Con el resultado electoral se reabrió en nuestro país la discusión sobre las retenciones a las exportaciones al «campo». Entre los llantos de las organizaciones agrarias y sus escribas de Clarín y La Nación y los pedidos progres de una parte de los integrantes del Frente de Todos, volvió a la escena pública el debate que dividió a la burguesía en 2008. En esta nota intentaremos explicar qué son las retenciones y cuál es su rol en la política y la economía argentinas.

 

Ley del valor y precios

En cualquier empresa capitalista tenemos, por un lado, burgueses, que invierten un capital y esperan obtener una ganancia, y por el otro, trabajadores, que venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario. El empresario, al comprar la fuerza de trabajo, se adueña del producto de ese trabajo, las mercancías, y las vende en el mercado.

En un primer análisis, según Marx, estas mercancías se venderán, en promedio, según la ley del valor, es decir, de acuerdo con el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas. Cuando el trabajador crea una mercancía cuyo valor es mayor que el salario que se le paga, crea un plusvalor, que es el origen de todas las formas de la ganancia capitalista (ganancia, renta o interés). El capitalismo se trata, esencialmente, de la permanente creación y apropiación de cada vez más plusvalor por parte de la burguesía.

Pero las mercancías en el capitalismo desarrollado en realidad no se venden a precios proporcionales a su valor, es decir, al tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas, sino de acuerdo con sus precios de producción (desarrollado por Marx en el Tomo 3 de El Capital). En resumen, los precios de producción surgen de la distribución del plusvalor producido por los obreros de cada capital individual de acuerdo con el monto del capital invertido. De esta manera, hay una transferencia de plusvalor desde las empresas que tienen mucha mano de obra (capital variable) y relativamente poco capital constante (maquinaria, materia prima, etc.), que son las que crean más valor, y las que tienen proporcionalmente menos mano de obra y más capital constante. A esta relación entre capital variable, el que produce plusvalor, y capital constante, Marx la llamó composición orgánica del capital.

El motor de este proceso es la tendencia a la igualación de las tasas de ganancia entre distintas ramas de la industria, y se lleva adelante mediante la competencia. En otras palabras, los precios de producción son aquellos que permiten que todas las empresas de tamaño medio, que son aquellas que por su tamaño y concentración (ya sean fábricas, empresas dedicadas al comercio o consultoría o empresas agrícolas) tienen una productividad normal respecto a su rama, tengan la misma tasa de ganancia. Esa tasa de ganancia se desprende, a nivel global, de todo el plusvalor producido por los obreros y apropiado por el conjunto de los capitalistas, dividida por el total del capital invertido por los burgueses.[1]

Hasta aquí, las consideraciones generales con respecto al capital y la explotación en cualquier rama de la producción. Al igual que en la producción industrial, la ganancia que se apropia el capitalista agrario no es más que plusvalor, trabajo no pagado a los laburantes. Pero en el campo, al igual que en la minería o el petróleo, entran a jugar otros factores y determinaciones que llevan a que las mercancías agrarias se no vendan por su valor o precio de producción. Eso se debe a que en su producción existen condiciones no reproducibles por el trabajo humano, como son las diferentes fertilidades del suelo, que hacen que el mismo trabajo en una tierra fértil (por ejemplo, la Pampa Húmeda) produzca muchas más mercancías que otra menos fértil. Veamos cómo es el mecanismo.

 

Renta diferencial

Supongamos que para alimentar a la clase obrera se necesita producir 7 millones de toneladas de soja. A nivel mundial tenemos tierras muy fértiles, como la llanura de EEUU, las recientemente quemadas hectáreas del Amazonas y la Pampa Húmeda, y por el otro lado tenemos tierras de fertilidad normal y de fertilidad baja. En las tierras más fértiles los capitalistas emplean 1 millón de trabajadores por 200 dólares al mes, y producen 4 millones de toneladas. La tasa media de ganancia, en todas las ramas de la producción, es del 50%. Es decir que los capitalistas pretender ganar, luego de vendidas las mercancías que producen sus trabajadores, la mitad del capital que invirtieron. Supongamos que los capitalistas solo contratan trabajadores y no tienen inversiones en capital constante (maquinarias, semillas, por ejemplo) aunque sea irreal, solamente para simplificar el argumento. En este caso, los empresarios invierten, en conjunto 200 millones de dólares, con una tasa de ganancia del 50%, pretenden obtener 100 millones de ganancia, para lo que necesitan vender sus mercancías por 300 millones, a 75 dólares la tonelada. Pero la producción en el capitalismo no es un acto matemático individual, sino que cada mercancía y cada inversión deben validarse en el mercado. En este caso, las 4 millones de toneladas no alcanzan, hay que poner en producción las tierras de fertilidad media, que producen 2 millones de toneladas con un millón de obreros, y las de fertilidad baja, en las que 1 millón de obreros producen sólo 1 millón de toneladas. Aquí es donde entran las especificidades de la producción agraria.

En cualquier producción capitalista, los capitales que no logran desplegar una productividad media simplemente quiebran. Esas fábricas cierran o quedan marginadas y otras eventualmente ocupan su lugar en la producción.[2] En el caso de los capitales agrarios, esto no funciona así, porque para poder abastecer la demanda de alimentos, sí o sí los capitalistas tienen que producir en las tierras menos fértiles, debido a que la tierra es un bien no reproducible por el trabajo humano. Nadie puede «fabricar» tierras más fértiles. Para que los capitalistas inviertan en las tierras menos fértiles, necesitan obtener la tasa media de ganancia del 50% que rige en el resto de las ramas de la producción. Por lo tanto, el precio de producción de la tonelada de soja no está determinado por la productividad media del campo en general, sino por la productividad de las tierras menos fértiles. En nuestro ejemplo, el precio de la soja deberá ser de 300 dólares para que los capitalistas de las tierras menos fértiles obtengan su tasa media de ganancia. Pero si el precio de la soja es de 300 dólares, y los capitalistas de las tierras fértiles solo necesitaban un precio de 75 dólares para obtener la tasa de ganancia media, entonces estos se están apropiando de una ganancia extraordinaria. Invierten 200 millones de dólares y obtienen, vendiendo su producción a 300, 1.200 millones de dólares, una ganancia extraordinaria de 900 millones de dólares. Y en las tierras de fertilidad media, la ganancia extraordinaria es de 300 millones de dólares. A este tipo de renta, producto de la diferente fertilidad del suelo, Marx lo denominó «renta diferencial de tipo 1».

Este proceso sólo tiene sentido a escala global. Las enseñanzas de Trotsky sobre la economía mundial son fundamentales.[3] En las tierras más productivas se obtiene esa renta extraordinaria porque se enfrentan, por un lado, a la demanda mundial de mercancías agrarias, y, por otro, a las tierras menos fértiles que se ponen en producción en todo el mundo. En Argentina, sin comercio exterior, se derrumba la renta extraordinaria.

 

Actores sociales en el campo argentino

Se genera entonces en el agro argentino, particularmente en la zona núcleo de Buenos Aires, el noreste de La Pampa, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, una enorme renta extraordinaria. Decir “se genera” es obviamente un eufemismo. Son los trabajadores del campo quienes, con sus manos, trabajando de sol a sol en las tierras más fértiles del mundo, producen esteplusvalor extraordinario. Pero no son estos trabajadores quienes se apropian de esa riqueza. Un trabajador rural en blanco y bajo convenio[4] gana $ 25.000 por mes, igual al sueldo promedio de los asalariados plenos en nuestro país. Quienes se embolsan de manera natural estas ganancias son los capitalistas, que venden las mercancías agrarias en el mercado mundial. Pero aquí entra a jugar la propiedad de la tierra y nuevos actores sociales. Si hay una ganancia extraordinaria, todos los capitalistas van a pelearse por obtenerla. Y la fertilidad de las mejores tierras no es producto de la viveza de ningún empresario, o un secreto que nadie conoce. Los dueños de esas tierras, ya sean grandes terratenientes o pequeños propietarios, van a intentar hacer valer su propiedad. Tienden a apropiarse, bajo la forma de alquiler o arrendamiento, de esa renta extraordinaria. Es decir, tenemos una clase de parásitos, cuyo único mérito es ser dueños de pedazos del planeta tierra[5], que se apropian de una renta extraordinaria sin mover un dedo.

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La anterior fue una explicación general. Para poder terminar de entender el proceso de apropiación de la renta de la tierra en Argentina, hay que estudiar cómo este proceso se da en la práctica. A los sujetos en abstracto, terrateniente o capitalista, hay que ponerles nombre y apellido. Es fundamental entender cómo son las relaciones sociales actuales en el campo argentino, por lo menos en la Pampa Húmeda, para no caer en posiciones ridículas como les ocurrió al PCR y el MST durante el conflicto del “campo” en el 2008.

Veamos en primer lugar, la propiedad de la tierra. En la Provincia de Buenos Aires, los propietarios de más de 20.000 hectáreas cubren el 9% de la superficie. Las propiedades de entre 2.500 y 20.000 hectáreas representan el 25%, mientras que el 66% restantes son explotaciones de menos de 2.500 hectáreas.[6] Si pasamos de la propiedad a la producción podemos sintetizar algunas conclusiones. Con un 58% de las hectáreas en producción, el principal actor burgués del campo pampeano es el capitalista-terrateniente: un empresario capitalista que no solo invierte y contrata mano de obra, sino que además es el dueño de la tierra en la que monta su empresa. En segundo lugar le siguen los capitalistas-terratenientes-arrendatarios que además de producir en su propia tierra, arriendan tierras de otros para ampliar su producción, con un 22%. El restante 20% se lo llevan los arrendatarios puros, que alquilan la totalidad de la tierra que ponen en producción.[7] La dinámica del proceso tiende a un aumento del arrendamiento: desde 1988 aumentó en 10% la proporción de propietarios que arriendan sus tierras, y todo parece indicar que desde 2002 este proceso se aceleró con la sojización y el boom de los pooles de siembra.

La primera conclusión es que no existe el sujeto-terrateniente semi feudal con el que cacareaba el PCR en 2008 y sigue fantaseando hoy en día. La mayor parte de las tierras productivas de la Pampa Húmeda están divididas en propiedades intermedias, que, si bien representan cientos de miles y en muchos casos millones de dólares, no llegan ni de cerca a la concentración capitalista que existe, por ejemplo, en la industria. Y, más aún, los grandes propietarios no se embolsan una renta cobrándoles un alquiler (“feudal”) a algún supuesto “pequeño productor”, sino que, en la mayoría de los casos, administran ellos mismos la explotación de los trabajadores en sus tierras. En esto hay que ser categóricos, la única clase explotada en la zona núcleo es la clase trabajadora. No existe en la Pampa Húmeda del siglo XXI ningún grupo capitalista, pequeño productor agrario o propietario que sea explotado[8]. Volviendo a las consideraciones más generales sobre la renta de la tierra, lo que observamos en la Pampa Húmeda es que el capitalista y el terrateniente coinciden en la mayoría de los casos, son la misma persona, potenciando la apropiación del plusvalor extraordinario por esos actores.

De todas maneras, hay que destacar el incremento en la participación en los últimos años de los pooles de siembra, reflejado en el incremento de los arrendamientos. Los pooles de siembra son sociedades que se forman para alquilar grandes extensiones de tierra y aprovechar las economías de escala[9] para aumentar las ganancias. El avance de estas empresas capitalistas puede hacer creer a algún ingenuo que los socialistas tenemos que ponernos del lado de los “pequeños propietarios”. Nada más lejos de la realidad. Como vimos anteriormente, la renta de la tierra es producto de la explotación de los trabajadores. Si un pool de siembra logra, mediante su poder de negociación, firmar un alquiler “barato” con un “pequeño propietario”, y este último no logra hacer valer su título propiedad para apropiarse de una masa extraordinaria de trabajo no pagado sin mover un dedo, lo sentimos mucho, pero no nos generan compasión los parásitos sociales.

Por último, cada vez cobran más importancia las empresas proveedoras de semillas transgénicas y agrotóxicos, como Dow Chemical o Monsanto/Bayer, que se apropian[10] de una parte de esta renta extraordinaria por medio de las regalías que cobran por el uso de sus semillas.

 

Retenciones, o cómo el estado se apropia de parte de la renta

La renta de la tierra es una masa extraordinaria de plusvalor. Este carácter de extraordinario hace que el estado pueda disputárselo a los terratenientes y capitalistas agrarios sin afectar su acumulación. Pueden obtener su tasa media de ganancia, pagar impuestos y, además, obtener una renta extraordinaria. El principal mecanismo mediante el cual el estado argentino se apropia de una parte de la renta de la tierra son las retenciones a las exportaciones. Este impuesto significa que el estado se apropia de un porcentaje del precio al cual se vende esa mercancía en el mercado mundial. Retenciones del 25% significa que el estado se queda con un cuarto del valor de venta de ese producto. Durante el kirchnerismo las retenciones a las exportaciones llegaron a ser el 20% de la recaudación impositiva del estado nacional. Pero las retenciones no las inventó Néstor Kirchner, son un mecanismo clásico para redistribuir desde un punto de vista capitalista la renta extraordinaria.

Desde 1862 hay impuestos a las exportaciones en nuestro país. En 1955, con la revolución fusiladora, la alícuota se aumentó al 25%. Luego volvieron a subir con Frondizi, para reducirse de manera paulatina. El gobierno radical de Illia volvió a aumentarlas al 13% y luego la dictadura de Onganía las redobló, nuevamente al 25%. Como vemos, el cobro de retenciones no es potestad de los gobiernos “Nac&Pop”, sino que son patrimonio del conjunto del capitalismo argentino, incluyendo sus dictaduras más liberales. Incluso bajo la última dictadura militar primero tuvieron una fuerte baja, pero volvieron a aumentarlas con la crisis de 1982. Alfonsín volvió a intentar reducirlas y tuvo que regresarlas a un valor del 20% en el marco de la crisis de la hiperinflación. Recién con Menem se sostuvo todo un período sin retenciones, que terminó bruscamente con la devaluación del 2003, cuando Duhalde reinstaló este impuesto en Argentina.

 

Otras formas de apropiación de la renta

Pero las retenciones no son el único regulador de la apropiación de la renta de la tierra. Otro es el nivel del tipo de cambio, es decir, la relación entre el peso y el dólar. Veamos dos ejemplos. Durante los 90 de Menem no hubo retenciones. Sin embargo, el peso estaba sobrevaluado (el famoso 1 a 1). Es decir, que los capitalistas agrarios recibían menos pesos por cada dólar exportado de lo que “deberían”. En otras palabras, lo que el gobierno les entregó por la vía de las retenciones… se los quitó por la vía del tipo de cambio. Incluso hubo amplias protestas contra el gobierno, a pesar de la afinidad ideológica, por parte de las entidades patronales del campo.[11] De esta política de tipo de cambio sobrevaluado se ven directamente beneficiadas las empresas multinacionales, que remiten sus ganancias al exterior comprando dólares baratos y los industriales que compran medios de producción importados. Esto último con la contradicción de que les permite a los industriales comprar medios de producción más baratos y modernizarse, como ocurrió en los ‘90, al mismo tiempo pone a la industria nacional a competir directamente con la industria más productiva en la economía mundial, sin mediaciones. Un tipo de cambio devaluado funciona cómo amortiguador de esa diferencia de productividades.

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Otro ejemplo es, nuevamente, el de las retenciones de Duhalde. Se reestableció el impuesto, sí, pero luego de una devaluación del 200% (pasamos del 1 a 1 al 3 a 1) que implicó una transferencia de recursos inmensa al sector exportador.

Otra forma de quitarle esa renta a los terratenientes sin tener que aumentar los impuestos es con los tipos de cambio “desdoblados”: se impone un peso sobrevaluado para las exportaciones agrarias, y otro devaluado para las industriales, por ejemplo.

 

Renta de la tierra y precio de los alimentos

Existe otra arista del problema de la renta de la tierra que tiene impacto directo en la vida de los trabajadores argentinos: el precio de los alimentos. Cómo vimos más arriba, si nuestro país estuviese aislado del mundo, y se pusieran en producción solamente las tierras más fértiles de la Pampa Húmeda, el precio de los productos agrarios vendidos en el mercado interno sería mucho menor. En nuestro ejemplo, el precio sería de 75 dólares, en lugar de 300. Pero es un disparate pensar la economía nacional aislada del mundo: cómo decía Trotsky, siempre se impone la economía mundial. La demanda global de alimentos implica que se pongan en producción las tierras menos fértiles, que son las que regulan el precio. De ahí que los alimentos no son caros porque exista una renta diferencial, sino al contrario, existe una renta diferencial porque el precio es alto.

Las retenciones funcionan directamente cómo un regulador de los precios de los alimentos en el mercado interno. Los capitalistas agrarios buscan exportar sus mercancías y obtener el precio internacional de las mismas, en este caso de 300 dórales. Solo van a vender en el mercado interno si tienen garantizado un precio por lo menos igual al internacional. Pero, con unas retenciones del 25%, el capitalista agrario recibe 225 dórales cuando exporta, por lo que va a aceptar vender a ese precio también en el mercado interno. Las retenciones permiten separar los precios internos de los internacionales. Al aumentar las retenciones, caen los precios internos de los productos agrarios. De la misma manera, si bajan las retenciones, como hizo el gobierno de Macri, suben los precios.

 

Conclusiones

Como vimos, intentar apropiarse, de una manera abierta o más disimulada de la renta extraordinaria de la tierra es potestad de una gran parte de los gobiernos capitalistas de la Argentina. En ese marco es que vuelven las discusiones sobre las retenciones. Es posible que, acuciado por las necesidades financieras, Fernández intente avanzar de alguna u otra manera. Ya sea lisa y llanamente con un aumento de las retenciones, que Macri escandalosamente redujo, en cuyo caso se enfrente a la eventualidad de una nueva rebelión patronal en vistas de la polarización social que se vive en la región y de la que no escapa Argentina; o mediante mecanismos menos agresivos, como tipos de cambio desdoblados.[12]

Desde el Nuevo MAS rechazamos, al igual que en el 2008, cualquier intento por parte de los parásitos explotadores del campo de aferrarse a su plusvalor extraordinario. Sin embargo, somos claros. Los socialistas revolucionarios sabemos muy bien que el reparto entre sectores de la burguesía de la renta extraordinaria en nada nos beneficia a los trabajadores. El programa agrario socialista para la Argentina, y la Pampa Húmeda en particular, pasa por nacionalizar la tierra, no para crear una nueva clase de pequeños burgueses del campo, sino para ir a la socialización de la producción.[13] Que sea la clase trabajadora la que se apropie de la renta extraordinaria de la tierra para comenzar a resolver todos los problemas de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

 

 

[1] La teoría marxista del valor y los precios de producción es compleja y requiere un estudio específico. Lo central es: 1) el trabajo humano es el único creador de valor. 2) El plusvalor es el valor creado por los trabajadores no remunerado por los capitalistas. Es lo que produce el obrero por encima de su salario. 3) Toda ganancia o renta en el capitalismo es plusvalor, trabajo realizado por los obreros y no remunerado mediante el salario. 4) En el capitalismo existe una tendencia a la igualación de las tasas de ganancia entre distintas ramas de la industria, producto de la competencia entre empresas y producto de que cada capitalista busca invertir en las mejores ramas. Esta tasa media de ganancia no cae del cielo, sino que se desprende, directamente, del plusvalor producido por los trabajadores. 6) Los precios de producción son aquellos que permiten la igualación de las tasas de ganancia. Es importante tener en cuenta que las leyes económicas para el Marxismo no se aplican de forma mecánica. Cada burgués debe validar su carácter de capitalista medio en el mercado. Es decir, debe validar su capacidad de obtener una tasa de ganancia media.

[2] Ver por ejemplo la industria de los teléfonos celulares. Hace 10 años BlackBerry acaparaba el mercado premium y Nokia dominaba el resto de las ventas. Hoy BlackBerry se fundió y Nokia es solo el recuerdo de un celular irrompible que nadie usa hace años, mientras otras empresas ocuparon esos lugares.

[3] «El marxismo parte del concepto de la economía mundial, no como una amalgama de partículas nacionales, sino como una potente realidad con vida propia, creada por la división internacional del trabajo y el mercado mundial, que impera en los tiempos que corremos sobre los mercados nacionales.» Trotsky, L., La revolución permanente.

[4] Carlos Iannizotto, presidente de Coninagro, una de las asociaciones patronales del “campo”, declaró que aproximadamente el 50% de los trabajadores rurales están en negro… Seguramente sean muchos más.

[5] Históricamente, estos actores sociales se apropiaron de trozos de nuestro planeta de las formas más violentas. La acumulación originaria en Gran Bretaña, la conquista del oeste en Estados Unidos, la “campaña del desierto” en Argentina, fueron todos episodios donde, ya sea terratenientes oligarcas o pequeños productores, se apropiaron por la fuerza de territorios históricamente pertenecientes a los campesinos o pueblos originarios. El incendio del Amazonas y la puesta en producción de esos terrenos en la actualidad es otro ejemplo de cómo se gesta la propiedad privada de la tierra: como dijo Marx, chorreando sangre y lodo por todos los poros, de la cabeza a los pies.

[6] Basualdo, E. (2008), El agro pampeano: sustento económico y social del actual conflicto en la Argentina.

[7] Basualdo, E. (2010), Los propietarios de la tierra y las economías de escala, sustentos del paradigma sojero en la Argentina.

[8] Este análisis no aplica para otras zonas del país donde la concentración de la propiedad es mucho mayor, cómo por ejemplo en la Patagonia, o donde la producción se organiza de otra manera, como la agricultura familiar.

[9] Se denomina economías de escala al aumento de la productividad y caída de costos producto de llevar adelante la producción en una mayor escala. Por ejemplo, los pooles de siembra logran una gran eficiencia al utilizar la misma maquinaria para sembrar y cosechar decenas de miles de hectáreas.

[10]Sobre este fenómeno en general y el rol capitalista desempeñado por el gobierno de Cristina Kirchner es interesante el artículo de Nicolás Pérez Trento, Dos décadas de conflicto en torno al uso propio de semillas de soja genéticamente modificada en Argentina: fases del enfrentamiento, acumulación de capital y actores sociales (1996-2018).

[11]Caligaris G. y Perez Trento N., Propiedad de la tierra y acción política de la clase terrateniente argentina. Una crítica a la tesis del poder terrateniente.

[12] El dólar blue o paralelo funciona económicamente como tipo de cambio desdoblado. Mientras los sojeros venden su cosecha al dólar oficial, el resto de la economía se mueve alrededor del paralelo, mucho más caro.

[13] Saenz, R., La rebelión de las 4×4

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