Relato de un trabajador de Pedidos Ya

Delivery de plataformas en tiempos de coronavirus

Las empresas aprovechan la crisis del Coronavirus para la explotación sin límites, dejando a los trabajadores a su suerte en plena pandemia.

Ricardo Kun, trabajador de Pedidos Ya


La actual crisis del coronavirus permite plantear otro enfoque frente a los servicios de delivery por plataformas, o por lo menos discutir por qué el progreso y las nuevas tecnologías que podrían ser muy útiles a la sociedad de conjunto, constantemente aparecen ante nosotros exacerbando sus aspectos más desagradables.

Durante los últimos años en todo el mundo, incluída la Argentina, aparecieron y proliferaron los servicios de delivery por aplicaciones. En cualquier ciudad medianamente grande es común ver en la calle, casi en cualquier horario y sin importar en qué dirección se mire, a varias personas en bicicletas, motos o autos con mochilas de diversos colores que se encargan de transladar comida, medicamentos o lo que se solicite, de un punto a otro de la ciudad.

La aparición de estos servicios genera en muchos la crítica del carácter consumista de nuestra sociedad y la enorme precarización en la que vivimos los trabajadores de estos servicios. Mientras tanto, otros justifican que, por ser trabajos de fácil acceso (y con poca capacitación necesaria), es de algún modo normal que a los que los realizamos estas tareas se nos trate como trabajadores de segunda.

Durante el último mes en diversas partes del mundo, y en las últimas semanas en nuestro país, la cuarentena y el aislamiento voluntario u obligatorio se volvieron parte de la vida cotidiana. Junto con estas medidas necesarias para la contención de la pandemia, llegan las complicaciones para abastecerse y superar los distintos problemas que traen estos cambios en el funcionamiento cotidiano de nuestras vidas.

A partir de las recomendaciones de no salir para no exponerse al contagio, la posibilidad de solicitar desde nuestra casa insumos básicos que necesitamos diariamente como comida, medicamentos, artículos de limpieza, etc., dejó de ser considerado una comodidad exagerada, mostrando su potencial como herramienta para atravesar la cuarentena.
Esta modificación no pasó desapercibida para nadie, y mucho menos para quienes controlan las plataformas de estos servicios. Tanto usuarios como trabajadores reciben recomendaciones por parte de las distintas empresas para utilizar el servicio de forma segura y, mientras las medidas de cuarentena se refuerzan, nuestros patrones se preparan para aumentar sus ganancias a medida que el «tercero» que va, compra, lleva y trae por nosotros las cosas que necesitamos, se vuelve más y más necesario. Todo parece funcionar correctamente. Pero ¿en qué condiciones estamos los trabajadores?

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Los problemas que tenemos los trabajadores de delivery en este momento se pueden resumir en dos cuestiones centrales.

Por un lado, la total negligencia de nuestros empleadores a la hora de garantizar que el trabajo se realice con las correctas condiciones de higiene. Mientras día a día los trabajadores recibimos varios mails recordándonos que tenemos que lavarnos las manos sistemáticamente, nuestros patrones se han negado a facilitarnos un lugar físico donde poder higienizarnos adecuadamente.

Habitualmente, los trabajadores de estas empresas dependíamos de las distintas casas de comidas para algo tan básico como usar un baño; en la situación actual, las condiciones básicas de higiene necesarias son material de fantasía y queden en el mundo de las recomendaciones.

La constante negativa de las patronales de facilitarnos las más básicas y esenciales condiciones laborales ante la crisis toma la forma criminal de poner en riesgo a cada una de las personas que utilizan estos servicios para sobrellevar el aislamiento.

Por otro lado, un porcentaje elevadísimo de trabajadores de plataformas son monotributistas, por lo cual los empleadores desconocen la relación laboral que existe y se lavan las manos a la hora de responder por ellos ante cualquier inconveniente o reclamo de los clientes.

Las empresas pagan un monto por pedido realizado, y de este modo los trabajadores que realizan sus tareas bajo esta modalidad pueden prestar servicio en jornadas de hasta 12 o 13 horas, y aun así ver que sus ingresos dependan de la eventual demanda. Ni hablar de la larga lista de derechos laborales que para todos estos trabajadores no son más que cuentos.

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La avaricia desaforada de las patronales hace que en estos momentos un servicio que debería significar un facilitamiento del aislamiento y control de la pandemia se vuelva un vector de contagio casi óptimo por la situación desesperante de miles de personas que, en caso de enfermarse, deberían elegir entre ser «responsables» o comer.

Los gobiernos podrían tomar las medidas necesarias para salir adelante en esta situación, pero se limitan a aconsejar al sector privado, o a tomar disposiciones ambiguas en el mejor de los casos ¡como si alguien esperase de quienes viven de la explotación y precarización de otros alguna muestra de humanidad!

Es ahora, más que nunca, cuando tenemos que organizarnos y tomar en nuestras manos la resolución de la situación crítica en la que nos encontramos. A los patrones solo les importan sus ganancias, mientras que para los gobiernos es más difícil tomar las medidas necesarias que afectarían esos intereses que ver a la gente enfermarse o incluso morir. Depende de los trabajadores imponer las medidas necesarias para detener la crisis sanitaria, humanitaria y laboral en la que nos encontramos.

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