Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie, dirigente del Nuevo MAS.


El día de ayer, el INDEC dio a conocer el índice de inflación del mes de marzo. El mismo indicó que la inflación subió durante este último mes un 4,7% y alcanzó casi los doce puntos en el primer trimestre. De mantenerse este ritmo, a fin de año la misma estará rondando el 50%. Esta cifra no es para nada descabellada; por supuesto que habrá que seguir la evolución de la situación económica, pero no hay que perder de vista que la inflación acumulada de los últimos doce meses (de marzo de 2018 a marzo de 2019) está en los 54,50%. Son números que no se registran desde el 2002/2003.

Un día antes del anuncio, Mauricio Macri abrió el paraguas ante un auditorio de empresarios cuando anticipó que este mes se registraría un pico inflacionario. La referencia a ese “pico” busca dar a entender que este será el punto máximo de inflación y que de aquí en más va a bajar. Esta “profecía” del sr. Presidente es una nueva mentira que se suma a las tantas que ya nos tiene acostumbrados. Vendría a serel remake de la película “Lo peor ya paso”, que como ya sabemos vino acompañada de su secuela “Iba todo bien y pasaron cosas”. Lo cierto es que nada indica que este haya sido el “pico” de la inflación. Si uno sigue los últimos índices de precios puede verificar que la inflación no solo no está bajando, sino que se está acelerando: en enero fue del 2,9%; en febrero, 3,8% y en marzo, 4,7%.

Lo cierto es que el gobierno nacional no tiene ni la menor idea de cómo controlar la situación. Lo único que sabe hacer es esquilar a los trabajadores y al conjunto de la sociedad en beneficio de unos pocos, principalmente los bancos y el sector agroexportador que se la están llevando en pala.

Veamos un poco. Con el argumento de la lucha contra la inflación, el gobierno ha insistido en dos políticas: por un lado, pulverizar los salarios con la criminal complicidad de la burocracia sindical y del kirchnerismo que han dejado hacer a Macri con la excusa de la gobernabilidad; y por otro, profundizar el estrangulamiento del consumo (que ya generaba la caída del salario), mediante tasas de interés altísimas que llevaron a que los bancos retiren todo el dinero circulante para depositarlo en Leliq haciendo un negocio obsceno a costa del Estado. El plan funcionó a medias. Macri logróbajarles a los trabajadores en promedio un 30% sus salarios; consiguió una recesión record con su estela de despidos y suspensiones en las fábricas; y una caída del consumo en el mes de marzo del 8,7% (un derrumbe que no se registraba desde 2002). Pero pese a todos esos “éxitos” de su plan económico, la inflación sigue desbocada.

Ante esta escalada inflacionaria se les quemaron todos los papeles al gobierno y las huestes de asesores, consejeros y “opinólogos” que le hacen la corte. Todo un conjunto de ideólogos de la patronal que sostienen que la causa de la inflación son los aumentos de salarios y el exceso de dinero circulante en manos de los trabajadores. Esta explicación ya es insostenible.

No es importante entrar en disquisiciones abstractas sobre las causas de la inflación en general. Lo concreto es que, a las deficiencias estructurales del capitalismo argentino, se le suma la política del gobierno de Macri que dolarizó los principales precios de la economía y endeudó al país a niveles exorbitantes dejándolo al borde de la cesación de pagos (default).

La dolarización principalmente de la energía y los alimentosgenera que toda turbulencia en el precio del billete verde repercuta inmediatamente en los precios. La energía (electricidad, gas y petróleo) se la ató a la moneda norteamericana mediante la fijación de los contratos con las empresas generadoras y extractorasen dólares y a precios de importación; y los alimentos mediante la quita de impuestos a las exportaciones, quita que provoca que la harina (y todos sus derivados), los cereales en general, la carne y la leche se vendan en el mercado interno a precios internacionales fijados en dólares. Es decir, los salarios se cobran en pesos devaluados y el supermercado, los servicios y el colectivo se pagan a precio dólar.

Por otro lado, el endeudamiento acumulado durante los últimos años, las bolas de letes, lebacs, leliqs y bonos de todo tipo y color a tasar exorbitantes pone un signo de pregunta cada vez más grandes sobre la capacidad real del gobierno de afrontar los vencimientos de la deuda. A nadie se le escapa que más temprano que tarde esa burbuja de deuda va a estallar, y cuando eso ocurra el dólar se va a disparar por las nubes. Esta situación es una presión constante para que aumente el dólar, lo que a su vez repercute en una mayor inflación.

 

Promesas, trampas y mentiras

A Macri, todos los números le dan en rojo: derrumbe del consumo, inflación desbocada, aumento de la pobreza, caída del uso de la capacidad instalada en la industria. El descontrol de todas las variables económicas constituye parte del fracaso de Cambiemos. Fracaso que al parecer (según dejan correr las grandes cadenas de medios) empieza a repercutir en una caída en la imagen y la intención de voto de Macri de cara a las próximas elecciones. Frente a esta situación, y para frenar el descontento, el gobierno se dispone a anunciar un plan para contener la inflación que consta centralmente de tres medidas: el anuncio de un acuerdo con los empresarios para “congelar” una canasta de 50 o 60 productos hasta las elecciones, la promesa de que no habría nuevos aumentos en las tarifas, y el congelamiento del techo de la banda cambiaria del dólar a 51,50 pesos hasta fin de año.

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Lo primero que hay que dejar en claro es que el anuncio de mañana miércoles es parte de la campaña electoral del gobierno, y que por lo tanto nada de lo que diga Mauricio Macri puede ser considerado como verdadero. Sin ir más lejos recordemos sus promesas sobre un promisorio reino de la alegría y globos de colores durante la campaña electoral de 2015 o después la afirmación que todo mejoraría en el “segundo semestre” de 2016 y finalmente su esperanzador “lo peor ya paso” de 2018. Estas precauciones son unresguardo metodológico. En todo caso habrá que esperar a que se efectivicen los anuncios para ver en qué consisten concretamente, pero a priori se puede visualizar que las medidas en sí mismas ya vienen con trampa.

Empecemos por el supuesto “congelamiento” de los escasos 50 productos. Parte de la negociación con los empresarios consistió en dejar correr de manera preventiva durante esta semana un aumento de alrededor del 10% en estos productos antes del anuncio. Es decir que acordaron “recalentar” los precios antes de “congelarlos”.

En el caso del anuncio sobre tarifas, este también viene con trampa. El hecho es que durante estos meses ya se aplicaron los aumentos de luz, gas, agua, colectivos, trenes y subtes; y que la siguiente serie de aumentos estaban previstos para después de las elecciones. En concreto lo único que anunciaran es la postergación por un par de meses de dichos tarifazos… y esto si las cosas (dólar e inflación) no se desmadran.

Finalmente queda el anuncio de frenar el techo de la banda cambiaria hasta fin de año. Recordemos que el acuerdo con el FMI le impedía al Banco Central intervenir en el mercado de cambio mientras el dólar estuviese dentro de los límites de una banda cambiaria, y que el piso y techo de la misma se debía actualizar cada mes incrementándose en un 1,78%. La novedad es que esa actualización no se produciría, pero el mantener el techo de la banda en 51,50 pesos por dólar significa que se autoriza una devaluación de al menos un 20% de acá a fin de año. Por lo que explicamos más arriba, queda claro que una devaluación del 20% en los siguientes meses promete una nuevos “picos” inflacionarios que profundizaran la molienda del salario de los trabajadores.

 

Un gobierno sostenido por la oposición

Arriba trazamos algunos aspectos de la actual crisis económica que atraviesa nuestro país. Lo cierto es que si esta crisis no se plasma en una mayor crisis política es debido a la complicidad de la oposición patronal que hace lo imposible por que las cosas no se salgan de los estrechos márgenes de las instituciones.La defensa incondicional de la gobernabilidad es el marco común que aúna a todo el PJ y la burocracia sindical de todos los colores. Desde este núcleo de coincidencias básicas es que se desprenden políticas un poco distintas.

En este sentido podemos afirmar que Mauricio Macri es un desagradecido: desde el primero de marzo cuando inauguró las sesiones del Congreso, se vio un Macri enérgico, enojado… “caliente” como le gustó decir a él. En realidad, el sr. Presidente esverdaderamente ingrato: su gobierno es un fracaso absoluto, su estadía en la Casa Rosada es nociva e inaguantable para la gran mayoría de los habitantes de este país. En realidad, el principal motivo por el cual él sigue al frente del ejecutivo nacional es porque el PJ, el kirchnerismo y principalmente la burocracia sindical coinciden en apoyarlo para garantizar que llegue a las elecciones en nombre de la gobernabilidad.

El kirchnerismo es uno de los sectores de la oposición más comprometidos con este juego. Por un lado, nadie quiere volver a ver a las masas en la calle como en diciembre de 2001. Ese es un escenario demasiado peligroso y costoso para la burguesía. Todos los partidos patronales, y el PJ más que ninguno, sacaron la conclusión que jugar a la desestabilización puede ser muy peligroso, que, aunque hayan pasado 18 años, el recuerdo del argentinazo sigue presente en la memoria colectiva. Recordemos que el gobierno de Nestor Kirchner tuvo como principal mérito el haber logrado absorber ese proceso, aunque tuvo el límite de no haberlo derrotado.

Pero además Cristina Kirchner y la dirigencia kirchnerista en general necesitan como al agua reconciliarse con algún sector representativo de la burguesía para poder aspirar a ser gobierno. Posiblemente uno de los motivos que hace que aun no hayan confirmado su candidatura es que Cristina no está convencida de presentarse a un nuevo mandato si no consigue el guiño de sectores del empresariado.

En definitiva, los k siguen apostando a no hacer olas y demostrarle a la patronal que pueden ser una opción responsable. Por eso Cristina calla, Kiciloff le promete al FMI que se va a pagar toda la deuda y a los empresarios que se van a respetar todos los acuerdos firmados por el gobierno de Cambiemos.

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“Antón Pirulero, cada cual atiende su juego”

También este es el contexto que explica el actual minué de los distintos sectores de la burocracia que juegan con el llamado al paro nacional. Cada uno a su manera busca hacer su juego tomando todas las precauciones para que la cosa no se salga de madre.

La CGT por su parte se niega a tomar ninguna medida de fuerza, UTA y los gremios del Transporte están convocando un paro nacional del sector para el primero de mayo (sí, llaman a paro un día feriado), finalmente Moyano junto con las CTA prometen un “paro nacional” para el 30 de abril. Este baile se parece al “Antón Pirulero”, aquel juego infantil en el cual todos reclaman que “cada cual atienda su juego”. Claro, los trabajadores no están invitados a la ronda.

El caso de la CGT es claro. Esta grita a los cuatro vientos que llamar a un paro es desestabilizador y que no sirve para nada, que la central de los trabajadores no tiene nada que hacer, que lo único que se debe hacer es pedirle al PJ que se una y gane las elecciones en octubre. En realidad, lo único que le preocupa a Acuña y a Daer como cabezas de la burocracia cegetista es pactar con Macri la paz social a cambio de que este le libere los fondos de las obras sociales y le garantice un mecanismo por el cual se puedan frenar los juicios de los afiliados (es decir: los trabajadores) contra las obras sociales ante la falta de cobertura por los tratamientos. Apartir de allí, apuestan sus cartas a que el PJ Federal se posiciones como alternativa a Macri y a Cristina

En el caso de la UTA y demás gremios del transporte hay que reconocerles su creatividad burocrática para organizar una medida de fuerza de la forma que menos moleste al gobierno. Hasta hoy a nadie se le había ocurrido llamar a un paro ni un domingo ni un día feriado. Lo que busca Fernández con hacer este paro un primero de mayo es que el mismo no se transforme de hecho en un paro nacional. Es sabido que, si los colectivos y los trenes no funcionan un día normal, esto puede fungir como excusa para canalizar la bronca contenida de millones de trabajadores que podrían aprovechar la ocasión para sumarse al paro.

Finalmente, está el paro convocado por Moyano, Pignanelli y las CTA para el 30 de abril. En sentido estricto es un paro parcial en la medida que no se adhieran los gremios del transporte que hacen su medida al día siguiente. Moyano y cia. Son conscientes de la parcialidad de su medida. Lo que está detrás de la misma es la necesidad de este sector de posicionarse de cara a la interna del PJ. Así lo expresó Moyano cuando dijo que no se puede organizar al PJ ignorando al movimiento obrero organizado. Es decir, a ellos mismos.

A pesar de los inmensos límites que a priori tiene este llamado, es importante que los trabajadores y la izquierda aprovechemos al máximo las posibilidades que este ofrece para lograr que se manifieste la bronca acumulada en enormes franjas de trabajadores. En caso de que el mismo se concrete (cosa que habrá que ver si realmente ocurre) la izquierda y el activismo antiburocrático tiene que organizarse para hacer del mismo un paro activo con cortes de rutas en todo el país. Una medida que levante un programa de reivindicaciones para que la crisis la paguen los capitalistas.

 

La izquierda debe estar a la altura de las circunstancias

La incapacidad de que adolecen las fuerzas burguesas de elaborar una alternativa creíble frente a la crisis nacional abre una posibilidad que puede ser histórica para la izquierda. La actual crisis no es el resultado de factores coyunturales, es una crisis que se viene arrastrando desde hace décadas y pone de manifiesto los límites históricos del capitalismo argentino y de su clase dirigente.

La izquierda revolucionaria es la única que está en condiciones de proponer un programa alternativo construyendo una salida para el conjunto del país desde los intereses de los trabajadores las mujeres y la juventud. Pero para poder poner en pie una alternativa que sea creíble para millones de trabajadores, es necesario superar la actual fragmentación. Solo la unidad de toda la izquierda clasista puede presentarse frente a los ojos del conjunto de los trabajadores como una alternativa real y visible.

Desde el nuevo MAS venimos haciendo un llamado a Zamora y al FIT para superar las miradas estrechas, de corte electoralista y mezquinas, y construir una unidad tanto en las luchas como en las elecciones.

Estamos a pocas semanas del Día Internacional de los Trabajadores. Reiteramos nuestro llamado a dichas organizaciones para poner en pie un acto unitario de la izquierda clasista. Un acto paritario al servicio de las luchas. Un acto que defienda la independencia política de los trabajadores y en donde podamos hacer oír los reclamos presentes y las reivindicaciones históricas de la clase obrera. Este podría ser un primer paso en pos de ponernos a la altura de las circunstancias y de las necesidades de nuestra clase en la actual encrucijada.

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