El gobierno ante a los capitalistas de la ciudad y el campo

Dime quién te aplaude y te diré quién eres

Las reuniones con la Mesa de Enlace, los sindicatos y luego con los empresarios, dejaron una primer fotografía de la estrategia política del gobierno en este 2021 que se abre. Lo llamativo es que, de estas reuniones, todos salieron contentos. Qué capo Alberto, ¿o no?, analicemos...



Ayer se conoció el dato del 4% de inflación mensual, lo cual enciende las alarmas, poniendo en entredicho el 29% previsto por el presupuesto 2021 en base al cual el gobierno propone calcular los aumentos salariales.

Los índices económicos empiezan a mostrar una pequeño rebote por la vuelta de ciertas actividades, por lo cual el dato del 4% de inflación en enero es doblemente preocupante. Primero, porque proyecta una inflación anual muy superior (algunas previsiones hablan hasta de 49% anual) a la anunciada por el presupuesto 2021. Segundo, porque es demasiado elevada para una economía que, si bien muestra algunos indicios de recuperación, todavía hay muchas actividades que siguen a media máquina… ¿hasta dónde se disparará cuando la actividad vuelva a ponerse en marcha a mayor escala?.

De cara a un año que inicia con una recuperación económica todavía modesta, una inflación que se está descontrolando y una pandemia que todavía está lejos de ser superada, miles de trabajadores tienen expectativas de que el ejecutivo tome medidas para paliar la grave situación económica que sufren día a día. Es atendiendo a esta presión que el ejecutivo anunció el «acuerdo de precios y salarios» que intenta llevar adelante con estas reuniones.

La expectativa de millones que lo votaron sería que, como capitán de un barco que atraviesa una tormenta, Fernández aferre fuertemente el timón y marque un rumbo progresista en sintonía con las declaraciones que se le escuchan todos los días en los medios de comunicación, donde no se cansa de decir que su estrategia es recuperar la economía en base a una suba del poder adquisitivo que reactive el consumo. Pero en las acciones mueren las palabras.

Más que como capitán de fragata, el gobierno sale a escena de este 2021 como un simple negociador que sugiere a los empresarios del campo y la ciudad que no sean tan codiciosos para que no suban tanto los precios, que es como pedirle al agua que deje de mojar, al fuego que deje de quemar, o al Dipy que deje de twittear.

Claro que sería mejor para el gobierno que los precios no aumenten tanto para no deteriorar su apoyo popular en el presente año electoral, pero para lograr este objetivo no está dispuesto tocar los intereses de los grandes capitalistas, por lo cual su estrategia pasa a ser intentar contener la inflación planchando las paritarias, para lo cual es clave que los sindicatos garanticen una «paz social» mientras el salario real sigue cayendo, un plan que les cierra por todos lados a empresarios y a la burocracia sindical, mientras a cambio de semejante traición a la clase trabajadora se les de algún beneficio por otro lado.

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Es así que, de las declaraciones altisonantes con amenazas de retenciones para controlar precios, de las quejas contra los «miserables» empresarios que sólo piensan en ganar dinero, pasamos a reuniones en las que se comprometió a no tocar ni un centavo de la ganancia capitalista y hasta llegó a pedir perdón por la osadía de proponerlo públicamente, palabras que emocionaron hasta las lágrimas y se ganaron el aplauso de pie de empresarios de la ciudad y patrones rurales, que no se habían emocionado así desde la épica devaluación del 2019.

Primero se reunió con la Mesa de Enlace y representantes de otras entidades agrarias, que están saltando en una pata por las cosechas récord que estiman en torno a los 36 mil millones de dólares. Lejos de acordar con ellos un aporte mayor de sus jugosas ganancias, el gobierno se comprometió a reveer toda la cadena que va desde la tierra a la góndola para ver dónde se esconde el aumento injustificado de los precios de los alimentos, porque según dijeron los ruralistas a la salida de la reunión, ya entendió que la culpa de los aumentos no es de quienes presionan por el acople a precios internacionales, que especulan con la devaluación del peso y ahorcan las reservas estatales reteniendo la liquidación de la cosecha, sino quién sabe de quién, hay que investigar.

Luego vino la reunión con los sindicatos, sector sobre el cual el peronismo tiene mayor control, a quienes prometió acuerdos paritarios por encima de la inflación para generar una recuperación económica en base a la recuperación del poder adquisitivo que impulsa el consumo. «Acuerdos por encima de la inflación» significa realmente «acuerdos por debajo de la inflación» porque el gobierno calcula un 29%, mientras que, conociendo los datos de enero, cualquier analista serio ubicaría la inflación por encima del 35% o 40%, y eso siendo muy optimistas.

Por último, estuvo la reunión con los «grandes empresarios», lo cual es un decir, porque a pesar de que estaban invitados pesos pesados como Paolo Rocca, Magnetto, Alfredo Coto y Miguel Acevedo, los burgueses dueños de casi todo decidieron mandar a Ceos y administradores de menor categoría a poner cara fea por ellos en lugar de presentarse personalmente. Pero se llevaron una sorpresa, lo que escucharon les gustó. El dato de color que pinta el carácter de la reunión fue el aplauso de los Ceo-garcas a Guzmán cuando dijo que el gobierno va a dejar de hacer declaraciones altisonantes… Juan Domingo Perdón.

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En el llano lo que se sufre son los aumentos en el precios de los alimentos (que está incluso por encima incluso del promedio de la inflación) y el miedo por contagios cuando, a pesar de una leve achatamiento de la curva, la campaña de vacunación se retrasa y se apura la vuelta a clases presenciales sin desembolsar ningún tipo de refuerzo presupuestario para cuidar a docentes y alumnos.

En los barrios hay hartazgo de la cuarentena, de la pandemia, de la inflación, pero expectativas en la vuelta a una cierta normalidad, a recuperar la vida como era antes. Además, a pesar del descontento por la suba de los alimentos, la pandemia opera como justificación del deterioro económico, que es grande pero no catastrófico. Esas expectativas son el elemento psicológico y social que contienen el descontento popular, salir del ahogo de una situación atípica de encierro, cuarentena, miedo, contagios, para volver a una vida más normal, recuperarse social y económicamente, mejorar. Expectativas que habrá que corroborar en el marco de que la pandemia todavía está lejos de terminar, con las potencias capitalista disputando la escasez de dosis de las vacunas y los laboratorios especulando ganar miles de millones de dólares al monopolizar las patentes y guardar en secreto las fórmulas en lugar de liberar patentes, aunando fuerzas para vencer al Covid-19 de una vez por todas, como proponemos desde estas páginas.

Si se sigue cediendo a los intereses de los capitalistas, si se sigue retrocediendo ante cualquier atisbo de tocar un mínimo de sus ganancias para mejorar las condiciones de vida de los de abajo, el deterioro del nivel de vida de los trabajadores y sectores populares seguirá empeorando y la recuperación económica (si la hay) se la embolsarán los dueños del país a los que el peronismo llama «poderes fácticos».

Así volvamos progresivamente a una nueva puesta en pie de las actividades como dicen desde el ministerio de economía, si los sindicatos siguen en la pasividad total, si los trabajadores no hacen valer sus derechos en las calles, si la juventud precarizada no se rebela contra los trabajos sin derechos, contra los despidos y la super-explotación, la llamada «nueva normalidad» será un mundo donde las condiciones de trabajo habrán empeorado, los precios habrán subido, el desempleo habrá aumentado y los dueños del país serán aún más ricos. Sólo si se lucha, podemos lograr que sea todo lo contrario.

Cuando los capitalistas aplauden al gobierno, más vale subir la guardia.

 

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