que la misma trepe otro 6% en septiembre, superando los 55% anual en diciembre; el uso de la capacidad instalada en la industria ya perforó el piso del 60% que había tocado en agosto-julio de 2018 y se ubica en el 58%; el consumo de servicios públicos registró una caída del 4,6%; el salario en dólares cayó un 300% en 4 años, y se calcula que la pobreza alcanzara al 40%,que representa4,5 millones de “nuevos” pobres.

Esta es la base material en que se posa la enorme inestabilidad de la Argentina. Realidad material que ninguna de las medidas adoptadas por el gobierno y aprobadas por Alberto Fernández vino a superar.

 

“Los juegos del hambre”

El derrumbe en las PASO le puso a Macri fecha de salida de la Casa Rosada. Este hecho en primer lugar generó un proceso de descomposición en las filas de Cambiemos, en donde cada candidato piensa en su propio futuro y se desentiende del de la lista en su conjunto. La novedad de estos últimos días es que el desacople no solo afecta a Mauricio Macri, sino que también la “Invencible” gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, está sufriendo las consecuencias de su paupérrima performance de agosto y cada intendente de Cambiemos que cree que conserva alguna chance de pelear su puesto empieza a apostar al corte de boleta a nivel distrital.

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Esta situación hace que el gobierno empiece a perder parte de sus atributos de gobierno, entre otros el control de la calle. Esto se puso de manifiesto en los últimos días en donde los movimientos sociales fueron participes de numerosas movilizaciones multitudinarias al Ministerio de DesarrolloSocial en reclamo de la reapertura de los programas sociales, el aumento de sus montos de acuerdo a los índices de inflación, y el incremento de la asistencia a los comedores populares, así como la sanción de la ley de emergencia alimentaria que pide un incremento de los presupuestos en el área de acción social.

La masividad de estas concentraciones pone en evidencia la situación crítica que están viviendo millones de familias que no pueden ni siquiera garantizar la satisfacción de las necesidades más elementales como son el alimento.

Frente a esta situación y a la sensación de pérdida de control de la calle, tanto el gobierno nacional como el de la ciudad de Buenos Aires a cargo de Larreta (quien quiere garantizar su reelección en octubre) decidieron hacer una muestra de fuerza y probaron un intento represivo contra los manifestantes con el objetivo de impedir su acampe en el ámbito delMetrobús de 9 de Julio, dejando varios compañeros heridos y algunos detenidos. No obstante esto, al cierre de esta edición los movimientos sociales se habían reorganizado y estaban llevando acabo su acampe frente al Ministerio de Desarrollo Social.

 

Un rey sin corona y un pacto social a la medida de una de las partes

En este marco la novedad fue la reacción de Alberto Fernández quien estaba en Tucumán de regreso de su gira europea, en donde se paseó como cuasi-presidente electo. Allí,en compañía del gobernador Juan Manzur, Sergio Massa, y escoltado por el presidente de la UIA,Miguel Acevedo, y el Secretario General de la CGT Héctor Daer le dio su apoyo a la represión macrista volcando la responsabilidad de la misma en las victimas, a quienes calificó de “violentos”. Y como cierre de su pensamiento les pidió a los movimientos sociales y a los trabajadores que “no perdamos la calma. […] no compliquemos más el escenario difícil que tenemos. Evitemos estar en las calles y generar situaciones que pueden llamar a la confrontación y a la violencia”.

Las declaraciones de Alberto Fernández confirman las definiciones que venimos desarrollando en estas páginas. La principal preocupación del candidato del Frente de Todos es evitar que la movilización popular le marque la cancha y le obligue a iniciar su más que posible futuro gobierno dándole concesiones a las masas movilizadas.

Es que como venimos señalando, Alberto Fernández ya se está probando el traje de presidente y empieza a mostrar poco a poco elementos de su plan de gobierno que tienen como objetivo garantizar que la crisis caiga sobre las espaldas de los trabajadores bajo la forma de un “Pacto Social”.

Recordemos que cuando Cristina Kirchner presentó por primera vez su libro en las instalaciones de la Sociedad Rural habló de la necesidad de un nuevo Contrato Social, Luego habló de Nuevo Orden. En aquel momento cuando desde la izquierda se tradujo esas frases como el intento de exponer un “Pacto Social”, el kirchnerismo se ofendió aclarando que “contrato” y “pacto” son palabras distintas. Ahora su candidato a presidente y catedrático de la Facultad de Derecho pone las cosas en su lugar dejando claro que si bien son palabras distintas, significan lo mismo.

Este Pacto Social es un intento de regimentación política de la clase obrera que tiene como objetivo garantizar el pago de la deuda externa a los especuladores que se fugaron los dólares del país y al FMI que lo permitió, y consiste en un congelamiento de precios y salarios de por lo menos 180 días, cristalizar el derrumbe del salario en dólares que alcanzó el -300%, e impulsar una reforma impositiva a la medida de las patronales y una reforma laboral pactada con la burocracia sindical gremio por gremio y así saltar las molestas discusiones en el Congreso Nacional.

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En lo referente al “congelamiento” de precios y salarios vale decir que aquí hay una trampa en la “letra chica” (en realidad en lo no-dicho). Es que mientras que los precios de las mercaderías se ajustan según los criterios del mercado permitiéndole a cada capitalista especular con los mismos mediante el desabastecimiento y el mercado negro, los salarios quedan congelados por medio de la ley y garantizados por la burocracia sindical que, como todo trabajador sabe, no vive con esos salarios.

Además la sola idea de un acuerdo entre patrones y trabajadores en el marco de una crisis generalizada es tan absurdo como dejar al lobo cuidando a las ovejas. Si en épocas de vacas gordas los capitalistas se pueden dar el lujo de mantener la tranquilidad de sus negocios dándole algunas concesiones menores a los trabajadores, esto se vuelve imposible cuando rige la ley de la selva del sálvese quien pueda y de lo que se trata es evitar o recortar las perdidas. En esos momentos lo que impera es la más directa lucha de clases por la supervivencia.

Es por eso que es todavía más peligroso hacer caso a Alberto Fernández y que los trabajadores y el conjunto de los sectores populares “eviten estar en las calles” y se queden en casa prendiéndole una vela al presidente aun-no-electo.

 

Hay que salir a las calles en defensa propia

Argentina está atravesando una crisis muy profunda que lleva largos años y que fue drásticamente empeorada por el gobierno de Mauricio Macri, que a la creciente inflación y recesión que había dejado el segundo gobierno de Cristina, le sumó un endeudamiento colosal y un salto exponencial en los precios de los alimentos y de los servicios esenciales. El único compromiso público que asumió el candidato del Frente de Todos es pagar peso sobre peso y dólar sobre dólar todos los vencimientos de deuda al FMI y a todos los acreedores que hicieron negociones con Cambiemos.

Para cumplir con esa promesa a los mercados, Alberto Fernández sabe que ya cuenta con el resultado de las PASO, que puso de manifiesto que hay importantes sectores de trabajadores que tienen expectativas en que su gobierno resuelva la crisis aunque nadie tiene claro cómo lo haría. Así las cosas, se aprovecha de esto para tratar de imponer su Pacto Social  e impedir la resistencia que surja desde abajo frente a las consecuencias de la crisis.

Desde el Nuevo MAS,aunque no compartimos estas expectativas,  acompañamos la experiencia de esos trabajadores sin depositar la menor expectativa en él y alertamos acerca de que un futuro gobierno del Frente de Fernández-Fernández va a tratar de hacer caer el grueso de dicha crisis sobre los hombros de los trabajadores.

Es por eso que más allá de que se tengan o no esperanzas en el futuro gobierno es preciso prepararnos para la lucha y salir a las calles en defensa de nuestro salario, de nuestras condiciones de trabajo y de todos nuestros derechos.

La tarea de la izquierda revolucionaria pasa por apoyar a todos los sectores que rechacen esta regimentación social y política, a los movimientos sociales y de trabajadores desocupados que luchan contra el hambre y la miseria. Para esto planteamos que es importante avanzar en la coordinación de toda la vanguardia obrera con un programa independiente, bregando por acelerar la experiencia del conjunto de los trabajadores con el futuro gobierno y explicando nuestro programa anticapitalista alternativo ante cada hecho de la realidad,  al mismo tiempo que impulsamos la lucha en todas las oportunidades.

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